Fermín Vilela (Buenos Aires, 1992). Es artista visual,escritor, docente e investigador. Estudió filosofía y artes visuales en la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires mientras asistía a diferentes talleres de artistas y escritores de su ciudad natal. En 2016 y en 2020 recibió la Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes para realizar residencias artísticas e investigaciones, viajar y emprender diferentes experiencias por Latinoamérica y Europa. Como artista visual participó de muestras colectivas e individuales. Publicó los libros Dormitorio (Argentina, 2018), Purga (Argentina, 2019), Janeiro (Brasil, 2024) y Ejercicios respiratorios (Perú, 2025). Actualmente reside en Buenos Aires, en donde desarrolla su labor como docente e investigador, enfocándose en los puentes entre los lenguajes visuales y la literatura.
Primer ejercicio
Inspirás por nariz,
llenás los pulmones
de todo el oxígeno que podés
hasta empezar con estos ejercicios.
No hay una respiración igual a la otra.
Tampoco una máscara,
un lenguar,
un decir igual al otro,
bocas en fuga
de andar.
Te sacás la máscara
frente al espejo.
Hacés preguntas
pero nadie responde.
Después tomás aire,
lo hundís hacia la espalda
hecha a base de artificios,
de bosque azul y aire caliente,
per me si va tra la perduta gente.
Cada cual con el ejercicio
respiratorio que mejor le haga
para bailar mejor al final del día.
Txalaparta
A los bisabuelos vascos que nunca conocí
Hace mucho tiempo
mis alpargatas rotas
quedaron bajo el sol
de la costa, abandonadas
entre los huevos de tiburón.
De repente,
una voz hace sonar
la campana de mi sangre
y me pide que me acerque.
Estoy descalzo. No digo nada.
Me acerco, lentamente,
a esas alpargatas sin pies.
Me estoy acercando a ellas
desde que tengo memoria.
Discurso de la compraventa
Arrinconada por las maniobras de la publicidad,
la mano derecha de mi consumo
escribe redención sobre la tierra baldía
del patio del desarmadero vecino
sin intenciones de sonar trágico
pero con ganas de hacer ruido.
Fumo, comparo,
me escapo, opino, evalúo
con más amor que con odio
y esto te lo digo con una mano
en el dibujo de la Propiedad Privada
del Sagrado Corazón. Mi única soledad,
la no publicitada, se respira a sí misma
hasta perderse en el viento de tiza
que seca el barro para levantar
estatuas en la tierra baldía
del desarmadero vecino.
Tensión
La presión con la que hago las líneas equivale a la tensión que llevo dentro. Más quiero retener, más se me escapa. Eso es inevitable, y me afecta. A mí y a la figura que quiero representar. Respiro. Muevo el lápiz, la pluma, el pincel. La imagen se me presenta entre los ojos antes de llevarla al papel o a la tela. Mi deseo no es retenerla, sino conceder un trazo libre, un dibujo atado a la vida, impredecible como ella.
Anoto: el trazo no tiene que ser un reflejo de mi control, sino de mi libertad. La técnica no es tensión. La técnica es gracia. Diferenciar el control de la gracia.
Segundo ejercicio
Hacerlos vivir, hacernos vivir.
No perderse en buscar caminos
fáciles para ensanchar el aire
y aprender a respirar con la rama
azul de los pulmones,
de manos transpiradas
por haber cuidado el fuego.
Hablar del dolor,
de nuestro dolor. Trabajar
en nuevos ejercicios respiratorios,
purgando toda la tierra
que sea necesaria.
Dejarse rezar
y sacarnos de adentro
con nuestras propias palabras.
Amar lo que se ama,
sin arrastrarse de rodillas.
Un pedido
Dame un poema rengo,
un poema que te sepa escuchar,
que me dibuje las muletas del ángel
dejando sus marcas en la orilla.
Dame ruta, aguaribay,
tus cuatro perros,
camino seco de tierra
para tirarnos a descansar
entre las misas del ruido.
Dame escalera firme
que apunte a la nube de sangre
más cercana. Dame furia.
Dame historias mal tejidas
en consecuencia de nuestras acciones,
ojos cerrados y estrellas podridas
en el agua de la historia reciente.
Dame un oro en la sangre
que se active al verte bajar
por las escaleras,
un domingo.
Dame ajo recién cortado,
fantasma para dejar atrás,
la renovada oportunidad
de empezar otra vez
a juntar estos fragmentos
no en fuga, no en disciplina,
sino en muletas del ángel
bailando por exceso
de hacha y de sol.







