Christian Encarnación (Santo Domingo, República Dominicana, 1997). Publicó Ausencia del vacío (2022, Premio de Poesía Joven Zacarías Espinal de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo 2021), Todas las madres nos condenan a muerte (2024, Premio Luna Insomne para Jóvenes Poetas 2023) Mañana no nos acordaremos de nosotros (2025, Huerga y Fierro Editores, España) y Era una soledad más antigua que el sol (2026, Premio Anual Joven de Literatura 2025), también la plaqueta Donde ya no somos (2025, Proyecto Editorial La Chifurnia, Honduras). Ha sido incluido en las antologías El arca: poesía dominicana del siglo XXI (2025, Elefanta Editorial, México) y En este continente que agoniza bien podemos plantar una esperanza (2026, Indómita Editores, Puerto Rico).
Las necesidades espirituales se sacian con el cuerpo.
Procura que tu punto de vista no te cubra la pupila.
La piedad es una de esas cosas raras que solo se tienen dándolas.
Últimamente las únicas citas que me hacen salir de mi encierro son literarias.
Para ver al ejército más grande se necesita un microscopio.
El amor propio existe, pero no la apropiación del amor.
Los que ganan la guerra ni siquiera combaten en ella.
Toda la belleza es trágica porque toda la belleza va a morir.
El contraste entre los documentales históricos y los del reino animal me hace ver por dónde se inclinó realmente la evolución.
Los cuerpos, cuando carecen de alma, se hacen más pesados.
Demasiado orden rebela falta de escrúpulos.
El cielo es la única bóveda que tiene sus tesoros a la vista de todos.
Hay personas dispuestas a caer muy bajo con tal de alcanzar algo.
Quienes viven en las nubes no pueden ser sacados de sus casillas.
Habrás perdido tu vida cuando ya no tengas nada por lo que darla.
El mar no muestra toda su grandeza sino hasta después de haberse recogido.
Paradoja matemática: el trabajo a medias se duplica.
La lengua materna es el llanto.
Escribir un aforismo con más de una línea es pasarse de la raya.
El concepto de libertad moderno es una prisión llena de lujos.
Los ojos son las bombillas que el deseo enciende.
Al Paraíso no se llega sin cicatrices.



