Poesía chilena: Matías José Morales

Leemos poesía chilena, leemos una muestra poética de Matías José Morales (Talca, Chile, 1988).

 

 

 

CAPOTERAS, CALOR CORPORAL,

EN EL MAR

 

Vimos esa película que salió​​ 

este año, una interesante mezcla entre​​ 

la emotividad del pasto en Malick​​ 

y nostalgia que siente la cabeza al recordar​​ 

el robo para comer en la niñez​​ 

expuesto por Korine.​​ 

Con bastante acierto simuló

ser la historia de mi vida, pero las coincidencias

dejaron de ser graciosas​​ 

hace varios años. En la mitad de la función​​ 

uno de los niños protagonistas​​ 

—escondido de sus padres— toma un VHS​​ 

y le da play: la televisión muestra

una plaga de langostas como fachada​​ 

luego media hora con sexo hardcore.​​ 

Grandes senos noventeros, bigotes y cascos​​ 

de construcción: si cerramos los ojos​​ 

escuchamos luciérnagas, una piscina azul​​ 

llena con borrachos en madrugada o tu abrazo​​ 

apretado el resto del año.​​ 

Era una película deprimente​​ 

casi al final un adulto le decía a otro​​ 

que lo odiaba y que era asqueroso.​​ 

El otro respondía "Está bien, tú ganas".​​ 

Atrás en cámara lenta pasó​​ una camioneta​​ 

negra con tres niños sobre su parte trasera​​ 

que citaban a Watanabe al tomar fotos​​ 

con el hueco de la mano​​ 

y disparaban al cielo para matar estrellas​​ 

así garantizando buenos traumas.​​ 

"Te dará un ataque al corazón!" grita una

"Qué corazón?" responde el otro.​​ 

"Se supone que desaparecerías", "Se supone​​ 

que me debías buscar, en eso consiste el juego​​ 

de las escondidas", pero nada ocurrió.​​ 

Vimos a nuestro padre llorar​​ 

nunca escaparemos de esto, a todos​​ 

nos salen moscas sin alas por los ojos.

 

 

 

SAXO OCHENTERO

ANTES DE LOS CRÉDITOS

 

¿Que me prepare​​ 

para un fundido a negro​​ 

luego de un beso?​​ 

 

¿Me dices que te compare​​ 

con una bandada de cuervos?​​ 

 

Lo entiendo. Queremos​​ 

mejorar, es necesario el rompimiento​​ 

de olas donde hubo algo de consuelo​​ 

y cero respeto. ¿Notaste ya que suena​​ 

una guitarra de fondo? ¿Su ritmo​​ 

no te acelera el corazón? Supongamos​​ 

que late, y que no hay un tronco de roble​​ 

siendo usado como almohada en tu cama.

 

Ese hueco al medio del pecho​​ 

tiene mejores usos que basurero.​​ 

 

 

 

POLVO KITCH: LA OBJETIVACIÓN

DEL AMOR EN MACHADO

 

¿Que te dedique más que un estornudo​​ 

y maleza, palabras?​​ 

 

Según tus pestañas cuando se queman​​ 

tanto al sol expuesto paladar:

 

debo cantar como los pájaros​​ 

si arrancan de mi cursi poesía.​​ 

 

No recuerdo cuál de los filósofos​​ 

que tanto te gustan, habló algo sobre​​ 

la muerte de un príncipe en las alcantarillas

 

y un coro compuesto​​ 

por muros que derrumbándose

dan paso libre a un ejército de bárbaros.​​ 

 

El punto es que creo habla​​ 

de nosotros, como todo.​​ 

 

¿Que te dedique más que un cosmos​​ 

en expansión y pronto a morir?​​ 

 

¿Más incluso​​ 

que eso?

 

 

 

UN DURAZNO SE PUDRE

PARA QUE TE SIENTAS COMO EN CASA

 

Todavía no salía el sol, y ya había amado​​ 

y dejado de amar veinte veces​​ 

a la misma persona. La duda la llevaba​​ 

al colegio el primer día de clases.​​ 

Nadie llora por ella en el cementerio​​ 

antes de tiempo. Lo miró, como quien de paso​​ 

y siendo un niño: imagina el juguete​​ 

que nunca llegará. Te amo. Silencio.​​ 

Él no dijo nada. Prendió un cigarro​​ 

se dirigió a la ventana. Trató de abrirla​​ 

sin éxito: Lo sé, no te culpo​​ respondió.​​ 

Silencio. Vacío. En diez minutos​​ 

ambos estarán ya en el pasado​​ 

de tu memoria. Luego la sombra del halcón​​ 

girando en círculos sobre los restos de un bosque.

 

 

 

NORTE

 

Un frasco lleno con lágrimas​​ 

te regalo. Y las gracias​​ 

 

me das entre aullidos​​ 

de lobo. El miembro de oro​​ 

 

poso sobre tu suave tordo.​​ 

¿Lo sabes, no?​​ 

 

Nuestro viaje​​ 

no tiene casa, sino lodo, escombros​​ 

 

letras que sangran​​ 

 

por dentro, la punta es el comienzo​​ 

del norte y nuestro amor

 

que por ideal se apaga, reclama. ​​ 

 

 

 

REACTOR NUCLEAR

 

Me contaste un par de historias​​ 

sobre nebulosas color burdeo​​ 

que proyectan neón en quien las escucha.​​ 

 

Brillé una semana. Ahora lo recuerdo:​​ 

del suelo subió a toda prisa una manzana​​ 

para colgarse de la última rama. Tal vez el amor​​ 

 

es como la pimienta cuando se sopla, y la memoria:​​ 

papel celofán, silbidos bajo el agua, deseos que se piden​​ 

al pascuero del supermercado. Tomé tu mano, juntos

​​ 

recorrimos un sendero muy angosto.

Era febrero, en el cielo más que espuma​​ 

y evolucionados dinosaurios, había humo.

 

 

 

NEKROMÁNTICO EMPEDERNIDO

 

Así como un equilibrista de piedras irregulares

en el río

me siento inventor del pánico

y sus crisis.

 

Viéndote llorar sobre la única comida diaria

aprendí que puedo masturbar mi cuerpo

y apuñalarme el estómago

hasta eyacular sangre

 

y, sin embargo, seguiría siendo​​ 

el ídolo de alguien con refrigerador

y mucho espacio en él.

 

Tal vez sea cierto lo que dijiste

antes de olvidarme, esto no parece poema

 

pero debes aceptar

 

que en el fondo de tu hogar

refrigerado está mi pene​​ 

sobre un plato de loza fina​​ 

 

y eso​​ 

algo de poesía

debe tener.

 

 

 

Matías José Morales​​ (Talca, Chile, 1988). Es poeta, plomero y psicólogo. Ha ​​ colaborado con diversas revistas de poesía latinoamericanas. En el 2021 publicó el libro​​ Polución Nocturna​​ (BAP).

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