Sobre la poesía de Luis Correa-Díaz. Texto de David Cruz

El poeta costarricense David Cruz escribe sobre New Hope Rd, libro del poeta chileno Luis Correa-Díaz (Santiago, 1961) publicado por Círculo de Poesía Ediciones en 2024. Es Miembro Correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua y de la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba(España), poeta y profesor de Digital Humanities y Human Rights en la University of Georgia-USA. David Cruz mereció el Premio Internacional de Poesía Manuel Acuña, 2021.

 

 

 

 

 

La voz mutante de Luis Correa-Díaz: poesía en estado de transmisión

 


En el panorama actual de la poesía latinoamericana, hay poetas que insisten en reproducir fórmulas y hay otros​​ escasos—​​ que se dedican a tensionarlas hasta el límite. Luis Correa-Díaz pertenece al segundo grupo.​​ New Hope Rd​​ (Círculo de Poesía, 2024) es, en muchos sentidos, una estación más en el trayecto singularísimo que este autor ha venido trazando desde​​ Mester de soltería​​ (2006 y 2008),​​ Cosmological Me​​ (2010​​ y 2017),​​ clickable poem@s​​ (2016)​​ y,​​ sobre todo,​​ Americana-lcd​​ (2021)​​ y​​ metaverse​​ (2021): una obra​​ en​​ su​​ conjunto​​ donde la escritura es también un modo de observación orbital, una deriva entre lo​​ íntimo, lo político, lo planetario y lo posthumano.


Lo primero que salta a la vista es que no se trata de un libro escrito​​ desde​​ un lugar, sino​​ en’​​ tránsito. No hay aquí​​ un​​ yo lírico clásico, tampoco la mitología de lo cotidiano como nostalgia; hay, en cambio, un hablante que se desplaza en automóvil, como un testigo errante, por una America decadente:​​ con una mirada de amor forense / y mientras más abandonados / mayor es mi estremecimiento”​​ (p. 8). El poema​​ Old America”​​ establece desde el inicio esta sensibilidad: la del poeta como arqueólogo de lo que se va desmoronando, y a la vez como sujeto cruzado por la tecnología, el idioma y el movimiento.

La hibridez no es sólo temática, sino también formal.​​ En la poesía de Correa-Díaz​​ se​​ alterna libremente​​ el​​ español​​ y el​​ inglés​​ a veces dentro del mismo​​ verso—​​ en un gesto que más que bilingüe es biopolítico: responde a la vida en exilio, a la alienación lingüística del migrante, y al modo en que las máquinas (el celular, el GPS, la IA) transforman la experiencia del lenguaje. En​​ New Hope Rd​​ dice:​​ voy dictándole al iPhone / esto y espero que más tarde / la ad hoc app me lo devuelva / en limpio y con una respuesta”​​ (p. 15). Es poesía dictada al futuro, o a la máquina como oráculo.


Correa-Díaz no teme los temas que suelen excluirse de la lírica: drones de la NASA, neuroderechos, telescopios espaciales, videojuegos, reggaetón, redes sociales, inteligencia artificial. Lo que podría sonar disperso se articula​​ en este poemario​​ en una visión que ve al sujeto como un nodo más en una red compleja. No por azar uno de los poemas más notables se titula​​ Blueprint”:​​ este poema es el blueprint de uno / que no llegaré​​ a escribir y mejor / porque así​​ dejo la huella fosilizada / de lo que pudo haber sido​​ (p. 33). Su poesía se escribe también en negativo, como tentativa fallida, como bitácora de lo que apenas se esboza.


Y es que​​ New Hope Rd​​ funciona también como un archivo emocional y político: un repositorio poético de pequeños eventos globales que definen nuestro tiempo. El James Webb Telescope, Britney Spears, Ucrania, bell hooks, el turismo espacial, Gabriela Mistral, REM, Rosalía, Facebook, incluso​​ Metroid Dread, son convocados no como fetiches culturales, sino como signos móviles de una subjetividad que se debate entre la compasión y el colapso. Como en​​ Cukes not Nukes”, donde mientras el yo poético corta pepinos para una ensalada, el horror de la guerra en Ucrania se filtra por la pantalla:​​ así​​ en el amor como en la guerra / y me doy cuenta que mezclo / las cosas, aunque no sin cierta / intuición” (p. 18).


Lo notable es que este uso de la tecnología y de la iconografía pop no busca la ironía ni el pastiche, sino una forma nueva de sacralidad. En​​ Frosty Moon”, por ejemplo, una luna eclipsada vista desde el patio se convierte en experiencia mística:​​ allí​​ nuestro / padre el Sol…​​ abrazaba de medio lado a la bella​​ (p. 36). Es una escena cósmica y profundamente humana, en la que lo tecnológico no anula lo espiritual, sino que lo encarna de nuevas formas.

Hay además una​​ ética sutil que recorre todo el libro: un impulso hacia la comunidad, hacia un​​ nosotros​​ que desplace al​​ dictatorial Yo”​​ del que hablaba bell hooks (citada explícitamente en uno de los poemas). Esta búsqueda de un plural no hegemónico se percibe también en la ternura con que trata temas como el suicidio adolescente, la muerte de colegas y amigos, o la soledad del inmigrante. En​​ Mendigo de amor, un gesto mínimo​​ dar dos dólares a un homeless en Athens, GA—​​ se convierte en​​ una​​ reflexión sobre la gratuidad​​ y la gratitud, la pérdida y el deseo de borrar antiguos poemas​​ from my computer files / and most importantly from my heart” (p. 13).


Este desplazamiento hacia lo exofónico, lo extranjerizante, ha sido constante en su obra. Ya en​​ Americana-lcd​​ había explorado el doble corazón del inmigrante, dividido entre idiomas y culturas1. En​​ New Hope Rd​​ esa fractura se vuelve método y poética: la forma misma del libro es una autopista en la que cada poema es una salida (un​​ exit) hacia un tema nuevo​​ y registro, pero​​ conectado al resto por un tono y una visión de mundo coherente, dislocada, lúcida.


De ahí​​ que los poemas no sólo documenten lo que ocurre, sino también el modo en que ocurre​​ y ocurren: desde qué​​ pantalla, qué​​ velocidad, qué​​ voz interna. La poesía, para Correa-Díaz, ya no es solamente un acto de memoria o de conciencia, sino de codificación y transmisión. El libro, en su conjunto, se asemeja a un​​ feed​​ de un viajero intergaláctico que escribe desde la deriva, y cuya​​ única certeza es que el futuro, aunque incierto, sigue siendo necesario:​​ estos poemas…​​ miran atentos la trayectoria de ciertos objetos interestelares y nos recuerdan que​​ al final el futuro es lo​​ único que cuenta’”, indica Martín Rangel en la excelente contratapa del libro.


Y en esa mirada hacia el porvenir​​ interesada más en los algoritmos de la empatía que en los del control—​​ se cifra quizás la rareza mayor de su voz: una poesía que no teme el vértigo de lo nuevo porque sabe que, en lo más profundo, seguimos siendo esos seres que buscan, como Samus en​​ Metroid, un poco de luz en la galaxia. Escribir, para Correa-Díaz, es también preguntarse: ¿cómo seguir siendo humanos cuando lo humano muta sin cesar?


Dallas, Texas ,10 de julio 2025

 

 

 

 

1

​​ Un​​ estudio fundamental sobre este aspecto​​ de la poética de Correa-Díaz es “The Double Vision at the Heart of Luis Correa-Díaz's Americana-Lcd” de Jeremy Paden, en​​ Romance Notes​​ 62/3 (2022): 407-418.​​ https://romlpub.unc.edu/romance-notes-archive/ - P

 

 

 

 

 

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