Irish Poetry Dossier: Theo Dorgan



Today at Círculo de Poesía, a new post of our Irish Poetry Dossier. We present: Ithaca, a poem by Theo Dorgan (1953). Poet, editor and translator. «One of the great keepers of the Grail of Irish poetry in the current era…». Author of poetry books as: The ordinary house of love (1990), Rosa Mundi (1995) and Greek (2010) among many others. He has deserved awards like the Listowel Prize for Poetry or the O’Shaughnessy Prize for Irish Poetry. Is member of Aosdána and one of the most significant voices of contemporary Irish poetry. The translation is by Roberto Amézquita (1985).

En el marco de nuestro Dossier de Poesía de Irlanda, presentamos el poema: Ítaca de Theo Dorgan (1953), Poeta, editor y traductor. «Uno de los grandes guardianes del Grial de la Poesía de Irlanda en nuestra era…». Autor de libros como: The ordinary house of love (1990), Rosa Mundi (1995) y, Greek (2010). Ha merecido premios como el Listowel Prize for Poetry o el O’Shaughnessy Prize for Irish Poetry. Es miembro de Aosdána y una de las voces más significativas de la poesía irlandesa contemporánea. La versión es de Roberto Amézquita (1985).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Ítaca

 

para Leonard Cohen

 

 

 

Cuando emprendas el viaje desde Ítaca otra vez

deja que sea otoño, temprano, que las hojas planas caigan mientras te vas,

para la primavera te sacudirían sus premuras,

sus rumores de juventud.

 

Te habrás ganado el camino de vuelta al puerto,

deber cumplido, tu cuota de trabajo pagada,

arraigada la casa, tu hijo en el pleno de la paternidad,

su madre, tu largamente amada, disuelta en la penumbra.

 

Camina por los umbrales, no mires a diestra o siniestra,

no vayas a inhalar el humo de la leña,

el tímido brillo de las muchachas,

la resina y el pino de la casa.

Quédate ahí, mantén su mirada,

ellos han sido buenos vecinos.

 

Tabla con tabla, trabajo lento y seguro,

el mástil recto como tu espalda.

Agua y vino, aceite, sal y pan.

Estrecha una mano en la tuya para la Suerte.

 

Suelta las amarras sin un atisbo en retaguardia

y el paño en la vela.

Habrá puertos, refugio del clima;

Habrá pasajes largos y vacíos lejos de tierra.

Habrá quizá amor o amabilidad, no cuentes con eso

pero admite la posibilidad,

está preparado para tormentas.

 

Cuando hayas tomado distancia de Ítaca, rodeado por el Sur

y luego asaltado bajo y lejos por Circe, Calipso,

lo que recuerdas, lo que debes tener en mente.

Confianza en tu curso, desde hace tanto dispuesto para ti.

Nunca hubo pregunta alguna para tornar atrás.

Todos aquellos que contigo vinieron al viaje

aquellos que sucumbieron al destello del bronce,

aquellos que se desviaron hacia otro destino,

están largamente reunidos en los Asfódelos y el polvo.

Tú iras sin compañía, pero debes ir.

 

Ya habrá tiempo en las largas noches y días,

turbado por el sol o conducido por las estrellas,

para desenredar la madeja de tu vida.

Debes aprender otra vez lo que siempre supiste—

el viento se lo lleva todo.

 

Cuando emprendas el viaje fuera de Ítaca otra vez,

no necesitarás preguntar a dónde es que vas.

Dale a cada día tu completa, reflexiva, atención—

la insurrección y el destello del resplandor de tu rayo,

el ascenso al interior de pequeños puertos—

y no olvides Ítaca, mantén Ítaca en tu mente.

Todo lo que fue y es, todo lo que sin ti

será.

 

Sé agradecido por donde has estado

por aquellos que se mantuvieron junto a ti,

aquellos que se largaron delante tuyo

o que retrocedieron y te miraron zarpar.

Sé agradecido por la benevolencia en la oscuridad perfumada

pero tarde o temprano vas a navegar de nuevo.

 

Alguna mañana, alguna noche clara,

tú vendrás a las Columnas de Hércules,

Navegarás al través, si quieres. Eres libre de tornar atrás.

Avanza sobre la cubierta, pon tu mano sobre el mástil,

escucha el viento en su ramo sumergido.

Ahora tú eres libre de hogar y travesía

sacudido en la cúspide de las mareas.

Ítaca es anterior a ti, Ítaca está detrás de ti.

El hombre nace vagabundo, y es formado por el mar.

Tú tienes que hacer lo que es mejor.

 

 

 

Ithaca

 

for Leonard Cohen

 

When you set out from Ithaca again,
let it be autumn, early, the plane leaves falling as you go,
for spring would shake you with its quickening,
its whispers of youth.

You will have earned the road down to the harbour,
duty discharged, your toll of labour paid,
the house four-square, your son in the full of fatherhood,
his mother, your long-beloved, gone to the shades.

Walk by the doorways, do not look left or right,
do not inhale the woodsmoke,
the shy glow of the young girls,
the resin and pine of home.
Stand there and hold their gaze,
they have been good neighbours.

Plank fitted to plank, slow work and sure,
the mast straight as your back.
Water and wine, oil, salt and bread.
Take a hand in yours for luck.

Cast off the lines without a backward glance
and sheet in the sail.
There will be harbours, shelter from weather;
There will be long empty passages far from land.
There may be love or kindness, do not count on this
but allow for the possibility.
Be ready for storms.

When you take leave of Ithaca, round to the south
then strike far down for Circe, Calypso,
what you remember, what you must keep in mind.
Trust to your course, long since laid down for you.
There was never any question of turning back.
All those who came the journey with you,
those who fell to the flash of bronze,
those who turned away into other fates,
are long gathered to asphodel and dust.
You will go uncompanioned, but go you must

There will be time in the long days and nights,
stunned by the sun or driven by the stars,
to unwind your spool of life.
You will learn again what you always knew —
the wind sweeps everything away.

When you set out from Ithaca again,
you will not need to ask where you are going.
Give every day your full, reflective attention —
the rise and flash of the swell on your beam,
the lift into small harbours —
and do not forget Ithaca, keep Ithaca in your mind.
All that it was and is, and will be without you.

Be grateful for where you have been,
for those who kept to your side,
those who strode out ahead of you
or stood back and watched you sail away.
Be grateful for kindness in the perfumed dark
but sooner or later you will sail out again.

Some morning, some clear night,
you will come to the Pillars of Hercules.
Sail through if you wish. You are free to turn back.
Go forward on deck, lay your hand on the mast,
hear the wind in its dipping branch.
Now you are free of home and journeying,
rocked on the cusp of tides.
Ithaca is before you, Ithaca is behind you.
Man is born homeless, and shaped for the sea.
You must do what is best.