La memoria de las manos y el escombro sagrado.
Lectura de Habitar la forma 1de Zorian Ramírez Espinoza.
Escribo estas líneas en la vigilia suspendida de una lavandería. El papel tiene una mancha de café o quizá de chocolate; aquí, la materialidad se impone sobre el concepto. Son las once de la noche y el ciclo apenas comienza, como inicia en este poemario un rito de desmoronamiento. En estas páginas, el último poema no es un cierre, sino el estallido de una supernova: la cual marca el inicio del fin de las palabras para que, entre los restos del naufragio semántico, pueda emerger un lenguaje nuevo.
El Yo que habita esta obra no es una entidad estática, sino un cuerpo que se desdobla y se interroga a sí mismo en una letanía constante. El lenguaje reside en el envés de las páginas como un personaje que contempla el mundo como un ácido, implacable que va corroyendo al Yo. Intenta llegar hasta su centro y extirpar su corazón como un juguete viejo y oxidado. Pero en esa corrosión hay una tregua: el Yo es, en esencia, arcilla. Es el material que guarda la memoria de las manos que lo moldearon, pero que también halla su identidad en la destrucción del fuego. Como la arcilla, el espíritu se transforma al cocerse, revelando diversas coloraciones según las impurezas que contiene: desde el rojo encendido de la herida hasta el blanco del silencio absoluto.
Es preciso hablar de estas impurezas desde lo sagrado. Así como la arcilla adquiere su matiz a partir de lo que otros llamarían “contaminación”, el poema adquiere sus grados de luz y oscuridad a partir de los sedimentos de la vida. Las impurezas del pensamiento, el miedo, el deseo, la pérdida, la locura, no son errores, sino el material alquímico que se convierte en residuo luminoso, en sedimento que termina bautizado como poema.
Esta transmutación recuerda al cortometraje de Jan Švankmajer, Dimensiones del diálogo: dos figuras de arcilla que se funden en una danza violenta y necesaria. De esa unión, de ese choque de identidades, queda un pequeño trozo vivo justo a la mitad de la mesa; no es un resto filial, es tan solo resquicio que se resiste a ser propiedad de nadie, algo vivo que surge del sacrificio de dos cuerpos. Este poemario juega con ese trozo sobreviviente. Zorian Ramírez Espinoza indaga y poetiza el escombro del Yo, recordándonos que lo que llamamos “propio” es siempre el fragmento de un otro, una reliquia de algo que nos trascendió.
Sigo en la lavandería y el ciclo de lavado casi termina. He comenzado una conversación con un extraño; le faltan dos dientes pero viste con una elegancia anacrónica. Se sienta a mi lado en una poltrona de cuero marrón y me lanza una observación que suena a profecía: “Ya nadie escribe a mano; verte a ti es como estar viendo un documental”. Sonrío y le confieso que soy escritora, con esa vergüenza de siempre, con el tufillo de ser mentirosa a pesar de que llevo más de 10 años escribiendo. Entre el ruido del agua y el vapor de las máquinas industriales, terminamos hablando del acto litúrgico de crear un diario. El extraño sentencia, casi sin pensar: “Los diarios no cuentan tu vida, son reflexiones de tu interior”. En ese momento mientras tachoneaba este epílogo la cara del autor de este libro se me vino a la mente con un gesto cómplice y el extraño me observaba intentando leer mis pensamientos.
Sé que probablemente gran parte de estos versos nacieron de la mano zurda de Zorian que explora en el diario sus túneles, conversaciones ocultas, casi místicas, con un yo irreverente, dolorosamente honesto y libre que se permite equivocarse en busca de la experiencia, ya que como dice Aristoteles, “En el error la mente se experimenta a sí misma”.
El extraño me confiesa súbitamente su miedo: le aterra hablar con su propio interior. Por eso no escribe diarios; solo notas, recordatorios, breves, nada muy largo, listas del supermercado, para no perderse en su mundo interior. Siendo el acto de hablar con tu Yo, algo casi sacerdotal, un descenso a un pozo de aguas turbias. Me pregunto ¿qué es un poeta sino alguien lo suficientemente valiente para hablar con su interior? Alguien que intenta cruzar el umbral del espejo para ver el mundo, como Zorian menciona en su primer poema, pero el espejo tiene la fuerza de un grito que reclama su nombre. El poeta queda entonces atrapado en esa prisión de cristal, donde solo le queda organizar los restos y tratar de entender el universo a través de un Yo que es, al mismo tiempo, celda y santuario.
La noche, elemento que se repite en esta obra, es la noche de los místicos, que alarga sus manos frías para encontrarse con el lector. Es un espacio donde la simbología del Yo se expande hasta volverse inabarcable. En la noche de Zorian, el lenguaje se despoja de su ropa civil para vestirse de rito, que va rehaciendo una y otra vez como una especie de mago o verdugo. Habitar la forma es, finalmente, aceptar que somos vasijas rotas, es precisamente por esas grietas e impurezas, nuestros escombros, en donde la luz comienza por fin a filtrarse.
Pamela Rahn Sánchez.
Selección de poética de Habitar la forma.
El mundo intenta salir del espejo
romper la quietud del agua
Grita mi nombre
Pero no soy sino una noche perturbada
Por una luz errante
Desencarno
Mis manos se extienden hacia la noche
recreo el cuerpo del otro
borro sus labios
El silencio
¿A quién pertenece?
Sólo queda remover los escombros del poema
Me he separado de mí
convertido en este otro que se aleja
me aferro a él hasta lastimarnos
¿A quién pertenezco?
Extraño conocido
desde el nacimiento
Extraño saber los motivos del encanto
donde nace el mar
descrito aquí por vez primera
Y aún más
Extraño motivo
del pretexto apenas vislumbrado
Corriente fuerza estremecida
del poeta aquí desconocido
Extraño que extraña es imposible
sopesar cuerpo materno en el patíbulo
del paraíso encontrado
que ahora es un desierto
Extrañamente
Cuántos los días y lugares
del mar-madre que se aferra
a la orilla de estas aguas
con ojos extranjeros
Fracasas al tratar de convencerte
que no has sido tú
Pretendes escribir otra historia
Devorando el poema
¿Qué sucederá después de haber llegado al final de las palabras?
¿sabremos interpretar los gestos
o esperaremos la llegada de la luz?
La supernova dictará
una neo-lengua
Recordar será otra forma de estar
esparcidos en el cosmos
besaremos nuevamente la penumbra
Pamela Rahn Sánchez (Caracas, 1994) es autora de los poemarios: La silla vacía antología poética (2021), El radio de pilas y otros poemas (2020), La luz entre las cosas (2020), Breves poemas para entender la ausencia (2019), Flores muertas en jarrones sin agua (2017) y El peligro de encender la luz (2016). Ha sido publicada en diversas revistas online POESIA, Jampster, Vallejo and Company, Buenos Aires Poetry, Letralia, Canibalismos, entre otras. Forma parte de antologías nacionales e internacionales tanto de poesía como narrativa. Ganadora del concurso Physis de la Universidad Católica Andrés Bello y del premio Gloria Fuertes de Poesía Joven con su libro «Breves poemas para entender la ausencia». En los espacios de la Fundación La Poeteca exhibió «Papeles renacidos», dónde mostró por primera vez en físico sus collages. En 2022 fue residente en el International Writing Program (IWP) de la Universidad de lowa y en City of Asylum en la ciudad de Pittsburgh. Actualmente reside en la ciudad de Caracas. Es cocreadora del taller de escritura experimental “El objeto y la memoria”.
Zorian Ramírez Espinoza (Caracas, 1996). Licenciado en artes mención música por la Universidad Arturo Michelena y contrabajista de la Orquesta Sinfónica Municipal de Caracas. En 2022, publicó su trabajo de grado Las escuelas de contrabajo en Venezuela, reconstrucción evolutiva 1970-2003 (CIDES) y la plaquette Memoria derramada (Petalurgia). Diplomado en reflexión y creación poética por la Fundación La Poeteca de Caracas. Ha participado en diversas antologías nacionales e internacionales. Es co-compilador del dossier de poesía joven venezolana Si el río abriese los ojos: Antología de la continuidad y editor asociado de la revista Círculo de poesía. Coordina la colección de poesía El alba ya no pudo negarme de la Fundación Editorial Tuqueque con la que publica este 2026 su libro Habitar la forma.
En julio de 2026 obtuvo el premio del VIII Concurso Anual de Poesía Lugar Común (EE.UU.) con su libro El miembro fantasma.
Habitar la forma es un libro de poesía publicado en Caracas, Venezuela, en el año 2026 como parte de la colección El alba ya no pudo negarme, bajo el sello de la Fundación Editorial Tuqueque. La coordinación y edición general de la colección está a cargo de Ken Pérez Morales y Zorian Ramírez Espinoza. Para este libro en particular, se contó con la participación del crítico y poeta mexicano Miajil Lamas como editor invitado. Asimismo, esta propuesta editorial se desarrolla en colaboración con Residuos del abatimiento, un proyecto de archivo anónimo creado por el artista visual venezolano Leonardo Almao.



