CARGANDO...

Type to search

Fernando Pessoa: Carta da Corcunda ao Serralheiro, de Maria Jose

Columnas En el mundo Poesía permutante Portada Portada 3

Fernando Pessoa: Carta da Corcunda ao Serralheiro, de Maria Jose

Círculo de poesía June 13, 2012
Share

Pessoa

Un trece de junio de 1888 nació en Lisboa Fernando António Nogueira Pessoa. Para celebrarlo, presentamos un texto de Maria Jose, el único heterónimo femenino de Pessoa. Se trata de la carta de una jorobada, con el amor hasta los hígados, a un cerrajero. La traducción corre a cargo de Mario Bojórquez, un apasionado de Pessoa. Feliz cumpleaños!!!

Carta da Corcunda ao Serralheiro/ Carta de la jorobada al cerrajero

por Maria Jose

 

Usted nunca verá esta carta, ni yo la volveré a ver porque estoy tuberculosa, pero quiero escribirle aunque no lo sepa, porque si no le escribo me ahogo.

Usted no me conoce, o sea, me conoce pero no muy bien. Me ha visto en la ventana cuando pasa al taller y yo lo miro, porque lo espero al llegar, y hasta me sé la hora en que llega. Debe haber pensado siempre en la jorobada del primer piso de la casa amarilla, pero yo no pienso más que en usted. Sé que usted tiene una amante, que es aquella muchacha rubia alta y bonita: le tengo envidia pero no celos porque no tengo derecho a nada, ni siquiera a tener celos. Usted me gusta porque me gusta, y me apena no ser otra mujer, con otro cuerpo y otra hechura, y poder ir a la calle y hablarle aunque usted no me hiciera caso, pero me gustaría conocerlo aunque sea por platicar.

Usted es todo cuanto me ha sostenido en mi enfermedad y le estoy agradecida sin que lo sepa. Nunca podría tener a nadie a quien gustarle como se gustan las personas que tienen el cuerpo del cual puede gustarse, pero yo tengo el derecho de que alguien me guste aunque yo no le guste a nadie, y también tengo el derecho de llorar que a ninguno se le niega.

Me gustaba la idea de morir después de hablarle por primera vez pero nunca tendré el coraje ni la oportunidad de hablarle. Me habría gustado que supiera que me gustaba mucho, pero tengo miedo de que no le importara nada, y me entristece ya, saber que eso es absolutamente cierto antes de saber cualquier cosa, que mejor no voy a procurar saberlo.

Soy jorobada de nacimiento y siempre se rieron de mí. Dicen que todas las jorobadas son malas, pero yo nunca le deseé un mal a nadie. Además estoy enferma, y nunca tuve ánimo, por mi enfermedad, para hacer corajes. Tengo diecinueve años y no sé para qué llegue a tener tanta edad, y enferma, y sin que nadie tuviera pena de mí a no ser porque soy jorobada, que es lo menos, porque es el alma la que duele, y no el cuerpo, pues la joroba no da dolor.

Hasta me gustaría saber cómo es su vida con su amiga, porque como es una vida que nunca podré tener —y ahora menos que ni vida tengo— me gustaría saberlo todo.

Discúlpeme escribirle tanto sin conocerlo, pero usted no va leer esto, y aunque lo leyera ni sabría que era con usted y de cualquier manera no le daría importancia, pero me gustaría que pensara que es triste ser jorobada y vivir siempre en la ventana, y tener madre y hermanas a quienes les gusta la gente sin que a nadie le guste yo, porque todo es natural y es la familia, y lo que faltaba es que ni eso hubiera para una muñeca con los huesos al revés como soy yo, como ya oí decir.

Un día que usted venía al taller y un gato se peleó con un perro aquí bajo la ventana, y todos estábamos viendo, usted se paró junto al Manuel de las Barbas, en la esquina del barbero, y después me miró en la ventana, y me vio reír y se rió conmigo, y esa fue la única vez que usted estuvo a solas conmigo, por así decir, que eso nunca podría yo esperar.

Cuántas veces, usted no se imagina, estuve a la espera de que hubiese cualquier otra cosa en la calle al momento que usted pasara y yo pudiera volverlo a ver otra vez y tal vez mirase hacia mí y yo pudiera mirar hacia usted y ver sus ojos directo a los míos.

Pero no consigo nada de lo que quiero, nací ya así, y hasta tengo que estar encima de un tapanco para alcanzar la ventana. Paso todo el día viendo ilustraciones y revistas de modas que le prestan a mi mamá, y estoy siempre pensando en otra cosa, tanto que cuando me preguntan cómo era aquella falda o quién estaba en la foto con la Reina de Inglaterra, me avergüenzo de no saber, porque estuve viendo cosas que no pueden ser y que no puedo dejar que entren en mi cabeza y me den alegría para después, por encima de todo, tener ganas de llorar.

Después todos me disculpan, y creen que soy tonta, pero no retrasada, porque nadie cree eso, y yo al final no me apeno por la disculpa, porque así no tengo que explicar porque estaba distraída.

Aún me acuerdo de aquel día en que usted pasó por aquí camino del Domingo con el traje azul claro. No era azul claro, pero era una chaqueta muy clara para el azul oscuro que acostumbra traer. Usted estaba tan lindo que brillaba como el mismísimo día, que nunca tuve tanta envidia de la gente como aquella vez. Pero no tuve envidia de su amiga, a no ser que no se encontrara con ella sino con otra cualquiera, porque yo no pensé sino en usted, y fue por eso que envidié a toda la gente, lo cual no entiendo bien, pero es cierto y es la verdad.

No es por ser jorobada que estoy siempre en la ventana, pero es que además tengo una especie de reumatismo en las piernas y no me puedo mover, y así estoy como si fuera paralítica, lo cual es una lata para todos aquí en la casa y tener que soportarme y aceptarme, que no tiene idea. A veces me desespero y me dan ganas de tirarme de la ventana, pero se imagina cómo me vería al caer. Hasta el que me viera se reiría y la ventana es tan baja que no me moriría, sino que sería aún más fatigoso para los otros y ya me veo en la calle como una mona con las piernas al aire y la joroba saliéndome de la blusa y todos queriendo sentir pena por mí, pero en realidad estarían molestos y al mismo tiempo se reirían si acaso, porque la gente es como es y no como quisiera ser.

Y en fin, ¿por qué le estoy escribendo si no le voy a mandar esta carta? Usted que anda de un lado para otro no sabe lo que se siente no ser nadie. Yo estoy en la ventana todo el día y veo a la gente pasar de un lado a otro y tener un modo de vida y gozar y hablarle a ésta o aquélla y parece que soy una maceta con una planta marchita que se quedó aquí en la ventana por quitársela de encima.

Usted no se puede imaginar, porque es bonito y tiene salud, lo que es haber nacido bien y no ser nadie, y ver en los periódicos lo que las personas hacen y unos son ministros y andan de aquí para allá visitando toda la tierra y otros están en la vida social y se casan y tiene bautizos y están enfermos y les hacen operaciones los mismos médicos y otros viajan a sus casas aquí y allá y otros roban y otros se quejan y otros cometen grandes crímenes y hay artículos firmados por otros y fotos y noticias con los nombres de las personas que van a comprar su ropa al extranjero, y todo esto, usted no se imagina lo que es para un trapo para limpiar como yo, que se quedó en el barandal de la ventana con las señas redondas de los vasos como cuando la pintura está fresca por el agua.

Si usted supiera todo esto, sería capaz de vez en cuando de decirme adiós en la calle, y a mí me gustaría poder pedirle eso, porque usted no se imagina, que tal vez no viviera más, que es poco lo que tengo por vivir, pero yo estaría feliz allá a donde se va si usted me diera los buenos días por si acaso.

Margarita la costurera dice que hablaron una vez, que hablaron porque usted se metió con ella en la calle de aquí al lado y esa vez sí que sentí envidia de veras, se lo confieso porque no quiero mentirle, sentí envidia porque meterse alguien con nosotros, es ser mujer, y yo no soy mujer ni hombre, porque nadie mira que soy algo, a no ser una especie de gente que está aquí para llenar el vano de la ventana y aborreciéndome todo el que me ve, válgame Dios.

El Antonio (¡Es el mismo nombre que el suyo, pero qué diferencia!) el Antonio del taller mecánico le dijo una vez a mi papá que toda la gente debe producir cualquier cosa, que sin eso no hay derecho a vivir, que quien no trabaja no come y no hay derecho de que haya alguien que no trabaje. Y yo pensé qué es lo que hago en el mundo, que no hago sino estar en la ventana con toda la gente moviéndose de un a lado a otro, sin ser paralítica y teniendo manera de encontrarse con las personas que les gustan. Así también yo podría producir lo que quisiera, lo que fuera necesario porque tendría gusto para hacerlo.

Adiós señor Antonio, no tengo sino unos cuantos días de vida y escribo esta carta sólo para guardarla en el pecho como si fuera una carta que usted me hubiera escrito en vez de que yo se la escribiera. Deseo que tenga todas las felicidades que pueda desear y que nunca sepa de mí para que no se ría porque yo sé que no puedo esperar más.

Lo amo con toda mi alma y con toda mi vida.

Ahí tiene, estoy llorando.

 

 

Traducción del portugués, Mario Bojórquez

 

 

Print Friendly, PDF & Email
Tags:

You Might also Like

4 Comments

  1. Elia Casillas June 13, 2012

    Muchas Gracias por compartirlo. Gracias

    Elia Casillas

  2. Caín Edú September 11, 2012

    Linda chica, gracias por la traducción.

  3. Jesús Alejandro Cortés November 29, 2012

    La sensibilidad que encierran estas líneas nos trae recuerdos y nos enternece el alma y nos hace vibrar y valorar cosas. Gracias.

  4. Gerardo de la Rosa March 5, 2013

    Qué intensidad emotiva. Maravillosamente doloroso.

Leave a Comment