Escribir en la cuerda floja. Texto de Sina Queyras



Presentamos, en versión de Alí Calderón, una serie de aforismos sobre poética de la poeta canadiense Sina Queyras (Canadá, 1963) pertenecientes a la serie “A few don’ts” con que la revista Poetry rindió homenaje a Ezra Pound. Queyras es autora de poemarios como Someone from the Hollow (1995), Unleashed (2010), MxT (2014), etc. Ha recibido distinciones como el Lambda Award y el Pat Lowther Award. Es profesora de escritura creativa.

 

 

 

 

 

 

Cuerda floja

 

 

Escribir, que es descubrir, que es buscar, que es caminar por la cuerda floja.

 

La vista no aguzada: no evites lo aleatorio, lo irresuelto, caer en el metro y la rima. Y reescribe. Y reescribe.

 

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No escribas sobre aquello de lo que estás seguro o sobre lo que quieres grabar en piedra. Escribe sobre aquello que deseas ver transformado.

 

No escribas para agradarle a los demás, pero escribe para agradarte a ti mismo.

 

Entiende que el terror es placentero.

 

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Justo entre lo que más quieres decir y lo que más te atemoriza decir está tu campo emocional pero

no la emoción, sino la imagen que desencadena la emoción.

 

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Reír no es un crimen.

 

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No escribas sobre lo que sabes o al modo en que los demás lo hacen sino que debes escribir considerando quién eres y quién serás.

 

Puede que te encante un soneto; ama los sonetos. Esto no significa que debas escribir uno.

 

Si estás pasado de moda, debes estarlo conscientemente.

 

El Yo, o un Yo, siempre está a la moda: los gestos vienen y se van.

 

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La poética no es prêt-à-porter. Crea tu propia estética.

 

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Si el poema es sentimental, déjalo sentir todo el tiempo.

 

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Emocionarse tampoco es un crimen.

 

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Lleva la biblioteca a la calle; trae la calle al archivo.

 

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Nunca la oración sino el momento anterior a la oración.

 

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Si en una noche de nieve te sorprendes sintiéndote como dentro de un poema de Robert Frost

 

y te sientes impelido a escribir, sabe que te estás sintiendo impelido a escribir el poema de Robert Frost, ya escrito.

 

 

 

Si en una calle repleta de peatones sorprendes a tus pensamientos caminando delante tuyo con paso firme

 

como si nunca te hubieran pertenecido

 

probablemente estés escribiendo ya tu propio poema.

 

 

 

Si estás tan a la sombra de un poeta que admiras que aún no puedes ni ver tu propia mano, quizá deberías sacar la cabeza de entre sus piernas y tomar un poco de aire.

 

 

A veces una idea es solo eso: una idea.

 

A veces un poema es apenas un tuit.