Poesía griega: Manolis Anagnostakis



Presentamos, en versión de Virginia López Recio (Granada, España), un poema del autor griego Manolis Anagnostakis (1925-2005). La obra de Anagnostakis, aunque no muy extensa, es de las más reconocidas e influyentes de entre los poetas que pertenecieron a la llamada Primera Generación de la Posguerra.

 

 

 

 

 

 

 

 

HABLO…

 

Hablo de los últimos toques de trompeta de los soldados vencidos

De los últimos harapos de nuestras ropas de fiesta

De nuestros hijos que venden cigarrillos a los transeúntes

Hablo de las flores que se han marchitado en las tumbas y que la lluvia pudre

De las casas que se quedan abiertas sin ventanas como cráneos desdentados

De las chicas que mendigan mostrando en sus pechos las heridas

Hablo de las madres descalzas que se arrastran por las ruinas

De las ciudades llameantes, de los cadáveres apilados en las calles

De los poetas proxenetas que tiemblan por las noches en los umbrales

Hablo de las noches eternas cuando la luz se reduce al amanecer

De los camiones cargados y de los andares en baldosas húmedas

De los patios de las cárceles y de las lágrimas de los condenados a muerte.

 

Pero ante todo hablo de los pescadores

Que dejaron sus redes y siguieron Sus pasos

Y cuando Él se cansó ellos no reposaron

Y cuando Él los traicionó ellos no negaron

Y cuando Él fue glorificado ellos volvieron los ojos

Y sus compañeros les escupían y les crucificaban

Y ellos, serenos, toman el camino que no tiene límite

Sin que su mirada se oscurezca o se rinda

 

De pie y solos en medio de la terrible soledad de la multitud.