Poesía africana: Pathé Dieye (Senegal)

Mariela Cordero construye un dossier de poesía africana contemporánea, poesía africana de expresión francesa. Leemos aquí algunos poemas de Pathé Dieye (Dakar, 1996). Es autor de la novela J’ai écrit un roman, je ne sais pas de quoi ça parle (L’Harmattan, 2020) y de dos poemarios: L’irrésistible attrait de l’ordinaire (Al Fàruq Editions, 2024) y Accoucher de soi (Hello Editions, 2024).

 

 

Pathé Dieye (Senegal) también conocido como Patherson, es un escritor y poeta de slam senegalés.​​ Es autor de la novela​​ J’ai écrit un roman, je ne sais pas de quoi ça parle…, L’Harmattan (diciembre de 2020), y de dos poemarios:​​ L’irrésistible attrait de l’ordinaire, Al Fàruq Editions (febrero de 2024), y​​ Accoucher de soi,​​ Hello Editions (octubre de 2024).​​ Cuenta con más de cinco años de experiencia como investigador y formador en prevención y gestión de conflictos en África Occidental y en la cuenca del lago Chad. La humanidad ocupa un lugar central en su obra literaria y, en sus investigaciones, también explora los retos éticos relacionados con los usos de la inteligencia artificial. Sobre este tema, escribe una crónica titulada:​​ Territoires Inconquis.

 

 

 

 

 

 

 

Somos los vagabundos, los fracasados,​​ 

los inadaptados, los inesperados, los parias.

 

Llevamos los harapos de los decepcionantes​​ 

y apestamos a basura.

 

¿Es ese el precio de la libertad?

nuestra libertad​​ 

la pagamos sin regatear

el arte es nuestro único paraíso.

¿Qué pueden vuestros infiernos contra nuestras alegrías?

 

La sonrisa-trofeo de una lectora, de un lector

debates​​ a​​ páginas arrancadas de los apasionados

vinos de contradicciones con ideas rotas​​ 

cafés-arenas donde​​ se cruza la sinrazón​​ 

 

brindamos por los inútiles necesarios​​ 

aquellos que no salvan a nadie​​ 

pero reparan a todo el mundo​​ 

aquellos que no saben ni detener la guerra

ni morir en lugar de los inocentes​​ 

pero tienen sus ráfagas de esperanza.

 

Somos los errantes que pierden el rumbo

cuando el caos mezcla la confusión

porque aún sabemos amar…

 

 

 

 

 

 

 

 

Siempre habrá​​ 

ese color​​ 

esa música​​ 

ese olor​​ 

ese lugar​​ 

que nos transporta

hacia nuestros ausentes​​ 

como para mantenerlos con vida

 

son reliquias​​ 

objetos​​ -rituales​​ 

para soportar la sentencia​​ 

o no​​ capitular​​ ante lo evidente​​ 

 

así se convierten en​​ 

presencia,​​ 

arrebatamiento​​ del instante,​​ 

compañeros invisibles,

pero que sentimos en nuestro interior,​​ 

a nuestro lado,​​ 

a nuestro alrededor,​​ 

poblando nuestros vacíos​​ 

 

nos aferramos a ellos,​​ 

cicatrices de un último abrazo,​​ 

trofeo sobre la muerte,​​ 

cánticos de amor

 

nos habitan​​ 

como nosotros los habitamos​​ 

se marchan llevándose una parte de nosotros​​ 

 

esperamos en el muelle​​ 

con una parte de ellos​​ 

así aman los mortales​​ 

una red lanzada sobre la inmensidad de la vida

para abandonarla

y así poblarla mejor.

 

 

 

 

 

 

Darfur, el nombre de estas tierras donde el suplicio ya no conmueve​​ 

los barriles de sangre​​ abrevan​​ el suelo​​ 

el mundo se embriaga de indiferencia, pide otra copa​​ 

un​​ simulacro​​ de empatía paga la ronda

fingimos estar conmocionados, incluso la taquicardia se ajusta la corbata.

​​ 

El-Fasher claudica​​ bajo el peso de las voces inesperadas

Klephtes1,​​ truhanes,​​ quebrados,​​ 

confunden los gritos con alabanzas a sus crímenes.

El Fasher no tiene más que atrocidades que desgranar en el rosario del​​ 

 ​​ ​​​​ silencio,

escribimos pálidas fotocopias de respiraciones​​ a lápiz

sin mayúsculas​​ 

dar señales de vida es casi una falta de pudor​​ 

reclamarla, un sacrilegio en esta fosa común a cielo abierto

sembramos lágrimas que regamos con la​​ carcajada

de aquellos quienes​​ matan como fuman un cigarrillo.

​​ 

Esperanza a media asta​​ 

vida​​ impedida

llueve muerte​​ 

los que aún sudan

buscan saldar lo que les queda por vivir

con un vaso de agua

un puñado de arroz

una​​ plegaria

Darfur es un enfermo a dieta

robo por la mañana, violación al mediodía, masacre por la noche​​ 

la​​ matanza-terapia​​ lleva​​ sangre en su​​ posología​​ 

El Fasher sufre la herida del abandono.

​​ 

Ya no se oye la​​ alarma de emergencia

la mirada​​ esquiva​​ devuelve al mundo​​ 

a la putrefacción del absceso de la deshumanización

el pus fermenta y se sirve

en las copas de la​​ adiaforia 

a todos se les servirá.

 

Los corazones​​ desahuciaron​​ al amor​​ 

por un alquiler impagado​​ 

se profana la vida​​ 

como se juega a las cartas

 

en la capilla de lo innoble​​ 

el arúspice sella la unión​​ 

de los​​ enamorados​​ del desamor.

 

 

 

Nota de la traductora:​​ 1​​ Klephtes: Término de origen griego que traduce literalmente como "ladrones" o "bandidos". Históricamente utilizado para referirse a grupos de proscritos que operaban al margen de la ley.

 

 

 

 

 

Siempre se escribe desde un vacío

en un desierto, en​​ corvalescencia1

desde una vaguedad donde se​​ vocea

la carencia.

Siempre se escribe en un lugar despoblado

un casi no-lugar​​ 

antaño pintado por esos seres amados

desde donde vagamos, para intentar, con poesía,

aliviar la carga de nuestros «no saciados».

Siempre se escribe desde una distancia​​ 

la que resuena entre

este mundo, estribillo de su terror,

y​​ aquel que se vislumbra en un sueño​​ 

durante una siesta.

Siempre se escribe​​ 

desde el eco de la celebración de un fracaso​​ 

el de la vida que se pavonea​​ 

de su malestar. Y que se desata​​ 

para salvarse del circunflejo de caer en​​ arrobamiento.

Siempre se escribe ante una pérdida​​ 

el duelo, irónicamente imposible, frente al tiempo

que nos pone entre paréntesis​​ 

para recordarnos mejor que mañana​​ 

que seremos unas comillas banales.

 

 

 

 

Nota de la​​ traductora: ¹​​ Corvalescencia: Neologismo que fusiona el término francés​​ cœur​​ (corazón) y​​ convalescence​​ (convalecencia).

 

 

 

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