Poesía rusa: Alekséi Porvin

Leemos, en versión de Indira Díaz, algunos poemas de Alekséi Porvin (Leningrado, 1982). Es autor de siete colecciones de poemas. En 2025 ganó el premio Andréi Biely en la categoría de poesía.

 

 

 

 

 

Alekséi Porvin es poeta, traductor y crítico literario. Nació en Leningrado en 1982. Ha publicado en las revistas​​ Nevá,​​ Vózduj,​​ Nóvaya yúnost,​​ Nosorog,​​ Ural,​​ Druzhba Naródov,​​ Novy​​ reg​​ y​​ Volga,​​ entre otras. También en portales de internet como TextOnly y RETs. Es autor de​​ los​​ libros​​ Temnotá​​ bielá​​ (Argo-Risk,​​ 2009),​​ Stijotvoreniya​​ (Novoe Literaturnoe Obozrenie, 2011),​​ Live by fire​​ (traducción al inglés. Cold Hub Press, 2011),​​ Solntse podróbnogo rebrá​​ (San Petersburgo, Inapress, 2013),​​ Poema obrascheniya. Poema opredeleniya​​ (San Petersburgo, 2017),​​ Rádost nasha Cecil​​ (Editorial Ivan Limbax, 2023) y​​ Pesnya o​​ bratyaj​​ (NLO, 2024). Su poesía ha sido traducida al inglés, al alemán, al italiano, al finlandés, al checo,​​ al francés​​ y al chino. Ha sido publicado en antologías en el extranjero. Obtuvo el premio Debut en el año 2012 en la categoría de poesía, su nombre estuvo incluido en la​​ shortlist​​ del premio Andréi Biely en los años 2011,​​ 2014​​ y 2024,​​ también dentro de la categoría de poesía, así como en la​​ shortlist​​ del premio Bella a la mejor poesía en el año 2013.​​ En 2025 ganó el premio Andréi Biely en la categoría de poesía.​​ La siguiente selección proviene de su libro​​ Rádost nasha Cecil​​ y la traducción es de Indira Díaz.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Expulsada más allá de los límites de la ciudad, maldecida, golpeada con una​​ 

 ​​ ​​​​ vara de bambú, sensaciones que no se ajustan a la norma:​​ ¿acaso Cecil fue​​ 

 ​​ ​​​​ partícipe de esa mirada que de pronto se aclaró en la frontera?

Una competencia interminable: la respuesta corporal en la que todos desean​​ 

 ​​ ​​​​ medirse

O,​​ más bien, aquellos entrenados para desear, como leer – primero por sílabas,

luego a través de las constelaciones de las vibraciones bucales​​ ​​ acaso es eso lo​​ 

 ​​ ​​​​ que envidian

todos​​ aquellos que no han sido atrapados bajo el haz del reflector, todos los​​ que​​ 

 ​​ ​​​​ no han echado raíces en su​​ microesquema

¿Cuáles​​ son los gestos​​ dispersos en el tiempo​​ distante,​​ semejantes​​ a los​​ 

 ​​ ​​​​ movimientos de un​​ labrador​​ que deja caer gotas de sudor mientras contempla?

Con inmensa gratitud el edificio de la escuela se levanta en el aire

La voz de los de abajo se escucha incesantemente​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un discurso, dentro de un discurso, como una pistola en una funda, ha r

 ​​ ​​​​ espondido a la ligereza de su propio cuerpo, listo para la ráfaga

Bajo la luz cruzada, bajo el tiempo que toca al hombre con​​ su lado áspero,​​ 

 ​​ ​​​​ bajo el que comenzó la historia sobre el mundo

“con la luz creadora la sangre limpia surgió como un​​ silencio, ​​ 

y​​ creyeron que la parte​​ piadosa​​ del corazón no sabe​​ a qué aferrarse todavía,

qué​​ objeto manchar con el triste engrudo casero…”

el comandante​​ parecía​​ absorto​​ en sí mismo, como una hoja de té en agua​​ 

 ​​ ​​​​ hirviendo,​​ 

y una turbia bebida,​​ destinada a​​ despertar a aquel que no presta atención:

no en vano el comandante​​ tenía fama de valiente​​ y llevaba​​ estrellas ardientes​​ 

 ​​ ​​​​ que,​​ sobre sus hombros,​​ respondían​​ a las preguntas de Cecil

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un árbol antiguo​​ se sacude los pegajosos coágulos que caen directo​​ sobre una​​ 

 ​​ ​​​​ multitud de insectos

Los que esquivan escriben memorias sobre el encuentro con lo sublime

En la venta de​​ matrioshkas​​ lidera​​ una canción militar​​ ​​ de ella

Salen generaciones que cargan la percepción del mundo como un tronco de​​ 

 ​​ ​​​​ longitud

inconcebible: se erigen grandes muros, un​​ ratón ciego afila el diente,

está harto de​​ sollozar​​ todas las noches, tosiendo el polvo de la biblioteca

las ciudades​​ que crecen tras las huellas de Cecil están rodeadas de campos de​​ 

 ​​ ​​​​ fuerza,

no hay un ciudadano perdido, sólo un pasaporte deshecho en el polvo

puede servir para cubrir la herida ardiente de la indiferencia general

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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