Pedro Bernal Villada en La poesía te quiere vivo (Colombia)

Leemos, en el marco del dossier La poesía te quiere vivo, de nueva poesía colombiana, serie preparada por Alejo Morales, algunos textos de Pedro Bernal Villada (1995). En 2026 publicó en Valparaíso Ediciones Mineral Metropol.

 

 

 

Pedro Bernal Villada (Bogotá, 1995) es poeta, escritor y publicista. Estudió Comunicación Social y Relaciones Internacionales. Trabajó como periodista, copywriter y ejecutivo de mercadeo mientras exploraba la crítica, la selección musical y la radio web. Es máster en Escritura Creativa del Instituto Caro y Cuervo y actualmente adelanta varios poemarios al tiempo desde su sala-comedor en Bogotá. Su primera obra,​​ Mineral Metropol, fue publicada en 2026 por Valparaíso Ediciones.

 

 

 

 

 

 

 

A​​ propósito de Rusia

 

Tu aliento es muy fresco y mata todas

las mentiras en la tundra de la lengua

 

Lo mío es convencerte de que me

dejes prenderme de tus piernas

Hasta la superestrata, misíl

Yo quiero despegar y que

me lleves contigo, llegar juntos

de gancho a dónde apunta el láser

 

La refracción y la convergencia,

la energía concentrada y la dispersa

 

Yo quería atravesarte, infiltrarme y

que me interceptes. Y todavía quiero,

si se puede —qué vergüenza—

más fuego cruzado, más operaciones encubiertas,

más contratos a los fabricantes de armas del deseo

 

Poner mi ojo en tu mira, mi dedo en tu gatillo,

tu aliento es muy fresco y

enfría la sangre, baja las pulsaciones,

tensa mi hombro y lo prepara

para el golpe teso de la culata

 

Vayamos lejos, proyectil, a la mierda

el efecto Coriolis volemos recto,

perpéndicular al horizonte, escapemos

de esta madre como balas de calibre cincuenta

 

Atravesemos la atmósfera compacta del ánima

y que nos retuerza su rayado

 

Me escucharás detrás tuyo cuando te alcancen​​ 

Explosión y Onda de Impacto

Estaré más cerca de lo que piensas

somos diferentes instantes

de la misma ráfaga automática

 

Cordelia, y si nuestro bunker termina

en la zona de exclusión. No podemos vivir

toda una vida comiendo gel balístico

 

Que el impacto nos coja corriendo

desbocados como blancos móviles,

blancos como la nieve negra en la cámara térmica

 

Tu aliento es muy fresco y

hace ventiscas, escarcha la bocina de mi

walkie talkie

 

Aquí voy detrás tuyo, no te detengas

ni des la vuelta, yo te hincho en silencio:

Una bulla por los que nos vamos lejos,

por los que nos exiliamos en Kamchatka

 

A propósito de Rusia, yo que

soy tu Estado Satélite, te lo pido, no me

hagas más bloqueos. Mi pueblo es muy joven y

merece circular libremente, no me hagas más

retenes, Cordelia, tu aliento es muy fresco y me

dogmatiza, me llena de insurgentes

 

 

 

 

 

 

 

Noche de centros

 

Agarrar un corazón de la olla, el más crujiente

Asomando el huracán de aceite y

la obsesión del ojo bizco

con los centros pendientes

El ascenso del lateral por la banda, las jabalinas, en

el ápice de ese picanrol

en el que el cuerpo pronuncia en español perfecto:

Ingreso básico universal

Pagado en parte con el colesterol en la zona te de cada frente

Como el algodón egipcio, hilados

Imperceptiblemente, por la relojería del muscular penitente,

depravado. Como la sospecha que crece

El trago mal servido, así efervescente, que se riegue

Todo por el amanecedero aglutinado

y eso así a oscuras, sediento​​ 

Ponerla al otro día empedernido, endemoniado

En las tres líneas, repartiendo

Sediento de forma, sin lamentar

la medicina regada, el proceso roto

Todo lo que conlleva fallar el ángulo fácil

De las alquimias pasadas la más frecuente

Astucia dotada de preciado aliento

En el meridiano frío la criogenia valiente,

enaltecida

por el tempano resquebrajado

Destino de altamarea, septentrional anuncio:

la estrella más amarga, la luz más enlatada

Nace hombre

La criatura siente

y se arrepiente, pero se confiesa

Nos vimos tan vulnerables

Tan verbales cuando hicimos silencio

Y no fue incómodo, pero vibraba y se retorcía

Augurado con adviento mientras te mecías en el aura triste,

en la órbita exterior del sextante, entregada

De fácil rastreo, de canto crítico

Y es que eras tan predecible

Vaticinado, canonizado en el acto del arribo

Aureolado​​ a medio malabar, atento, ahí, ¿viste?

¿Viste dónde la agarró?

Con solo verlas sabes dónde están yendo

Con la mente en otra parte, asperado

En el centro del continente, hidrofóbico

Así nos seguimos, castigados,

obedeciendo al viento, perseguidos

Me almidona el límite, no la verdad verdadera,

sino la voz fronteriza del argumento

Del cliente convertido: su testimonio

Y así nos escalamos, con las manos llenas de magnesio

Profesionalmente

Por el destino escarpado, con obviedad en la secuencia

Su magnetismo lindo, su retahíla

Así, proclivados, sugeridos

Con la inmediatez con la que se aprieta el nudo

Emerge

La voluntad del rizo en el recuerdo de la hélice

Tuércete

Con la infravoz revertida, expulsándome

Me arroja cómodos trozos de mi casa

Amaneciendo sin sol y oscureciendo

con cosas pendientes me lastimas

Una misión lucida

cumplida con creces, excedida

por los que tiran factos y se ríen

Me curas mis nociones menos dulces

con saliva

 

En la media antípoda, rejuveneciendo

Adornas de perlas los maniquíes y derrotas

los humores lentos, te aceleras

con los animales urbanos

Lo bello está en el registro

Precisamente, en capturarlo,

basta hasta con intentar describirlo

Y así, aunque se viera venir, sorprende

cuando te lleno la espalda

en ascenso, cuando me desmarco

Y así, aunque nadie se lo espere, se anuncia

cuando aparezco en tu área y me empunto

o me amenazo

 

 

 

 

 

 

 

Te me avientas

 

o te me tiras

Conmigo, como perros de casa:

pequineses, pitbulls

Con su sábana entre los dientes,

con su lira

y sus uñas limpias

para que ladre, para que ladre la lira

y se ensalse, se marine

en sangre de amor y algodón blanco,

por sus torbellinos. Nos seguimos estudiando

y aprendemos

nuevos usos para las almohadas, para el sudor,

para los suicidas

Nos atragantamos con pelos, nos ahorcamos

sacudiéndonos las cenizas de las espaldas,

ahí enredados. O en cuatro patas

para limpiar la alfombra

con la lengua

O en las escaleras, o en el baño

Como suenan las raquetas cuando espantan las palomas

Como estruenda tu cuello contra mi palma abierta

 

El criterio para el romance,

la ración para las porciones

de los ingredientes

Un nombre para el color medio-alto del fogón abierto,

un olor para el agua hirviendo. No hacen falta

 

Alguien que pida algo para el frío,

alguien caliente para que los prenda y los queme

La mascota del deseo, prácticamente,

obedeciendo, revolcándose

ensuciando y calentando todo,

apestándolo

Como perros, en ultimas:

pequineses, pitbulls.

 

 

 

 

 

 

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