Escribir con espuma en las manos, nuevo libro de Adriana Ventura

La poeta y ensayista mexicana Adriana Ventura (1985) ha publicado recientemente Escribir con espuma en las manos (UANL, 2026). Escritora y docente, es autora de libros como Operación doméstica (Ícaro ediciones, 2022), entre otros. Su trabajo deambula entre las exploraciones geográficas, los cuidados y los vínculos comunitarios. Ganó el II Premio Latinoamericano de Poesía Marta Eugenia Santamaría Marín 2022. Obtuvo el Premio Estatal de Poesía “María Luisa Ocampo” 2016 y el Premio de Poesía y ensayo Joven de Guerrero. Fue becaria del Programa Jóvenes creadores del FONCA y del PECDA. Actualmente colabora en Nänä Colectiva.

 

 

 

 

 

 

Escribir de memoria

 

El niño duerme si le cuentan​​ 

historias de animales.

Sus favoritos son los caballos.

 

Mientras sacudo la cama,

antes de dormir,

al niño le gusta

que le diga, una y otra vez,​​ 

que su abuelo​​ 

se fue un día a vivir al río:

iba montado

en un caballo negro,

llevaba sombrero

y botas.

 

No volverá, le digo.

 

 

 

 

 

 

 

Dilatar la escritura

 

Tender la cama es parecido a montar.​​ 

Conviene colocarse a un lado,

recargar una pierna sobre el colchón

y dejar la otra apoyada en el piso;

con ambas manos

estirar los bordes.

Por ningún motivo hay que perder​​ 

detalle de los movimientos:

si las arrugas se prolongan a su gusto,

nos arrebatan la oportunidad

de sujetar las riendas de la situación.

 

 

 

 

 

 

 

Escritura en la cama

 

Las arrugas de mi cama son ondulares;

el plisado de mis sábanas​​ 

podría ser rastro de herraduras,

olas estáticas,

cadenas montañosas.

Sobre la cama mi cuerpo escribe.

Cada vez que la tiendo,​​ 

el lienzo vuelve a ser blanco.

 

Hay más trazos en la cama.

Evidencias del amor:

sangrados.

Últimamente,​​ 

lagunas amarillas.

 

El niño no domina​​ 

sus ganas de orinar

y riega la noche.

 

La lluvia se le mete al sueño.

 

 

 

 

 

 

 

Irse a garabatear poemas

 

Sobre la cama

bajo la guardia y cierro los ojos.

Quisiera ir al río para ver a mi padre.

Asiento el deseo en mi cuerpo

si escribo.

 

Con palabras dibujo un atajo

sobre el cuaderno:

 

Rodeada de palmeras y árboles de mango,

la arena extendida en la ribera.

Un grupo de infantes chapotea por ahí.

Sus madres lavan en la orilla,​​ 

sobre piedras o bateas.

Un bebé toma la siesta​​ 

bajo la sombra de los arbustos.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

Soñar la escritura

 

Sobre la cama​​ 

escribo,

trenzo en mis cuadernos

las crines de mis poemas,

mientras el niño duerme

con un caballo entre las manos.

 

El juguete es su perilla de acceso al sueño.

 

 

 

 

 

 

 

Escribir es cantar

 

El niño duerme si le canto

caballo de madera

cabalga por la pradera…

 

Esta mañana estuvo molesto.

La canción falló.

No tomó siesta.​​ 

No me dejó a solas ni un minuto.

Me perseguía como el mamífero salvaje que es.​​ 

 

Duerme al fin.​​ 

Afuera el viento sopla,​​ 

el móvil de conchas de la vecina suena sin cesar.​​ 

Leo en un libro de Claude Simon​​ 

que los caballos de guerra comparten con sus jinetes

la facultad de adormecerse mientras siguen caminando.

 

También los cables de luz se mueven.

Se aproxima una tormenta.

 

 

 

 

 

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