Dossier de Poesía Finimilenar: Raúl Durán



Presentamos los poemas de Raúl Durán Hernández (Mazatlán, 1995), poeta y estudiante de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Autónoma de Sinaloa. Esta entrega también incluye el homenaje que Raúl Durán hace a Gilberto Owen y forma parte del Dossier de Poesía Finimilenar preparado por Roberto Amézquita.

 

 

 

 

 

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Marcha aparte

 

Después de que el fósforo nos muestre las llagas

y piense que afuera no está la luna

despeñándose

Contando en cada lunar tuyo el alejandrino

Pretendo chispas en múltiples direcciones

Tú te me das para romper

 

Pausa

 

Ruedas y destiendes

Parece advertirse lo serio del juego

La tela que resulta tu piel

 

Arranque

 

Bajo este techo amargo

y el delirio de un cuerpo

Hay que mencionar que estamos

en dos espacios distintos.

 

 

 

 

 

 

 

De esa vez

 

Fuera así que en la estridencia

Y cuarenta segundos de delicada infancia

Me vi siguiendo las buenas compañías

Y una vez más pero dentro de todo

Su rostro tejido de humo.

Yo carecía de la gracia

Compensábala haciéndola reír

Exhalaba el pudor al extenuar

Los vasos de ambrosía.

Vine sin saber hace corduras

Al espiral de sus piernas.

Sea al menos que se reduzca el espacio

Permita apenas una pizca de su aliento

Encarnar esta torpe sucesión.

 

 

 

 

 

 

Desvelo en raya

 

No me conmueve el viento desgarrándose

contra las rocas

ya que abajo el mar ruge.

 

Será que el suspiro se ha cristalizado

y sigue empecinada la estrella polar.

 

Pero el largo aullido,

porque afuera se encrudecen los pasos

y laten más fríos los niños,

desvencijado corazón.

 

 

 

 

 

 

A la hora que los gatos desgarran

cuando el macho lanza el deseo

y la hembra es toda de púas

es-a-hora negra y violada.

Con la valentía a medias

escondo los últimos sudores

debajo de la colcha

que me dicen también el día es oscuro

debajo de la colcha

y hay dos sombras por cada miedo

debajo de la colcha

 

 

 

 

 

 

 

 

El día es gris

las nubes exprimen sus entrañas:

 

el cielo se reconstruye en cada charco

luego el rayo que lo parte

no cesa por el suelo.

 

 

 

 

 

 

 

Las últimas luciérnagas resplandecen
y yo soy hombre hasta ceniza
Espero que germine la danza
cuando el toilette intercede
e intempestivamente soy una carne gris
con el ala desplumada

Apagué mis ojos con el brillo del silencio
las pecas de la pared que son cuando es mejilla
o tu breve piel
que no quiero recordar
me recuerda que también asiste a mi costado la punzada
y mi torpe exhalación es el resto del pecho

 

El aire

púrpura y gemebundo

hará que escupamos

sobradas memorias.

 

 

 

 

 

 

Gilberto Owen: un viaje en otro viaje

 

Gilberto Owen es, por supuesto, un nombre que la poesía mexicana no ignora, acaso una de las voces más singulares. Su obra, aunque breve y dispersa, es rica y varía en matices. Resalta su lobreguez, que impregna su poesía y, según referencias biográficas, su vida. Su persona constituye un enigma debido a los escasos datos existentes, se diría que su obra poética es la mejor ventana de la que disponemos para esclarecer dicha información; pero no nos confiemos, su poesía es asimismo enigmática, oscura y llena de referencias mitológicas, literarias y biográficas; todas encarnando lo mismo: una desesperación inmanente. Bien dice Tomás Segovia que es “lo contrario de una vida poetizada: una poesía viviente”, y efectivamente,  dudo que podamos separar al Owen poeta del Owen humano; señalar cuál fue más sombrío a pesar de los indicios (“Mi sombra, / mucho más yo que yo mismo”).

Este desgarramiento alcanza su máxima expresión en el elemento del naufragio. Con “Sindbad el varado” la voz concretiza su condición en una bitácora que es un gran poema dividido a su vez en 28 poemas (uno por cada día de febrero, así como otros tres para el día 29 del año bisiesto) que, más que un naufragio físico, retratan un naufragio de carácter introspectivo. Se ha perdido, pues, Sindbad, que no es otro que el mismo Owen, y el naufragio es más bien un sonambulismo emocional del  que ya no se puede desasir (“Ni voy -¿a dónde iría?- sólo ando”). Así, a través de estos poemas que son “llagados” y “rescoldos”, Owen desgrana su aliento, atenuado hasta verse reducido a un “tal vez”.

A pesar de que en “Sindbad el varado” se acentúa el tema del viaje como experiencia introspectiva, toda la obra poética de Owen da la sensación de tratarse de un gran viaje. Un viaje sombrío cuyo destino se insinúa desde los primeros poemas y se acentúa de manera paulatina. Diría más bien que se trata de dos viajes: el del poeta a lo largo de sí mismo y el que constituye la experiencia lectora.

Para su servidor, oriundo de Mazatlán (por cuyo “amarillo amargo mar soplan ráfagas de nombres”), le resultan doblemente interesantes los lugares de Sinaloa retratados en la obra del poeta de El Rosario por la belleza con que supo evocarlos. Y si bien apenas pasó algunos años de su vida aquí, no se puede negar la importancia y el orgullo que representa para tierras sinaloenses haberlo visto nacer.

 

 

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Datos vitales

Raúl Durán Hernández (Mazatlán, 1995). Ha colaborado en revistas literarias como Círculo de Poesía e Himen, fue becario INTERFAZ 2015 en la zona Noroeste, actualmente reside en Culiacán, Sinaloa y estudia la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad Autónoma de Sinaloa.