Poesía chilena: Daniela Sol

Daniela Sol es poeta y editora. Doctora en Literatura Hispanoamericana por la Universidad de Alicante, España. Maestra en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado los poemarios Sonidos Errantes (Xaleshem, 2014), Fractura (Alauda, 2015), Postales y Espejismos (Helena, 2016), Sabina (Marciano, 2021), Corpórea (Espacio Sol Ediciones, 2025), Cartas a mis Muertos (Espacio Sol Ediciones, 2026), Habitarla (Espacio Sol Ediciones, 2026). Así mismo, es coautora de múltiples antologías nacionales e internacionales. Ha coordinado las antologías Verbo Latente: Poesía Social (Helena, 2017) e Ixquic: Antología Internacional de Poesía Feminista (Verbum, Madrid, 2018), Sangro, luego Existo: Poemas Menstruales (Espacio Sol Ediciones, 2024), Habitar el Corazón: Poéticas y Nuevas Masculinidades (Espacio Sol Ediciones, 2024) y Regresar a tu Jardín: Poetas del Mundo escriben a sus Abuelas (Espacio Sol Ediciones, 2025). Su obra ha sido traducida al inglés, portugués, francés, italiano y árabe. Actualmente es directora de Espacio Sol Ediciones, editorial chilena que promueve a autores que han quedado fuera del canon literario. Desde esta casa editorial, en 2023, recopila la obra de la olvidada poeta talquina Stella Corvalán y la publica y distribuye gratuitamente a agentes culturales de la región del Maule, bajo el título de Diáfana Luz Impalpable: Obra Reunida de Stella Corvalán. Es integrante del directorio de SOCHEL (Sociedad Chilena de Estudios Literarios) y del grupo de investigación Literatura y Escuela. En 2025 funda y dirige la Fundación Stella Corvalán, que rescata y reivindica la escritura de mujeres. Desde esta esfera, es además la fundadora y directora de la Cátedra Stella Corvalán y el Festival Internacional de Poesía de Mujeres Stella Corvalán.

 

 

 

 

 

 

MAZURKA

 

 

Me gusta que recuerdes a otras

me gusta jugar a ser las otras de tu memoria

y me gusta ser alguien en la memoria de mis otros.

 

Me gusta sanarte siendo la otra,

la del antes,

que se reivindica

que mastica el pasado con flores erróneas

que vuelven a nacer.

 

Me gusta ser nostalgia en mis otros,

cuerpo recordado,

porque me cansé de abrir

mis piernas a los vaivenes del olvido.

 

Si lo requieres, masturba tus sentidos

remembrando a aquellas otras

como cuando permito que los otros

invadan temporalmente mis sueños

para serte la más puta e infiel,

desconocida

ajena

desarraigada.

 

Si el pasado regresa

con hedor a risa

demos la cara, mostremos los colores

y quedemos en silencio.

 

A veces es preciso dar pasos a lo abyecto

callar el ruido de las frutas

dar la vuelta octagonal.

 

Arrullemos al pretérito

vomitándolo del cuerpo

y tragando la ternura que ese

ayer nos congregó.

 

(De Postales y Espejismos, Helena Ediciones, 2016).

 

 

 

 

 

VIDENTE

 

 

A veces la vida se asemeja al canto

que recorre, desnudo, los senderos del cuerpo.

Besa a la niña que a diario

espera que la nieve la visite en cumpleaños.

A veces la vida se parece a un sueño

que alimenta y arroja palabras de tierra.

Sacude sus pies en la tibieza del agua

de un lago que le otorga susurros de preñez.

Para ver batir el ala de la mariposa

hay que abrir el oído

hilvanar la palabra

descifrar las luces

moldear la cerámica

orar al caer la noche

saber que lo invisible respira ahí.

La mujer versátil cura las heridas con hierbas y frutas

guarda silencio y camina

por el lugar donde mueren las luciérnagas.

 

(De Sabina, Marciano Ediciones, 2021).

 

 

 

 

 

 

LEGITIMIDAD DEL SER

 

 

A Stella Díaz Varín

 

 

La muerte no pudo conmigo

ni con los tejidos erróneos de mi silencio.

Los intentos por apagar mi canto fueron absurdas

maniobras de las miradas negligentes

escandalizadas ante la decadencia de mis yemas.

 

Tengo tatuada la soledad como un versículo constante

un mantra que repite, anárquico, las horas marginales

de mi risa, de mi sexo, de la palabra escondida pendiente

en racimos.

 

Cincuenta estrellas reciben mi llanto

aquel capítulo que gemí al ver morir a mis hijos

o cuando la insensata tortura se dibujó en mi cuerpo.

 

La muerte no pudo conmigo

ni con el humo ensordecedor que le dio

color a esta voz de acero.

El tiempo, en cambio, viene despacio

a instalarse en mi nombre

y limpiar la indecencia empañada en el espejo

que poco a poco reivindica mis pesares.

 

(De Sabina, Marciano Ediciones, 2021).

 

 

 

 

ESPACIOS ABIERTOS

 

 

A los 43 de Ayotzinapa

 

Esas voces, esas sombras

que no están muertas

declaman en cada partícula vital.

No me canso de gritar pensando en ellos

de escupir ladridos

a esos parásitos de azufre.

Pero sé que en cada lugar, en

cada respiración, en

rincones infinitos los buscan

sin líneas horizontales.

 

La córnea de la memoria

no es metáfora encarnada.

Pancartas de dolores hambrientas

de justicia.

Pájaros de incertidumbres a

la vena, pájaros de labios

como ojos.

Cuerpos que no cesan ni se

apagan al demandar su inherente libertad.

Desde entonces no hay descanso

ni fronteras que limiten a los

átomos.

El polvo pisado no es en vano.

El estupor de la conciencia

ni el d(olor) de la agonía

y del silencio.

Queda un beso en la frente

y millones de manos trenzadas

en espera de que nuestra propia

piel baje a la huesera

a rescatarlos del olvido.

 

(De Postales y Espejismos, Helena Ediciones, 2016).

 

 

 

 

LENTITUD

 

 

Con los años me he tornado más lenta.

Me detengo en cada pliegue del camino

y ahora llevo el istmo en cada poro.

Metabolismo

pies tardos

voz pausada

mis dedos escriben tiempos

de nadie.

Me demoro en responder.

Me tardaré en morir.

 

(De Corpórea, Espacio Sol Ediciones, 2025).

 

 

 

 

 

No claudicar

ante el cuestionamiento masculino.

Que las interpelaciones se vuelvan abono,

coraza y armadura.

Que la invisibilización se

haga levadura

de este enorme pan que es mi escritura.

 

(De Corpórea, Espacio Sol Ediciones, 2025).

 

 

 

 

HABLAR DEL POEMA

 

 

El poema en tensión

es silencio doblado,

ánimo y pupila.

Un relámpago quieto

antes de caer.

 

(De Corpórea, Espacio Sol Ediciones, 2025).

 

 

 

 

 

PALESTINA

 

 

Oh, tierra desgarrada,

mi sangre se enciende en tus arenas,

soy la carne que clama desde los escombros,

el polvo que mastica a sus hijos.

Las piedras llevan mi nombre,

el muro escribe mi silencio,

y mi garganta es un río seco

donde la oración se pudre sin llegar al cielo.

¿Por qué las naciones cierran sus ventanas?

¿Por qué el ojo extranjero celebra la ceguera

como si fuera justicia?

He tocado sus puertas con manos ardientes

y me han devuelto únicamente el hierro.

 

En Gaza la noche no necesita astros:

ella misma es la estrella muerta,

la ceniza eterna,

el tambor que sacude el vientre del mundo.

Mírame, Señor de los olvidos:

mi hambre es cofre,

 

mi llanto, espada,

mi voz, enjambre de ceniza.

Y mientras mi cuerpo se hunde en la grieta,

mientras la arena me traga y me levanta,

los otros encienden lámparas,

acomodan sus manteles,

se cubren de canciones que no me nombran.

 

Pero yo sigo aquí,

bajo la costra de la noche,

esperando que tu justicia

no sea sólo una sombra más

en el horizonte derrumbado.

 

(De Corpórea, Espacio Sol Ediciones, 2025).

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