Sobre Donde empieza el hombre, de Marino Berigüete. Una reseña de Adalberto García López

Leemos una reseña de Adalberto García López sobre​​ Donde empieza el hombre​​ de Marino Berigüete​​ (Barahona, República Dominicana, 1962), libro publicado por Círculo de Poesía Ediciones. Marino Berigüete es poeta, escritor y diplomático. Miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua. Ha publicado libros de poesía, ensayo, literatura infantil y novela.​​ Ha colaborado como articulista en distintos periódicos, como​​ Última Hora,​​ La Nación,​​ El Siglo, entre otros, y ha sido profesor en las universidades Central del Este y Pedro Henríquez Ureña de Santo Domingo.

 

 

 

 

Sobre​​ Donde empieza el hombre​​ de Marino Berigüete

 

La poesía es algo más que un género literario. No sólo convoca la belleza o se ocupa del suceder imaginario, implica, también, el pensamiento y los problemas del ser. Ejemplos de que desde la poesía, se puede discurrir este pensamiento, están Lucrecio, Sor Juana Inés de la Cruz, Friedrich Hölderlin u Octavio Paz, por nombre sólo algunos poetas. Es ahí cuando la poesía demuestra que, como la posibilidad más alta de lenguaje, es el discurso que mejor penetra en la comprensión del ser humano y la vida. Dice muy bien George Steiner que los mismos sistemas filosóficos o metafísicos tienen en su lenguaje una capa estilística, es decir, poesía y pensamiento mantienen una relación indisoluble.​​ 

 

Leer a Marino Berigüete, con su libro​​ Donde empieza el hombre​​ publicado por Círculo de Poesía Ediciones,​​ es enfrentarse a la reflexión continua desde la complejidad de la belleza, es un recorrido por atravesar esta selva contemporánea de signos y símbolos. Si la poesía no puede ofrecernos las respuestas concretas desde nuestra existencia, sí puede plantearnos los grandes enigmas que nos agobian desde tiempos inmemoriales.​​ A partir de un tono meditativo y reflexivo, Marino Berigüete teje su pensamiento poema tras poema y nos ofrece un libro que reúne un pensamiento diverso y libre, un libro donde el texto poético es el escenario donde se desenvuelve la íntima reflexión que incluye desde la propia biografía hasta los conflictos sociales contemporáneos, pasando por la identidad del yo.​​ Yves Bonnefoy dice que “la poesía debe ser más un acto que un escrito, un momento de la existencia en movimiento hacia su sentido más que la creación de un objeto verbal en el que su autor no sería sino una dimensión de entre varias otras.” En​​ Donde empieza el hombre, la poesía es el artefacto desde el que se desdobla la interrogante del mundo, es el signo que tiene la posibilidad única de poner en crisis todos los demás signos con los cuales hemos pretendido ordenar el mundo: la identidad, el lenguaje, las instituciones públicas, la sociedad y sus relaciones. De este modo, en los poemas de este libro se imprimen en fuego algunas de las tribulaciones del hombre contemporáneo.

 

Una de las preguntas fundamentales de la poesía contemporánea la hace Luis García Montero cuando se interroga sobre qué decimos cuando decimos “yo”. La poesía carga con un supuesto exceso de transparencia entre el autor de los poemas y el sujeto de la enunciación del poema: el poema lírico tradicional que se practica desde Arquíloco había casi calcado al​​ autor biográfico hasta llegar al romanticismo donde aún prevalecía esta configuración de la voz del poema. Sin embargo, desde finales del siglo XIX, la poesía ha ido alejándose de esa idea. Quizá con Arthur Rimbaud, hasta la radicalización en Fernando Pessoa, en la lírica occidental se ha planteado una alteridad en el sujeto individual. La comprensión del Yo se sujeta al Otro. Por eso Marino Berigüete dice:

 

Vivir como si fuera otro el que respira

desdoblar el alma en espejos infinitos

es arte de sombras que reaniman​​ 

las sutiles diferencias del yo profundo.

 

Cabe destacar no sólo la profundidad filosófica de esta cuarteta que inicia el poema VII del libro, sino su capacidad para que los signos se eleven hacia su capacidad simbólica. Podemos decir que Berigüete explora el desdoblamiento de este sujeto que se enuncia en el poema.​​ Por ese motivo, el libro​​ también​​ se​​ asiste​​ de​​ la tradición filosófica clásica grecolatina, principalmente Heráclito, y entonces dice en el poema XIX:

 

Pero soy también ese rostro

que se mira

 

en las aguas de un río.

 

Soy también un río.

Soy también un retorno.

 

En esta búsqueda por aprehender este concepto, invariablemente también tenemos que cuestionarnos y reflexionar sobre la escritura poética. Berigüete, también un magnífico ensayista, acude al poema autorreflexivo, el poema que discurre sobre sus propios pasos pues con Martin Heidegger comprendimos que la poesía tiene la facultad de dar testimonio de nuestra existencia, de ofrecer un sentido a ésta. Por eso, buscar la comprensión del yo significa repasar el espacio donde mejor puede desplegarse, es decir, el poema.​​ Dice entonces el poema X:

 

Hacer un poema: el sol

abre sus ojos, de frente,

desnudando la luz

como quien despliega un secreto.

 

Las palabras, minúsculas estrellas,

se deslizan sobre la página​​ 

y despiertan en la oscuridad, buscan

la sombra de nuestros pies despiertos.

 

Los versos emergen, caen

sus miradas, hojas en la bruma

que tocan la piel del silencio y trazan

caminos invisibles en el aire.

 

Hacer un poema: abrir

una ventana hacia el infinito,

ahí donde cada línea

se funde con el misterio de la luz,

donde el sol y la sombra

juegan

a encontrarse

en el abismo de mirar.

 

Mientras que también el poema piensa las problemáticas sociales como la violencia y las guerras. En el poema XLII, dice:

 

¿Se compra con sangre

la oscuridad infinita

en los ojos que nunca pidieron ver,

el peso insoportable del humo

que ahoga lo que queda de cielo,

tantas manos que se sueltan de la vida

sin siquiera tocar el suelo?

 

En ese sentido, el poeta Michel Butor afirma que la poesía es el signo que pone en crisis los demás signos que ha creado la humanidad para establecerse en sociedad y para significarse en el mundo. La poesía desestabiliza los más arraigados conceptos que tenemos. Por eso, Berigüete cuestiona la violenta espiral en la que se encuentra el mundo. Un mundo en el que la palabra va quedando cada vez más rezagada en el espacio público para dar paso a la beligerancia y vileza de los actos de una estructura mucho más grande que nosotros. Sin embargo, la apuesta del libro es depositar nuestra fe en la palabra más allá de las zonas oscuras del mundo y del ser humano.​​ 

 

Resulta difícil encontrar en la actualidad un libro de poesía que vaya a contracorriente del vértigo de la época actual. Un libro de poesía que abarque tantos temas y que su hilo conductor sea la voz de la reflexión, la voz que va planteando sus dudas en el espejo del lenguaje en el que nos miramos. La poesía de Marino Berigüete exige la pausa del pensamiento, la delicadeza de trazar interrogantes, la tentación de ordenar el mundo, tentación que por sí sola alcanza la validez,​​ aunque sea imposible establecer ese orden. Quien pase sus ojos por las páginas de​​ Donde empieza el hombre​​ de Marino Berigüete no podrá salir ileso por la luz de su pensamiento.

 

 

 

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