Poesía norteamericana: Rebecca Foust



Leemos poesía norteamericana. En versión de Gustavo Osorio de Ita, proponemos la lectura de un poema de Rebecca Foust. Nació en Hollidaysburg, Pennsylvania. Es autora de numerosos volúmenes de poesía, entre los cuales se destacan Paradise Drive (2015), All That Gorgeous Pitiless Song (2010) y God, Seed Poetry & Art About the Natural World(2010). Entre los premios que ha obtenido se encuentran el Poetry Society of Virginia Book Award, el National Indie Excellence Award for Poetry, el San Francisco Book Festival Award for Poetry, y el Royal Dragonfly Award for Poetry. El presente texto trabaja el tema del Alzheimer desde la conformación poética de la gacela o ghazal (cuestión que en la traducción se ve conflictuada por la imposibilidad de repetición del término base de la gacela), configurando una antítesis compleja entre la enfermedad del olvido y el poema que repite que se está olvidando.

 

 

 

 

 

 

Gacela ALZ

para mi hermana

 

Es la misma casa, mismas alfombras, mismo tapiz y recámara donde se repite
el mismo vestidor; la misma mecedora. La misma ventana y marco, se repite.

 
Mismas aves tras del cristal, mismas ollas y sartenes, y –en el despertador,
en el reloj de pared, en el celular– el mismo tiempo, repite

 
el incremento de cada hora en una vida vivida. Pero, Esta no es vida, cada día
pasado y por venir, se repite.

 
Los muebles colocados en forma familiar. Las alfombras ahí, como siembre, entintando
la marca del hogar, se repiten

 
tonos de joyas en el suelo, pero lo que alguna vez fue norte-sur ahora parece tenderse
este-oeste – ¿quién ha movido las alfombras?– en suma, se repite

 
lo familiar, pero transversalmente. Tu eje interior ha cambiado, los puntos de referencia
de alguna forma se desplazan pero son los mismos, en tu voz se repite

 
¿Por qué no dejan de mover las alfombras? ¿El escritorio, la silla, tus llaves?
En el hogar con su propio bálsamo, se repite

 
lo familiar, pero ni tus llaves ni tu bolso pueden ser encontrados –
que los tenía justo aquí– se repiten

 
las preguntas y causan lo mismo, es decir, ninguna respuesta real. Tu sentido del gusto
se ha ido, como comer papel, se repiten

 
los mismos millones de pequeños movimientos: tenedor al plato, a la boca, luego abajo,
siempre lo mismo, se repite

 
el sabor a cartón. Te solía encantar cocinar, esa alegre variación-sobre-un-tema
de jazz ahora se repite

 
como páginas de pentagramas musicales, fotocopiadas en blanco y sin notas. Últimamente,
te rehúsas a comer del todo. En un poema, las líneas que se repiten

 
componen un estribillo y, haciendo eco una y otra vez, la suma de estribillos
son una canción. Pero también existe lo vacuo que se repite:

 
cero más cero más cero es aún cero, un vacío. Sin acreción, sin crecimiento, sin vida,
sin tono. Sin embargo, las aves –algunas, que repiten

 
una clara nota, se dice cantan sin melodía– y  el mismo arreglo de sonidos
del golpe al tambor, cuando se repite

 
quiere decir nada y todo al mismo tiempo. El gen es hereditario
y puede ser seguido como un rastro de migas de pan, que repite

 
el preciso mapa del extravío, a través de las generaciones. Ella tomaba la misma
ruta al trabajo en el tranvía de pueblo, algo que se repite

 
y en lo que mi hermana dependía. Dependemos de una ciruela para probar el púrpura cuando nuestros dientes
rompen su piel. Algunos números crecen ad infinitum, se repiten

 
y nos recuerdan la arquitectura y a Dios. Anillos de un árbol, espirales de una concha,
gajos de una lima, repiten

 
una secuencia que recrea el crecimiento y el cambio. Meiosis, mitosis, Eva desprendida
de Adán, otras formas en que se repite

 
para que la vida siga. Somos “animales que buscan patrones”, dice Hass, e incluso
los ateos rezan caóticamente, repiten

 
las lecciones aprendidas de niños: “Ahora me postro” como la promesa de misericordia,
como la misericordia misma, tranquilizadora y calma, repite

tu talismán contra el terror. Tras tu siesta, me preocupa despiertes confundida,
pero luego retomas, repites

 
¿Dónde están mis llaves? ¿Por qué no dejan de mover las alfombras? Siempre el hurto
y la pérdida son el tema, se repiten.

 
Dicen olvidarás mi nombre, y el tuyo también. Cómo hablarte, con leve misericordia
entonces, cuando ya no estés condenada a que repitas

 
tus dolorosas preguntas. Dicen olvidarás cómo tragar, cómo respirar–
Por dios, ¿olvidarás cómo respirar?– ¿te derrumbarás, mientras repites

 
la pausa en lugar del latido? El doctor dice que hay que mantener las cosas simples
y llanas, sin drang ni strum, que repitas

 
“Es lindo el día de hoy”, y “Han florecido los tulipanes”, conversaciones en tedio
con los mismos datos que repiten

 
el catecismo y el cliché. Ya no te ocupas de tus casas de muñecas, macetas con árboles
del tamaño de tu pulgar, donde se repiten

 
pinturas de timbres postales en los muros, alzando en escala de una pulgada por pie la pródiga vida
que nunca tuviste ni ostentaste, ahí se repite

 
una letanía de pérdida que se extiende desde lo-que-fue hasta lo-que-nunca-será. La caja
de sombra del árbol de Navidad en simulacro repite

 
las obsesiones de la infancia. Algunas de tus casas de muñecas tienen pequeñas casas
de muñecas dentro, se repiten

 
a sí mismas en una infinita regresión. Toda esa savia indefensa y oleada de creación,
tu xilema y líber repiten

 
qué hacer con una cosa tan disminuida. Dices que las harás arder cuando llegue la primavera,
sin miramientos ni escrúpulos, el futuro se repite

 
y devora al pasado. Está ocurriendo tan rápido: una página arrancada, un libro perdido, después
bibliotecas enteras tornándose mudas, se repite

 
la borradura hasta que la borradura es todo lo que queda. Oh troqueo, cadencioso en tu línea de 10 golpes.
Oh río, oh yambo que repites

 
la marea. Bishop llamaba a la pérdida un “arte”. La última vez que te vi en casa fue en octubre,
un glorioso otoño donde se repite

 
el azafrán y el escarlata contra el cielo azur. Ahora afuera, un petirrojo golpea el cristal de la ventana,
embelesado con su propia imagen, una rima visual que repite–

 
ha habido un ave cada primavera. Algunas hacen sangrar sus picos y mueren,
algunas se quedan por días, entumecidas mientras repiten

 
su rota rutina. ¿Quién movió las laves? ¿Quién movió las malditas llaves?
Tu paciente esposo es severo, repite

 
están-en-un-lugar-seguro-para-que-podamos-tenerte-a-ti-segura. Estamos todos atrapados
bajo un gran domo donde se repiten

 
nuestras palabras y los alaridos de aves salvajes. De cierta forma esto es más difícil, dice él,
que Vietnam, mientras repite

 
su promesa de quedarse hasta el final. Intenta concederte pequeños placeres, selecciona
y coloca en tu boca la ciruela mientras repite

 
todo lo que podrías recordar del exuberante jugo púrpura que corre por tu mejilla, pero en el mejor de los casos,
es una tenue calca que se repite

 
como ciruelas holográficas comidas antes. Pronto, dónde están mis llaves, disminuirá
a dónde llaves, el tótem que se repite

 
como llaves, después sólo llave– lo que importa, la salida de un laberinto y de un código.
Un cántico o salmo, que repite

 
vocales abiertas como agua o lluvia. La suerte –la quinta en el póker, la pelota plateada
que gira en la ruleta– puede tratarse de que se repite

 
algo hasta conseguirlo, y ¿no es posible escuchar una melodía persistente como himno,
y no como sonsonete? ¿No puede ser que cuando se repite

 
se endurece una costura, o se teje una cuerda larga? Después de que caíste, te imaginaba ahí
en el piso, el zumbido del refrigerador que repite

 
su gélido confort hasta que llegó la ambulancia. Tu marido acunándote
sobre el linóleo, mientras repite

 
presencia en ausencia en presencia en ausencia –disonancia cognitiva–
o un conjuro inescrutable que repite

 
sus misterios. Tu cadera y brazo casi han sanado. La casa aún está ahí,
pero una puerta interior se azota cada segundo, una alarma que repite

 
su alerta: todas las puertas pronto estarán cerradas. Donde uno se para en un temblor
es en el quicio vacío de una puerta. Pronto el repite

 
mismo desaparecerá: todo el lenguaje en huida, un cordero destazado,
un paradigma hecho pedazos. ¿Acaso tu corazón que repite

 
tan sólo perderá su ritmo? ¿Olvidarás cómo tragar? Oh Hados, venid, venid,
/ Cortad el hilo y la soga, se repite

 
en su estribillo del fin del tiempo. Tus jotos y bastos –aún amas cualquier juego
– los juegas con tu brazo izquierdo, algo que se repite

 
y que hace de todo mínimo movimiento un arte, como una danza. Tus pequeñas bromas,
como el del “bote de propinas ALZ” –ahora saturado– donde se repite

 
el repique de cada moneda lanzada dentro. Me tomas el pelo cuando llamo, pretendiendo
haber olvidado quién soy, repites

 
¿Becky quién? ¿Becky quién? hasta que ambas reímos, sonidos que suenan tan parecidos
al llanto pero con un borde afilado; con el tiempo, si se repite

 
el mismo movimiento de un cuchillo contra la roca hará su filo romo. Oh dulce triste y cómica hermana,
tú eres el ave que huye volando en mi sueño, mientras repite

 
su escritura en bucle sobre la blanca página del cielo. Un halcón con la cabeza descubierta, un ave salvaje
liberada. Llamando ¿Llave? ¿Llave? ¿Llave?– repite, repite, repite.