Un poeta todos los poetas: Mario Bojórquez, traductor de poesía. Ensayo de Adalberto García López

Leemos un ensayo de Adalberto García López sobre la faceta de traductor de Mario Bojórquez, a propósito de la reciente obtención del Premio Bellas Artes de Traducción Literaria Margarita Michelena 2026 por el libro "Oratorio" del poeta catalán Jordi Valls Pozo.

Leemos un ensayo de Adalberto García López sobre la faceta de traductor de Mario Bojórquez, a propósito de la reciente obtención del Premio Bellas Artes de Traducción Literaria Margarita Michelena 2026. Además de este reconocimiento, Bojórquez ha obtenido los Premios Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 2007 y el de Ensayo Literario José Revueltas en 2010. Su último libro de poesía es​​ Arqueología del Fuego Nuevo, que mereció el XLVIII Premio de Poesía Ciudad de Burgos Antonio L. Bouza en 2024.

 

 

 

 

Un poeta todos los poetas: Mario Bojórquez, traductor de poesía

 

En la tradición de lengua española, el antecedente histórico fundamental y, de algún modo, fundacional para la traducción en México: el Colegio de la Santa Cruz de Tlatelolco (atrás, por supuesto, la Escuela de Traductores de Toledo). Traducción es tradición. Así se legó al futuro un listado de hábitos, costumbres, historias, palabras, poemas.

Ya en el siglo pasado, Octavio Paz definía al poeta moderno como aquel que además de su obra poética, abría una segunda vertiente en la que construía un discurso crítico acerca del tiempo en el que vivía. La observación crítica de los elementos con que se elabora el poema, la relación de la poesía con el mundo, las sociedades y el pulso político de una región, fueron algunos de los tantos motivos que hicieron a los poetas de finales del siglo XIX a instaurar esta etapa en la conformación de un poeta o autor. Ya muy entrada la segunda mitad del siglo XX, creo que hubo una actualización: el poeta no sólo devino en crítico literario, social o político, también conformó un​​ corpus​​ de traducción que complementa su obra poética.

Sirvámonos de un pequeño enlistado de poetas mexicanos para ejemplificar esta idea: desde Alfonso Reyes y la generación de los Contemporáneos, varios de nuestros poetas de mayor altura hicieron de la traducción una importante​​ labor para su propia formación o para terminar de definir su poética. Octavio Paz, fruto de su curiosidad cosmopolita, abrevó de la poesía del mundo, principalmente de las literaturas inglesa y francesa (y sus familias lingüísticas), pero también de la tradición de Oriente; Rubén Bonifaz Nuño se sirvió del griego y del latín para encontrar un ritmo personalísimo e identificable; Francisco Cervantes puso su corazón en el portugués y sus variaciones diacrónicas con el galaico-portugués; José Emilio Pacheco rumió de la tradición de Occidente para hacer un inventario de inquietudes en su obra; Rosario Castellanos con el inglés y francés sumó sonoridades a su imaginación; Eduardo Lizalde continuó su obsesión de felinos y flores en los jardines de otras lenguas como la inglesa, francesa o alemana; Marco Antonio Campos ha construido una amplísima obra de traducción que toca autores fundamentales de varios siglos y en varias lenguas, pero principalmente nos ha acercado a las sensibilidades de Arthur Rimbaud y Georg Trakl; José Luis Rivas ha añadido a su paisaje verbal la naturaleza recogida en las lenguas inglesa y francesa, particularmente sus variantes caribeñas; Eduardo Langagne estrechó su relación con la lengua portuguesa, no sólo con poetas, sino con músicos de corte popular. En su propia literatura, Mario Bojórquez (Los Mochis, 1968) ha construido paralelamente a sus libros de poesía una obra de traducción que toca una serie de autores de los que ha recogido más de un elemento, y de los que ha asimilado una serie de recursos literarios. Su trabajo de traducción, como el de los poetas antes citados, busca establecer un diálogo desde su posición en la tradición hispanoamericana con la gran tradición de Occidente (principalmente las lenguas romances todas y las literaturas en inglés y alemán) y con la tradición de Oriente.​​ 

Creo firmemente que el poeta del siglo XXI traza en otras literaturas un horizonte de influencias que posibilitan, que amplifican, que potencializan la obra personal. Podemos establecer que un poeta traduce a​​ sus​​ poetas: los procedimientos que quiere mirar con detalle, las temáticas que desea explorar, los tonos que aspira interiorizar, las sonoridades que busca emular; también por el simple gesto de compartir al otro a un autor o poema.​​ 

El propio Mario Bojórquez nos aproxima una de las posibilidades de la labor de traducción, no desde el mismo ejercicio, sino como un tema de reflexión, pues la traducción ocupa un singular espacio en su obra; “Apuntes para una​​ literatura ancilar” es una sección que periódicamente publica en Círculo de Poesía, ahí dedica una entrada para el tema de la traducción y dice:

Leer poesía en otras lenguas es un placer refinado, hay algo de alquimia y de heteromancia en ese ejercicio, especialmente si la lengua extranjera es asimilada por imitación de la propia y confrontada con otras de la misma raíz. Leer en otras lenguas se convierte, para gozo del practicante, en una encrucijada, posta a la que llegan los peregrinos con sonidos extraños e historias imposibles.

 

Ya con el título de esta sección sabemos una función de cómo Bojórquez comprende una parte del ejercicio de la traducción: como un apoyo, un auxilio para el lector desprevenido y curioso, pero también advierte un goce estético personal. La traducción es, en un sentido más íntimo, un acto de generosidad.

 

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La traducción de poesía es un​​ saber hacer: conocimiento que deviene en práctica, acción. Corresponde a lo que Amparo Hurtado Albir llama una “habilidad de transferencia”. Mario Bojórquez es un poeta que ha vinculado con gran destreza una cantidad enorme de poetas, de poemas. Por una parte, ha actualizado diversos poemas que pertenecían ya a una generación de poetas y lectores en el español, pero algunos de sus mecanismos, su tono, han sido adaptados a los modelos de comunicación contemporáneos, pero, por otra parte, ha ofrecido muchas traducciones por primera ocasión no sólo de poemas, sino de poetas al español, ahí podemos hablar de que ha descubierto para nuestra lengua “los tonos dormidos” de los que hablaba Humboldt hace un par de siglos.

Como traductor, Mario Bojórquez ha publicado​​ Oratorio​​ de Jordi Valls Pozo, por el cual recibió el Premio Bellas Artes de Traducción Literaria Margarita Michelena 2026, el más alto reconocimiento en México para la labor de traducción (también recibió en 2007 el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes por​​ El deseo postergado​​ y en 2010 el Premio Bellas Artes de​​ Ensayo Literario José Revueltas por​​ Alteridad y poesía. Antología apócrifa de ensayos sobre heteronimia en la poesía iberoamericana actual),​​ El preludio​​ y​​ Han venido unos amigos​​ de Antoni Marí, después incluidos en​​ Una nada de transparente crin. Poesía 1979-2025, que ya reúne la obra completa del poeta catalán por primera vez en lengua española; además de estos títulos individuales, seleccionó y tradujo​​ La lengua lemosina. Antología de la nueva poesía catalana,​​ así como​​ Breve cancionero catalán, que reúne composiciones poéticas de la Edad Media;​​ Tres cartas de las memorias de las Indias​​ de Al Berto, vertido también al español por vez primera;​​ Luciérnagas​​ de Rabindranath Tagore;​​ Estación final. Antología de poemas 1940-2011​​ de Lêdo Ivo, que contó con ediciones en México, España y Colombia;, y en diferentes revistas ha publicado a una diversidad de autores como Charles Baudelaire, Guillaume Apollinaire, René Char, Jean Cocteau, Edmond Jabès, de la lengua francesa; William Blake, Christopher Smart, Charles Dickens, Walt Whitman, Gertrude Stein, Ezra Pound, Sylvia Plath, Wole Soyinka, de la lengua inglesa; San Francisco de Asís, Corrado Govoni, Sergio Corazzini, Umberto Saba, Salvatore Quasimodo, Attilio Bertolucci, Cesare Pavese, de la lengua italiana; Luis Vaz de Camões, Manuel Bandeira, Guilherme de Almeida, de la lengua portuguesa; Màrius Torres del catalán; y de otras tradiciones ha sumado también versiones de Omar Khayyâm, Halyna Kruk, Sujata Bhatt, Michael Brennan, Shen-hsiu, Hui Neng, Ko Un, Ming Di, Lü Yue, Yuan Yongping, entre otros poetas y obras también en prosa.

Mención aparte la obra de Fernando Pessoa y sus heterónimos. Desde hace ya décadas Bojórquez es uno de los máximos conocedores de la obra multitudinaria del poeta portugués, y ha construido una labor no sólo de traducción y difusión de su obra, sino aproximaciones críticas indispensables para definir en muchas ocasiones los límites autorales de cada heterónimo. Este acompañamiento a la obra del poeta portugués implica la traducción no sólo de poemas, sino de entradas de diarios, cartas, ensayos, relatos, índices, cartas astrales.​​ 

Los libros que ha traducido del poeta portugués son​​ Discusión en Familia, que reúne 53 heterónimos del portugués, francés, inglés;​​ El Andamio. Obra completa​​ de Alberto Caeiro;​​ Arco del Triunfo​​ de Álvaro de Campos;​​ El guardador de rebaños​​ de Alberto Caeiro en la editorial chilena Expendio. Así​​ como​​ El hombre multitudinario. Antología, publicada en la colección Poemas y ensayos de la Universidad Nacional Autónoma de México, y en la que también se reúnen una veintena de personalidades de Fernando Pessoa.​​ 

A destacar dos libros singulares en su planteamiento y ejecución, y que merecen ser explicados en un párrafo aparte:​​ El Rubaiyat de Omar Khayyâm. Cuartinas​​ de Omar Khayyâm, en la edición heterónima de Ricardo Reis y​​ Canto a mí mismo​​ de Walt Whitman, en edición heterónima de Álvaro de Campos; en ambos libros se traducen los poemas tanto de Omar Khayyâm y Walt Whitman, pero fijando la influencia que estos poetas tienen en la obra de Ricardo Reis y Álvaro de Campos, respectivamente, quienes también son traducidos. En este caso, la traducción implica no sólo esa “habilidad de transferencia” que referí anteriormente, sino que es el ejercicio que nos permite vincular una obra con otra, ponemos en contacto dos zonas de sentido desde sus propios vasos comunicantes, una lectura​​ en tránsito: a través del trinomio autor-obra-lengua.

Ahora bien, qué riesgos representa abordar desde la traducción una obra como la de Fernando Pessoa: su capacidad cambiante (tanto en estilo como en intereses literarios y filosóficos) nos hace perder de vista los matices con los que se escriben cada uno de estos poetas, narradores o ensayistas. Muchas traducciones de Pessoa y sus autores pasan por alto ese rasgo y unifican, por ejemplo, el estilo, en el plano de la expresión.

Esto es posible comprenderlo con mayor claridad porque las traducciones de Bojórquez respetan el estilo, la sintaxis, las sonoridades de cada uno. Los tres autores del universo pessoano que alcanzan a desplegar con mucha más eficacia por la extensión de su obra, son Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos. Bojórquez aprecia los detalles de cada uno de estos poetas: para Alberto Caeiro la unidad de pensamiento, el tono limpio de artilugios, cercano a un poeta bucólico; para Ricardo Reis el tono sentencioso y profundo de las cuartinas persas, que moderniza la obra de Omar Khayyam y Hafiz con elementos clásicos; y para Álvaro de Campos se prioriza la fuerza de la expresión, aunque ésta no responda a criterios estrictamente de belleza, y sigue la línea de Walt Whitman sumado a un gusto exacerbado por el mundo de las máquinas.

Mientras que del gran número de traducciones de diferentes lenguas me gustaría destacar el poema “A pact” de Ezra Pound, un poema traducido ya por muchos poetas. En la traducción de Bojórquez dice:

Haré un pacto contigo, Walt Whitman
—te he detestado ya bastante—.
Vengo hasta ti como un niño crecido
que tuvo un padre testarudo;
Ya estoy en edad de hacer buenos amigos.
Tú cortaste la madera nueva,
es hora de grabarla.
Tenemos tú y yo una misma savia y una misma raíz.
Tratémonos.

 

Me parece sumamente acertado el cierre que da al poema y ofrece una singular y certera conclusión al verso (“Let there be commerce between us”). Opone cierta rigidez expresiva del original para, como hubiera querido el mismo Ezra Pound, rescatar el tono conversacional, la expresión llana del español, sin perder el rigor o la severidad con la que cuenta el poema en su lengua original.​​ 

 

***

 

Sobre los vínculos que existen entre la traducción de poesía y escritura de poesía, varios autores y académicos han reflexionado. Dejando atrás aquel aforismo de “traduttore-traditore”, en el que ya se reconocía que la traducción poseía una inventiva propia, Octavio Paz, en la introducción de​​ Versiones y diversiones, dice que la escritura de poesía y la traducción de ésta, son “operaciones gemelas”, es decir, comparten procedimientos creativos. Establecen un vínculo dialéctico. Por su parte, Philippe Chéron, traductor de José Revueltas al francés y del propio Bojórquez, en cercanía con esta idea, dice sobre la traducción:

Implica sumergirse en el océano imaginativo que le ha servido de matriz al creador o creadora, para tratar de colocarse en el flujo poético que dio por​​ resultado la obra en cuestión. En este sentido, más allá de la literalidad, o después de una primera etapa de literalidad escrupulosa, el traductor tiene que “cargar” con el poema por traducir, apropiárselo según “el ángulo (o el enfoque) que tiene la pendiente de su propia existencia”, como dijo Paul Celan; es decir, tiene que reconfigurarlo o, digámoslo, recrearlo. Y para esto debe tener, de preferencia, empatía con el texto original. Debe “adueñarse” del mismo en una especie de acto de “antropofagia”, si creemos al antropólogo brasileño Viveiros de Castro:​​ intraduçáo, o sea, ingestión de la lengua y de la cultura del otro para restituir la obra en las del traductor.

 

Mientras que Yves Bonnefoy dice: “La traducción es posible, precisamente, porque su dificultad es la lección de exigencia que nos permite acceder a un grado más alto de rigor en la escritura.” Estos tres autores aciertan en señalar que la traducción permite asimilar, desde otras lenguas y sus puntos de articulación y tensión, nuestra experiencia con el poema, territorio en el que nuestra lengua muestra todas sus capacidades y toda su imaginación. Mario Bojórquez, como modelo autoral, ha retomado, redescubierto, reescrito en su obra algunos pasajes que él mismo ha puesto al español. Poemas en otras lenguas han servido de modelo poético para su propia expresión. Por ejemplo, el poema V de​​ Un viaje de invierno​​ de Antoni Marí, que Bojórquez traduce así:

Así como el día pasado ya no vuelve,

nunca has de volver a cruzar, de este mar,

sus aguas. Nunca más

del lugar de donde vienes has de volver.

Nunca más podrás volver a ser el que fuiste,

ni hacer memoria, tan sólo, de tu recuerdo.

Nunca más tu nombre

alguno podrá decirlo,

ni recordar tu rostro ni tu frente;

ni si piedra o pájaro o vegetal tú fueras

o el leve perfil de un pensamiento súbito.

 

Y que para su poema “Laudo”, aparecido en​​ El deseo postergado, retoma elementos retóricos y sintácticos, además de cierto tono del poema de Marí. Esta asimilación se evidencia previamente porque aparece el inicio del poema en su lengua original (catalán) como epígrafe. Entonces el poema es asimilado a la experiencia personal. Bojórquez escribe en la primera​​ stanza​​ del poema:

Así como el día pasado ya no vuelve

No volverás a ser el que elevada voz

Tundía bajo el soplo de almendras infinitas

Una canción de cuna para su propio pecho

 

No habrás de ser aquél

Que a la sombra de un álamo

Hendía el aire con notas dispersadas

En el sutil perfume de una tarde en el río

 

No serás ni los días regresarán a tu costa

Henchidos de obsequiosas memorias de lo oscuro

Solares de desmedida holganza

De quietudes perfectas

 

De la obra de Fernando Pessoa destaquemos dos ejemplos con uno de sus heterónimos: Álvaro de Campos. El primero ocurre con un poema titulado “Lisbon Revisited (1926)” y que dice (en la traducción de Bojórquez):

¿Yo? ¿Pero soy yo el mismo que aquí viví, y aquí volví,

Y aquí torné a volver, y a volver,

Y aquí de nuevo torné a volver?

 

Mario Bojórquez retoma la figura retórica de reduplicación y la reelabora de esta manera, en el mismo poema de “Laudo”, hacia el final de éste:

Y para qué volver, te has preguntado

Para qué y para qué

Y para qué volver

 

El segundo ejemplo es un poco más sutil porque trasciende el plano de lo literal y va hacia un estado de ánimo. En otro poema de Álvaro de Campos, sin título, pero que se le conoce por su primer verso, “Si te quieres matar”, a lo largo del poema se insiste con el fatal desenlace de la muerte, sin mayor aspaviento, con el olvido como único acompañante. Ese pesimismo lo rescata Bojórquez, otra vez en el “Laudo”, cuando escribe, con la misma fatalidad, “Nada se pierde con perderte”.

En otro de sus libros,​​ Y2K, se retoma la segunda persona a la manera de Al Berto en su libro​​ Tres cartas de la memoria de las Indias. Ambos poemas irrumpen en la intimidad de a quien se dirigen. Quizá el aspecto más impactante de​​ Tres cartas…​​ sea que desde esa segunda persona se logra una precisión expresiva que raya en una obsesión que puntualmente da detalle de un entorno y de una conciencia como se lee al inicio de la primera carta:

 

cuando te levantes y abras las ventanas

la luz se esparcirá por toda la casa

cubrirá suavemente los objetos y el mobiliario

devolviéndoles sus pesos, formas y volúmenes

los despertará para sus cotidianas utilizaciones

y las petunias de plástico en el jarrón de la sala se agitarán

a tu paso en dirección a la cocina

la ciudad entrará repentinamente dentro de la casa

un grito en el patio te sacude hacia el interior bajo de la  ​​​​ 

mañana

bocinas sirenas

el teléfono del vecino atravesando las paredes

gritos de niños frenones estridentes

otro teléfono

una puerta que se cierra con estruendo

pasas la mirada por el diario de ayer encima de la mesa

lees:​​ un papagayo valioso de 32 años

capaz de hablar en tres idiomas

lo mató un joven drácula de nombre punk​​ 

Carlitos Monóxido

el papagayo fue encontrado muerto los ojos saliendo de las órbitas

se sospecha que…

el teléfono dejó de sonar

tiras el diario al bote de la basura

reparas entonces que todo lo que permanecerá en la​​ 

penumbra del sueño

surge súbitamente nítido y cubierto de luz

como si hubieras encontrado una fotografía olvidada

en el fondo de una gaveta con forros de papel encerado

el día se instalará igualmente a los otros millares de días

con la banal crueldad de los acontecimientos

oyes la radio mientras el café se calienta

dejas tostar un poco los panes

pasas los dedos por los cabellos atados a una cintilla de  ​​​​ 

algodón

te arreglas el camisón para cubrir el pecho desenvuelto

después

con la taza del café en la mano moviendo el azúcar

arrastrando las pantuflas de borra vendrás hasta aquí

donde encontrarás esta carta

(…)

 

Ese nivel de detalle, Bojórquez lo retoma sin perder nunca la intensidad y el fervor; la segunda persona imprime ese tono dramático, además conserva la atención por una estructura narrativa simétrica que nos remite al poema de Al Berto, y añade un tono lírico que es muy característico de su obra poética. Cito el poema completo:

ahora estarás tirada bocabajo en la cama

leyendo una novela española

mientras tus pantorrillas se elevan sobre el dibujo de las sábanas

hay algo en tu cintura que se enciende con el roce del elástico

y piensas

todos pensamos en un momento del día

en aquel fuego que nos quemó y ansiamos

volver ahí al borde de ese incendio

pierdes la línea y lees sin leer

y luego te cuesta trabajo regresar a la escena

que el novelista español fraguó en horas de delirio

te obligas a volver y lees con cuidado lo que ya no

entiendes y te volteas bocarriba y ves las fotos

de tu librero y te quedas colgada de aquellos tus sueños

tan queridos

 

qué cerca has estado de ellos y qué lejos

qué opresiva atmósfera se ha vuelto el ancho mundo

qué ganas de patear una religión un país un idioma

y todo vuelva a respirarse a ritmo de pulmón

pero nada de eso te preocupa ahora

te preocupa el futuro el detonador del mañana

la almendra más allá de la cáscara la pepita brillante

y llena de aceite te dices qué calor

y sabes que el aire frío golpea las ventanas

​​ 

qué ganas a veces de extender la mano

y que el placer rodee tu cintura

puedo ser yo u otro nadie el que en su abrazo

envuelva tu cuerpo aligerado ya de la carga del mundo

y que te lleve lejos más allá de las costas

mar adentro

donde sólo exista el sonido de la sangre

que corre en su rumor de bestia florecida

 

vuelves al cuarto de donde no has salido

para decirte que es mejor así que nada importa

que nunca habrá ni un cómo un dónde para

la perfecta la redonda la exacta

felicidad

 

“Aprender a hablar es aprender a traducir” dice en otro momento Octavio Paz. Todos los poetas, quiero decir, todos los poetas que han logrado construir un auténtico universo verbal han asimilado la obra de otros poetas. Conviene recordar, de nueva cuenta, esto que dice Yves Bonnefoy sobre la traducción y​​ el sentido íntimo de diálogo que se establece cuando un poeta traduce un poema:

La traducción es, sin duda, la designación que hacemos de otro, pero es también una busca de sí. Y es la busca de sí tal como debe realizarse y sin embargo lo consiente de manera tan excepcional: mediante una escucha atenta del habla de otro. (…) [La traducción] es un diálogo que ha comenzado hace mucho tiempo, en la época de las primeras lecturas, aquellas de esbozos de traducción incluso no escritos, donde uno decidía si a veces a través de los malentendidos, pero cada vez con más intimidad, más afecto (…). De hecho, la poesía siempre ha sido una conversación a través de los siglos, Dante le habló a Virgilio, éste lo guio; el mismo Yeats escuchó a Blake. La traducción es sin duda el aporte de una obra extranjera, pero también es la evidencia de esa relación de autor a autor que es, mucha más, esencialmente en el nivel de las influencias ciegas, la vida misma de la creación poética.

 

Líneas atrás mencioné a Octavio Paz y su antología de traducciones​​ Versiones y diversiones​​ que reunía sus traducciones de diversos idiomas; pasando por traducciones directas del inglés y el francés, hasta por traducciones indirectas; en ese volumen el poeta reúne una pequeña, íntima tradición poética que ayuda a mirar desde otro ángulo la construcción de la obra personal. Las motivaciones estéticas, los estilos, las temáticas son recogidos en diversos momentos en los poemas de Octavio Paz (lo mismo ocurre en​​ Aproximaciones​​ de José Emilio Pacheco,​​ Conversación con los difuntos​​ de Eliseo Diego,​​ Las uvas del racimo​​ de Javier Sologuren, entre otras antologías de traducción de un poeta). No comprendemos la obra de Octavio Paz sin sus traducciones.

La poesía de Mario Bojórquez tampoco puede comprenderse sin su labor de traductor. Si la escritura poética revela un modo de comprensión del mundo, desde esta otra posibilidad creativa, el de la traducción, nos crea un amplio horizonte en el que puede leerse el modo en el que configura el mundo y la propia expresión poética. Por eso, Alí Calderón, en el prólogo de​​ El amor y la furia, dice sobre la poesía de Bojórquez:​​ 

Su trabajo, más bien, está interesado en la conformación y coherencia de una obra. Cada uno de sus libros explora una posibilidad de la poesía, un tono, un método de exposición.

(…)

En primer término, me parece que su obra es un llamamiento a pensar en la hechura del poema, un cuestionamiento sobre el proceso de composición de la poesía y la vigencia de su construcción retórica. (…) Pero estos poemas no son solamente artificio, cascarón sin cuerpo. Creo que el impulso que cruza el libro, y también El deseo postergado, tiene que ver con la poesía como modelo de conciencia. Ese modelo, en este caso, es la imaginación moral. Estos títulos fueron escritos en un momento de terrible crisis económica y política en México. (…) Y ya que escribir y vivir son una y la misma cosa, Bojórquez pareciera responder a ese verso proponiendo, en un periodo de gran descomposición, el recononocimiento de uno mismo, el pago de las culpas y, finalmente, la impecabilidad como ideal no sólo ético sino de escritura. En nuestro tiempo, escribir poesía es también una política y un vehículo de la imaginación moral.

En esa zona de sentido que es la obra de Bojórquez, se cumple la noción de que un autor es, antes que todo, un universo verbal como sostenía Octavio Paz en​​ El arco y la lira. El universo bojorqueano constantemente está interpelando la obra poética de una extensa tradición poética; este rasgo confirma lo que han apuntado poetas y críticos como Eduardo Lizalde, Luis García Montero, Evodio Escalante, Jorge Fernández Granados, Mijail Lamas o el propio Alí Calderón: Mario Bojórquez es uno de los poetas donde confluyen y convergen tantas tradiciones y poemas, no sólo de la tradición castellana, sino de la literatura mundial, principalmente las derivadas de las lenguas romances. En su obra, que tiene por conceptos claves la memoria, el deseo, el amor, el rayo, la furia, el ritmo, se acompañan de este otro concepto de la traducción.

Hemos aprendido bajo el magisterio de Mario Bojórquez algunos de los momentos más intensos de la lírica del mundo a lo largo de los siglos. No solamente su obra, el español se ha enriquecido con todos estos materiales que ha puesto en servicio para los lectores de nuestra lengua. De esta manera, en un solo poeta hemos leído tantos poetas y tradiciones y lenguas. La aportación de Mario Bojórquez a este respecto es de un incalculable valor, siguiendo el comentario de George Steiner sobre el fenómeno de la traducción que ha posibilitado el entendimiento humano, podemos decir con él que esta aportación es poco menos que un milagro.

 

 

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