Poesía norteamericana: Valzhyna Mort

Leemos poemas nuevos de Valzhyna Mort (1981). Nació en Bielorrusia y vive en Estados Unidos. Es autora de  I’m as Thin as Your Eyelashes, (2005); Favourites for accordion, (2006); Factory of Tears, (2008); Collected Body, (2011). Su más reciente poemario es Music for the Dead and Resurrected (Noviembre, 2020). En él, Mort hace uso de la memoria y toma recuerdos de pérdidas y relaciones familiares dentro del escenario bélico que embarga su país. Sin embargo, el uso de imágenes y metáforas logran que el lector digiera con suavidad momentos dramáticos e impactantes. El poemario fue editado por Farrar, Straus and Giroux y cuenta con la ilustración de portada de Vasilisa Palianina. La traducción de los siguientes poemas estuvo a cargo del poeta y traductor nicaragüense Alain Pallais.

 

 

 

 

Paradas de autobuses: Ars Poética

 

No fueron libros los que abrieron
mi boca como espátula de médico, sino una calle.

Una por una, las calles se fueron presentando
con nombres de asesinos
nacionales.

En los Archivos Estatales, las cubiertas
de los libros de contabilidad
se endurecieron como costras.

 

*

En el interior de un humilde apartamento
me convertí
en una habitación independiente.


*

En el interior de un humilde apartamento
me convertí
en una habitación independiente,
la poblé
con calibanes
de planes para el futuro.

Un futuro que anda con el horario de autobuses públicos,
del zoológico al circo,
¿que futuro,
cuál es tu excusa para estos libros de contabilidad, estas calles, este
apartamento, futuro?

 

*

En la cartera que guardó
por siete guerras
los certificados de nacimiento
de los muertos, mi abuela
escondió — de mí
chocolates. La cartera se abrió como boca al grito.

 

*

La cartera se abrió como boca al grito.
Sus dos resplandecientes hebillas me observaban
a través de las puertas, de paredes, a través del jazz.

¿Quién te enseñó a ser un rostro aterrador, cartera?
Beso tus hebillas, me pongo a tus órdenes.

 

*

Agosto. Manzanas. No tengo a nadie.
Agosto. Para mí, una manzana madura es una hermana.

Para mí, una mesa de cuatro patas es una mascota.

 

*

En el templo del supermercado
como una vela
erguida

en fila hacia las sacerdotisas que conservan
el conocimiento de los precios de salchichas, la virginidad
de la leche en caja. Mi futuro, ligero
cambio.

 

*

Futuro que anda con el horario de autobuses públicos.
Las calles se presentan
con los nombres
de asesinos nacionales. Me convierto
en una habitación independiente,
donde la memoria,
migrante ilegal en su momento, se aclara
tras la imaginación.


*

Paradas de autobuses:
mi futuro, un asiento vacío.

 

*

¡En una habitación donde la memoria desviste las camas
sábanas que se endurecieron como costras
sobre colchones beso

las manzanas mis hermanas beso las hebillas
que nos miran a través de paredes,
a través de los años,
a través del jazz,
chocolates de un bolso que guardó, por siete guerras,
los certificados de nacimiento de los muertos!

Abrázame, hermanamanzana.

 

 

 

 

 

Pequeñas canciones

 

Los techos de estas casas
están plegados
como las manos de un muerto.

 

*

“¿Un tren?” “Perros
el tintineo de cadenas.”
Alféizares cubiertos con una capa
de agotadas moscas.

 

*

Amelia bebe un café espeso.
Yanina reparte cubiertos como naipes.
Yusefa, después de despedidas dramáticas y ruidosas,

ha fallecido.

 

*

Yusefa mastica los miembros
de hogares destruidos, saca cuentas
de hijos y familiares, resta los muertos,
transfiere a los desaparecidos.
Es un problema aritmético
que se lleva a la tumba.


*

Todas las ventanas de blanco nupcial,
una casa adoptada con habitantes adoptados,
nacidos en esta cocina, que regresan tres veces al día
para alimentarse en el lugar donde nacieron.

Sin embargo, ninguno está sepultado por aquí cerca.

 

*

Yanina remueve a paladas los montones de moscas.
Un ave se desliza por el aire como una lágrima varonil.


*

Las cadenas siguen a los perros como si fueran expulsadas
como baba.


*

La justicia ha resultado ser
más aterradora
que la injusticia.
Yanina cae como polvo sobre su cama.


*

¿Lucir saludable? Eso es cosa
de animales.

 

A veces una tanqueta pasa por esta calle.
Como un elefante
mueve su trompa
de derecha a izquierda.
¡Un elefante en nuestro pueblo!
las mujeres corren a observar, en vez de buscar un escondite.

*

Desde entonces, muchas son las aves que caen
en el aire.
Las abolladas copas amordazan las sedientas bocas.

Lo que nos han hecho se confunde con los temores
a lo que pudo haberse hecho.

Nuestras afamadas habilidades
en la fabricación de tanquetas
han sido redirigidas
hacia estudiantes y periodistas.

Pero bajo ese techo, plegado
como las manos de un muerto sobre la casa,
aun vivimos.


*

Pero bajo ese techo, plegado
como las manos de un muerto sobre la casa,
aun vivimos
acarreando cubos entre un árbol y una bestia.
Y en vez de vespertinas oraciones
me ruego
a mí mismo
que te deje en
paz, mi estimado, mi

desestimado Señor.

 

 

 

 

Nocturno para un tren en movimiento

 

Los árboles que entreví desde la ventana
de un tren nocturno eran
los árboles más tristes.

Parecían a punto de hablar
luego
desaparecieron como soldados.

Las azafatas repartían sábanas almidonadas.
Los pasajeros se encorvaban sobre pequeños íconos
de emparedados.

En un vaso alto, una cuchara mezclaba azúcar con café
golpeando su rostro de plata contra facetas.

La ventana reflejaba una figura
teniendo apuros con sábanas blancas.

Los rótulos con nombres de pueblos prometían
una posibilidad de palabras
al pasar volando.

En ventanas iluminadas personas parecían activas
como si efectuaran una cirugía alrededor de una mesa.

Parques de castaños añoran los suspiros de criaturas
capaces de hablar.

La radiación, etimología de la tierra

destinada al futuro, preparaba
una tesis sobre el nuevo origen de antiguas raíces,
sobre el misterio, deformadoras misiones de faltas ortográficas,
sobre la chocante traición de las manzanas,
sobre la lealtad incondicional del cesio.

Mi voz de niña, mis manos, mis pies, todas las cosas que viven
en mis orillas
shhh ahora, los parques de castaños se disponen a hablar.

Sin embargo, ya han desaparecido.

Me sacaron de la manzana de apartamentos,
encadenada a la tierra con todo y parques infantiles,
donde los columpios de hierro se elevaban como pozos petroleros,

Me sacaron antes que pudiera desenterrar un idioma
faltándome el aire
con mis pies de niña.

Me extrajeron en picos cigüeñas, grullas.

Ver al conductor sacarle los ojos
a los pasajeros que van dormidos.
¿Qué le pasa a mi rostro
que se vuelve un documento,
un boleto estirado por el cuello?

¿Por qué el desplegar esta ropa de cama almidonada
se siente como
desollar a un ser invisible?
¿Por qué las cucharas, con sus cabezas hasta el fondo de los vasos, no pueden dejar de gritar?

Shhh…

Los castaños están a punto de hablar.

 

 

 

 

Génesis

 

Caín has sido siempre mi favorito.

Su enfurecida
soledad, su
carencia de amor
maternal, su sarcasmo
cristiano: “¿Acaso soy yo
el guardián de mi hermano?”
pregunta el asesino de su hermano.

 
¿Acaso no somos
los guardianes de nuestros muertos?

 
Empezaré de nuevo:

 
Prefiero esas manzanas
que caen y ruedan lejos de su árbol.

 
El cordón umbilical
marchito como una ramita, metido entre las piernas.

 
¿Cómo te lo han cortado, Caín? ¿Con
una piedra?

 
Bajo Antecedentes Penales,
escribe: “Madre, hogar.”
Bajo el Arma,
escribe: “Madre, hogar.”

 

 

 

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