Poesía escrita por mujeres: Adrienne Rich

Adrienne Rich nació el 16 de mayo de 1929 en Baltimore, Estados Unidos. Su escritura se centra en temas como la política, el feminismo, la maternidad, identidad y sexualidad. Rich publicó numerosos títulos como: A Change of Worlds (1951), Necessities of Life (1966), Diving into the Wreck: Poems (1971-1972), Twenty-one Love Poems (1976), Arts of the Possible: Essays and Conversations (2001) y también artículos: “The Anti-Feminist Woman”, “New Women’s Poetry” y “Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence” por mencionar algunos. Entre sus premios podemos destacar que fue nombrada ganadora del Premio de la Serie Yale de Poetas Jóvenes, Premio Nacional del Libro, Premio de Poesía Ruth Lilly, el Premio Lannan a la Trayectoria, el Premio MacArthur, entre otros más. Hoy leemos algunos de sus poemas en versión de Azul López.

 

 

 

Los tres poemas de Adrienne Rich que he traducido abordan los temas de identidad, sexualidad y la historia de la mujer. La autora, a lo largo de su​​ trayectoria, ha​​ explorado​​ dichos temas​​ en diversas ocasiones. Los dos primeros poemas pertenecen a la obra​​ Twenty-one Love Poems​​ (1976)​​ y​​ refieren a una pareja lésbica. En “Poema II”​​ se presenta​​ el deseo de mostrar sin miedo y sin prejuicios​​ a su pareja sentimental. El segundo ahonda de forma bella y metafórica un encuentro sexual entre dos mujeres,​​ donde persiste la duda sobre lo que pueda pasar entre ellas al vivir en un mundo heteronormativo, donde su relación no es aceptada.

El tercer poema, “Buceando hacia el naufragio”, relata el viaje de una mujer buceadora a la profundidad del mar, siendo este escenario una metáfora que emplea para explorar la posición de las​​ mujeres​​ en la sociedad, la represión que han​​ sufrido durante años que incluso llega a excluirlas​​ de la historia.

 

Azul​​ López

 

 

 

 

 

 

Veintiún poemas de amor [Poema II]

 

 

En tu cama despierto. Sé que he estado soñando.

Desde antes, la alarma nos había separado,

llevas horas en tu escritorio. Sé lo que soñé:

la poeta, nuestra amiga, entra en mi habitación

donde he escrito durante días:

esbozos, virutas, poemas dispersos por doquier

y quería enseñarle un poema

el poema de mi vida. Pero dudo​​ 

y despierto. Has besado mi cabello

para despertarme.​​ Soñé que un poema eras tú,

dije,​​ un poema que quería mostrarle a alguien

y reí y continué soñando de nuevo

sobre mi deseo de querer mostrarte a los que amo,

movernos juntas en libertad

empujadas por la gravedad, que no es simple,

que lleva la hierba plumosa por

el aire que nos abraza.

 

 

Veintiún poemas de amor [(El poema que flota, sin número)]

 

 

Lo que sea que ocurra con nosotras, tu cuerpo

perseguirá el mío—suave y delicada​​ 

tu forma de hacer el amor, como la hoja casi rizada

de los helechos violín en los bosques

apenas acariciados por el sol. Tus muslos, recorridos y generosos,

entre los cuales he puesto una y otra vez mi rostro,​​ 

la inocencia y sabiduría del lugar que mi lengua ha encontrado

entre ellos,

la viva danza insaciable de tus pezones en mi boca,

tu manera firme, inocente y protectora de tocarme, buscándome

tu lengua fuerte y finos dedos

alcanzando el lugar donde por años te he esperado

en mi caverna húmeda y rosa… Pase lo que pase, aquí es.

 

 

Buceando hacía el naufragio

 

 

Lo primero; haber leído un libro de mitos,

cargar la cámara,

y revisar el filo de la navaja del cuchillo,

visto

la armadura de caucho negro

las absurdas aletas

la máscara seria e incómoda.

He tenido que hacer esto

no como Cousteau con su

diligente equipo

a bordo de una goleta bañada por el sol

sino aquí, sola.

Hay una escalera.

Siempre está ahí

colgada inocentemente

en la orilla de la goleta.

Nosotros sabemos para qué es,

nosotros, quienes la hemos usado.

De otra forma

es solo algo más de la goleta

algún elemento cualquiera.

 

Bajo.

Escalón tras escalón y todavía

el oxígeno me alcanza

la luz azul

los átomos visibles

del aire que respiramos.

Bajo.

Las aletas me vuelven inútil

Me arrastro sobre la escalera como un insecto

y no hay nadie

para decirme cuándo comenzará

el océano.

 

Al principio, el aire es azul y luego

más azul y después verde y enseguida

negro me desvanezco pero

mi máscara es milagrosa

bombea mi sangre con fuerza

el mar es otra historia

el mar no es cuestión de poder

tengo que aprender por mi cuenta

a voltear mi cuerpo sin fuerza

en la profundidad.

 

Y ahora: es fácil olvidar

mi propósito

entre tanta gente que siempre

ha vivido aquí

ondeando sus abanicos almenados

entre los arrecifes

además

respiras diferente aquí, en lo profundo.

 

He venido a explorar el naufragio.

Las palabras son propósitos.

Las palabras son mapas.

Vine a ver el daño causado

y los tesoros que aún prevalecen.

Acaricio con la luz de mi lámpara

suavemente el costado

de algo más persistente

que un pez o un alga

 

la razón por la que vine:

el naufragio y no la historia del naufragio

la cosa en sí y no el mito

el lado ahogado siempre mirando

a la luz del sol

la evidencia del daño

desgastado por la sal y el oleaje, convertido en belleza deteriorada

las costillas del desastre

todavía resistiendo

ante los posibles acechadores.

 

Éste es el lugar.

Y estoy aquí. La sirena cuyo cabello oscuro

baila con el oleaje, el tritón en su cuerpo blindado.

Rodeamos silenciosamente​​ 

el naufragio

buceamos entre la bodega.

Yo soy ella: yo soy él

 

cuyo rostro ahogado duerme con los ojos abiertos

cuyo pecho todavía tolera la presión

cuyo cargamento bermellón, cobrizo, plata reposa

oscuramente contenido en barriles

a medio encajar, dejado a pudrir

somos los instrumentos a media destrucción

que alguna vez tuvieron un rumbo

la madera carcomida por el agua

la brújula dañada

 

somos, soy, eres​​ 

por cobardía o coraje

los que encontraron su camino

de regreso a esta escena

cargando un cuchillo, una cámara

un libro de mitos

en el cual

nuestros nombres no aparecen.

 

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