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CÍRCULO DE POESÍA

 

Arenas movedizas. Poesía iberoamericana y principio de siglo. Rodolfo Hinostroza

31 Oct 2012
hinostroza

Dentro de “Arenas movedizas. Poesía iberoamericana y principio del siglo”, presentamos la poesía de Rodolfo Hinostroza, referente de la poesía latinoamericana contemporánea. Su poemario, “Contra natura”, es uno de los clásicos del siglo XX. Poeta, astrólogo, narrador, cocinero y crítico de cocina, Hinostroza es uno de nuestros mayores poetas.

 

 

 

 

 

 

Los huesos de mi padre

 

Serán éstos los 206 aristocráticos huesos de mi padre?

Todos completos, con su maxilar inferior, su frontal,

sus falangetas, su astrágalo,

su vómer, sus clavículas?

No se habrán confundido

en la Fosa Común

con los de un vagabundo

de esos que abundan en las calles de Lima,

y mueren sin un grito?  Cómo voy a confiar

en que sean éstos los huesos de mi querido padre,

don Octavio, Tachito,

si en la Fosa Común donde lo echaron

puede ocurrirle cualquier cosa

a los huesos de uno?

Su hermano, tío Reynaldo había jurado

encontrar a mi padre, y recorrió toda esta Lima a pie

durante un año, para hallar a mi padre, el poeta,

que se había perdido en la ciudad,

como suele ocurrirles a los ancianos y a los locos.

Todos los días salía, después del desayuno,

a buscar al hermano mayor,

a aquel poeta provinciano,

talentoso, desgraciado y perdido

por los barrios de Lima. Llevaba

una vieja foto de mi padre, amarillenta,

donde aparecía con su pelo ya blanco,

sus ojillos brillantes de inteligencia, sus mejillas fláccidas

labradas por años de inútiles batallas

contra lo que él llamaba su destino adverso

cuando se hallaba de un ánimo blasfemo,

dispuesto a enrostrarle a un Dios

en el que no creía,

sus continuos fracasos.

La boca grande, elocuente.

La frente alta y despejada. Con un terno marrón, creo,

a rayitas. Esa imagen debió corresponder

a una época feliz, tal vez la de Huaraz,

cuando estábamos todos juntos, mi hermana

mi madre y yo, mucho antes

del divorcio.

Reynaldo la mostraba

a la gente, los interrogaba venciendo

su enorme timidez: “¿Ha visto a este hombre?”

indesmayablemente a pie,

tío de a pie como un remoto soldado de una guerra perdida,

raso, humilde, cumplido,

indagando en los parques, en los hospitales,

en las estaciones de autobús,

en los mercados,

pues quería encontrarlo,

esa era la misión que se había impuesto

antes que la muerte se lo lleve.

Pero la muerte se llevó primero a tío Reynaldo

de un cáncer al estómago,

sin saber que mi padre lo había precedido en el último rumbo,

y no fue sino mucho más tarde que mi hermana

al fin encontró a mi padre

en una Fosa Común del cementerio de Miraflores

donde sus huesos misteriosamente habían venido a dar

porque nadie había reclamado su cadáver.

La muerte

que con callado pie todo lo iguala

lo había sorprendido en un asilo municipal

donde llevan a los locos que vagan por las calles de Lima

y había muerto, enloquecido y solo,

él, Octavio, Tachito, el poeta, el hermano mayor

que había nacido en cuna de oro.

Siempre pensé que moriría rodeado

como Maese Manrique

de sus hijos, hermanos y criados

reconciliado con su terco destino

y cesaría la angustia

la loca angustia que desorbitaba sus ojos

porque no quería morir como un fracasado

y su muerte le cerraría para siempre

las puertas de La Gloria.

No reposó un instante en vida

acechando a la suerte en todos los caminos,

en todos los concursos,

esperando un cambio del destino

un premio, algo definitivo

que sacase su nombre del anonimato

y le diese la paz. Ya no soñaba con el Premio Nobel,

si no con la publicación de sus poemas

que eran profundamente hermosos

y cada día más bellos

cuanto más desgraciada era su vida.

Se sentía en deuda

con nosotros sus hijos,

y los recuerdos de nuestra infancia feliz lo atormentaban

hasta hacerlo sangrar

como un patriarca loco que ha perdido

el paraíso inadvertidamente

por una mala mano en el tresillo

un mal consejo, o una debilidad de temple

inconfesable.

Entonces quería estar solo, huía

de la familia, se confundía

en Lima entre los vagabundos, le aterraba

y le atraía como un destino escrito

la mendicidad al final del camino. No aceptaba

el rol que todos querían para él:

el del abuelo sabio y respetado

que mora y aconseja en el hogar de su hija: prefirió

seguir en la batalla hasta el final,

irse a la calle

esperando un milagro.

Sus despojos

fueron a dar a la Fosa Común,

hasta que el proceso

de putrefacción termine, en cosa de tres años

y sus huesos, mondos, nos fueron entregados

en una caja de zapatos, con una etiqueta identificatoria.

Ahora reposan en el Cementerio el Ángel

en una de esas fúnebres bibliotecas de huesos

a pocos bloques de donde mi madre duerme su sueño eterno.

La muerte, piadosamente,

ha acercado los huesos de dos seres que la vida separó,

y sus nombres han vuelto a aproximarse

en el silencio de este Camposanto

como cuando se vieron por primera vez

y se amaron.

En ocasiones

mi hermana y yo llevamos flores,

a un sepulcro y el otro,

y todavía sufrimos por su amor desgraciado,

que sin embargo dio maravillosos frutos.

 

 

 

 

Nudo borromeo

 

Un hombre vaga durante numerosos años fuera de
                                  su patria, estrechamente vigilado por Poseidón, y solo.
Aristóteles

 

Y ahora remontas rue Vavin subiendo a Montparnasse
Hay un río que duerme otro que murmura
Aquí Clayton hablaba de Loutine
Los dorados temblores de Diana en el patio interior
El cuerpo multiplicado en millares de copias
Y un presagio de tormenta en la escalera
Menos grave que en los años siguientes
Y ahora todo resbala hacia Lo Real
Había sido algo menos que una presencia
Definida con tenacidad
Al alba con las últimas luces de la fiesta
La materia de los dioses extraviada en un recuento precipitado
De tantos viajes tantos libros tantas mujeres
La sombra helada de un libro que te acecha
Mientras haces el amor en el bisel del espejo
Las claves sumergidas en un catálogo de signos
Te requiere por una vibración de encajes y deseos
Como el vaho sobre el cristal del automóvil
Londres un taxi palpitante a la puerta
Una confidencia cubierta por el timbre del teléfono
Forma insuficientemente percibida
A través de las celosías de la casa
Lo gris duerme su rapacidad vela
Modo infinito en infinita parodia
Y ahora tratas de recordar un acto significativo
Que te hubiera matado
Para que hacia él converjan las líneas del poema
O el pavor de un sueño
Donde olvidas tus huellas en las cosas
Como si al crepúsculo tornaras la cabeza
Viendo unas rayas difusas en la perspectiva
Así cuando declina el viento de la noche
Hay tal vez una playa con casetas de vidrio
Y estudias el mecanismo de las olas
Sobre la barrera que planta tu memoria
Un dólar de plata por saberlo
El sentido de la experiencia debe encontrarse allí
Y yo debo entonces perseverar en el poema
El Otro que yo he sido el Otro que estoy siendo
Me debe ser designado en el poema
En una de sus líneas (tal vez en ésta misma)
El insolente sol trepa al solsticio
Y se me hace saber que mi sombra se gasta
Y una imagen recurre (la de Marianne)
Como si el erotismo fuera capaz de definirme
Como si buscase definición
Deslizándome hacia el centro del poema
Donde hay silencio y quietas placas de hielo
Calles que no llevan nombre
Miedo de tocarlo y no tocarlo y atravesarlo sin tocarlo
Como una sombra de palabras
Y hay líneas que se encurvan sobre el horizonte
Otras sobre el crepúsculo
Y acodado en las estepas mayores
Buscas la conjunción de los sentidos
En una sola epifanía
La memoria como un espejo parabólico
Descoyuntado por infinitos puntos de fuga
Que recompone ahora una imagen de mujer
De actos presenciados en Mallorca
O en un pueblo belga que se llama Malone
Cuyo sentido (si alguno existe) resistiría a la enumeración
De imágenes dispersas
De una noche en busca de rue Giordano Bruno
Al fondo del distrito XIV y bajo la nieve
O la de un lépero cagando sobre un puente en Comayagüela
O de una noche caliente y desolada en Managua
Un Luna-Park en trozos
O caminando contra el viento a la entrada de Cerbère
Buscando un maldito camión
Y todavía
Atravesando un campo de lavanda en el Luberón
Con un vuelo de cuervos en el cielo cubiero
Fascinado por la estupidez
(Lo Real)
Y el amor que no sobrevive a Lo Real
Y poesía calla
Puedes trepar a un bus hacer le tour du monde
Hasta que tus desgracias se consuman
Y te llenes los ojos de países
Inexplicables como las mujeres
Sombras frutas rmolinos
Conversaciones a orillas de un catre
Viajando hacia Entropía con un bolso de lona
Borracho (y agresivo) cada día
Dónde quedó el lugar de la emoción largamente buscado
La voz (era una voz?) en los farallones de La Herradura
Sucio cobalto mar
Los versos aullados al viento
O la vigilia sobresaltada en un hotel de Ibiza
Y todo suspendido a esa enorme extrañeza
De estar aquí haciendo precisamente eso
Quizá en suma
La larga perplejidad
Que incita al mundo a ser lo que es
Nunca lejos ni cerca
Nunca Real
Y el viento que se caga en la noticia
Segando los sonidos
De pura insensatez has preferido una vida brillante
(Brillante’)
Peloteando entre psiconalistas vagos guerrilleros
Artistas espléndidas mujeres pilares de bistró
Lectores de novelas policiales
Cambiando dos por una Marché d´Aligre
Dos Francis Rick contra un buen Ambler
Cuatro Carter Brown contra dos Stara
Una docena de Chase (siempre es lo mismo) contra
Lady in the Lake
O Red Harvest o La Reine des Pommes o Wincherly Woman
La escena de las fresas la escena del pico de hielo
El torpe asesinato del marido
Y las manchas de sangre dulzona sobre el piso encerado
Un laberinto de enaguas y de manos
Cáchame cáchame
No tendremos mañana
Porque mañana no existe para nadie
Tú eres Tú porque yo lo he querido
Y El Mundo (El Arcano XXI) te pertenece
No es sino un modo de pasar por El Diablo (VIII)
Errando entre las sillas al alba de la fiesta
Inmerso en una hecatombe de palabras
Un espejo te entrega lo idéntico y lo otro
Una puerta una noche
Si soy el que deseas y deseas a otro
Soy Otro
Y cuando te deseo no deseo ser otro
Librado a la madera de los sueños
No tendremos mañana
Como quien asume una pasión inconsecuente
Con la seguridad de ver borrarse los fantasmas
A la llegada del alba
Tú y Yo
Aturdidos huyendo por las alcantarillas
A La Paz (Baja California) o a Formentera
Cris el Sevillano en dos días dio la vuelta a la Isla
Jean-Marie se colgó en el fondo de un pozo
Frank cogió a martillazos a dos guardias civiles
Mi Reina Armada destruyendo los rangos de peones
Un triángulo de luz polvorienta en cada mano
Del 1 al 0 al 1
Y ahora Mi Reina es presa de la angustia
En un túnel como una tripa viva
Que se abre sobre una playa donde un hombre desnudo medita
El Amor y La Paz
California Dreani´
Un sueño en jeans T-shirts
Playas tornasoladas de soles anaranjados (Wesselmann)
La sombra de viejos automóviles traqueteando
Hacia un presente perpetuo
Une Ile entre le Ciel et l´Eau
O un lago azul e inmenso
El ágape que cura las heridas
Y el perezoso sol calentando mi cuerpo que no tiene
Orgullo ni deseo
Un paquete de vidas reventadas por presencia de Lo Eterno
El Big-Bang repercute sus últimos ecos
Y la gente deriva hacia todos los suburbios del planeta
Vagando meditando gozando predicando
Rompiendo el delicado equilibrio entre Idea y Deseo
Un último sobresalto de Occidente
Antes del encadenamiento de las guerras
Las heladas estrellas se agrupan del lado de La Osa
Ella ha desaparecido
(Quién es Ella dónde está Ella)
No confundas tu soledad y la suya
Cuando tires las tres monedas por seis veces
SUNG
Esta línea muestra al sujeto vacilante frente a la disputa
Vuélvela estudio de los dictados celestes
Abate sus deseos agresivos
Reposa en la firmeza y corrección
Habrá buena fortuna
Abate tus deseos abátelos te digo
Así podrás acceder a la contemplación
Y el mundo rodará sin ti
Por una vez
Y verás gotear las estaciones
En un cielo Ile-de-France
Tendido en un camastro fascinado
Por una constelación de manchas de humedad
Las nubes dibujan carneros castillos
Una majada de fantasmas desciende el Huascarán
Trisca en torno de un ojo de agua
Pisoteando el diván del analista
Repita eso
(Eso?)
La memoria se posa sobre un campo de trigo
Y los caballos trotan en torno de la era
Encerrados en un domo dorado
Tu padre bebe chicha de jora
Y tú aloja fresca
Y más tarde la luna rondará la Casa-Hacienda
Polvo de leche luz
Tus sábanas se prolongan en nevados
Repita eso
El poema graffiti sobre un largo monólogo
El tema del baúl el tema del poeta atormentado
Por la Sombra del Padre
Un calembour dudoso colgado de la manga
(Nunca tocará fondo porque es forma)
La hora de las visiones ha pasado
Quién sabe lo que sabe quien no sabe
Hay una teoría de círculos concéntricos
Puesta para evitar un encuentro frontal
Que ya tuvo lugar
Que apareció como un azahar en el verano
Calmando mis sentidos crispados en la espera
En el sous-bois las armas
Esparciendo un sonido metálico en el aire transparente
Lustros
Y a la mañana siguiente un trapecio de niebla
Sube al Medio del Cielo
El halcón malherido voltijea sobre el techo del mundo
Suspendido del verbo
Que se balancea como un fruto
Demorando en caer
Y te consumes fuera de la palabra
Que tal vez se alimenta a sí misma
En inflorescencia perpetua
Y así entorpeces la demostración
Empantanado en una noche sin fin
O detenido en un mediodía perfecto
Un bocado de viento en las colinas
Una ventana abierta en la plaza del pueblo
Que designa un imposible deseo
Y el tiempo el viento amargo
Huye entre tu camisa
Como un recuerdo agudo y olvidado
Así un día en el embarcadero de Santiago Atitlán
O cierta ven en Uxmal
Indescifrable tu memoria en ruinas
Fuera de tema borracho como un Lord
Contiguo a una galaxia burlona y superior
Más ebria que la noche bamboleante
Ceñida a tu cintura hincándote las uñas
Mientras circulan retazos de ciudades
Ramalazos de luces en el puerto
El esplendor vacante de tu cuerpo
Animal expulsado de la música
Más acá del Edén donde no hay luz ni noche
Sino incredulidad de cada gesto
Como quien sobrevive sin saberlo
Y hay un valle que cierra el horizonte
Un río que la brisa acerca
Y una mujer desnuda en la terraza
Tomando sol
Nada es real salvo Lo Real
Desdeñoso irascible parpadeante y sumiso
Eternamente anclado
Plantado frente al río que murmura
Que tu vida se despliega y se agota
En la incesante perfección de su diferencia
A causa de Entropía
Obedecida y pronto contradicha
Por una dimensión confusa y vegetal
Y el azar te convoca para jugar un rol figurante
En el chalet de abajo
Y en un delirio de provisiones y de ropa limpia
Olorosa a lavanda
Viajas en tus palabras
Y tus palabras viajan

 

 

 

 

 

Relato de Otelo

 

Sí, te amo! Y cuando no te amo

                                                    vuelve otra vez el Caos.

                                                               Shakespeare.

 

 

“…Cierta vez, en Aleppo,

sí, fue en Aleppo donde me desgracié con ese turco

circunso:

le ceñí con sus propias babas, y su lengua morada

escupió las plegarias,

y así

salvé mi vida. Esta vida que tan poco valía, y que hoy

pesa en tus manos

como un cofre de ébano. Signorina.

Aunque yo caiga

tumbado sobre un sueño de paz

roto por las matracas de la guerra, nada se habrá

perdido si es que no

te he perdido.

Aunque yo caiga sobre los amargos tablones del recuerdo,

y recoja el final de la experiencia, y encuentre que

sólo es un ave mojada,

y el término y sentido de este viaje se extravíen

como arras oxidadas de algo que no ocurrió, nada se

habrá perdido

si he logrado hacerme amar por ti.

“Moro! por quién has combatido”. “Moro!

Para qué has combatido”, me gritaron los jinetes ociosos

viéndome hablar contigo.  Y en verdad, Signorina,

después de este

feroz ascenso de flecha malherida, he vuelto la cabeza

por ver a quién servía, y no he encontrado a nadie.

Pero los tuyos

escupen a escondidas cuando paso, y los míos me

niegan, y ese callado

impulso de grandeza que me arrancó de esclavos y galeras

ha cesado, y es como si de pronto, en la alta noche

el rumor del mar cesara, despertándonos,

y el helado temor y la premonición trepasen la

garganta como arañas.

Hacia Chipre, una vez,

un insolente rubio me dijo que yo apestaba a rata. No

pude sino herirlo

y entonces me arrojaron del barco, y quedé solo otra vez,

por mi olor, por mi piel, por esta mi mirada que

ahuyenta a los buhos.  Y quedé solo

después de haber contado una penosa historia

de brutalidad y miseria, de espanto y gargajos, y una

avidez de amor

arriba de la piel, debajo de la piel

tensa como un tatuaje, Signorina…”

 

 

 

 

Los hijos de Clausen

Mi madre Gloria era
La chica linda del Callejón del Buque,
De Bajoelpuente, en el jirón Trujillo, manyas primo.
Era hija de Clausen, un ingeniero danés chiquito y colorado,
lisuriento, que a veces venía a visitarlos,
A ella y sus dos hermanos,
A Olga, la segunda, y a Rodolfo, el menor.

Eran hijos habidos en Victoria Farfán,
Guapa bajopontina de imponente perfil,
Y de horrible carácter, tal como lo aprendí
A mis expensas luego. Nadie quería entrarle
Aunque era buena hembra, pero con fama de ogro:
Tuvo que ser este gringo despistado, chambero y buenagente,
Pero más lisuriento que un capataz de obras
Se ve que había aprendido su oficio en el barco
Porque instalaba Centrales Hidroeléctricas en provincias
Y se quedaba un año dos,
En Camaná por ejemplo, o en Máncora
Conviviendo en el campamento
Con mujeres del pueblo
A las que les hacía de vez en cuando un hijo.

En consecuencia le hizo
Tres hijos a Victoria
De puro macho que era.

Gloria nació, por ejemplo, en el campamento de Ica,
Y Olga en el de Marcará
Y el muchacho Rodolfo ya de regreso a Lima
Pero hasta ahí nomás llego,
Porque luego de algunas peleas memorables con el Ogro
El hombre se esfumó. Ni cojudo,
Se fue desapareciendo de a poquitos pretextando trabajo
Hasta que no volvió, sino de tarde en tarde
Para ver a sus hijos.

Cada vez que el gringo venía a visitarlos,
La cosa terminaba en unas grotescas,
Gigantescas puteadas de callejón limeño,
Con mentadas de madre y baldes de meados
Contra el valiente danés y sus torpes carajos,
Sus incipientes mierdas, sus amargas derrotas de gringo buenagente
Contra la horrenda familia de mi abuela,
Un matriarcado chicha
De obreros criollazos y grisetas
Que comportaba un tira,
Un par de mechadores famosos
Una puta solapa
Y varios palomillas
Que a veces terminaban en la cana.

O sea que mi madre lo veía muy poco
Pero siempre cargado de regalos, como Santa Claus en su trineo:
Muñecas lloronas, ropa importada de Miami, camioncitos a cuerda,
Y sus visitas eran más inolvidables cuanto más esporádicas,
Y siempre en Navidad
Que para los daneses es sagrada
Y nunca les falló en eso al menos.

Los tres hermanos competían desleal y arduamente
por el breve, pequeñísimo tiempo
Que su padre dedicaba a cada uno de ellos:

“Como te va
En el colegio? Qué quieres estudiar cuando seas grande?
(ingeniero)
(maestra) (artista de cine) Te enseñan bien inglés en el colegio?
Saben, yo viví 20 años en los Estados Unidos,
Y tengo la nacionalidad americana, que
Automáticamente se transmite a mis hijos,
Por ley, a toditos mis hijos,
O sea que ustedes también tienen derecho
Al pasaporte americano,
Lo sabían?…”

Se les quedaban las palabras de protesta atoradas en la glotis
Y preferían tomarle de la mano, cálida y cariñosa
Que darle motivo de vergüenza
Con preguntas incómodas.
Y cuando el gringo se iba en su Ford polvoriento,
Sus 3 hijos en unánime paja
Se largaban al techo, a soñar desaforadamente
Con los Estados Unidos de América
La tierra de las oportunidades
Time is Money
América tierra del trabajo y del dólar
De la democracia
Y de la igualdad ante la ley
De los hijos bastardos.

Y el culeado danés un día se murió
Sin dejarles un cobre.

Pero tanto fue que sus hijos soñaron,
Que sus sueños se hicieron realidad
Al filo de los años.

Mi madre, por ejemplo, encontró
A su Príncipe Azul
En Octavio, un poeta venido del Callejón de Huaylas
Hijo de un hacendado en bancarrota,
Que tenía más o menos la edad de su padre.

Cuarentón, romántico y celoso,
Refinado aunque misio,
Con la cabeza llena de sueños
Pues el también soñaba con triunfar en Hollywood
Y acababa de escribir el guión de una película de éxito
“El guapo del pueblo”
Con Jesús Vásquez y Filomeno Ormeño,
Ima Sumac y Moisés Vivanco
Y la Cholita linda del Perú,
Alicia Lizárraga.

Eran tiempos del cine mexicano
Con el charro cantor Jorge Negrete
Y aquí surgía un cine nacional a fines de los ’30
Con enorme ilusión
Por eso comparaban la pareja conformada por ellos
Con la de María Félix y Agustín Lara,
La bella chica y el feo poeta
A causa de la diferencia de edad, o con Chaplin
Y Paulette Goddard. Era un sueño para ella
Estar en ese ambiente
Y no con los zafios de sus primos.

El poeta se casó pues con ella y se la llevó a Huaraz
Tierra de sus mayores y
Tuvo dos hijos en ella (mi hermana Gloria y yo)
Y fuimos felices y comimos perdices desde 1941 hasta el 49
Que todo se rompió, inexplicablemente,
Como una muñeca de porcelana china
Y ellos se divorciaron.

Pero antes de eso fuimos de verdad felices
En esa hermosa casa de la calle San Martín
Con su patio y su poyo y su corral de cuyes
Y las gotas de lluvia cristalina
Que tintineaban sobre los charcos
Y el trino del huanchaco pecho colorado
Y el trueno batiendo atabales lejanos.

Nunca supimos verdaderamente por qué se separaron
Ni tampoco tiene sentido esclarecerlo ahora,
Después de más de medio siglo.
Pero se separaron a capazos neuróticos,
Luego se divorciaron y cambió nuestra vida,
Dio un vuelco espantoso, como un accidente de automóvil
Y fuimos infelices durante largos años.

Entonces regresamos a Lima, a vivir
Con la feroz familia de mi madre
En la Unidad Vecinal número 3
Unas viviendas para familias pobres.
Mejor no lo recuerdo.

Después mi madre se consiguió un amante
Que era también casado como el abuelo Clausen
Y había trabajado también 20 años
In the United States
Y había regresado al Perú para montar
Una cafetería en el jirón de la Unión.

Y el tal Alberto le puso Casa Chica a mi madre
Como el danés se la puso a su madre,
Siguiéndole el ejemplo
Que ya era una tradición en su familia
Porque la bisabuela Hortensia era la barragana
Del tal Farfán (que era también casado)
Y ya eran tres generaciones de mujeres
Salidas de ese callejón bajopontino
Que eran queridas de gordos ricachones
Fatalmente, como en las tragedias griegas.

Y mi madre volvió a ser ilegitima
Después de haber estado legítimamente casada con mi padre
Porque la fatalidad la llevaba a ser la Otra
La amante, el fruto prohibido,
La mujer que se corta las venas
Y acaba en el hospital, a hurtadillas
Para que sus hijos no se enteren.

Y luego vino Demetrio, otro poeta misio y además casado
Pero al menos poeta, aunque completamente
Alcoholizado.
Y luego vino su matrimonio bamba
(en este fui testigo) con un cretino,
que desapareció poco después.
Ya estaba envejecida
Y sin mucho glamour, de modo que un buen día,
Desistió de buscar la Felicidad
Consagrada en la Constitución Americana.

Poco después murió
De un infarto masivo al miocardio,
Mientras que se tomaba su último Cuba Libre.

Su hermana Olga
Esa especie de monstruo que nunca tuvo hijos
Y acechaba mi infancia
Para burlarse de mí, para vejarme,
Para espiarme morbosamente por la ventanita del baño
Para golpearme brutalmente con un palo de escoba
Para arrojarme un cuchillo encima de la mesa
Para destrozar mi juego de ajedrez que no entendía
Esa bestia peluda, en fin,
Decidió, ella también, ir a buscar el Sueño Americano
A los 50 años, bastante maleteada por su amante,
Desde luego casado.

Inmigró a los Estados Unidos, con chamba de doméstica,
Aunque no sabía cocinar ni tampoco comer,
Y regresó casada con un octogenario ingeniero checo
Jubilado, enfermo y malhablado
Igualito a su padre
Trayendo unos inmensos muebles americanos
Para que la envidiase su familia
Pero no tuvo tiempo ni de desempacarlos
Porque murió de un cáncer a los huesos
Dopada por el fósforo, deforme, delirando,
Insultada por su madre aún en su lecho de muerte,
Impotente y vejada.

En cuanto a Rodolfo, el benjamín,
El tío buena gente
Que prefería tener alma de negro pobre
Que no de blanco misio
Nunca se fue a los Estados Unidos
Pero fue el único que realizó El Sueño Americano
Pues se hizo rico de la noche a la mañana.

Yo lo hice rico de la noche a la mañana
Gracias a mi laboratorio de química
Enseñándole a extraer oro de unas sales de cianuro
Acumuladas en años de electrólisis
Pues él no sabía qué hacer con ese polvo gris y denso
Que supe convertir en oro de calidad suprema
99.99 de pureza
Con un catalizador de hierro
Que hizo llover oro en polvo sobre el tío Rodolfo
30 o 40 kilos de oro lloviéndole del cielo.

Y se compró su casa, y puso su negocio
Y no paró hasta hacerse millonario
Pero a mí no me dio, desde luego, un centavo,
Y ni siquiera las gracias.

Y dejó de ser el tío buena gente para ser un señor
Avaro y temeroso de su oro
Con un hijo mongólico
Que ensombreció los días de su vida.

Ahora casi todos han muerto.

Mi madre se ha ido al alto lirio,
A cantar sus endechas
Mi padre, Tía Lucha, Alberto el comerciante, Demetrio el poeta
Todos están juntos en el alto combo.

Mi abuela Victoria se ha reencarnado en una rata,
Y Olga en una repugnante cucaracha
Y se encuentran en las alcantarillas que las vieron nacer
Para seguir peleando.

Y desde luego Clausen, el danés inmigrante,
Se ha ido al Otro Barrio
A montar sus Centrales Hidroeléctricas,
Y pasa piola
Inmerecidamente, desde luego.

 

 

 

Datos vitales

Rodolfo Hinostroza (Lima, 1941) es poeta, astrólogo, narrador y escribe teatro. También es gastrónomo y traductor. Una de las figuras centrales de la poesía hispanoamericana contemporánea. Ha merecido premios como el “Maldoror” de Barral en 1971 o el Primer Premio del concurso internacional de cuento “Juan Rulfo” de París, organizado por Radio Francia Internacional, en 1987. Algunos de sus poemarios clásicos son Consejero del Lobo y Contra Natura. La editorial Visor ha publicado recientemente su Poesía completa en edición de Fernando de Diego.

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