Desde el viento te escribo.
Acerca del Mañana al despertar piensa en mí de David Auris Villegas)
Los amantes sueñan la eternidad. La eternidad de los cuerpos que reproducen el cielo al afirmarse uno frente a otro. El poeta que sabe de la intensidad del deseo y del amor busca ceñir en su música los coloren que desatan. Mi Dios es la carne de la esposa deseada, poetiza Enrique Verástegui. Escribo, afirmó César Calvo, para ponerle un espejo al orgasmo.
Los poemas registran todo el movimiento del amor. Son el amor dos o mil veces; y son el dolor del desamor en su estado non plus ultra. La poesía es una ciencia del afecto. En Mañana al despertar piensa en mí (2022) de David Auris Villegas se siente la danza del amor que es eternidad, pero también distancia. El título, que funciona como primer poema, impele al tú amado a no desvanecerse, sino cristalizarse dentro del verso:
Al escudriñar tus peregrinas confesiones,
aguarda mi aliento y emergiendo antes de la alborada,
garabatea aquel misterioso destino velando
mi olvidado porvenir sin fábula. (p.16)
En ese deseo se funde el absoluto del poeta: no ser olvidado, no ser simple ausencia en el recuerdo del amado. Si bien el amor es, según Lacan, imposible porque no se puede describir, pues el gozo huye de los significantes, Auris Villegas atrapa en ese trapecio vacío un poco de su sentimiento.
Estos poemas, en su clara confesión y tristeza, me traen a la cabeza el corazón de Luis Cernuda, uno de los autores que mejor ha poetizado estos estados intensos, en libros como Desolación de la quimera (1962). Curiosamente, y hablando de quimeras, Auris versa:
Mamá, me distraje
dibujando quimeras y triviales fortunas,
mientras extasiado riéndome veía
sucumbir aleteando tu inevitable atardecer (p.23)
El yo poético reflexiona de su amor como una quimera; sin embargo, esa ilusión es la que moviliza el corazón de su arte. ¿Existiría el Quijote sin sueños? Se siente aquel anonadamiento por desesperación, que según Barthes, es parte del abismarse amatorio. Este poema, llamado Condena, extiende el reclamo del recuerdo a su padre (no llores por mi balsa/condenado a la hoguera) y a Dios (apiádate de mis húmeros) con el reconocido balbuceo quejoso.
Con respecto a otros antecedentes de Mañana al despertar piensa en mí, en poesía peruana no podemos dejar de evocar a Carlos Augusto Salaverry y sus poemas donde, como Auris, pide no ser olvidado; sin olvidar a César Moro, Francisco Bendezú, el ya citado Calvo1, por decir mencionar algunos de los tantos poetas de lírica amorosa made in Perú.
Por otro lado, estos poemas también respiran el viaje como forma de vida (¡Viajero feliz! /Hecho de fragmentos y desaciertos.) y la reflexión lúcida acerca de problemas relacionados con la infancia:
¿Jugarán con sus madres?
Ellos siempre serán felices,
como los pájaros que nunca conocieron
a sus padres y hermanos.
Mañana será diferente y
conmovedor para los niños sin regalos que
aprendieron a ser buenos. (p.68)
Prisionero en cercos alambrados y
ajenos en tu propia casa,
hijos de padres extraños,
partes a la vida como el relámpago de tus montañas
y desandas buscando acribillar tu sed,
sobre desiertos de elefantes y leones. (p.103)
Poemas como los citados se suman a la macroestructura ya señalada. Amor, desamor: caras de una moneda ontológica. El ser sufre y escribe. La poesía no calma, pero impide el vacío absoluto: entre los cuerpos que se buscan y encuentran aparecen los signos que alejan y unen. Por otro lado, la infancia.
Aquí se ve el compromiso humanísimo del texto: conmoverse, vigilar, cuestionar las formas en que viven los niños del Perú y del orbe. Por todo lo señalado, en Mañana en al despertar piensa en mí (título que, dicho sea de paso, me recuerda una novela de Javier Marías, que, se inspiró en Shakespeare) el yo poético evidencia un tránsito entre la realidad y el deseo.
David Auris ―académico de formación ligado a temas educativos y profesor universitario del Perú― oscila entre los dos polos, pero se salva, porque su mirada poética, permite liberar todas las ausencias retenidas y volver belleza el brutal sentimiento del desarraigo y del olvido.
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David Auris Villegas (Huancavelica, 1975 – Perú) es escritor, pedagogo, poeta, divulgador, investigador y profesor universitario. Licenciado por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y máster por la Universidad de La Habana, desde 2015 enseña en posgrado y está registrado en Renacyt.
Ha publicado Cómo redactar y publicar artículos científicos, Comprensión lectora para la vida, Minicuentos para soñar, Cuentos de medianoche y Hacia una educación del buen vivir.
Es creador de ABDIVCPC y sus textos aparecen en revistas y antologías indexadas en Scopus, Web of Science, SciELO y Latindex. Cada semana publica su columna pedagógica con alcance internacional. Dirige la revista AURIS, dedicada a la literatura, educación y divulgación académica.
Julio César Barco Ávalos (Lima, 1991) ha publicado más de treinta libros entre poesía, narrativa y ensayo. Sus últimos títulos son El nuevo fuego (2023), Cantar de Chancay (2024), Chaufa (2024), Sol suicida (2025) y El viaje de Violeta (2025). Ha recibido, entre otros, los premios Gremio de Escritores (2018), Huauco de Oro (2019), una mención honrosa en el Premio Poeta Joven del Perú (2021) y, recientemente, el segundo lugar en los Juegos Florales de la UNI (2025); además, ha sido reconocido por el vecindario donde reside. Su obra ha sido publicada en Perú, Chile, Argentina, Colombia, México, España, Italia, Alemania, Francia y Estados Unidos; y ha sido, en parte, traducida al inglés, el francés, el italiano, el alemán y el húngaro. En 2023 se estrenó en el Centro Cultural de España en Lima el documental basado en su vida como poeta Canción de la intensidad. En 2025 se publicó el primer ensayo crítico sobre su poesía: Los ritos ardientes. Discursividades en la obra de Julio Barco de Nicolás López-Pérez. Desde hace más de un lustro que encabeza la editorial Higuerilla. Hoy por hoy, gestiona diversas instancias de difusión cultural como la incansable red de literatura Lenguaje Perú, conduce el programa televisivo Café Barco y sus columnas cada sábado en el Diario Uno, de circulación nacional en todo el Perú.
Que también nos ayudó con el título de esta crítica literaria.




