T. S. Eliot Prize 2019: Roger Robinson



El día de ayer se dio a conocer al ganador del prestigioso T. S. Eliot Prize que han obtenido poetas como Paul Muldoon, Ted Hughes, Carol Ann Duffy, Seamus Heaney y Derek Walcott. En esta edición, el T. S. Eliot Prize 2019, lo ha merecido el poeta Roger Robinson, poeta y músico británico-trinitense, por su libro A Portable Paradise. Robinson ha realizado durante muchos años poesía dub, donde recita versos sobre una pista de reggae o dub. Ha compartido escenario con más de una decena de artistas y músicos. Es autor también de los libros Suckle y The Butterfly Hotel. Las traducciones son de Adalberto García López.

 

 

 

Un Paraíso portátil

 

Y si hablo del Paraíso

entonces estoy hablando de mi abuela

quien me dijo que siempre lo llevara

conmigo, oculto, así

nadie lo sabría excepto yo.

De esa manera no pueden robarlo, ella decía.

Y si la vida te pone en aprietos,

sigue sus caminos en tu bolsillo,

huele su aroma de pino en tu pañuelo,

tararea su himno en voz baja.

Y si tu estrés es constante y diario,

consíguete una habitación vacía –un hotel,

hostal o choza–, encuentra una lámpara

y vacía tu paraíso en el escritorio:

tus blancas arenas blancas, colinas verdes y pescado fresco.

Enciende la lámpara como la fresca esperanza

de la mañana y mírala fijamente hasta que te duermas.

 

 

 

A Portable Paradise

 

And if I speak of Paradise,

then I’m speaking of my grandmother

who told me to carry it always

on my person, concealed, so

no one else would know but me.

That way they can’t steal it, she’d say.

And if life puts you under pressure,

trace its ridges in your pocket,

smell its piney scent on your handkerchief,

hum its anthem under your breath.

And if your stresses are sustained and daily,

get yourself to an empty room – be it hotel,

hostel or hovel – find a lamp

and empty your paradise onto a desk:

your white sands, green hills and fresh fish.

Shine the lamp on it like the fresh hope

of morning, and keep staring at it till you sleep.

 

 

 

Muñecas

 

Si pudiera, como los dioses del destino, dar de alguna manera otro orden a los acontecimientos, iniciaría con el refrigerador de Muhammed que explotó y se comenzó a incendiar. Le daría a Muhammed una pista de que algo no estaba bien con el refrigerador -quizás su humus se habría echado a perder muy pronto o el agua se acumuló debajo de la bandeja de verduras. Algo para que Muhammed cambie de refrigerador. Después daría a aquellos que murieron en el último piso una razón para no estar en casa. Habría tenido pirotecnia el día del carnaval y hubiera animado a aquellos del último piso a ser parte de los festejos. Habría dejado a los maridos que dejaron a sus esposas y familias en su casa para ganar algo de dinero en turnos extra o manejando taxis para tener de pronto un dinero extra en sus cuentas bancarias, y que esa noche pudieran llevar a sus hijos por shawarma y jugo de naranja en el Marble Arch, mientras fuman shisha y mencionan lo buena que es su vida. Todos los niños que murieron habrían visitado a sus abuelos ese día, aquí o en el extranjero. Habría hecho que el revestimiento que se quemaba como paja seca hubiera sido a prueba de fuego según los estándares internacionales; habría dejado que la vida y el amor continuaran en Grenfell.

 

 

 

Dolls

 

If I could, like the gods of fate, somehow rearrange the events, I would start with Muhammed’s fridge that exploded and started fire. I would give Muhammed some clue that was not right with it – perhaps his hummus goes off prematurely or the water collects under the vegetable crisper. Something to make Muhammed replace the fridge. Then I would give those who died on the top floors a reason not to be home. I would have had the fire on the day of Carnival and encouraged those on the top floors be a part of the festivities. I’d let the husbands who left their wives and families home to earn some money on night shifts or driving cabs find a little extra money in their accounts, so that night they’d have taken their children out for shawarma and orange juice down Marble Arch, while they smoked shisha and talked about how good their lives felt. All the children who died would have visited their grandparents that day, here or abroad. I’d make the cladding that burned like dry straw be fireproofed to international standards; let life and love continue in Grenfell.

 

 

 

Balotelli

 

En medio del canto de tu nombre y tu piel de ónix.

En medio del rizo mate del afro y tu deslumbrante mohicano,

entre el arroz jolof y la pizza.

Entre la contención de tus lágrimas

y el pecho mojado de tu playera.

 

En medio del por qué siempre yo y el déjenme en paz,

entre lo complicado y lo particular,

entre hablar y ser mencionado,

en medio del talento y el desafío,

entre multitudes estruendosas y solitarios clics de flashes.

 

Ese espacio liminal, ese espacio difícil e incómodo

entre el ruido hueco de tu disparo

y el silbido de un balón que gira y va trepando la red;

y estás corriendo y gritando a los aficionados

he matado a sus demonios, ahora qué hay de los míos.

 

 

 

Balotelli

 

In between the lilt of your name and your skin like onyx. 

In between the matt curl of an afro and your flaming mohawk,

between jollof rice and pani pizza.

Between the dam of your tears

and the wet chest of your shirt.

 

In between why always me and leave me alone

between the complicated and particular, 

speaking up and being spoken of;

in between talent and challenge

between cheering crowds and lonely clicks of flashing lights.

 

That liminal space, that difficult uncomfortable space

between the thud of your shot

and the frictive hiss of a spinning ball climbing the net;

and you running, shouting to your fans

I’ve slayed your demons, now what about mine.