Poesía mexicana: Marisa Trejo Sirvent

Leemos poemas de Marisa Trejo Sirvent (Tuxtla Gutiérrez, 1956). Escribe poesía, cuento, ensayo, crítica literaria y artículo periodístico. Ha publicado diez poemarios, cinco libros de ensayos y compilado cinco antologías poéticas. Publico recientemente en Italia La metà del paradiso (Traduzione di Emilio Coco, Raffaelli Editore, Rimini, Italia, 2025).

 

 

 

 

 

 

Honfleur

 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ A Antonio Rivero y Óscar Málaga,

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ amigos de juventud

 

 

El verano había vuelto en el desenfadado

caminar de los transeúntes

en la somnolencia de las bicicletas apostadas

sobre las jardineras policromadas

Las paredes y los cristales

de las viejas casonas de otros siglos

parecían recién pintadas

Todo volvía a estar en el exterior

y la gente quería salir y pasear

en medio de edificios antiguos

por las calles de piedras de esa ciudad

Querían tomarse un café al lado del muelle

al lado de los veleros y los yates

y un pequeño Pernod un pastís

o por lo menos un​​ kirsch​​ que no es más que vino blanco

y un chorrito de licor de​​ cassis

Llovía mucho

pero también florecían

los balcones de hierro con geranios y flores multicolores

Las clases de francés me habían llevado

hasta Honfleur en recompensa

de todos los desprecios y prejuicios raciales

que tuve que pasar en otras épocas

que por mi juventud

me fue difícil defenderme

Y pude así por fin ver muy de cerca

las playas del desembarco en Caen

con su Museo del Memorial

y una maravillosa exposición sobre Saint-Exupéry

Algunos no saben que el autor

de​​ El Principito​​ fue piloto y que también amó

como ama cualquier profesora mexicana

con una escueta beca en el extranjero

y sueña mientras los días pasan

en volver a su tierra repleta de recuerdos

 

 

 

 

 

 

 

Lecturas en La Habana

 

 

A mi amigo Ciprián Cabrera Jasso,​​ in memoriam

    A Ámbar Past, compañera de viaje

 

 

Los poetas se reunieron en una plaza céntrica en

[La Habana

Comenzábamos a conocernos a platicar tímidamente

a escuchar el acento de los otros con cierto asombro

a reconocer la ciudad desde lo alto del Hotel Habana Libre

donde Fidel tuvo su primera oficina luego de la revolución

(según me dijo una chica que platicó conmigo apenas

desembarcamos Ámbar Past y yo el primer día

luego de un recorrido rápido en esos cocotaxis

que lo llevan a uno rápidamente a cualquier sitio)

Fueron muchas las lecturas

pero sobre todo recuerdo

las largas conversaciones

en los ratos de ocio

en los momentos de pausa

entre las voces de un poeta y otro

Algunos no les entendíamos

porque venían del África o del Asia

y no sabíamos qué decían

Ciprián Cabrera Jasso Ámbar Past

Aitana Alberti Alex Pausides Cintio Vitier

Nancy Morejón y algunos más

habían leído en la iglesia de San Francisco

(luego coincidiríamos en algunas lecturas

con Juan Bañuelos y poetas venidos de África

América Latina Asia Europa y el Caribe)

Leíamos en teatros

en salas de exposiciones

en museos

en centros culturales

en corredores de los edificios

con tan diversos públicos

a veces

entre amas de casa y personas que regresan del trabajo

Terminamos en la casa de Angola

con mojitos y charlas de despedida

y luego tuvimos que esperar

todos los mexicanos

durante más de ocho horas

el avión con el que regresaríamos a casa

Ahí me contaste Ciprián

lo que había sido tu vida en los últimos años

Supe de tu interés por la filosofía hindú

y tu verdadera pasión por la escritura

Nunca pudimos sospechar que unos años después

te irías sin despedirte de nadie

aunque dos o tres días antes me habías enviado

un vídeo de una historia extraña

que solamente supe entender

cuando desafortunadamente

amigo

tú ya no estabas más con nosotros

 

 

 

 

 

 

 

Las piedras del olvido

 

El sueño cierra la puerta para que empiece otro.

        Juan Gelman

 

Las piedras que pusiste en mi corazón

se han ido haciendo agüita

en el hastío de tus ecos

Conforme muere el tiempo del olvido

tuvo su inadvertido límite y triste final

en el follaje espejo de la vida

La primavera y escritos que no tuvimos

los países y sitios que no disfrutamos

las reconciliaciones que no llegaron

Los sueños trasmutados en silencios

los sonidos de puertas clausuradas

las mañanas heridas en tu ausencia

Hoy moví unas piedritas

en el subterráneo de todas tus pasiones

para dejar que pasen otras historias

Me asombró encontrar sólo polvito

quizás tu corazón ennegrecido

y algunas paradójicas e inútiles cenizas

 

 

 

 

 

 

 

Las alas de la luna

 

…Hoy estoy para penas solamente.

     ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Miguel Hernández

 

Cuando hagas el amor

ojalá que el silencio de tu cuerpo

recuerde las heridas

que tus labios dejaron

en el árbol caído de mi cuerpo,

las llagas invisibles de tu ausencia,

la medianoche de mi desamparo,

el nocturno dolor de verte

sólo en sueños,

de volar con las alas de la luna,

hacia una libertad desconocida,

para vivir de nuevo

el impulso latente

de tu sangre de fuego

en medio de mi carne,

en medio de mis senos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Tu cuerpo

 

…Sólo que hoy me noto más fuerte que mi cuerpo…

      Cesare Pavese

 

Tu cuerpo es como un cuaderno etéreo.

Es un cuerpo sin luz, sin versos atesorados.

Tu cuerpo ya no existe en el azul del día,

en la sombra que me sigue hasta el mar,

en la libreta perdida de los espejismos.

Tu cuerpo es una calle, una escalera larga, dilatada.

Es el vuelo de un ave hacia el consuelo,

es un canto de sol entre mis muslos,

es una espalda tersa en la distancia,

una quimera en medio del delirio.

Es una luz en esa travesía inacabada,

una prolongación de tus encantamientos.

Aventura incorpórea, es un descubrimiento

de lo que nunca fue jamás crepúsculo en mi pecho,

de lo que jamás fue corazón de madrugada.

A veces, tu cuerpo se transforma en mi tristeza,

tu cuerpo es una cárcel en las horas dolientes

de las medusas invisibles que flotan en mis pies.

Pero también, a veces, se conduele de mí:

tu cuerpo es plenitud intangible de mis sueños,

es una inmaterial manera de ser y no perderme.

 

 

 

 

 

 

 

Bosque de palabras

 

Érase un bosque de palabras,

    una emboscada lluvia de palabras,

    una vociferante o tácita

    convención de palabras…

      ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Ida Vitale

 

Pienso en tu cuerpo como en las palabras,

la voz de tus palabras señalando horizontes

desde la amplia ventana a lo lejos del valle.

Pienso que desearía escuchar tu voz pausadamente

como si las palabras fuesen torrente de certezas,

caída de agua a los tristes geranios del corredor

donde no se ha regado con ningún orgasmo

la infinita y perpendicular herida de mi ocaso.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Habitación de hotel

 

Una habitación mediana es suficiente para el cuerpo…

         Bai Juyi

 

El poeta Bai Juyi

de la dinastía Tang

solía no conservar los poemas

que no eran comprendidos

plenamente por su sirvienta.

Nació humilde,

pero llegó a recibir

un sueldo de funcionario.

Supo aceptar el mundo,

disfrutar de su soledad,

del paisaje, de la poesía de otros

y respetó a sus maestros.

Supo observar con distinta mirada

el mismo paisaje

y deseó retirarse a los cuarenta años.

Supo que no bastan

trescientas o tres mil

mujeres bellas en un palacio,

cuando los estanques

no reflejan más las mariposas

en los cabellos de Anillo de Jade.

Supo que nunca habrá el tiempo

suficiente para leer todos los libros

que alguna vez tenemos.

Nunca sembró un grano de arroz

y supo ser feliz a su manera

y ser tan inmortal

(sin querer serlo),

y llegar desenfadadamente

a nuestro siglo.

 

 

 

 

 

 

 

 

La dulce liana de sus sueños

 

     A mis amigos poetas que perdieron a sus amantes y,

     algunos, con ello, desafortunadamente, sus vidas

 

Desgraciado poeta, has perdido todo:

el amor que alguna vez brilló para ti,

en la mirada ardiente de tu amada;

las noches en que fuiste feliz en su cama.

No le escribas poemas a sus hombros

ni suspires por no aspirar el aroma

que por las noches de lunas transparentes

sobre sábanas de seda despide su cuello.

Todavía dejas a tu paso

el triste hedor de los vinos

con el que te has embriagado.

La bella ya no te ama.

Abraza ahora otros muslos ajenos,

rompiste la dulce liana de sus sueños;

aunque, a ciencia cierta,

sabe que nadie la querrá igual.

 

 

 

 

 

 

 

Luz de papel

 

Una llanura blanca y sin montañas,

una larga llanura, trigo seco,

una llanura blanca cultivada,

una llanura trigo va en mi pecho.

En la ventana de relojes vividos,

pasan por ella todos los senderos.

Deja atrás este tren largos cultivos,

palabras y caminos que he soñado.

Nada que pase tiene ya importancia

si el corazón está de trigo, seco.

Las ansias de volar les bastan a los ojos,

espacio adusto, espacio sin destino.

Todo, todo se va en niebla, hielo y trigo.

Todo, todo se va perdiendo un poco,

se va nublando todo, brusco y seco.

Los sueños y los hados, poco a poco,

emigran con el polvo de recuerdos.

Las palabras se van con la llanura;

se van también los reflejos furtivos.

Espejos del camino de tus ojos

se van mágicamente sin regreso,

como un tren dibujado en el papel,

luz de papel y sombra en la memoria

se desdibuja como un tren de viento,

de alba sin retorno,

en silencio dormido,

perfume de la vida,

infinita belleza sin regreso.

 

 

 

 

 

 

 

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