Adam Zagajewski y el día de muertos



Leemos un texto del poeta polaco Adam Zagajewski (1945) en la atmósfera del muy mexicano día de muertos. El texto aparece en Mano invisible, traducido por Xavier Farré, y publicado por Acantilado.

 

 

 

 

 

Cafetería

 

En esta cafetería que se llama como un escritor francés,
en una ciudad extranjera, leí Bajo el volcán,
esta vez con menos entusiasmo. “Realmente, uno tiene que curarse”,

pensé. Quizá haya llegado a convertirme en un filisteo.
México estaba muy lejos y sus enormes estrellas
iluminaban, pero no para mí. Era el día de muertos.
La fiesta de las metáforas y la luz. La muerte como protagonista.
Algunas personas en la mesa de al lado, varios destinos: 
Reflexión, Tristeza, Sentido Común. Cónsul, Yvonne.
Llovía. Noté una pequeña felicidad. Alguien entró,
alguien salió, alguien finalmente dio con el perpetuum mobile.
Estaba en un país libre. En un país que se quedó solo.
No pasaba nada, los cañones habían callado.
La música no diferenciaba a nadie; la música pop que fluía
de los altavoces iba repitiendo “Aún pasarán muchas cosas”.
nadie sabía qué hacer, a dónde ir, por qué.
Pensé en ti, en nuestra intimidad, en cómo
huelen tus cabellos cuando empieza el otoño.
En el aeropuerto se elevó en el aire un avión
como un discípulo aplicado que cree
en lo que le dijeron los antiguos maestros.
Los astronautas soviéticos afirmaban no haber encontrado
a Dios en el espacio, pero ¿lo habían buscado?