Poesía argentina: Daniela Bastías

Diego Roel construye un dossier de poesía argentina contemporánea. Leemos aquí algunos textos de Daniela Bastías López incluidos en agua negra (el andamio ediciones, 2026).

 

 

 

 

 

 

Daniela Bastías López (Valle de Uco, Mendoza, 1995): participó de la 29 edición del festival internacional de poesía de Rosario (2021) y del festival​​ Poesía Ya!​​ Su libro​​ este lugar es un llamado​​ recibió el tercer lugar del Premio Storni​​ 2022. Forma parte de las antologías​​ Poetas argentinas 1981-2000​​ (Ediciones del Dock), Campo y niñez (Camalote) y del disco​​ el plumaje del desierto​​ que reune a doce escritores mendocinos. Actualmente coordina talleres de escritura en su pueblo natal e integra un dúo de poesía y canción con el pianista Lautaro Michaux.​​ agua negra​​ es su primer libro publicado.

 

 

 

 

***

 

 

 

 

La divinidad que no está, se invoca, deidad azul como los cerros que no son azules pero hacen de cielo (gesto de fe) cuando el cuerpo-posiblilidad asume toda falla, cuando la vida perentoria enferma. ¿Acaso esa omnipresencia que se interpela,​​ numen​​ de la naturaleza, es el lenguaje? Esparcida la grandeza, inapresable, alcanza a ser por fin un lugar, no donde habitar, sino donde extraviarse. Un deseo de disolución, o quizás de propagación: acallar el cuerpo, ensombrecer el reflejo.

 

Yanina Audisio

 

 

 

 

 

***

 

 

 

 

 

 

 

lecho en la niebla

 

una vez quise saber

hacia qué lugar huía el sol

cuando tenía miedo

 

yo quería seguirle o evocarlo

con mi canto, apenas

un balbuceo de nena

a la que una serpiente amarilla

le trepa la espalda, la besa

la vence

 

¿dónde huían los pájaros,

en qué enorme claustro de tierra

la Montaña se escondía

cuando cerraba los ojos?

 

es ahora tan tarde para saberlo

es ahora tan lejos tan lejos tan lejos

 

que he perdido mi propio canto

 

y ante mí se abre

un valle sepultado bajo la niebla.

 

 

 

 

 

 

 

En ese sol

 

Yo soñaba que dentro mío crecía

un sol negro. No estaba en la vida

pero deseaba estar en la vida como en ese sol

consumiéndose. Estar en la vida y arder

en la vida como los animales,

como el brote

de las aguas, las luces

abriéndose.

 

 

 

 

 

 

 

 

goce la raíz

 

arrastro este pequeño cuerpo

carne que sale, se tiende, camina sobre el vasto

tormento de la luz

para que él no me lleve, ya no me lleve

 

yo digo que vine, buscaba, vivía

estaba muerta,

estaba muerta y soñaba que un día sería grande, grande

amaría como un desierto y habría sed, también

habría sed

 

ahora el viento me mueve

como mueve a la hiedra

 

crezco plantada en un pedregal y lo amo

yo amo mi pedregal como el sol a los hombres

con su indiferencia, su brutalidad

 

la tierra tira

y la tierra tira

 

amo mi pedregal y ardo

ardo, mi espíritu

danza entre rocas

 

 

 

 

 

 

 

Visión de mi cuerpo bajo el agua

 

Noche conquistada de abedules. Todo empalidece

recobrándose en una singular luz.

 

De pronto lo veo: es mi cuerpo abriéndose

en esfuerzo de flor.

 

 

 

 

 

 

 

 

roja y alborada

 

¿cómo sabré si amanece

en la casa de la sangre?

 

estoy negándome a una vida

de sangre mezclada con agua

 

salgo afuera y los árboles

oscuramente se mecen en el fuego

que antecede a la noche,

su albor.

 

 

 

 

 

 

 

sala de hemodinamia

 

las luces son altas

reverbera la sangre, no

no me abandones, mira

no me sueltes

la mano

 

alzo los brazos, tomo dimensión

de su delicadeza

su finura, pronto

vendrán a buscarme, no

no me sueltes la mano

 

hay un monte rojo en mis

extremidades, mi centro

es cubierto de su sombra, hay

el alarido de los bichos

en el vuelco de la tarde

 

bebo de mi misma, dame

una figura de fe, dame

una voz

 

una figura de fe

un porvenir.

 

 

 

 

 

 

 

el salto

 

la imagen de una casa en el fondo

de un vasto campo

 

nada vive sino en lo terrible

 

hasta en el colmo de lo diáfano

los animales perecen

 

el agua corre, nos lava

como a pequeñas crías

 

 

 

 

 

 

 

Los médanos

 

Las últimas luces enardecían

los bordes de los médanos.

 

Erguida sobre la arena, toda luz

amaba la luz que de mí

se desprendía. Persiguiendo

al sol como un potrillo

la vida era indeciblemente inmensa.

 

Corría. Ejercía mi reino

sobre esos altos de tierra sabiendo

que un día me tragarían, ¿y qué?

 

Mi cuerpo sería lo único

en mantenerse entero.

 

Con el viento de la altura me mecía.

Hundía los huesos en los médanos, tallaba

huecos en la luz.

 

 

 

 

 

 

 

 

primera invocación

 

a través de la Montaña

llega un murmullo de aves

y álamos

 

guíame a través de las sombras

de las rocas

guíame hasta ese claro rumor

 

 

 

 

 

 

 

un rayo que pasó en medio de mis manos

 

Señor, ¿acaso pusiste un médano

en mi corazón, arena

o enorme roca y yo

no descendí ni me alcé

en tus brazos?

tu gracia tocaba mi frente, y yo

corrí, con el dolor

de mis piernas, caminé,

hice al sol un rayo que pasó

en medio de mis manos

 

y qué, señor, qué hay después

o antes de los pequeños

soles, su reverso, no,

no es negro como la bruma

de tu voz, señor, ¿vendrán

los grandes soles, arderá

la bestia de grandes plumas

entre mis ojos, aliviará

mi vista de criatura pequeña, me hundirá

en la vasta voluntad de las cosas

y podré, una vez, decir tu nombre?

 

 

 

 

 

 

 

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Otros autores 

Valeria Pariso / Inés Aráoz / Lucas Margarit / César Cantoni / Gustavo Caso Rosendi / Diego Muzzio / Andrés Neuman / José Ignacio Hernández / 

María Bakun / Lorena Strack

 

 

 

 

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