Cheikh Tidiane Gaye (1971) es docente, escritor, poeta y ensayista, doctor en investigación y especialista en literaturas africanas francófonas. Nacido en Senegal y nacionalizado italiano, reside en Italia, donde desde hace varios años desarrolla una labor literaria, científica y cultural dedicada a la Francofonía, las literaturas africanas y el diálogo intercultural. Autor de 14 obras publicadas en Italia y en el extranjero —entre las que se cuentan novelas, poemarios y ensayos—, su producción está profundamente marcada por la reflexión sobre el pensamiento de Léopold Sédar Senghor, la Negritud, las migraciones y las dinámicas transculturales, siendo objeto de estudios, traducciones y presentaciones en diversos contextos internacionales. A lo largo de su trayectoria, ha recibido numerosos premios por el conjunto de su carrera, además de ser nombrado Embajador de la Paz, Caballero Académico y, en 2024, Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa. Asimismo, es fundador y presidente de la Academia Internacional Léopold Sédar Senghor, del Premio Internacional Léopold Sédar Senghor, del Premio Colvin-Parks para mujeres, de la Foundation Word for Peace y del Premio Literario Città di Arcore. Candidato al Premio Nobel de la Paz, en 2025 recibió el título de Doctor Honoris Causa en Literatura en Rumanía.
El día
En el muelle de la paciencia
llega el día
lejos de la noche melancólica.
Mi vida es una terminación
sobre la que diserto al alba
y no sé en qué noche
volveré a cantar para vestir mi árbol
que se niega a hacer florecer mis sueños
Lo universal
Mi nombre es árabe
mi apellido es wolof1
mi nacimiento es una escritura que se lee en primavera,
cuando el verano llama a mi puerta
el alfabeto sonríe al arcoíris
que me ofrece colores y coreografías.
Bebo en la colmena
me vuelvo dulce, dulce,
dócil,
mi aguijón es la sonrisa.
Las fronteras no son más que luces para guiarme
en la travesía hacia otros alfabetos,
en la travesía de las dunas discordantes,
en la travesía de los mares moribundos.
Soy la canción que revitaliza,
el collar que llevo alrededor del cuello,
alrededor de mi corazón extendido,
el collar de oro, el collar que habla,
que camina a los confines de los mares y los océanos.
Nota de la traductora: 1 Wolof: hace referencia tanto al grupo étnico mayoritario de Senegal como a la lengua hablada en ese país. En el texto, se contrapone a un nombre de origen árabe para reflejar el cruce de tradiciones e identidades que componen la voz del poema.
Sahara
Si yo fuera Dios, te ofrecería el imperio, el cielo y los océanos,
los mares y las montañas.
Eres el alma de la noche y el corazón del día
tu encanto es un pozo, tu mirada es un designio
tu aroma es el soplo del aire, tu nombre es oda
que libera a la boca de la palabra en el pórtico de los versos
tu nombre es poesía, como tu lengua es canto
tu nombre rima con el calor de los poetas y la oración de los dioses del
desierto.
Si pudiera poetizar tu nombre, encendería el incienso de la metáfora
me tumbaría sobre la estera bajo la luz de la luna
tejería mis estrofas en el lago léxico de las melodías
y entre sonidos y sonetos, ritmos y estribillos, himnos y honores de tus reyes
cantaría a la noble tierra besada por el viento arenoso.
Duermo bajo el oído de la noche, el silencio me envuelve
el rincón de la noche me confía los secretos del silencio
la ola me acaricia los ojos, el alisio se lleva mis miedos a otra parte,
no a esta tierra, ni tampoco a los montes y horizontes infernales
¡A otro lugar, donde la paz se trence con el amor!
a otro lugar donde la rabia nunca brote, donde florezca la semilla de la sonrisa
a otro lugar donde el recién nacido no llore, a otro lugar donde el diálogo de
los misiles
no aterrice en el camino del saber,
a otro lugar, no como Kigali, Kinshasa y el Congo, donde el humo del odio
cubre con un velo el amor.
Tampoco a Johannesburgo, donde el color muere
el color y el corazón traicionados.
Sáhara, levántate
arena dorada, viento fresco
levántate,
tu cabellera, mi sombra
eres el fuego que marca el ritmo de mis pasos
pronunciado en todas las lenguas
para arrancar del sueño el sueño de la igualdad.
Eres un hilo, una línea invisible entre el día y la noche
entre la flor y la raíz
entre la luna y el sol
entre las tinieblas y la luz, desde el Sahel brilla tu nombre, Sáhara
el alma del desierto, mimosa viva, perfume de las estaciones
la primavera te abraza por tu hospitalidad
el verano vivifica tus venas, el otoño balbucea, tu belleza no declina
ante el huracán y la tormenta.
Reina de Oriente, te corono en el alfabeto de los jeroglíficos y tú
serás mi nuevo libro,
el libro en el museo de mis recuerdos, maquetado en el calor
fértil del amor.
En cada página veo mi casa, una casa cálida que acogerá
a las almas desesperadas,
una casa que jamás quemaré, una puerta abierta que tenderá la
mano al occidente
una ventana que nunca se cerrará a las sinagogas de Jerusalén
en cada página, las letras doradas alimentarán las entrañas de la
desesperanza.
Sáhara, la luz que ilumina la guarida tenebrosa te acompaña a los
encuentros de los pueblos,
La noche se extenderá sobre tus párpados
a ti, a ti te toca amortiguar la rabia, a ti te toca encender las velas
la noche no apoyará su sueño en las manos de los huéspedes
la noche te ofrecerá el silencio, Sáhara, tú cavas en la humildad el
pensamiento
de la unión
para llevar la paz a las habitaciones oscuras donde cada lengua
siembra el rencor y la discordia.
Sahara, el alba espera convertirse en la primavera de los recuerdos
el día después de las lluvias, para un tiempo mejor, un día que respire
el aire fecundo
que dé a luz pulmones poderosos para resistir el rugido de los
leones hambrientos
eres el orgullo de un pueblo, esplendor a salvo de las tormentas
pero cuando sople el viento, recuerda que el ala despierta en el
camino de la esperanza.
De Ode nascente - Ode naissante (2018)



