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Coyote de lluvia - Coyokiawitl
I
A mis 20 años
nocempoalxiwipan
en mi primera cuenta de vida
comencé a recitar
poemas en náhuatl de la antigüedad
a alta velocidad en los camiones
sin saber el pasado indígena en la familia.
II
Soy un nawal
mi madre nació en el fogón
ipan San Andrés Tepexoxuca altepetl de Puebla
La tierra donde mi abuelita Juanita y papá Beto sembraban
se transformó en un bosque de pinos de ocote
ahora rodea la casa donde dieron a luz
antes de migrar
llegaron en 1971
a vivir en la caricia de lava del Xitle
con camiones de volteo y latas de chile
rellenaron las cuevas del Pedregal de Santo Domingo
ahí nací
coyote de las piedras volcánicas
soy unx náhuatl chilangx
se dejó de hablar el mexicano
solamente en el altar y en los secretos
siguieron los abuelos y abuelas sosteniendo la lengua del pueblo.
III
El 1 de noviembre se pone una gran ofrenda en el calpulli
hay mole y tamales
para quienes nos visitan
ante el altar se escuchan las historias
“La mamá de tu abuelito, Emelia, Mamacita, ella no tuvo papaces. Todavía te cargó y hasta te dio de comer. A ella la criaron sus abuelitos, la recogieron chiquita y la criaron. Ella me contó todavía cuando estaba aquí… Ella juntaba sus cabellos en una bolsa. Decía que quería que la enterraran con su pelo. Y cuando se regresó para el Pueblo, que se fue con un abuelito que es hermano de tu abuelito, ya se la llevaron, cuando ya estaba más enferma, se llevó su costal con todo su cabello. Decía que le dolía la panza, la panza, pero en ese tiempo, solo té, puras plantitas y se le pasaba un rato, pero luego otra vez. Ahora quién sabe, a lo mejor los doctores la habrían curado.
Ella me contaba historias, las de tus abuelitos. Sus abuelitos, la abuelita y el abuelito, subían el cerrito, el Teotzin, para llamar a la lluvia. Eran los cuauteyotes. Eran de varios lados. Ya cuando sabían que tenían que ir a pedir, el Abuelito se ponía a raspar el machete, y la Abuelita, ella se peinaba. Tenía largos sus cabellos, con su peine, grises, grises, largos. Y ya así, poco a poco se iban haciendo las nubes.
¿Quién sabe cómo se hablaban con los otros, los de otros lados? Pero ya cuando era el día, subían al cerro y ahí se juntaban. Decía el Abuelito que si querían ver si era cierto, que ahí habían dejado las boronas de los hongos, unos que nacen ese día, con la lluviecita: el pananacatl, el pananacate, como el de la feria, que así de grueso es, como de una pulgada, como el pan. Y sí, decía ya tu bisabuela que sí, se veían ahí regadas las boronas. Ese hongo solo salía con esa lluvia que se pedía. Luego, cuando ya estaban juntas las nubes, ya negro todo arriba, los abuelitos, tu Abuelito, raspaba el machete y comenzaba a tronar. Así hacían los rayos. Y las abuelitas, hacían las nubes, con su cabello y con su peine.
Yo también por eso, mijo, lo voy juntando. Ya tengo ahí unas trenzas, de cuando tu tía me lo cortó. Pero ¿qué voy a hacer con él? Mejor te lo regaló, mijo. Ay, mijo. Tú también, tu pelo, lo traes bien largo, te hago unas trenzas, para que no andes todo chilapastroso.
¿Entonces ya estás aprendiendo el mexicano? A ver, ¿qué palabras te sabes? Ahorita, de una vez que están aquí los abuelitos, que escuchen las abuelitas, que andas en los camiones diciendo poemas… ¿Y a poco sí te dan dinero? Ay, mijo, ´tas como tus Abuelitos, diciendo cosas para comer. ¿Cuánto te dan? Aunque sea para que vayas a la escuela y ahí te ayudes. ¿Entonces en la escuela estás aprendiendo la lengua?, ¿te están enseñando ahí a hablar? Asta mosta, a ver ¿qué quiere decir?. Ándale: hasta mañana; y cualli otzin: buen camino, para cuando te despidas, que le vaya bien; pásele: ximopanolti; un taco: ce taxcatl, para que te den de comer, que te inviten un taco. Mínimo, que te des a entender cuando vayas al Pueblo. Tienes que llegar a Libres y ahí tomar una camioneta, que te baje por la curva de Mexcaltepec, y cruzas por donde era yo, de Jalacingo, Jalacinguito, y te vas todo derecho hacia San Andrés Tepexoxuca, ahí hay un río, está bonito, ahí fue donde tu abuelito me fue a alcanzar. Yo no andaba ahí, de que buscando qué, me iba a ver que me casara con él. No, de primero no, pero ya luego su papá de tu abuelito, sí, ya teníamos dónde. Su papá le dió ahí, donde te dejó a ti, el bosque que es ahora, donde mero nació tu mamá, ahí es donde tienes que llegar, a esa casita, pero tienes que preguntar allá, a ver quién de ahí ya que te diga, no sé si tu abuelita Sebastiana o de Félix, la Juanis, tu prima, allá está con su familia. Si vas que te reciban, aunque sea un taco que te den, que te dejen quedar ahí en lugarcito, porque la camioneta ya hasta el otro día tempranito pasa de vuelta.
¿No conoces tú, o sí?, ¿sí ya has ido? Ahí está la casita donde nació tu mamá y tus tías. Que tu abuelito primero se vino, se adelantó, y yo me quedé allá un tiempo, raspando, sacando el aguamiel para el pulque. Subía a chupar y ya luego iba a repartir, como mi mamá que me enseñó. Ella sabía curtir el cuero, así, cuando nacía un chiquito, un borreguito o también ya grandecito, todavía que estuviera caliente la piel, ya limpia, mi mamá le amarraba bien fuerte los pies y la cabeza, el hoyo lo sellaba bien y lo inflaba como un globo, y así se ponía a secar. Ya luego ahí se echaba el pulque para irlo a vender, a Ixtacamaxtitlan y a varios lados.
Yo, cuando se vino tu abuelito, tenía ahí la milpa bonita. Grandes los elotes y la calabaza, todo. Hasta las víboras estaban rebonitas. Como la mamá de tu abuelito, Mamacita, que los abuelitos le decían cuando estaba chiquita que la recogieron, que no se asustara, porque ahí en el altar había un animalito, era una víbora, que se escondía y salía a veces, pero ahí era su casa, les estaba cuidando.
Luego esos animalitos son abuelitos, ya los más antiguos, de endenantes, que nacen de nuevo, pero en víboras o animales, en coyotes, para cuidar a la familia. Tú también mijo… ay, mijito, te pareces a los abuelitos, pero no tienes cerro, mijo. Andas en los camiones, y no tienes milpa. Te dan dinerito, para tu escuela y pa´ tus gustos. Ta´ bien, mijo, que digas tus poemas en mexicano.
Pero a ver, ¿entonces tú estás aprendiendo como en Milpa Alta?, como hablan allá. Ah ya, ¿de Guerrero también?, ¿de Hidalgo?. Luego no se entiende. Que dicen que igual, pero unas palabras sí, otras no. No se les entiende bien. Tú, lo que dices, unas sí las entiendo y otras no. Pero igual en el Pueblo, cuando son los mercados, el día del mercado que llega gente de varios lados, o en las fiestas, luego no se entienden. Y eso que son de enfrente, de los otros cerros.
Así, tú también, el mexicano, ya lo estás aprendiendo aquí. Ya tú, que naciste aquí… Ay, mijo, pues qué bueno, que ya aunque sea tú, porque ya nadie de tus tíos ni tu mamá tampoco, ya nadie aprendió. A nosotros todavía sí, antes de venirnos lo hablamos allá y aquí pues nomás entre nosotros ya los puros viejitos, con tu abuelita Lupe o tu tío Goyo ya nomás y con tu abuelito y tú, ahora también, ay, mijito.
Y ahorita aquí, que están las abuelitas y los abuelitos que nos vienen a ver. Qué bueno, que sepan que estás aprendiendo. Te sahumo mijo, ponte. A ver, acomódate, levanta los brazos. Ándale, así, limpiecito, como los abuelitos que nos enseñaron a limpiar con el humito. La lágrima, se le pone, la del pino, el copalito y el carbón se le sopla. Y tu caracol… a ver, ahorita, que suene, para los abuelitos que están aquí… ¡Híjole, qué bonito suena! ¿Y ese también lo tocas en los camiones? Ah, ya, ese nomás cuando te presentas. Está bien, mijo, que ya pasaste a saludarme. Ponte ahí, que te den la bendición los abuelitos, que te cuiden en el nombre del Padre y de la Madre, de todas las hijas y los hijos y tu espíritu esté santo, mijo. Ándale. Ya estás limpio. De toda esa gente también que habla mal de uno. Mejor que Dios los bendiga para que tenga para comer.
¿Cuándo vuelves? Ahora no has salido, luego te vas lejos, que te llevan fueras a trabajar con los poemas. A ver si un día te llevan a donde tus tíos. Ya no van a volver. Ya van más a ser más de veinte años. Ya sus hijos ya tienen señora, ya hasta hijos, una chiquita que luego me enseñan tus tías en el celular. Más ellos que eran chiquitos cuando se fueron… ¿Cómo no les dio miedo cruzar así el desierto? Ves que una sola vez vinieron, ya hace mucho tiempo y luego, se volvieron a ir. Sí, pues ya allá está toda su familia. Aunque sea una vez que vinieran, o yo ir. Primeramente Dios y la Virgen Santísima.
Llévate unos tamalitos, ahí te los calientas. Le convidas a las muchachas. ¿Son dos entonces?, ¿y las dos saben, se saludan? Una sí la conozco, que vino hace un año exactamente. Te pongo otros más, para la que es más güerita, las dos están bonitas, kualli kuakualtzin.
¿A ella cuándo la trajiste? Ah, sí, fue cuando cocinaron aquí para todos en el cumpleaños de tu mamá. Ándale, me las saludas. Pero ¿viven todos juntos, o cómo? Ah, ¿cada quien tiene su casa? ¿Y a poco te vas casar con las dos, y con las dos vas a tener hijos? Ay, mijo, nomás con una. ¿Cuál es la que también su familia siembra o sembraba? Que su mamá me mandó habas de su milpa. Me saludas a su mamá, que a ver cuándo nos visita. Te pongo otros más, para que le lleves a la señora. ¿Ellas también ponen ofrenda?
Eso es bonito, que las familias se conozcan. Luego Dios no lo quiera, que ya no estés con las muchachas, que todo sea bueno mijo, para todas. Que aunque no estén juntos, que cada quien mejor en su casa o con su cosas. Y si tienen hijos cada quien por su lado, que Dios los bendiga y la Vírgen Santísima.
Ahora ya las familias nuevas de varios papás o mamás, ¿qué es eso?, así antes también yo creo era. Igual es así cuando se divorcian y luego se vuelven a juntar con otros, se hacen nuevas familias con hijos de todos lados. Eso no se veía antes, pero ni modo que la gente no se quiera. Hasta los padrinos, las madrinas, que si llegan a faltar, la mamá, el papá, se queden viendo por los chiquitos. Tú dices mapas, ¿mapas, verdad? Porque es una mamá y un papá, que mamás cuando son dos mamás y papás si fueran dos papás.
Luego, me las traes a las dos, para que les dé la bendición y le diga a tu abuelito que esté, para que también él las persigne. Ahorita ya él ya, está acostado. Regresamos ese rato del panteón, de ver a tu tía, comió y se subió a dormir.
Tu papá, ¿si lo pasaste a ver?, ahí estaba en el cuarto de tu mamá, lo vi que vino a comer. También aquí está su cirio que le puso a su mamá, tu abuelita Chenchita, que también era de Puebla, verdad, pero de Acatzingo. Siempre nos saludamos bien con tu otra abuelita. Tu papá trajo la foto. Ponte ahí, para que también te den la bendición tus otras mamaces y tus tatas de parte de tu papá, que su papá, el señor era de Hidalgo, ¿dónde era que vivías de más chiquito allá con tu mamá?, puras barrancas. Ahí todavía se escuchaba el ruido de la víbora cuando cambiaba de lugar. Se pasaban volando de un cerro al otro cuando cambiaba el tiempo. Que dicen que ya eran las víboras más viejas, que tienen plumas, como motor, un zumbido hacen. En Cieneguilla. Una vez que fuimos a Tolantongo a las aguas termales, me dijeron que por allá cerca es, de donde tu otro abuelo, Ascención, como tú también es tu nombre. Ahora que está toda la familia, y los dejan que nos vengan a ver, aunque sea un ratito. Así yo quiero también, que me pongan mi foto y mi cirio. ¿Y el mole? A ver si tus tías, o tú, que te gusta andar cocinando.
Ay, mijo, entonces tú les haces de comer a las muchachas. Pero ¿sí te ayudan o tú solo? Lo bueno es que ya ahorita ya, están cerca las cosas, las tortillas, ya las dan, antes se tenía que poner el nixtamal, se ponía la olla con el agüita y la cal, y ahí se dejaba remojar el maícito. Si no tenía uno molino de ese que se atranca en la mesa, tenía uno que moler en el metate. Ya luego que nos vinimos para acá fue que tu abuelito mandaba a traer costales del pueblo, bonitas las mazorcas, rojas, pintitas, el azul. La gente nos decía que si no le vendíamos aunque sea un kilito, que se les antojaba.
Gracias, mijo. Ya viniste a saludar. Qué bueno que te acuerdas de la familia. ¿Sí comiste? A mi mamá y mi papacito, tus abuelitos, que están comiendo, les hice su molito, de ese te guardo. Ya que levantemos todo mañana, le doy a tu mamá en un topper para que te lo guarde y luego pasas. Pero llévate mis trenzas, mijito. A ti que te gustan las historias, para cuando cuentes de tus abuelitos las enseñes.
¿Cómo te vas, en tu bici, y así te vas hasta tu casa? Ay, mijo… Ándale, pues, a ti que te gusta andar lejos, así. Con cuidado, que Dios te bendiga y la Virgen Santísima te acompañe, en el nombre de Dios. Ándale, ándale. Cualli otzin, mijo”.
IV
Somos más antiguxs que la conquista
la vigencia de Aztlan
Cuicuilcas contempos
nahuas mestizxs.
Karloz Atl (Ciudad de México, 2026). Poeta y artista multidisciplinar de origen náhuatl. Premio Interamericano de Poesía Navachiste con el libro Espina. Ha presentado su obra en Berlín, Los Ángeles, Río de Janeiro, Arequipa, La Habana, Bogotá y París; al igual que en el Palacio de Bellas Artes, el Complejo Cultural Los Pinos, el Centro Nacional de las Artes, la Cineteca Nacional y el Museo Nacional de Arte. Es tallerista para infancias y juventudes a través del Programa Alas y Raíces de la Secretaría de Cultura de México; al igual que en espacios penitenciarios y terapéuticos mediante sesiones de escritura, respiración alquímica y movimiento corporal. Imparte el Taller de Poesía 420: un espacio creativo para disfrutar de la cannabis y crear poemas de forma segura. Es fundador del Circuito Nacional Poetry Slam MX y del Centro Transdisciplinario Poesía y Trayecto AC, desde donde ha desarrollado proyectos comunitarios de alto impacto social, cuyas metodologías interdisciplinarias han sido documentadas por la Universidad de Bath y la UNAM, así como recibido el apoyo de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México y el FONCA - Conversiones para llevar a cabo sus iniciativas, traducidas en más de 20 libros creados comunitariamente. Con su máquina de escribir se instala en Ferias del libro, festivales y plazas públicas: crea magia al instante para las personas en forma de poemas.



