MAZURKA
Me gusta que recuerdes a otras
me gusta jugar a ser las otras de tu memoria
y me gusta ser alguien en la memoria de mis otros.
Me gusta sanarte siendo la otra,
la del antes,
que se reivindica
que mastica el pasado con flores erróneas
que vuelven a nacer.
Me gusta ser nostalgia en mis otros,
cuerpo recordado,
porque me cansé de abrir
mis piernas a los vaivenes del olvido.
Si lo requieres, masturba tus sentidos
remembrando a aquellas otras
como cuando permito que los otros
invadan temporalmente mis sueños
para serte la más puta e infiel,
desconocida
ajena
desarraigada.
Si el pasado regresa
con hedor a risa
demos la cara, mostremos los colores
y quedemos en silencio.
A veces es preciso dar pasos a lo abyecto
callar el ruido de las frutas
dar la vuelta octagonal.
Arrullemos al pretérito
vomitándolo del cuerpo
y tragando la ternura que ese
ayer nos congregó.
(De Postales y Espejismos, Helena Ediciones, 2016).
VIDENTE
A veces la vida se asemeja al canto
que recorre, desnudo, los senderos del cuerpo.
Besa a la niña que a diario
espera que la nieve la visite en cumpleaños.
A veces la vida se parece a un sueño
que alimenta y arroja palabras de tierra.
Sacude sus pies en la tibieza del agua
de un lago que le otorga susurros de preñez.
Para ver batir el ala de la mariposa
hay que abrir el oído
hilvanar la palabra
descifrar las luces
moldear la cerámica
orar al caer la noche
saber que lo invisible respira ahí.
La mujer versátil cura las heridas con hierbas y frutas
guarda silencio y camina
por el lugar donde mueren las luciérnagas.
(De Sabina, Marciano Ediciones, 2021).
LEGITIMIDAD DEL SER
A Stella Díaz Varín
La muerte no pudo conmigo
ni con los tejidos erróneos de mi silencio.
Los intentos por apagar mi canto fueron absurdas
maniobras de las miradas negligentes
escandalizadas ante la decadencia de mis yemas.
Tengo tatuada la soledad como un versículo constante
un mantra que repite, anárquico, las horas marginales
de mi risa, de mi sexo, de la palabra escondida pendiente
en racimos.
Cincuenta estrellas reciben mi llanto
aquel capítulo que gemí al ver morir a mis hijos
o cuando la insensata tortura se dibujó en mi cuerpo.
La muerte no pudo conmigo
ni con el humo ensordecedor que le dio
color a esta voz de acero.
El tiempo, en cambio, viene despacio
a instalarse en mi nombre
y limpiar la indecencia empañada en el espejo
que poco a poco reivindica mis pesares.
(De Sabina, Marciano Ediciones, 2021).
ESPACIOS ABIERTOS
A los 43 de Ayotzinapa
Esas voces, esas sombras
que no están muertas
declaman en cada partícula vital.
No me canso de gritar pensando en ellos
de escupir ladridos
a esos parásitos de azufre.
Pero sé que en cada lugar, en
cada respiración, en
rincones infinitos los buscan
sin líneas horizontales.
La córnea de la memoria
no es metáfora encarnada.
Pancartas de dolores hambrientas
de justicia.
Pájaros de incertidumbres a
la vena, pájaros de labios
como ojos.
Cuerpos que no cesan ni se
apagan al demandar su inherente libertad.
Desde entonces no hay descanso
ni fronteras que limiten a los
átomos.
El polvo pisado no es en vano.
El estupor de la conciencia
ni el d(olor) de la agonía
y del silencio.
Queda un beso en la frente
y millones de manos trenzadas
en espera de que nuestra propia
piel baje a la huesera
a rescatarlos del olvido.
(De Postales y Espejismos, Helena Ediciones, 2016).
LENTITUD
Con los años me he tornado más lenta.
Me detengo en cada pliegue del camino
y ahora llevo el istmo en cada poro.
Metabolismo
pies tardos
voz pausada
mis dedos escriben tiempos
de nadie.
Me demoro en responder.
Me tardaré en morir.
(De Corpórea, Espacio Sol Ediciones, 2025).
No claudicar
ante el cuestionamiento masculino.
Que las interpelaciones se vuelvan abono,
coraza y armadura.
Que la invisibilización se
haga levadura
de este enorme pan que es mi escritura.
(De Corpórea, Espacio Sol Ediciones, 2025).
HABLAR DEL POEMA
El poema en tensión
es silencio doblado,
ánimo y pupila.
Un relámpago quieto
antes de caer.
(De Corpórea, Espacio Sol Ediciones, 2025).
PALESTINA
Oh, tierra desgarrada,
mi sangre se enciende en tus arenas,
soy la carne que clama desde los escombros,
el polvo que mastica a sus hijos.
Las piedras llevan mi nombre,
el muro escribe mi silencio,
y mi garganta es un río seco
donde la oración se pudre sin llegar al cielo.
¿Por qué las naciones cierran sus ventanas?
¿Por qué el ojo extranjero celebra la ceguera
como si fuera justicia?
He tocado sus puertas con manos ardientes
y me han devuelto únicamente el hierro.
En Gaza la noche no necesita astros:
ella misma es la estrella muerta,
la ceniza eterna,
el tambor que sacude el vientre del mundo.
Mírame, Señor de los olvidos:
mi hambre es cofre,
mi llanto, espada,
mi voz, enjambre de ceniza.
Y mientras mi cuerpo se hunde en la grieta,
mientras la arena me traga y me levanta,
los otros encienden lámparas,
acomodan sus manteles,
se cubren de canciones que no me nombran.
Pero yo sigo aquí,
bajo la costra de la noche,
esperando que tu justicia
no sea sólo una sombra más
en el horizonte derrumbado.
(De Corpórea, Espacio Sol Ediciones, 2025).



