Revolución y mujeres (fragmentos), de Maria Velho da Costa



Presentamos cuatro fragmentos del poema Mujeres y Revolución de la poeta portuguesa Maria Velho da Costa, (Lisboa, 1938).  Fue galardonada con el Premio Camões en 2002, el premio literario más importante en lengua portuguesa. Consagrada, ya en 1969, con la novela Maria Mendes, se volvió más conocida después de la polémica en torno de las Novas Cartas Portuguesas (1972), obra en que se manifiesta una abierta oposición a los valores femeninos tradicionales. Revolución y mujeres habla del papel que tuvieron las mujeres en la revolución del 25 de abril, también conocida como de Los Claveles. La versión de estos fragmentos fueron realizadas por el poeta Mijail Lamas.   

 

 

 

 

 

REVOLUCIÓN Y MUJERES

(Fragmentos)

De Maria Velho da Costa

 

1.RECONSTITUCIÓN DE LA FUERZA DE TRABAJO

 

Ellas son cuatro millones, el día nace, encienden la lumbre. Ellas cortan el pan y calientan el café. Ellas pican cebollas y pelan papas. Ellas separan el salvado y los restos de comida. Ellas despiertan, aún en lo oscuro, a los hombres, a los niños y a las bestias. Ellas llenan las loncheras y termos y mochilas con latas y cuadernos y bocadillos y fruta envuelta en un paño limpio. Ellas lavan las sabanas y las camisas que se volverán a llenar de sudor. Ellas friegan los pisos de rodillas con un cepillo y detergente amarillo y espantan a los incestos para que no vengan a molestarles mientras duermen. Ellas regatean en los mercados y las plazas. Ellas cuentan los centavos. Ellas tejen y enhebran en agujas de madera la lana que habrá de mantener en su cuerpo el calor de la comida que preparan. Ellas vienen con un cántaro de agua en la cintura y un atado de leña en la cabeza. Ellas limpian las piletas y las tinas y las conejeras y los corrales. Ellas encienden la lumbre. Ellas parten las verduras. Ellas tallan el fondo de las ollas. Ellas planchan medias y camisas y pantalones y de nuevo medias. Ellas fustigan el fogón con una azada de acero. Ellas recorren la ciudad a pie porque en aquel barrio los overoles son más caros. Ellas corren desaforadas para no perder el tren, el barco. Ellas ponen en el piso el sesto y abren la puerta con la mano enrojecida. Ellas atrancan la puerta del granero. Ellas les meten el dedo meñique a las gallinas para saber si pondrán huevo. Ellas encienden la lumbre. Ellas menean el arroz con un tenedor de zinc. Ellas lamen el extremo del hilo para voltear la camisa. Ellas llenan los platos. Ellas ponen la vasija en el borde del fregadero para sostenerla. Ellas se abren para un hombre cansado. Ellas también duermen.            

 

 

 

  1. TRANSMISIÓN IDEOLÓGICA

 

Cosas que se dicen:

– Párale al drama.
– Éstas no son cosas de niña.
– Mi hombre no quiso.
– Estudia, que si consigues un trabajo pequeño siempre serás de ayuda.
– La mujer debe estar en la casa.
– Es el destino que le toca a cada quien.
– Dios no quiso.
– El sacerdote me dijo que así no.
– Dale un beso a la señora que ha sido tan amable con nosotros.
– Tu sabes que no soy de esas.
– Estás echando a perder tu futuro con uno y con otro.
– Déjate de eso, lo que necesitas es sosiego y paz espiritual.
– Me compré unos jeans geniales, mira.
– Siempre puedes conseguir una nueva televisión.
– Cada uno en su lugar.
– ¿Crees que al final se case contigo?
– Siempre habrá pobres y ricos.
– Si me quisieras, no andarías con esa puta gastando lo nuestro.
– Dale de comer a tu hermano que está haciendo la tarea.
– Siempre es un hombre.

 

 

 

  1. PRODUCCIÓN DEL DESEO

 

Ellas se miran en el espejo durante mucho tiempo. Ellas lloran. Ellas suspiran por un chico pelirrojo, por dos peinetas decoradas con piedras, un anillo con perlas. Ellas limpian los pliegues de la vagina de la niña con un algodón húmedo, pobrecita piensan. Ellas esconden las telas manchadas de sangre cargadas de una gran tristeza sin razón. Ellas sueñan tres noches seguidas con un hombre al que sólo vieron en la puerta de un café. Ellas traen en la bolsa de la compra una pequeña caja de plástico que sirve para pintar de azul el borde de sus ojos. Ellas inventan historias de comadres como quien vive una aventura. En secreto, ellas compran fotonovelas. Ellas se enamoran mucho. Salen poco. Ellas no duermen pensando en pequeñas cortinas con volados. Ellas se sacan su primera cana con unas pinzas compradas en la farmacia. Ellas gritan irracionalmente y se aferran a sus hijos recién golpeados. Ellas hacen la vida sin que su madre lo sepa, por tres vestidos y un par de botas. Ellas pagan la letra de la motocicleta del hombre que las golpea. Ellas no hablan de estas cosas. Ellas dicen nombres que no vienen de noche. Ellas se quedan absortas con la pinza entre los dientes mirando al gato sentado en el tejado entre los geranios. Ellas querían otra cosa.

 

 

 

  1. REVOLUCIÓN

 

Ellas hicieron huelgas de brazos caídos. Ellas discutieron en casa para ir a la junta del sindicato. Ellas le gritaron al vecino que era fascista. Ellas sabían decir igualdad salarial y guarderías y comedores. Ellas salieron a la calle de rojo. Ellas fueron a pedir una calle pavimentada y servicio de agua potable. Ellas gritaron mucho. Ellas llenaron las calles de claveles. Ellas le dijeron a su madre y a su suegra que eso era antes. Ellas trajeron aliento y sopa a los cuarteles y a la calle. Ellas fueron a las puertas de las comisarías con sus hijos en brazos. Ellas oyeron hablar de un gran cambio que entraría a las casas. Ellas lloraron en los muelles, aferrándose a los hijos que volvieron de la guerra. Ellas lloraron al ver al padre hacer la guerra con el hijo. Ellas tenían miedo y fueron y dejaron de ir. Ellas aprendieron a hurgar en los libros de cuentas y a trabajar con las herramientas de las fincas abandonadas. Ellas doblaron un papel en cuatro que llevaba una laboriosa cruz. Ellas se sentaron a hablar alrededor de una mesa para ver cómo podrían estar sin los patrones. Ellas levantaron los brazos en las grandes asambleas. Cosieron banderas y bordaron pequeñas hoces y martillos con hilo amarillo. Ellas les dijeron a sus madres, cuídame al niño, señora, que iremos a Lisboa en autobús y les diremos a ellos cómo va a estar la cosa. Ellas vinieron de los arrabales con el fogón en la cabeza para ocupar una parte de la casa embargada. Ellas tendieron la ropa mientras cantaban, con las armas en la mano. Ellas le hablaron de tú a las personas con estudios y a otros hombres. Ellas iban sin saber a dónde, pero iban. Ellas encienden la lumbre. Ellas cortan el pan y calientan el café frío. Ellas son las que despiertan a las bestias, a los hombres y a los niños dormidos.