La poesía de Marisa Martínez Pérsico. Texto de Joan Margarit.



Joan Margarit, el más reciente Premio Cervantes, escribe sobre la poesía de la argentina Marisa Martínez Pérsico. El texto sirve como prólogo a Principios y continuaciones. Poemas 2018-2019, que será publicado próximamente en Pre-Textos. Acompañamos este comentari0 de algunos poemas de Martínez Pérsico.

 

 

 

 

Joan Margarit: una lectura de la poesía de Marisa Martínez Pérsico

 

Marisa Martínez Pérsico es una poeta a cuya presencia deberemos, por fortuna nuestra, empezar a acostumbrarnos. Creo que el lector o lectora de este breve prólogo podrá acceder, casi a vuelta de página, a comprobar mi afirmación ya en los primeros poemas. Me refiero a Conversaciones con Mar, la primera de las seis partes del libro, de una extraordinaria delicadeza, pero no de esa llamadafemenina, literaria en el sentido de falsa, por ser sólo mitad, como se encarga ella misma de advertírnoslo ya en uno de los primeros poemas, Tutorial del peinado.  Asoma la dureza áspera pero nada convencional de versos como:

 

¿Dónde oculta

el escombro su guarida?

 

en compañía de otros sin aristas ni esfuerzos, pero con una gran profundidad en su ternura como los que cierran el poema:

 

Quisiera ser pregunta pero voy en silencio.

Lo más dulce es callar, volando juntas. 

 

Modos de ver, la segunda parte, es una entrada, pero tomando una dirección desconocida, en el territorio grave que anuncia el misterioso poema de Frida Kahlo, que estalla en el impensado poema de amor –ningún poema de este libro es previsible– del árbol y el mirlo, o el siguiente donde, por decirlo así, el mirlo es Magritte, o el deseo que no claudica nunca del páramo y la lluvia, o la mujer decepcionada que sigue haciendo poemas de amor en su cielo con siluetas para terminar con la ternura y la belleza de algún Vlaminck para apaciguar una nostalgia casi metafísica.

Ofreciendo comprensión por la brutalidad del amor, la poeta es Sherezade en la tercera parte, donde el lector o la lectora empieza a sospechar la profundidad desde la que nos habla Marisa Martínez Pérsico. Y enseguida, bajo el título de Las manos en la madre, nos golpea en los ojos el poema que nos hace leer de nuevo en unos segundos todos los poemas anteriores. Y Niña con cuaderno se nos junta con la niña María del Mar del comienzo del libro, con la niña que hoy es madre, con la poeta que, por fuerza ensimismada, no sé si nos tranquiliza –diciéndonos en qué anda– con estos versos: «Contra el plomo y las flores / continúa escribiendo.»

Pero sin misericordia llega este poema que nos sigue hablando otra vez de ella misma y de nosotros mismos a través de los terribles años últimos de Marina Tsvetaeva, y poetas y lectores ya estamos juntos en los poemas, encontrando su consuelo, ese consuelo que sólo la poesía, cuando de verdad lo es, puede darnos. Duelo de peritos es el discurso funerario de un mundo que no es otro que esa terrible Argentina de las desapariciones forzadas y de los silencios privados que nos muestra el último poema de esta parte, el final de su crescendo.

Relación de ausencias, la parte cuarta, es el planteamiento de una historia de amor. Con ella nuestros ojos van penetrando en la segunda mitad del libro, momento en el que, desde el primer poema, uno se apropia de su título para identificar a todo el poemario. Esta segunda mitad se alimenta de ese amor de una manera grave, sin retórica, nunca exenta de alegría. Y se convierte en una historia bellísima que va quedándose encerrada para siempre en los versos finales de sus siete poemas:

 

Vas empezando a hacerte imprescindible.

Habrá que ver

si continúa.

……………………………………

Por qué fuiste, amor, tan obediente,

que ahora escribo

en una casa a oscuras. 

……………………………………

Es nuestra perfección.

Ir hacia el precipicio sintiéndonos a salvo.

…………………………………….

amo tanto

las cosas que se pierden

sin haber alcanzado a florecer.

……………………………………

También las caracolas

van tocando a solas su sonata profunda

en recuerdo del mar.

…………………………………….

como un ángel se escapa

de los sueños.

………………………………………

Que tu cuerpo responda

donde su corazón lo llama.

Si uno empieza a vestirse, pronto empieza a olvidar.

 

Y el lector se va adentrando en esta segunda mitad dándose cuenta de cómo la primera es su poderoso prólogo. Las palabras, la parte quinta, es la que carga con el título de mayor responsabilidad precisamente por su aparente sencillez. Bajo este nombre –una alusión a la autobiografía de Jean-Paul Sartre–, con la misma fuerza que nos hemos sentido acercados y asumidos por ese amor en la primera mitad de todas sus historias, proseguiremos de la mano de nuestra poeta hacia el otro lado, a veces despertando de paso la  reflexión del lector hacia el propio poema –que es palabra– como en esta Casida del lector celoso: «Te buscas en mi poema/ como yo te buscaba/ en los cuencos vacíos de la luna.// Conozco tu desvelo, lector, si no te encuentras». O en los versos finales de La materia y el signo: «Tu boca es el cementerio/ de todas mis libretas», preparándolo, quizá, para el inequívoco desenlace del Poema intrascendente.

Ya en la última parte, Ciudades interiores, termina el carril de la historia de amor que nos ha conducido hasta aquí con todo el contenido del libro. Termina de una manera espléndida, sin perder nunca su pasado de libro, con sus cinco partes ya leídas, ahora en el alma del lector, que asiste a las visitas de la poeta a esas ciudades que son a la vez antiguas, literarias, artísticas, ligadas a grandes poetas, acontecimientos, glorias y miserias de ayer. Va introduciéndole otra vez, ahora a un ritmo más tranquilo, más lejano, que también vuelve a alejar al lector, desde otras puertas de nuevo hasta la historia desde donde estaba llegando. Pero la invisible guía que lo ha conducido hasta el final también ha cambiado, ocurre como si el lector hubiera participado, no a través de su lectura sino acompañando a la poeta en su escritura. Ahora, en cada visita hay algunos versos de una belleza intimista que nos devuelven al sentido de los poemas leídos. Por ejemplo, en la Visita a la casa de Petrarca: «¿Qué puedo hacer en ese huerto?/ ¿Ir a poner mi flor en su ventana? […] // Qué habría hecho Petrarca de un amor como el mío». O más trágicos: «Delante de mi asiento hay un mendigo./ Tiene un frasco en la mano./ De orina o de cerveza. Nadie sabe./ […] Reconozco el amor de quien custodia lo único que tiene».

Y el lector aprende de golpe que no va a haber compasión para él en este libro. Que no escapará de sus historias de amor. Hallará comprensión, seguro que sí, los buenos poemas no pueden no desvelar, no consolar. Y, de pronto, el final del libro es este Souvenir de Piriápolis, versos de móviles rotos, ataúdes, audios, basura tecnológica, restos de ayeres lo suficientemente cercanos para que el dolor no esté lo bastante apaciguado. Entonces, además, «…el azar es súbdito del tiempo./ Sus avisos nunca son abstractos.» Y para que todo quede claro acerca del consuelo el libro termina así: «Ahora,/ que no quedan registros del pasado,/ que perdimos el paraíso virtual de los mensajes,/ ojalá resucite, un día, en tu memoria / cuando escuches el mar.»

Y mi pensamiento es conducido de golpe al principio que sentía tan lejano, demasiado lejano, y también le pido a María del Mar volar con ella.

 

 

Joan Margarit

Sant Just Desvern (Barcelona), febrero 2020

 

 

 

 

LIANG KAI MEDITA SOBRE PAPEL DE ARROZ

 

No me gusta escribir mientras te miro
porque entonces
te hablaría de mí.
Lo que busco es mancharme con tu tiempo.
Lo que quiero contigo
es partir este vidrio de las horas:
para hablar del bambú
es indispensable
convertirse en bambú.

 

 

 

 

 

EPIFANÍA ANTE UN PAQUETE DE CAFÉ LAVAZZA

 

Se olvidaron los peines.
La borra del café.
Las espumas de barba que caducan
sin que nadie las use
hasta el final.

Todavía reposan en los muebles
envoltorios pequeños con azúcar de caña
como cebo de hormigas
y un paquete
con copos de cereales
que no habría comprado para mí.

Y un rosario de libros.
Epitafios de ofrendas oxidadas
con excusas de encuentros
que no he vuelto a leer.

Mi casa es un osario de reliquias menudas.
Convivo sin querellas
con todos mis fantasmas.

 

 

 

 

 

LA COLUMNA ROTA, FRIDA 1944

 

Dime, cuerpo,
¿cuáles son tus hendijas? 
¿desde dónde te aferras
a lo eterno?

¿es que tu vástago de luz
vino a roer la sombra
y solo dura
en los huesos que descansan?

Cuerpo larvado, unánime, 
que dio besos abiertos como cántaros, 
háblame de la paz
que anida en los óvulos dormidos,
en estas cuevas tristes del letargo,
o en la vida sucesiva,
cuando los gestos se distancian. 

Entretela del alma cuéntame un secreto.

Dime qué voy a ser
cuando te vayas.

 

 

 

 

ÁRBOL A UN MIRLO EN PRIMAVERA

 

Colgué tu imagen en mi pecho
como quien ciñe un anillo de metal
al brote de una planta
para guiarla donde nace la luz.

Desde allí,
fue germinando una flor incandescente,
protegida de la niebla exterior.

No te rozó la sábana ni el grillo,
la lluvia del otoño
ni el erizo que jugaba en mi piel.

Levantaste un jardín en el silencio,
donde crecen las raíces más profundas,
las pacientes y antiguas,
que no tienen final.

Cuando me convertí en un bosque,
corté la flor
y la colgué en mi rama
para que tú vinieras a buscarme.

 

 

 

 

EXHORTACIÓN A SHAHRIAR, EN OTRO TIEMPO

 
Voy a contarle historias a la luna
como la hija del visir 
para aplazar la muerte que juraste.
No habrá arrepentimientos ni refugio:
cada noche 
sabremos que la vida  
es un cartucho de pólvora 
o de tiempo. 

Porque fuimos 
arrojados a la luz sin consentirlo
y nos marchamos al alba, sin piedad,  
bebe de mí, 
de mis palabras rotas, 
en su esfuerzo por ver amanecer.

Concédeme la tregua que te pido. 

Te ofrezco el amor y la palabra:
seré tu Sherezade,
pero no te suicides. 

 

 

 

 

LA PREGUNTA

Cuando crezcas,
¿qué te gustaría ser?
pregunto mientras por la ventanilla
se ven los faros rojos del mundo que se aleja,
como si un despegue brusco
nos lanzara
a un futuro más próximo
que el real.

«Ser maestra de baile»
«Cuidadora de cisnes»
«Jardinera de parques con columpio»

Si no fueras mi madre, ¿qué serías?
«No quiero ser un pájaro», te digo.
«Ni una lluvia con pez en un arroyo»

Quisiera ser,
María,
una pregunta.

Una duda sin bordes más allá de mi voz.
Vivir de labio en labio de quien sufre un misterio,
de quien peina ilusiones con cuidado,
del que ignora.

Ser una boca abierta a la sorpresa.
¿Dónde oculta
el escombro su guarida?
¿Quién desnuda las ruinas que se amaron
sin grieta, con verdad?

Yo quiero ser esa pregunta
en donde quepan todas la mentiras
que nunca se respondan,
como este vuelo apenas suspendido
entre las nubes, sin luces a la vista,
se propulsa, en sordina, hasta el final.

Quisiera ser pregunta pero voy en silencio.
Lo más dulce es callar, volando juntas. 

 

 

 

 

 

PRINCIPIOS Y CONTINUACIONES

 

Las muchachas lo ignoran: los principios
no se parecen nunca a los finales.

Joan Margarit

Girls just wanna have fun.

Cyndi Lauper

 

Empezó muy casual,
por un saludo,
unos cuantos amigos en común,
qué coincidencia.
La lluvia trajo frases distraídas de paraguas
y el recuerdo de un viaje,
la enagua de tu abrazo al despedirte.

Después fueron las tardes
de tomar un café que se hizo nube
y glaciar al mismo tiempo.
Hablamos tanto 
de los presos políticos,
de los sueldos con humo,
de que Trump quiere dar armas 
a los maestros. Disparates así.

Es curioso el bordado de la araña,
la pulpa delicada que va tejiendo sola
sin que sepan
los dueños de la casa,
hasta ser abanico, enredadera,
la muerte sin mirada de una mosca indecisa
con ángeles antiguos que dejaron de arder.

Un día mis papeles,
el color encendido de mis medias,
la pulsera de piedra que me anuda el tobillo 
me golpearon la puerta
y preguntaron por vos.

Vas empezando a hacerte imprescindible.

Habrá que ver
si continúa.