El concepto de riesgo es intensamente personal. Conversación con Hera Lindsay Bird

Leemos una conversación de Jonno Révanche con la poeta neozelandesa Hera Lindsay Bird (1987). Su primer libro, Hera Lindsay Bird, fue publicado por Penguin en 2017. Leyó su trabajo en México invitada por Círculo de Poesía. La traducción corre a cargo de Jimena Cisneros Linares y Frida Guzmán Espinosa.

 

 

 

 

 

Una vez​​ intenté​​ renunciar al odio

Pero​​ nací para sentir una​​ gran​​ mezquindad

Recostarme boca abajo​​ en mi atuendo​​ de alumna católica

y golpear​​ los adoquines​​ del​​ Royal Albert hall

 

La escritora​​ neozelandesa​​ Hera Lindsay Bird​​ ha​​ sido descrita​​ de​​ muchas​​ maneras​​ en los últimos tiempos:​​ poeta de internet,​​ una nueva voz nítida​​ en un medio de constante cambio;​​ la única causa de​​ la desaparición de la poesía;​​ una conspiradora y revolucionaria;​​ nigromante​​ histórica;​​ albatros¹;​​ una austera ladrona de joyas. Considerando​​ la efímera historia del género​​ de ‘comentarios de​​ la​​ web’,​​ ninguna de esas descripciones es singularmente​​ definitoria.​​ Lo que importa​​ es​​ que​​ legiones de lectores,​​ que​​ de otro modo no se habrían comprometido con la poesía,​​ ahora están respondiendo entusiasmadamente a su​​ obra.​​ 

Bird​​ tiene una maestría en poesía​​ de la Universidad Victoriana​​ ​​ ella radica en Wellington​​ ­­­– y su​​ primera colección de poesía​​ estalló en línea de una manera viral que los poemas​​ no suelen hacer.​​ Además, su trabajo ha recibido atención​​ de​​ muchas​​ publicaciones que​​ a menudo subestiman la​​ poesía. Recientemente​​ apareció​​ en el​​ Festival de Escritores de Sídney​​ y el Festival de Escritores Emergentes. Su trabajo​​ mezcla las desgastadas convenciones literarias​​ del pasado con un​​ tono​​ apasionante,​​ pero apropiadamente conversacional, alcanzando un equilibrio​​ entre dos polos contemporáneos​​ de sensación.​​ Bird escribe con​​ gravedad sobre el apego​​ y​​ el​​ sentimentalismo tanto como lo hace con la exquisitez​​ de castillos en decadencia y celebridades de los 90, haciendo observaciones agudas y a menudo alarmantes​​ acerca de las peculiaridades de la​​ vida mundana.​​ El entusiasmo que muestra al​​ símil moderno​​ –como en su poema​​ Las exnovias han vuelto–​​ podría posiblemente​​ funcionar como un autogolpe​​ tanto como​​ podría ser​​ un​​ desmontaje alegre​​ de la cuarta ola​​ /​​ feminismo académico​​ o​​ pseudointelectualismo​​ perezoso.​​ Para​​ aquellos que​​ evitan​​ lo​​ camp² y​​ lo​​ kitsch³​​ por miedo a haber perdido su lugar en la poesía, Bird​​ está escribiendo para convencerlos de lo contrario.​​ La colección​​ Hera Lindsay Bird​​ se lanza ante el morbo y la vergüenza mientras se hunde profundamente​​ en su gratificante abrazo como​​ un​​ viejo sillón favorito, y​​ sin ningún rastro de miedo o aprensión.​​ 

Habiendo​​ gastado años experimentando contra​​ las convenciones restrictivas de la estructura poética, la primera colección de Bird​​ demuestra cómo ha sobrevivido a las dudas sobre sí misma y ha creado una colección de poemas​​ ágilmente inteligentes,​​ conmovedores, profundamente validadores y equilibrados.​​ A pesar de todo esto,​​ quizá​​ es solo liberador​​ leer​​ el trabajo​​ de una poeta​​ que claramente se ríe, internamente, mientras​​ está escribiendo​​ su​​ obra, disfrutando plenamente del proceso sin importar el resultado.​​ 

 

Jonno Révanche:​​ Una de las cosas que se​​ destaca​​ de tu colección de poesía​​ no es solo lo divertida​​ que es,​​ sino que se trata de​​ un​​ tipo de​​ humor​​ muy preciso,​​ uno que permite la​​ introspección,​​ el​​ sentimentalismo​​ e​​ implicación emocional.​​ Por ejemplo,​​ en​​ Trampas de espejos​​ escribiste​​ “un​​ amor que​​ te hace​​ caer​​ en picada​​ por el hueco del​​ elevador.​​ Algo contundente,​​ pero aún honesto e ingenioso a su manera.​​ ¿Se te dificulta​​ acomodar todas estas cosas?​​ Si es así, ¿Sientes como si tomara​​ mucha práctica para llegar allí?

Hera Lindsay Bird: Es una pregunta difícil de responder​​ porque​​ para mí,​​ ahora es una segunda naturaleza, y no​​ quiero sonar​​ como si estuviera escribiendo poemas mientras me río​​ en un Cadillac robado, pero ese particular​​ humor híbrido con una​​ base de honestidad emocional​​ o compromiso es​​ casi​​ todo lo que me importa​​ al escribir​​ en​​ estos días.​​ Hubo un periodo cuando empecé,​​ y​​ estaba escribiendo muchos poemas​​ controlados​​ y estéticamente rígidos, pero rápidamente me aburrí de eso, y cuando me aburro​​ me vuelvo imprudente,​​ y cuando me vuelvo imprudente​​ envío un montón de poemas de broma sobre el sexo oral​​ a mi​​ supervisor de maestría.​​ Pero la mayor parte​​ del trabajo​​ consistió en​​ reconocer​​ qué clase de​​ escritura verdaderamente tenía​​ la energía y entusiasmo, y darme​​ permiso de escribir de esa manera.​​ Mis escritores favoritos​​ de todos los​​ géneros​​ siempre​​ se sitúan en la línea​​ entre comedia y compromiso emocional, George Saunders,​​ Chelsey Minnis, Mark Leidner, Frank O’Hara, Lorrie Moore. Solo era​​ cuestión​​ de​​ admitirlo​​ para​​ mí misma, y luego​​ conectar Cadillacs se volvió mucho más fácil.​​ Nunca escribo bien cuando​​ soy​​ pesimista. Incluso mis mayores tragedias personales​​ me gusta convertirlas en una broma, lo que podría ser un​​ defecto​​ personal, pero no creo que​​ haya sido al menos poético.​​ 

JR:​​ Muchas de las imágenes​​ en​​ tu libro​​ evocan​​ el simbolismo medieval, pero incluso​​ están al margen​​ con elementos que hacen referencia​​ a la cultura pop, ya sea de ahora o de los años 90 y​​ 2000.​​ ¿Es esta mezcla de lo​​ viejo​​ y lo​​ nuevo algo automático, un producto de la cultura en la que creciste / viviste, o​​ a propósito intentas​​ juntarlos?

HLB:​​ Estoy totalmente obsesionada​​ con las imágenes medievales.​​ Los recreadores históricos​​ son una de mis grandes obsesiones en la vida,​​ aprovecho cada oportunidad que pueda​​ para mencionar casualmente​​ las​​ torretas​​ y salirme​​ con la mía.​​ Me gusta que mi contenido histórico sea​​ camp​​ y mal realizado, como un buffet​​ de mariscos​​ servido en un restaurante con temática medieval, lo cual no quiere decir que no tenga un amor genuino​​ de verdad,​​ una historia sin franquicia sin licencia​​ de licor vigente,​​ pero amo la manera​​ en que​​ pobremente​​ se ha traducido​​ a un contexto contemporáneo.​​ Mi habitación entera está decorada​​ con​​ imágenes​​ de​​ la​​ Piedra de Rosetta​​ y Stonehenge y columnas romanas​​ y las maravillas del mundo antiguo, pero también soy una​​ verdadera bolsa de basura contemporánea, y amo a Paris Hilton​​ y​​ los enfrentamientos​​ en el patinaje artístico​​ y las películas​​ de Liza Minnelli hechas para televisión.​​ Básicamente, lo que estoy​​ tratando​​ de decir​​ es​​ que​​ todas estas imágenes​​ y referencias en mi poesía son cosas que profundamente amo, y quiero​​ incluirlos independientemente de cuán temáticamente​​ relevantes​​ sean para el poema.​​ 

JR:​​ En una charla​​ reciente mencionas a Lauren Gould​​ y cómo su influencia te ayudó a entender​​ a cómo salir de las convenciones de la poesía.​​ ¿Has tenido alguna otra experiencia similar​​ con la poesía contemporánea en los últimos cinco años​​ que te han inclinado en la dirección en la que estás viajando ahora?​​ ¿Hacías​​ una obra​​ en oposición​​ a algo​​ o​​ afirmabas​​ la voz de otros poetas?

HLB:​​ Trató de no hacer arte en oposición a alguien más porque creo​​ que eso​​ hace mi trabajo​​ retrógrado​​ y didáctico, y ser didáctico​​ no produce buena poesía. Creo que hay ciertamente un lugar​​ para la buena lectura literaria​​ (pocos en mi libro)​​ pero siempre prefiero​​ trabajar en algo que me entusiasme. Si te defines demasiado​​ por​​ aquello a​​ lo que te opones ¿qué nos queda cuando las viejas instituciones se desmoronan, como inevitablemente sucede?​​ No quiero​​ pasar gran parte de mi vida​​ escribiendo, gritando​​ a las nubes, a menos que sean nubes traviesas y lo merezcan.​​ Además, mis escritores favoritos​​ nunca fueron retrógrados​​ o,​​ cuando lo fueron,​​ fueron​​ retrógrados con licencia ideológica,​​ como cuando los surrealistas se relajaron un poco con su manifiesto y empezaron a escribir poemas de amor.​​ La manera en que siempre aprendí a escribir fue​​ imitando a los escritores que amaba, y se han agregado algunas nuevas​​ adiciones a mi lista de lectura personal, pero la dirección en la que estoy viajando sigue siendo la misma.​​ Recientemente he descubierto​​ a Crispin Best​​ y Kimmy Walters y Max Ritvo​​ y Richard Siken, los cuales me han​​ empujado a trabajar más duro y arriesgar más.​​ 

JR: Me encanta que decididamente​​ mencionaras​​ a Paris Hilton​​ porque siento que la gente ha empezado a sentir nostalgia​​ por ella, a pesar de que sigue siendo​​ bastante famosa, especialmente​​ porque su presencia se siente bastante​​ visceralmente​​ en lugares​​ como Ibiza​​ (creo que ella es la DJ embajadora allí del momento o algo así).​​ ¿Puedes​​ identificarte​​ con su​​ poder de​​ celebridad supuestamente ilimitada?​​ La función de un poeta, al menos en la vida pública, parece caer​​ dentro​​ esta expectativa de​​ modestia o nobleza, que se siente recién destrozada. ¿Por qué​​ a​​ los poetas​​ no se les permite ser también modelos, esteticistas y miembros de la alta sociedad?​​ ¿Cómo​​ crees que​​ nuestra generación poética​​ ha empezado a​​ derribar​​ esos muros de opresión, y​​ a​​ revivir​​ la sensibilidad​​ del​​ glamour?

HLB:​​ No creo​​ que ella​​ tenga​​ una fama ilimitada. Los años de Paris​​ están​​ menguando​​ lentamente, como un sol de terciopelo rosa,​​ que cae​​ sobre el horizonte. La modestia​​ y la subestimación en la poesía siguen siendo moneda de cambio fácil​​ y​​ aún es divertido burlarse de la gente​​ poniéndose una pesada peluca negra​​ y llamándose​​ a sí misma la viuda de guerra de T. S. Eliot.​​ Existe​​ esta idea de que​​ los​​ mejores​​ poetas​​ son​​ aquellos​​ que nunca​​ dan​​ de más, quienes​​ nunca se revelan​​ en el texto, quienes nunca te llaman​​ en tu cumpleaños incluso prometiendo que lo harían esta vez, pero​​ si quieres​​ un​​ ganso solitario en vuelo​​ ya sabes a quién preguntar.​​ Para mí es el​​ fenómeno​​ True Detective​​ de la literatura contemporánea;​​ mucho​​ apretón de mandíbula escénico​​ y una recompensa decepcionante.​​ Frank O’Hara​​ no era reticente ni se portaba bien en su poesía, pero, para mí, su obra está llena de generosidad.​​ No estoy diciendo que la poesía deba ser generosa, solo digo que no debería​​ ser el equivalente​​ literario​​ de arte​​ de hotel.​​ 

No sé​​ nada​​ acerca del glamour.​​ Definitivamente hay​​ mucho​​ estampado de leopardo en mi libro, pero prefiero que las​​ boas de plumas y la exageración estética​​ de este libro se atenúen con depósitos de chatarra y meadas en los supermercados.​​ 

JR:​​ El​​ camp​​ me​​ valida​​ a​​ mí de hecho, y me alegra que esté​​ regresando​​ porque,​​ francamente,​​ nosotros, los gays, necesitamos toda la validación que podamos obtener, y esa antigua magia se ha desvanecido por completo. ¿Qué nos ofrece el​​ camp, en​​ términos de​​ forma poética, que nada​​ más pueda ofrecer?​​ 

HLB: No estoy segura​​ de seguir​​ con la definición funcional de​​ camp​​ de alguien más, pero, para mí,​​ sus​​ principios centrales son​​ la​​ irreverencia, el sentimentalismo, la referencia cultural, la decadencia estética y el sentido del humor, todo​​ lo cual quiero en mi poesía.​​ No sé qué ofrece el​​ camp​​ exclusivamente​​ a​​ la poesía,​​ pero la idea de​​ camp​​ era importante para mí cuando escribía este libro, porque veo un movimiento en la​​ ficción contemporánea​​ / escena poética donde las mujeres, para ser tomadas en serio​​ por​​ el​​ establishment​​ literario, se visten​​ de esmoquin de hombre y posan en escalones de​​ concreto​​ para sus fotografías de autor.​​ Había un artículo​​ publicado​​ hace algunos años​​ que​​ animaba a las mujeres a dejar de sonreír en las fotografías​​ de autor​​ porque los hombres no tenían por qué hacerlo,​​ pero no me importa lo que los hombres​​ no tengan que hacer. Quiero gente a la que le guste mi escritura​​ en sus propios​​ términos. Me gusta un buen traje tanto como a Fran Lebowitz, pero no​​ echemos a perder​​ el estampado de leopardo​​ con el agua del​​ baño.​​ 

Hace​​ mucho​​ tiempo me prometí​​ que no caería en la trampa de vestir como un​​ anuncio mediocre​​ de Burberry​​ para que la gente me tomara en serio.​​ No quiero que la gente me tome en serio.​​ Amo el​​ camp, porque me dio​​ el permiso​​ de escribir de la feminidad en todo su humor​​ y​​ con​​ lo grotesco y sentimental.​​ 

JR:​​ Hay un pequeño grupo de poetas neozelandeses que están escribiendo una poesía muy atrevida, colorista y aventurera en estos momentos. ¿Crees que hay un tono o una narrativa particular que emerge de este punto de vista geográfico/cultural, o está demasiado cerca de él para decir nada? ¿Y qué opinas​​ de la gente que, como yo, intenta ciega pero sensatamente comprenderte de esta manera, que es​​ posiblemente reductora?

HLB:​​ Hay muchos poetas emergentes neozelandeses que me encantan y que están superando todo tipo de límites, pero tengo que decir que no tengo ni idea de qué grupo de gente te refieres. Me encantan Stacey Teague, Gregory Kan, Carolyn DeCarlo, Jackson Niewland, Ashleigh Young y Chris Tse.​​ Estas voces son profundamente diferentes entre sí, abordan​​ distintos​​ contenidos y no veo un movimiento en absoluto. ¿De quiénes​​ estás​​ hablando?

JR:​​ Supongo que Teague y Tse son nombres que me vienen a la cabeza. Hablar de escenas es, en el fondo,​​ de mal gusto, y probablemente a todo el mundo le den ganas de morirse, ¿sí​​ o no? ¿Puede alguien pronunciar la palabra​​ escena​​ en serio sin estrechar la mano del gótico de centro comercial más cercano y cantar​​ The Black Parade​​ de My Chemical Romance?

 

HLB:​​ Supongo que hablar de escenas no tiene mucho sentido para mí en el contexto neozelandés, porque internet ha hecho que la proximidad geográfica sea algo irrelevante. La gente con la que me siento más identificada​​ son escritores jóvenes de Estados Unidos y el Reino Unido. Eso no quiere decir que no tenga una comunidad aquí, pero mis escritores favoritos de este país son todos completamente diferentes estilísticamente de mí y de los demás. Hablando de​​ The Black Parade, sin embargo, hay una​​ gran​​ mezcla​​ Mariah Carey​​ /​​ My Chemical Romance que he estado disfrutando esta temporada festiva.

JR:​​ He leído a un crítico que​​ te describe como valiente.​​ ¿Qué significa ser verdaderamente valiente al escribir?​​ ¿Qué opinas​​ de este calificativo? ¿Es sólo un eslogan antifeminista reduccionista? ¿Es la valentía una mala colina en la​​ cual​​ morir?

HLB:​​ Cuando la gente habla de mi trabajo como algo valiente, casi siempre se refieren a las partes sexualmente más explícitas de mi obra, pero, para mí, eso no es valentía. El sexo ya no es escandaloso. Las mamadas no son revolucionarias. Demasiados genitales hacen una lectura aburrida. Creo que el concepto de riesgo es muy personal y, por tanto, diferente para cada persona, pero en mi caso nunca sentí que arriesgara mucho al escribir sobre sexo de esa manera. Había poco en juego. Las partes más arriesgadas del libro eran las que se inclinaban hacia el sentimentalismo y la vulnerabilidad emocional, especialmente la alegría, más que la desesperación. Quizá la seriedad sea el último gran riesgo, pero quizá el último gran riesgo ya no sea un concepto importante. No creo que el trabajo sea siempre mejor cuando más emocional es lo que está en juego. Sé que es una creencia impopular, pero no me gusta nada que no me haga reír. Creo que el despiste, la ironía, el juego y las bromas son​​ tan importantes como la sinceridad y la vulnerabilidad. Es la interacción entre estas cosas lo que da vida a la escritura. 

Hubo una época en la que vivía en Dunedin e intentaba escribir un trágico libro largo sobre Shirley Jackson, los fantasmas, la homosexualidad y el fracaso de mi relación, pero escribirlo era una tortura y acababa muerta​​ en la página. Era demasiado serio, demasiado autoindulgente. No había humor en él, y tiene que haberlo. Si no, siento que le estoy haciendo un flaco favor a la vida. La miseria estética puede ser tan superficial, sentimental y banal como los gatitos en una lata de galletas. Incluso en mis peores momentos, no puedo evitar reírme de la vida. Incluso los escritores más icónicamente miserables, como Dorothy Parker, John Berryman o J.D. Salinger, son los más divertidos para mí. La vida es divertida. La vida es terrible, pero siempre me hace reír.

JR:​​ Tus símiles son quizá la mejor y más emocionante característica de muchos de​​ tus poemas.​​ Conocí los símiles como una de las primeras técnicas reales de escritura cuando era más joven y ahora utilizarlos con demasiado entusiasmo o incluso de forma​​ poco convencional’​​ me parece un poco furtivo o travieso. ¿Cuándo volverá de la guerra el arte del símil?

HLB:​​ Los símiles proceden de Minnis y Leidner. Los símiles son lo que más me divierte de la escritura. No creo que los utilice necesariamente de forma poco convencional,​​ pero comparar​​ unas​​ cosas con otras es una de las grandes alegrías de mi vida. También es una forma estupenda de meter en un texto tantos helicópteros como sea humanamente posible. Hay muy poco que decir sobre el mundo. Creo que la gente odia las metáforas y los símiles porque se les da mucha profundidad y peso, pero a mí me gusta que mis símiles sean improvisados y acumulativos. Las metáforas y los símiles son un proyecto fallido, porque nada se parece realmente a nada. Tener un excedente de ellos es​​ una forma de reconocerlo, pero también introducen el mundo. Bosques, retretes, bolsos de lentejuelas, guerra civil. La poesía personal sería tan claustrofóbica sin ellos.

JR:​​ Probablemente esté curtido en que se hable de​​ tu trabajo, ¿lees​​ tus críticas o​​ te resistes​​ a la seducción?

HLB:​​ Leo la mayoría de mis críticas, cuando las veo. Entiendo que otros no lo hagan, pero yo tengo la piel bastante dura. Lo peor para mí es una crítica positiva que malinterpreta fundamentalmente lo que intentaba conseguir, o atribuye a mi obra una motivación política o estética que yo no pretendía.

JR:​​ Gracias por tomarte el tiempo de compartir estos proyectos​​ conmigo. Y ahora una​​ última​​ idea: ¿cuáles son​​ tus planes como escritora​​ para el resto del año?

HLB:​​ Tengo muy pocos planes, aparte de visitar Australia para asistir a un par de festivales. Probablemente sea una gran pereza, pero no me gusta pensar en términos de proyectos, al menos para la poesía. Quiero escribir poesía, no libros de poesía. Estoy deseando ir y ver algunas de​​ sus​​ grandes y terribles aves nacionales y cualquier escarabajo que tengan​​ por ahí.

 

 

Notas

¹ albatros quiere decir​​ que es una carga molesta; pues, alude al poema de Samuel Taylor Coleridge ‘The Rime of the Ancient Mariner’​​ donde un marinero dispara a un albatros y se ve obligado a llevar su cadáver alrededor del cuello como castigo.​​ 

²​​ camp​​ es una estética​​ de arte popular que basa su atractivo en el humor, ironía y exageración.

³​​ kitsch, término alemán,​​ es un estilo artístico considerado de mal gusto, pretencioso y pasado de moda.

 

 

 

 

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Keats ha muerto así que cógeme por detrás

 

Keats ha muerto así que cógeme por detrás
Despacio con propósito carnal

Alguna negra tarde en pleno invierno

Mientras los niños caminan a casa desde la escuela

Despójame de las calcetas con tus dientes

Coleridge ha muerto y también Auden

De reír en un abrigo

Shelley murió en el mar y su corazón no se quemaría

& Wordsworth

Nunca hallaron su cuerpo

Su viuda enloquecida de pena, martilleando clavos en un prado vacío

Byron, Whitman, nuestro perro atropellado frente a la cochera

Dedéame despacio

En el paisaje nevado de tu infancia
Nuestros muertos flotan justo bajo la superficie de la Tierra

Inclíname como a una maestra substituta

& envísteme lleno de flechas temblorosas

Oh vulnerabilidad emocional

Canciones 
folk bosnianas, aves en la chimenea
Dime lo que amas cuando crees que no estoy escuchando

La madre de Wallace Stevens lo llama para cenar

Pero él no responde, él también está muerto, muerto hace sesenta años

Y no importó a nadie su entierro

La vida es real

Y los días se queman como estampado de leopardo

Nadie, ni los muertos pueden decirme qué hacer

Cómeme desde atrás

Bill Manhire no está volviéndose más joven

 

 

[Traducción de Andrea Rivas]

 

 

 

 

 

 

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