La vigilia de la ausencia: algunos comentarios sobre
Padre, tengo miedo y espero el alba, de Cristina Gálvez Martos
La ausencia de un padre es, a menudo, descrita como muerte. Sin embargo, Padre, tengo miedo y espero el alba,1 de Cristina Gálvez Martos, marca un camino diferente: ciertas pérdidas no desaparecen en su totalidad. Más bien se transforman en una nueva manera de habitar el mundo. Se trata de un poemario breve e intenso, atravesado por una presencia poética que recorre la noche mientras intenta establecer un diálogo con un padre que ya no está. Estas páginas no son tanto una elegía, sino el recorrido de una voz que se sumerge en la vigilia.
Aquí se marca, desde los primeros versos, una tensión latente en toda la obra: «Miedo, padre, / a la vida que siempre he contenido. / Quizás el alba me abra / como una caja de música ». El miedo en este poemario no es una emoción temporal. Es la manera en que la voz se observa a sí misma; observa al mundo. Es frente al miedo donde aparece el alba, símbolo de una posibilidad de cambio que acompaña a la hablante durante todo el viaje.
La noche funge como escenario donde se da esta búsqueda de cambio. No es una oscuridad hueca, vacía. Aquí hay salamandras, colibríes, gusanos nocturnos y felinos guardianes recorriendo estas páginas. Son presencias que acompañan a la voz poética en un lugar donde converge la memoria, el sueño y la intuición. Convierten la noche en un espacio donde lo invisible adquiere forma y significado. Los elementos de la naturaleza adquieren un carácter casi místico, de ritual. Son una vía para explorar aquello que se resiste a la explicación.
En la figura del padre yace el núcleo emocional del libro. No está presente, pero justo por ello es que dicha ausencia se transforma en atención. Uno de los versos reza: «No estás, / por eso siento que me escuchas». Es una paradoja que resulta esclarecedora: el vínculo entre la hija y el padre no se rompe con la muerte, sino que se mueve hacia otro plano. Hablarle al padre es también hablarse a sí misma, buscar el origen de sus heridas y de sus temores.
Uno de los mayores aciertos del poemario es su capacidad para convertir una experiencia íntima en una reflexión compartida con quien la lee. Se presencia una voz hondamente personal y, aun con ello, la escritura no es precisamente confesional. Padre, tengo miedo y espero el alba es atravesado por preguntas complejas: cómo convivir con la pérdida, cómo aceptar que se es frágil, cómo se puede seguir caminando al saber que algo tan esencial ha desaparecido. Es en estos momentos donde una vivencia personal se convierte en una preocupación de carácter universal. Además, se percibe una vulnerabilidad constante en estos poemas, pero también una firmeza silenciosa. La voz poética admite el miedo una y otra vez, sin que ello implique rendirse a él.
La poeta entrega una clave de lectura cuando hace esta afirmación: «La poesía es decirse la verdad / la poesía es devastadora». Estos poemas han sido construidos con la intención de mostrar una honestidad radical. No pretenden hallar un alivio al dolor. La intención no es ofrecer un consuelo fácil. La búsqueda acá es la de permanecer dentro de la incertidumbre, aceptarla sin recelo y encontrar una manera de comprenderla. La autora construye esta exploración mediante versos breves, imágenes precisas y un vocabulario que elude el exceso sentimental.
Gálvez Martos ha escrito un libro sobre el duelo, la pérdida, pero también sobre el deseo de seguir viviendo. Se aborda una conversación imposible con un ser querido que ya no está. Este es un territorio donde la poesía se entiende como una vía en que se atraviesa la noche sin renunciar a la esperanza de que, al llegar la mañana, habrá la posibilidad de ser alguien distinto, renacido. La noche sirve como espacio de revelación. Este poemario propone, como el alba que se nos presenta desde el título, no una certeza absoluta, sino algo más importante: la posibilidad de seguir una búsqueda de sosiego manteniendo la confianza en cada paso.
Yéiber Román
Selección poética de Padre, tengo miedo y espero el alba.
Miedo, padre,
a la vida que siempre he contenido.
Quizás el alba me abra
como a una caja de música.
Sumerjo mis manos, mis antebrazos
busco elementos en la casa
siembro en mi cuerpo
un ajo que ha echado raíz.
Una salamandra mira fijo
desde la pared.
Mis palabras son cuentas en la noche
una tras otra,
su redondez en los dedos.
Quiero pisar estos cristales.
Moler estos huesos
hasta que todo el amor sea arena.
Sentirme pisar una orilla
en el suelo de la casa.
Los frutos nocturnos
se han bebido el sol.
Algo vive en la noche, algo se mueve
todo está despierto.
Yéiber Román (Caracas, Venezuela, 1996) es Técnico Superior Universitario en Tecnología Electrónica de la Universidad Simón Bolívar (USB). Autor de Los futuros náufragos (Fundación La Poeteca, 2018). Ganador del Concurso de Poesía Iraset Páez Urdaneta (2016) y del Concurso de Cuentos José Santos Urriola (2017), ambos de la USB. Mención honorífica y finalista en la V y VI edición, respectivamente, del Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas (2020 y 2021), además de finalista y segundo lugar, respectivamente, del Premio de Cuento Julio Garmendia para Jóvenes Autores de la Policlínica Metropolitana (2022 y 2023). Textos suyos se pueden encontrar en Revista Casapaís, Latin American Literature Today, Prodavinci, Letralia, Revista POESÍA (Universidad de Carabobo), La Vida de Nos y diversas antologías.
Cristina Gálvez Martos (Caracas, Venezuela, 1987). Licenciada en Letras por la UCV. Realizó estudios en gestión cultural en Fundación Itaú (Montevideo, Uruguay). En 2017 obtuvo una mención honorífica en el Concurso Internacional de Poesía Castello di Duino. Ha publicado: Psicopompa (Monte Ávila Editores, 2015; Premio para Autores Inéditos año 2013); Bicorne (Casa de las Letras Andrés Bello, 2016); Fauna de Cal (Casa de los Escritores del Uruguay, 2020; premio de poesía Saúl Ibargoyén), Diario del Eclipse (plaquette digital, Petalurgia, 2022), El corazón del mar se iba tras de mí (Ediciones Dospájaros, 2023), Hermana amarga (LP5, 2024), Animal más oscuro (Fundarte, 2025). Su poemario Padre, tengo miedo y espero el alba (Fundación Editorial Tuqueue) es su libro más reciente.
Padre, tengo miedo y espero el alba es publicado en Caracas, Venezuela, este 2026 en la colección de poesía El alba ya no pudo negarme, de la Fundación Editorial Tuqueque. La colección es coordinada y editada por Ken Pérez Morales y Zorian Ramírez Espinoza, y se realiza en colaboración con el proyecto de archivo anónimo Residuos del abatimiento, del artista visual venezolano Leonardo Almao.



