Dossier de poesía africana: Cheryl Itanda (Gabón)

Mariela Cordero prepara un dossier de poesía africana contemporánea. Leemos en esta entrega al poeta y narrador gabonés Cheryl Itanda. Actualmente vive en París donde trabaja para salvaguardar las lenguas originarias de África.

 

 

 

Cheryl Itanda​​ es un poeta y novelista gabonés. Comúnmente conocido como Powête du Bout du Monde, es miembro del colectivo #LoSyndicat y pertenece al movimiento emergente Powêtude, En sus obras, especialmente en su novela debut Enomo (2015), explora el tema esencial del legado de la tradición en el torbellino del encuentro de culturas e imaginaciones. La posterior publicación de​​ Sos Motem​​ (ed. Dacres, 2018) lo consolida aún más como un autor atípico cuya mayor preocupación es el destino de su pueblo. Ve en el erotismo un lenguaje estético que capitalizar, en particular a través de su poemario erótico​​ Ilots de tendresse​​ (Nena, 2020). Con su EP poético​​ L'orée des exils​​ (2020), ve en la música otro medio de dar vida a sus textos.Actualmente vive en París.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

***

 

 

 

 

 

 

A los hombres sin tierra

 

A los niños que ya no tendrán padre

a las mujeres que ya no tendrán madre

a las olas de miseria martirizadoras de nuestra era

a los huesos que ya no tendrán carne

a las cuatro esquinas de los océanos sin rumbo

en el compás desregulado de la miseria

a los hombres que no tienen tierra

sudarios errantes de rosarios sin oración

náufragos en la​​ Caribdis de las fronteras

epitafios marinos sin cementerios

hombres de tierra batida ayer

hoy hombres de piedra

bajo el látigo de las olas castigadoras de los mares

excluidos de la confluencia fraternal de los pueblos

empujados mar adentro por gente-sable

 

Tierra​​ de África, he aquí tu sollozo

el dolor de tu pecho sumergido

en las alambradas de sal del​​ Mediterráneo

devastando en la crecida de tus lágrimas

el orgullo ancestral de tus costas

en el paso apresurado de tus hijos

caminando bajo el apremio de los mares

por los vientos del peligro

por las tempestades del destierro

huyendo de la fealdad sostenida de tu encanto

cuando silban las sirenas de tus alarmas

engullida por el estruendo​​ 

de las olas del gendarme​​ Occidente

 

Tierra​​ de África,​​ tu tierna progenie

apenas salida de tus yacimientos de hierro

apenas con pie seguro en tus orgullosas sabanas

apenas empapada en las lluvias de tus yacimientos de petróleo

apenas destetada de la leche de tus hidrocarburos

ahora es una boya flotante de angustia humana

en la indiferencia de las antorchas europeas

amamantada por la espuma del viento de la desolación

sus sueños zarandeados por las corrientes de la deportación

en las velas de su utopía

sellada en los hierros de​​ Libia

un lejano espejismo castiga el horizonte

porque en la perspectiva de las estaciones

en tiempos de sequía

como en tiempos de lluvia

en las orillas de nuestro punto de fuga

no hay​​ Humanidad para los hombres sin tierra

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lamento a Rolihlahla

 

«Pero tan larga como tu marcha ha sido,​​ iniciaremos juntos​​ los

Braseros de nuestro tiempo para​​ juntos​​ hacer​​ esta Humanidad... »

 

Hijo de la aurora

hijo de las brumas de la sabana

hijo de los rayos de oro sobre las llanuras

hijo del viento que canta en el bosque

hijo del río que recorre las entrañas de la tierra

hijo del rocío

 

¡Ubuntu gritabas! ¡Ubuntu clamabas! ¡Ubuntu cantabas!

 

Tu pueblo, sin embargo, en sufrimiento​​ 

tu ojo abarcaba los horizontes de los hombres

haciendo penitencia en el lugar del verdugo

tus huesos envejeciendo con el paso de los días

por tus valientes golpes de pico

cuando pacientemente rompías la roca

forjando bajo el ojo del sol

el metal de tu clemencia

invocando continuos rocíos

sobre los colores de nuestra hemoglobina

 

¡Ubuntu gritabas! ¡Ubuntu clamabas! ¡Ubuntu cantabas!

 

Tú que soñabas con el arco iris

vertiendo el alba de las naciones

en el río moribundo de la humanidad

para devolverle el resplandor

de sus mil y un colores

en la sabiduría floreciente de tus cabellos

blanqueando la sangre de nuestros ojos

sin embargo abriste nuestras pupilas

en los surcos de la humanidad

 

¡Gritabas Ubuntu! ¡Ubuntu clamabas! ¡Ubuntu cantabas!

 

Pero ahora, mira en estas tierras

Donde sembraste las semillas de nuestra indulgencia,

Lo humano haciéndose humo en la desolación de los hombres

La furia de tu pueblo martirizando la carne de tu pueblo

La sangre de los tuyos apartada de las mañanas de rocío

Un espectro arrojado a los bordes carmesí de tu arco iris

Y el cielo que cantabas es ahora oscuro

Y el horizonte sobre el que meditabas es un espejismo distante

Y tu sacrificio profanado en la misma cuna de la humanidad

Y Ubuntu en esta sangrienta hemorragia

Es un amanecer turbulento en el río de nuestra Humanidad.

 

 

 

 

 

 

 

¡Y sin embargo, el negro clamaba​​ por​​ su Raza!

 

Madre, ahora te busco, ¿dónde estás?

¿eres tú sentada serenamente en la lejanía perdida de mis recuerdos

la pipa en el presagio de los días venideros?

en el calor de tu vieja cocina, ¡déjame contarte!

madre, vengo de allá, del otro lado del mar

del otro extremo del mundo, más allá de los océanos

¡donde el hombre despojado por el frío humilla a aquel a quien el sol​​ 

en otro tiempo otorgó su don!

 

Madre, me confiaste el Caolín y el Amomum1

y que no olvidara el sabor de la raíz de mandioca

pero el caolín no bastó para blanquear mi raza

ni el amomum para curar mis heridas

ni tampoco la mandioca para calmar el estruendo de mi hambre

para no robarle el trabajo al hombre blanco

pero madre, miseria, han desollado mi piel

hirieron las entrañas de mi carne

y cuando por fin me atreví a gritar mi dolor

me dijeron que solo tenía valor

si cantaba el dolor de todos los demás

Madre, con orgullo​​ les hablé de tu mirada

el trueno de tu tchip2​​ en desaprobación

y eso bastó para sacar de las profundidades

el cieno enterrado en el fondo del río fraternal de los pueblos

su sentencia no se hizo esperar para mí, el negro de todos los negros

 

Mis genes aún llevan las cicatrices de la sangre de la que aún mana la suya

pidiendo a la historia que acuse a tus hijos de haber vendido a tu progenie

me hicieron un negro complaciente por dos razzias dos latigazos

 

Me convirtieron en un sucio negro racista

y sutilmente me pidieron que me callara

yo, voz fuerte de negro

y que volviera a ti, sin la arrogancia blanca en sus manos extendidas

no bastaba para lavar el desprecio cómplice de la historia

Madre, aquí estoy contigo porque​​ sólo quería que me amaran

pero sobre todo que me vieran como un hombre como cualquier otro.

¡Así que volví a ti! Cuéntame otra vez nuestra historia.

Recuérdame al gran negro caminando por el Nilo

arrancando el sol del cielo para iluminar el camino de todas las naciones

 

¡Y el negro era grande! ¡Y el negro era bueno!

¡Y el negro era hermoso!

¡Y el negro reía! ¡Y el negro cantaba!

¡Y el negro llevaba de la mano a las razas por los caminos de la Humanidad!

¡pero todo eso, madre, fue hace mucho tiempo!

dime,​​ Madre,

dónde estaban esas estrellas que hoy

cuando la humanidad se atreve a adornarse con su velo más nauseabundo

piden a las estrellas negras que lloren también

en el parpadeo de sus lágrimas por el destino del universo entero

cuando estas errando por el vacío sideral

siguen aullando de dolor ante el mínimo rayo de oscuridad

recordándonos cuán desgarradas quedaron sus superficies

por siglos de locura de meteoritos blancos

cuando el vientre de los barcos repletos de negros salvajes

se abría en los mares especiados trazando los surcos de la desolación de mi raza

cuando las tormentas del norte asolaban la inocencia de tus costas

cuando arrasaban los bosques de tus maderas de ébano

para hacer florecer la miseria bajo el sol de sus campos

cuando los dolores de parto de las mujeres negras

se abrían en campos de cautiverio

lejos de la libertad de las hojas de plátano

y sin embargo, el negro clamaba

y sin embargo, el negro tendía su mano hacia el río fraternal de los pueblos.

Madre, ¿no tienen la más mínima piedad por esos hombros que una vez

cargaron sus especias por las rutas ardientes de los océanos?

dime,​​ Madre,

dónde estaban cuando el canto lejano de tu orilla

 

en la marcha de la partida forzada

convirtieron los lamentos en lágrimas oceánicas

cuando el sol consumía

bajo el sombrero de paja del buen amo

hasta la sombra del buen negro

cuando el látigo levantado por fervientes cantos cristianos rasgaba el aire

y luego araba los campos de hemoglobina sobre la ardiente carcasa de los míos

y con su arrogancia superior derribaba

las rodillas de los guerreros más valientes de​​ Mandingo

Madre,

¡y sin embargo, el negro clamaba!

y sin embargo, el negro tendía su mano hacia el río fraternal de los pueblos.

 

Dime madre,

dónde estaban cuando el negro con su rodilla doblada demasiado tiempo

se alzó con su bastón tallado en el corazón de un Bois-caïman

no sólo por sí mismo,​​ no sólo por su raza

sino por todas las torceduras en​​ la columna de la Humanidad

cantando libertad-igualdad-fraternidad a los vientos​​ del mundo

¡Y el negro era grande! ¡Y el negro era bueno!

¡Y el negro era hermoso!

¡Y el negro reía! ¡Y el negro cantaba!

¡Y el negro llevaba de la mano a las razas por los caminos de la Humanidad!

¡pero todo esto, madre, no complacía al amo!

dime, madre,

dónde estaban cuando el amo decidió una vez más

hacer que el negro ​​ bajo el peso flaqueara bajo el peso del caribe

madre,

¡y sin embargo, el negro clamaba!

¡y sin embargo, el negro tendía su mano hacia el río fraternal de los pueblos!

 

Dime madre,

¿dónde estaban cuando se cansaron de erosionar tu tierra

y de pisotear tus limos allá en su tierra

regresó por un dios, un puñado de sal y un sombrero

para acaparar tu tierra y subyugar a tus hijos en tu propia casa

Madre,

¡y sin embargo, el negro clamaba por su raza!

y sin embargo, el negro tendía su mano hacia el río fraternal de los pueblos.

 

Traducción del francés al español por Mariela Cordero.

 

 

 

 

 

 

Notas de la traductora:

1.Caolín: arcilla blanca muy pura que se utiliza en la fabricación de porcelanas, aprestos y medicamentos. ​​ Amomum: género de plantas de la familia Zingiberaceae, la misma familia del jengibre y el cardamomo.​​ Se cree que tiene propiedades medicinales y se usa para tratar problemas digestivos, inflamaciones y como estimulante. En algunas comunidades, se asocia con prácticas espirituales y se usa en ceremonias tradicionales.

2.​​ Tchip:​​ onomatopeya utilizada en varias comunidades africanas y caribeñas para expresar desaprobación, desdén o molestia. Se produce al succionar el aire entre los dientes y la lengua, generando un sonido característico.

 

 

 

 

 

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