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Textos de Sujata Bhatt

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Textos de Sujata Bhatt

Círculo de poesía enero 28, 2018
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Presentamos, en versión de Andrea Rivas, cuatro minificciones, cuatro textos a medio camino entre la poesía y la narrativa, de la poeta hindú, criada en Estados Unidos y radicada en Alemania, Sujeta Bhatt (Ahmedabad, 1954). Estudió el MFA en el Writers Workshop de la University of Iowa. Ha publicado siete colecciones de poesía con la prestigiosa editorial inglesa Carcanet. Mereció el Commonwealth Poetry Prize de Asia y el Alice Hunt Bartlett Price por el libro Brunizem (1988). En 2014 recibió, en su primera emisión, el Premio de Poesía Nuevo Siglo de Oro del Encuentro Internacional de Poesía Ciudad de México. En 2014, Carcanet publicó su Collected poems.

 

 

 

 

 

Mosquitos

 

Appa ha advertido a los niños sobre los mosquitos, pero ellos no están impresionados. Tienen miedo de los murciélagos y las serpientes, no de los mosquitos. Cuando Appa termina de hablar, los niños le piden que diga “mosquito” de nuevo.
Los niños disfrutan pidiéndole que diga “mosquito”; lo pronuncia “moss-quito”, lo que los hace reír. Los niños ya tienen un acento diferente cuando hablan en inglés. Pero no importa cuánto inglés aprendan, siempre llamarán a su padre “Appa”.

 

 

 

 

Moscas

 

La mayor recuerda un tiempo cuando ella pensaba que las moscas eran criaturas inofensivas, amigables. Eso era cuando ella tenía cuatro años y el más joven era aún bebé. Recuerda haber mirado a una mosca posada junto a una rebanada de jitomate en la cocina, y cómo unas pocas semillas verdes flotaban en el jugo acuoso. Recuerda mirar a la mosca restregar los delgados filamentos de sus manos, y luego, cómo restregaba su cara. Ella miraba y miraba, e incluso comenzó a hablar con la mosca hasta que Appa se apresuró para regañarla por jugar con una mosca. “Las moscas son peligrosas”, le informó. “Las moscas están llenas de enfermedades, y podrían enfermarte gravemente”, le advirtió. Nunca más la mayor miró con amabilidad a una mosca.
Nadie podía vencer a Appa matando moscas. Cuatro, cinco, seis moscas muertas en segundos. No hay oportunidad para que escapen los poderosos golpes de Appa con el matamoscas. Appa es rápido en todo lo que hace. Sin embargo los niños raramente lo ven moverse tan rápido como lo hace cuando está matando moscas. Appa podría ser un brillante jugador de tenis si lo quisiera. Los niños disfrutan mirándolo mientras corre por la habitación. Están impresionados con la forma en que salta y gira: de pronto brincando alto, luego precipitándose hacia abajo cuando nadie lo espera. A menudo Appa aplasta a una mosca, muerta a medio aire y luego la cacha con el matamoscas antes de que caiga al suelo. Va hacia atrás y adelante y luego alrededor de la mesa donde los niños esperan calladamente su cena. El matamoscas es un zumbido borroso que los rodea. Los niños están demasiado cansados como para ayudar a Appa. Además él les ha dicho que no se muevan: aún más, como la mayor dice, Appa es el mejor para matar moscas. Ella está segura de que las moscas están aterrorizadas de Appa y su fuerza, y por supuesto, de su fiera determinación. La mayor está convencida de que a veces una mirada dura de Appa es suficiente para desorientar a las moscas y mandarlas a un desconcertante estado de debilidad y parálisis, lo que hace aún más fácil que pueda matarlas. Las moscas no tienen enemigo mayor que Appa. La mayor dice que las moscas no tienen miedo suficiente de los niños. Los menores asienten con la cabeza.
Appa siempre se lava las manos muy cuidadosamente luego de matar moscas, aunque evita tocarlas. De hecho, Appa se lava las manos con más frecuencia que nadie en el mundo. Los niños comienzan a lavarse las manos constantemente también, especialmente la mayor.

 

 

 

 

Rabia

 

Appa le ha contado a los niños sobre la rabia. Les ha dicho que se alejen de los monos. Les ha advertido muchas veces. Pero nadie le ha dicho a los monos que se alejen de los niños. Si Appa supiera que a veces los niños comen hojas del framboyán bajadas por los monos en los árboles, podría incluso desmayarse, piensan los niños, y luego les pondría más inyecciones.
Los niños asocian la rabia con perros, no con monos. Ellos creen que los monos son torpes y divertidos animales que quieren jugar todo el tiempo, algo que los niños pueden entender perfectamente ya que ellos siempre están inventando nuevos juegos. Sí, los niños le dicen a Appa, han visto los dientes de los monos. Cuando los monos bostezan, abriendo sus bocas en toda su anchura, los niños tienen una buena visión de sus largos y afilados dientes. Sin embargo no pueden imaginarse a los monos volviéndose contra ellos jamás. Y por eso no pueden creerle a Appa cuando él les dice que los monos podrían morderlos y contagiarlos de rabia.
De hecho, a los niños les gustaría ser amigos de los monos, pero los monos tienen ideas diferentes. El problema es que a los monos no les importan los niños. A los monos les gusta molestar a los niños y a los niños les gusta molestar a los monos. Es un juego sin fin. Los niños creen que los monos les arrojan hojas de framboyán por amabilidad, pero los monos no lo ven de ese modo.

 

 

 

 

El leopardo de Dr. Work

 

El Dr. Work de Alabama ha venido a Poona; tiene un leopardo en su casa. Estos son los días en que Pune aún es Poona. El leopardo está domado y sin embargo es salvaje. La Sra. Work lo rescató luego de que los cazadores mataran a su madre; el leopardo era un bebé entonces pero ahora está crecido.
Los niños no creen que el leopardo esté domesticado. “Te digo que tiene un corazón de leopardo y una mente de leopardo; nunca será doméstico”; dice la mayor al segundo mayor. Los más jóvenes guardan silencio. Deben terminar su cena pero no pueden. Simplemente contemplan al leopardo que pasea frente a ellos. Los padres de todos están comiendo en otra habitación, una habitación sin leopardo.
Appa habla de virus con el Dr. Work de nuevo. Las madres no quieren escuchar de enfermedades mientras están comiendo. Quieren hablar de flores, discutamos algo agradable, dicen.
El leopardo nunca se cansa. “Necesita mucho espacio”, dice la mayor. El segundo mayor asiente. “A los leopardos no les gusta sentarse ni echarse. No son como perros, ¿sabes?”
Appa no tiene miedo del leopardo, no le preocupa que los niños estén comiendo la cena con un leopardo. El leopardo del Dr. Work está limpio, ciertamente, libre de virus y bacterias.

 

 

 

 

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