Candelaria Rivero (Santa Fe, 1984) publicó los títulos: Los árboles azules, 2007; La danza del después, 2011; Los abrazos posibles, 2013, editados por Ed. La Gota, Sta Fe. El libro que pedía nacer 2015, Ed. Juanito Laguna, Sta Fe. Fénix 2015 y Mujer frutal 2016, Ed. Jardín de luz, Sta Fe. Curuzú, Ed. Del campamento, 2017, Santa Rosa de Calchines. Azuralia, 2018, Ed. Jardín de Luz, Sta Fe. Poesía Reunida, 2021, Ed. Legüera Cartonera Sta Fe. Esa radiante pretensión, 2022, Ed. De l´aire Santa Fe. Un rectángulo negro por donde entra la claridad, Ed. 7Vidas, 2024. Escribe reseñas y ensayos sobre cine. Dicta cursos de escritura. Se desempeña como docente de danza contemporánea en nivel superior y como fotógrafa.
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La raíz es una línea que fuga de Candelaria Rivero es un libro límpido, radiante, agua que en su origen fue helada y a la que el sol dio calor, es un libro que calma y sostiene a los dolientes. La poesía de Rivero emerge de un cuerpo que no tiene los límites que le suponemos, un cuerpo en cuya sangre viajan/peces y camalotes/y palabras que quieren tocar la orilla/es decir/atravesar el límite de la piel. Pero si el cuerpo es ese fluido siempre en movimiento, siempre en mutación, al punto de poder convertirse en cada ser con el que entra en contacto, capaz de adoptar el alma y la materia que toca, ¿Cómo sería, entonces -se pregunta y nos pregunta- librarnos de la forma/con la que asimos el mundo?. Sería aterrador, sería hermoso, pienso. Sería el vértigo y el precipicio y la luz que hay antes y durante y después de la caída que nos libera.
Hoy, escribe Rivero, fui puesta a vibrar,/a ondular el espacio/como una serpiente./No pregunten/qué significa eso./Solo escuchemos.
Solo escuchemos, solo escuchemos lo que nos dice la poeta en este libro dulce, estremecedor, potente, y dejemos que nos lleve donde él vaya: seguro será el lugar al que estábamos necesitando ir y no sabíamos.
Claudia Masin
Fragmento de La raíz es una línea que fuga (Potencia editora, 2026)
¿Quién canta
junto a las tortugas
y las ramas cubiertas
por alguna especie de liquen?
¿Qué cuerpo debería erguirse
dentro de mi cuerpo?
¿Qué ramas deberían sujetarme?
Abandono la forma y sin embargo
un pájaro cuyo nombre ignoro
insiste con dar picotazos
en mi nube mental.
Un verdor dulce
entrelaza piel y aire
la enredadera trepa por la barranca
cuando creí / que todo / se orientaba
hacia una renuncia o caída.
*
La raíz
guarda en sí misma
el gen
la herida
el paso que nos antecede.
En el torrente espeso de la savia
se reconfigura
el paso que vendrá.
Nuestro cuerpo es
una línea que fuga hacia el sol.
El presente es
una suma de mutaciones
un punto de tensión
entre intento y herencia.
Tal vez la línea
que quiere fugarse
sea el pulso de tu deseo
mostrándote el camino.
Inventemos
una lengua nueva
con la que decir:
este momento se parece
a la presencia de algún dios
a correr entre árboles con los ojos vendados
al reflejo que estampa a dos seres
sobre un vidrio con gotas.
No,
no es intentar la nostalgia
ni el desamparo,
es retener en la palma
un panadero del aire
por no haber sido capaz de
pronunciar un deseo.
Inventemos un lenguaje
poblado de espejismos
en los que hundir el cuerpo húmedo
que tiembla de belleza y desarraigo.
¿Dónde está quien dijo amarme?
La campana de la catedral
anuncia resurrecciones,
las de otros.
Yo sigo avanzando en la maleza
en busca de una lengua
que hable por mí,
que devuelva
el paraíso que fulgura,
ese que tracé sobre alguna piel querida
como un beso de fuego
como pistas para el día después.
En el extremo del tallo
se sujeta una flor, su corola
concentra en sí misma
toda la belleza
que podría reclamar o pretender.
Me saco los zapatos
para bailar liviana entre
las sillas de la casa.
Cierro los ojos con Chopin.
Un plancton luminoso
avanza por mis párpados.
Extraño al hombre que escribe poemas
su ánimo irradiando
esa espuma rosada
a la que podía unirme con facilidad.
Abro los ojos
en un lugar donde ya no bailo,
soy una señora
con chispas de pasado entre los dientes.
Salgo y reviso
el pequeño jardín,
me ofrece como consuelo
unas pequeñas bocas que tiemblan.
Deslizo mi dedo
por uno de los tallos
intentando un gesto tímido
que me sujete a lo vivo.
Suelo dejarme seducir
por la presencia de una nube,
juego a encontrar
en las formas que adopta
pistas
sobre mi propio destino.
Trepo a esa suspensión vaporosa
y me dejo caer desde lo alto
siendo carancho
benteveo
tacuarita azul.
Me dejo cautivar por ese montón
de masa aleatoria
que vaga en la altura
gracias al viento.
De chica
la maestra llamaba mi atención
baje de las nubes, querida
entonces aterrizaba en el cuaderno
con líneas fijas
que por momentos
se me ocurría fueran escalones
hacia el prohibido cielo.
Una línea de fuga
un viaje que nos deje cerca
de nosotros mismos,
una canción que se sujete
a estas nubes que dejamos ir.
Estar acostados
en el pasto del parque
mirando cómo se nos trepan
unos pequeños bichos,
una postal en la que se fija
lo que intentamos preservar.
Y aunque estamos acá
adentro de los ojos nos crecen
imágenes
plantas acuáticas
bordes rugosos llenos de libélulas.
Nos fugamos pero volvemos.
Estamos tendidos
sobre el pasto húmedo,
entre tu cuerpo y mi cuerpo
respira una flor
un punto vivo entre
dos líneas que se atraen.

Otros autores
Valeria Pariso / Inés Aráoz / Lucas Margarit / César Cantoni / Gustavo Caso Rosendi / Diego Muzzio / Andrés Neuman / José Ignacio Hernández /
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