Correspondencias de Alí Calderón en El sin ventura Juan de Yuste
En Las correspondencias (2018), el poeta Alí Calderón anuncia una especie de sentencia que concibe al poema como: «presagio y desolación». Su libro se transforma en bitácora de un viaje en espejo que proyecta las andanzas del poeta por el mundo en paralelo al camino interior por los parajes de la memoria. El libro también funciona como un retablo poético donde el universo circundante con sus ciudades, paisajes e historia, encuentra una resonancia con el universo interior y el relato personal. Esta noción de la correspondencia alude a la idea del destino que empata con dicha divisa. El poema aspira a comprender el devenir recogiendo los símbolos de la experiencia para desglosarlos y reintegrarlos, gracias a la alquimia poética, a un ordenamiento nuevo que no busca clarificar su significado sino colocarlo en un lugar distinto, donde lo inconsciente se conecta con lo circundante. En Las correspondencias el lenguaje transita dentro de una compleja intencionalidad sintáctica como reflejo de una penumbra interior anunciada como una suerte de enigma en los títulos de las secciones. Alí Calderón emplea el arcaísmo, la cita, la alusión y los cultismos junto con expresiones coloquiales y referentes contemporáneos que le aportan un matiz propio al conjunto de los poemas integrados en el libro. Hay, por lo tanto, una construcción poética en la que el lenguaje desempeña un papel relevante para generar los efectos emocionales que subyacen en los poemas. En su proceder contiene o anuncia una búsqueda poética que desemboca en El sin ventura Juan de Yustes (2024) cuya simiente se intuye en Las correspondencia, de manera notoria en la sección Piedra de sacrificio.
La exigencia de la lectura de El sin ventura Juan de Yuste (2024) de Alí Calderón me recuerda que la motivación para reseñar un libro puede ser la necesidad de comprenderlo. Sirva la siguiente definición de Erza Pound para justificar mis torpezas y yerros: «Un comentario es una breve pieza literaria en la cual exponemos cierto tema como un pretexto para disculpar nuestra ignorancia al respecto». Aclarado lo anterior, apunto mi lectura de esta pieza emblemática dentro de la trayectoria de su autor, tanto por la propuesta poética como por haber merecido el Premio Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer para obra publicada en 2024.
¿Qué sucede cuando se lee en nuestra lengua un texto contemporáneo cifrado en una dicción y dentro de un léxico que nos resulta ilegible por arcaico y que nos remite a las crónicas de la conquista? El libro de Alí Calderón recupera un momento histórico que permite contextualizar su travesía lingüística, se trata de una revisión de la captura de un contingente de españoles enviados desde Cuba para detener a Cortés, pero que fueron vencidos por guerreros texcocanos en 1520, así como el telón de fondo de la denominada Noche triste. Y lo anecdótico se torna atractivo por la cercanía del lenguaje con los hablantes dentro del poema —quizá de otra manera solo sería una novela histórica más sobre un periodo poco conocido—, por lo tanto, me temo que la recuperación que se propone Alí Calderón va más allá de los eventos contados y se adentra, por una parte, en los usos y maneras del lenguaje y de la lengua del S. XVI como redescubrimiento de una forma de percepción y de pensamiento que a su vez pone en evidencia los usos históricos de la violencia en la historia y en la cultura mexicana. El lenguaje —su historicidad y reubicación como significante— es el protagonista de este acercamiento épico, como ya lo había proyectado en Las correspondencias.
Una diferencia importante dentro de algunas poéticas del lenguaje es su hermetismo. La dificultad conlleva el reconocimiento de aquello que desconocemos. Asumo que Alí Calderón es consciente de la complejidad de sus labores poéticas en El sin ventura Juan de Yuste que excluye a una considerable opción de lectores. Su libro no aclama a una multitud sino a una posibilidad de abrirse paso entre lectoras y lectores dispuestos a dialogar con estos recursos y con su visión sobre las víctimas de toda guerra. La suya, en este libro, no es una poética hermética en el sentido del ocultamiento de los símbolos, lo es porque nos resulta cerrada a los lectores del XXI —lectores plurilinguísticos que sin embargo tendemos a uniformar los códigos— y nos vemos empujados a encontrar las claves para comprender su sentido, en este caso de una parte esencial de la historia de nuestra lengua —de origen castellana, pero mestiza, multilingüe y luego mexicana— ubicada, en parte, en la literatura de la conquista, las Cartas de relación, las Cartas de Indias, El padre Sahagún, Bernal Díaz el Castillo, quien nos revela en el epígrafe que sirve de entrada al libro el pretexto de su concepción: «y diré cómo se hallaron en una petaca desde Botello, después que estuvimos en salvo, unos papeles como libro, con cifras y rayas y apuntamientos y señales (…) y de esta manera tenía otras como cifras y a manera de suertes que hablaban unas letras contra otras en aquellos papeles que eran como libro chico». Leo, no exento de gran dificultad, que El sin ventura Juan de Yuste me coloca en la posición de descifrar aquellos apuntamientos y señales en una confrontación de códigos y de contextos, en eso radica el alto riesgo y el acierto de Alí Calderón en este libro.
Diferentes vías pueden aproximarnos al texto, una —acaso la más extenuante— sería abrirse paso a través del léxico; la otra, más atrevida, es dejarse llevar por el cauce de la narración hasta sumergirse —si no el sentido— sí en las intenciones poéticas que poco a poco nos van revelando una inmersión en el lenguaje. La alternativa está entre volverse un traductor de los hechos que me recuerda más al enfoque historicista que ha prevalecido en los estudios culturales, o bien, apostar por lo poético que corresponde a una mirada inventiva, pero a la vez palpable de la comprensión histórica más cercana al planteamiento de Walter Benjamin sobre «atrapar una imagen del pasado» tal como ésta se le enfoca de repente al sujeto histórico». Yo descubro, a través del lenguaje impuesto o recuperado por Alí Calderón en El sin ventura Juan de Yuste rasgos de una violencia histórica que confirma la tesis de Bejamin «No hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie» como sucede a lo largo del libro donde una sociedad diversa se descubre víctima de la historia, incluyendo a los soldados españoles, los esclavos, los opositores de los aztecas. En este sentido caigo en cuenta de que hay una violencia de lenguaje que Alí transparenta, también violentando con las formas arcaicas del periodo de la Conquista su escritura, como una búsqueda de algo ignoto e indecible o aún intratable dentro de lo poético, pero también histórico. Vuelvo a Pound: «Tradición no significa ataduras que nos liguen al pasado: es algo bello que nosotros conservamos». Alí Calderón se plantea en este libro una inquietud muy personal sobre el lenguaje, la historia, la identidad, las maneras de decirnos, pero también sobre la conciencia. Toda verdadera poética parte de una necesidad, se traduce en una búsqueda formal y aspira a realizarse en algo único que no tiene porque responder ni cumplir con ninguna directriz estilística, si no, por el contrario atreverse a abrir vetas inexploradas del lenguaje que, paradójicamente pueden hallarse en el pasado y no siempre en la moda y sus imitadores. Tradición y pasado pueden ser profundamente novedosos como sucede en El sin ventura Juan de Yuste.
Diego José




