Daniela Bastías López (Valle de Uco, Mendoza, 1995): participó de la 29 edición del festival internacional de poesía de Rosario (2021) y del festival Poesía Ya! Su libro este lugar es un llamado recibió el tercer lugar del Premio Storni 2022. Forma parte de las antologías Poetas argentinas 1981-2000 (Ediciones del Dock), Campo y niñez (Camalote) y del disco el plumaje del desierto que reune a doce escritores mendocinos. Actualmente coordina talleres de escritura en su pueblo natal e integra un dúo de poesía y canción con el pianista Lautaro Michaux. agua negra es su primer libro publicado.
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La divinidad que no está, se invoca, deidad azul como los cerros que no son azules pero hacen de cielo (gesto de fe) cuando el cuerpo-posiblilidad asume toda falla, cuando la vida perentoria enferma. ¿Acaso esa omnipresencia que se interpela, numen de la naturaleza, es el lenguaje? Esparcida la grandeza, inapresable, alcanza a ser por fin un lugar, no donde habitar, sino donde extraviarse. Un deseo de disolución, o quizás de propagación: acallar el cuerpo, ensombrecer el reflejo.
Yanina Audisio
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lecho en la niebla
una vez quise saber
hacia qué lugar huía el sol
cuando tenía miedo
yo quería seguirle o evocarlo
con mi canto, apenas
un balbuceo de nena
a la que una serpiente amarilla
le trepa la espalda, la besa
la vence
¿dónde huían los pájaros,
en qué enorme claustro de tierra
la Montaña se escondía
cuando cerraba los ojos?
es ahora tan tarde para saberlo
es ahora tan lejos tan lejos tan lejos
que he perdido mi propio canto
y ante mí se abre
un valle sepultado bajo la niebla.
En ese sol
Yo soñaba que dentro mío crecía
un sol negro. No estaba en la vida
pero deseaba estar en la vida como en ese sol
consumiéndose. Estar en la vida y arder
en la vida como los animales,
como el brote
de las aguas, las luces
abriéndose.
goce la raíz
arrastro este pequeño cuerpo
carne que sale, se tiende, camina sobre el vasto
tormento de la luz
para que él no me lleve, ya no me lleve
yo digo que vine, buscaba, vivía
estaba muerta,
estaba muerta y soñaba que un día sería grande, grande
amaría como un desierto y habría sed, también
habría sed
ahora el viento me mueve
como mueve a la hiedra
crezco plantada en un pedregal y lo amo
yo amo mi pedregal como el sol a los hombres
con su indiferencia, su brutalidad
la tierra tira
y la tierra tira
amo mi pedregal y ardo
ardo, mi espíritu
danza entre rocas
Visión de mi cuerpo bajo el agua
Noche conquistada de abedules. Todo empalidece
recobrándose en una singular luz.
De pronto lo veo: es mi cuerpo abriéndose
en esfuerzo de flor.
roja y alborada
¿cómo sabré si amanece
en la casa de la sangre?
estoy negándome a una vida
de sangre mezclada con agua
salgo afuera y los árboles
oscuramente se mecen en el fuego
que antecede a la noche,
su albor.
sala de hemodinamia
las luces son altas
reverbera la sangre, no
no me abandones, mira
no me sueltes
la mano
alzo los brazos, tomo dimensión
de su delicadeza
su finura, pronto
vendrán a buscarme, no
no me sueltes la mano
hay un monte rojo en mis
extremidades, mi centro
es cubierto de su sombra, hay
el alarido de los bichos
en el vuelco de la tarde
bebo de mi misma, dame
una figura de fe, dame
una voz
una figura de fe
un porvenir.
el salto
la imagen de una casa en el fondo
de un vasto campo
nada vive sino en lo terrible
hasta en el colmo de lo diáfano
los animales perecen
el agua corre, nos lava
como a pequeñas crías
Los médanos
Las últimas luces enardecían
los bordes de los médanos.
Erguida sobre la arena, toda luz
amaba la luz que de mí
se desprendía. Persiguiendo
al sol como un potrillo
la vida era indeciblemente inmensa.
Corría. Ejercía mi reino
sobre esos altos de tierra sabiendo
que un día me tragarían, ¿y qué?
Mi cuerpo sería lo único
en mantenerse entero.
Con el viento de la altura me mecía.
Hundía los huesos en los médanos, tallaba
huecos en la luz.
primera invocación
a través de la Montaña
llega un murmullo de aves
y álamos
guíame a través de las sombras
de las rocas
guíame hasta ese claro rumor
un rayo que pasó en medio de mis manos
Señor, ¿acaso pusiste un médano
en mi corazón, arena
o enorme roca y yo
no descendí ni me alcé
en tus brazos?
tu gracia tocaba mi frente, y yo
corrí, con el dolor
de mis piernas, caminé,
hice al sol un rayo que pasó
en medio de mis manos
y qué, señor, qué hay después
o antes de los pequeños
soles, su reverso, no,
no es negro como la bruma
de tu voz, señor, ¿vendrán
los grandes soles, arderá
la bestia de grandes plumas
entre mis ojos, aliviará
mi vista de criatura pequeña, me hundirá
en la vasta voluntad de las cosas
y podré, una vez, decir tu nombre?

Otros autores
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