Poesía irlandesa: Annemarie Ní Churreáin

Presentamos seis poemas de​​ Annemarie Churreáin es una poeta​​ nacida en​​ Donegal Gaeltacht, área de habla mayoritariamente gaélica de Irlanda por lo que​​ creció​​ hablando​​ irlandés como​​ primera lengua​​ y​​ el inglés como segunda.​​ Su lengua materna le permitió entrar en contacto con la rica mitología, folclore y cantos de la cultura irlandesa, que se reflejan en los ritmos y visión del mundo de su poesía en ambas lenguas.​​ Ha ganado​​ importantes​​ premios y​​ ha sido escritora residente en universidades de Europa, Estados Unidos e Irlanda. Es la editora de poesía de la revista​​ The Stinging Fly. Sus libros incluyen​​ Bloodroot​​ (2017),​​ Town​​ (2018), y el más reciente,​​ Hymn to all the Restless Girls​​ (2025).​​ En ellos explora temas sobre la lengua y mitología irlandesas, la familia, el origen, las injusticias sociales, sobre todo las cometidas contra las mujeres y los niños, en el contexto del paisaje y la historia​​ de su país,​​ así como del​​ estado irlandés y​​ la iglesia católica. La​​ poeta​​ cuestiona la identidad nacional forjada para el pueblo irlandés por​​ las instituciones del estado y la iglesia​​ y afirma que su poesía busca ir en contra de esa identidad al resistir las narrativas recibidas con respecto​​ a su cultura y​​ al papel de las mujeres y la familia.​​ La traducción es de​​ Eva Cruz Yáñez.

 

 

 

 

 

 

 

 

SEIS MANERAS DE LAVARSE LAS MANOS

(Ayliffe, 1978)

 

para la Comisión de Investigación​​ 

de los Hogares para madres y bebés

 

 

 

1

 

Mojarse las manos, aplicar jabón y frotar palma contra palma

hasta que se forme una espuma blanca como la saliva y rabia de las mujeres,

que, habiendo morado entre olas, fueron de nuevo arrancadas de ahí

por los cabellos y despojadas de sus nombres para pagar por los yerros

en su vientre, mientras cosían encajes, planchaban sábanas de lino,

y cada semana inclinaban la cabeza ante las jóvenes posparto

todas alineadas en la pila como una hilera de raíces medio arrancadas

del suelo y aún abrazadas a sus críos.

 

 

 

2

 

Frotar la palma derecha sobre el dorso izquierdo y la palma izquierda sobre el dorso derecho

para asegurarse de que el olor a infante no quede en la piel: los vapores agrios​​ 

de la leche en las mamilas, los paños triangulares, las manchas heladas de crema embadurnada.

El olor del pecado puede adherirse por años tan potente como un mal sueño

de tratos ilegales, pinchazos de agujas, amapolas florecidas en el cráneo.

El olor de un niño en una tumba sin nombre puede meterse bajo

las uñas y causar toda clase de problemas más adelante en la vida.

 

 

 

3

 

Frotar palma contra palma, con los dedos entrelazados y alrededor de las muñecas

para borrar todo rastro de los padres. Nunca mencionar las cadenas.

Nunca mencionar las cicatrices. Alcen la cabeza al cielo

y dejen que las nubes violetas desborden sus ojos mientras los nombres

de estos hombres vuelven a ser desconocidos como pájaros.

Cuando vean un ala, como una resma de páginas repasadas​​ 

revoloteando, tómenlo como una señal: los padres no están más.

 

 

 

4

 

Frotar el dorso de los dedos contra la palma opuesta con los dedos entrelazados

y aflojar las bisagras de pabellones, cuartos de bebé, despensas con cerrojo

abastecidas de queso y botes de leche tibia vendida​​ 

por cuartos de galón mientras la crema imaginada por las niñas hambrientas e hinchadas goteaba de sus bocas. Frotar hasta borrar los pasillos,

las estatuas, los alféizares. Dejar solamente un clavo oxidado en el muro de un cementerio.

 

 

5

 

Frotar girando el pulgar derecho apresado en la palma izquierda y viceversa

para eliminar la memoria de los expedientes. Lavar los datos

hasta que los días, meses y años firmados por manos sudorosas escurran

como corrientes hacia un gran lago agitado. Esto quiere decir​​ 

que, aun si sus labios se abrieran para soltar una palabra sagrada,

todo lo que se derramará será una pulpa húmeda que nadie entenderá.

 

 

 

6

 

Frotar girando hacia adelante y hacia atrás con los dedos de la mano derecha

apresados en la palma izquierda y viceversa para desvanecer las líneas del corazón.

Sé una hermana y repite la ley como un himno sobre el fregadero.

No conmemorar: No remunerar. No permitir

que la mujer herida o su crío hablen en una lengua nuda. ​​ 

Laven así sus manos y libérenlas de Madre, Bebé, Hogar.

 

 

 

 

 

 

Himno a todas las chicas inquietas

a la manera de Elizabeth Willis

 

En este aniversario del Estado Irlandés,

mejor celebrar en cambio a una chica inquieta.

Una chica inquieta habla la lengua del abedul.

Puede desprestigiar a un cura en segundos.

Una chica inquieta bebe whiskey antes del mediodía.

Su piel guarda el olor de lobos y disparos.

A menudo una chica inquieta preguntará: si no ahora, ¿cuándo?

Muchas de ellas se quedan dormidas al sol.

Una chica inquieta tuvo que ser sujetada por seis hombres.

Otra hizo pedazos una imagen del papa.

Alguna otra puede disfrazarse de piedra.

Ciertas noches un pálido caballo se llevará a una chica inquieta.

Su enagua no debe lavarse, sino quemarse.

Antes de salir de un cuarto comprueba que el cadáver de una chica inquieta

no ha revivido a tus espaldas.

Siempre mejor enterrarla en el suelo más húmedo y oscuro.

Se dice que una vez una chica inquieta regresó​​ 

para atormentar a un hombre inocente.

Un pueblo entero puede ser infamado por una sola chica inquieta.

Pero mira cómo brilla la chica inquieta​​ 

en la afilada luz de un pino escocés.

Mira cómo endulza el aire como el espino.

La chica inquieta nos pertenece como el zorro a la luna.

Lo cierto es que ha sido, para nosotros, una constitución.

En actos públicos portamos un collar

del que cuelga el adorno de su lengua cortada.

Si la última chica inquieta termina ahogada,

o hecha ceniza, o atrapada dentro

de una pared de crin de caballo, ¿entonces qué?

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ ¿Entonces​​ qué?

 

 

 

 

 

 

EL ESCÁNDALO

 

Los pobladores no se unieron​​ 

en la indignación,

sino en cambio, continuaron sus días como siempre,

enviando cartas, comprando fruta, haciendo colas en el banco

después del almuerzo.

 

Hablaban​​ poco

pero dentro de ese​​ poco​​ había mucho;

lo​​ poco​​ era un campo cercado en el que algo extraordinario

se había enterrado.

 

Se aferraron a su yo interior​​ 

resilientes

en las emergencias de luz proyectada.

 

Aun así,​​ 

con el tiempo, se fueron alejando lentamente de la alegría;

guardaron, para siempre, los trajes nuevos del emperador.

 

Sólo los robles gigantes

vivirían para recordar la imaginación.

 

 

 

 

 

 

ORACIÓN EN EL MERCADO

 

Es el aroma de la fruta colgando más que las raíces

arrancadas

de filas de tierra paralelas lo que permanece

después de todo lo sucedido. Toco una

pirámide de limones y todo vuelve a ser nuevo

Tomo uno y lo encierro en mi mano como para probar​​ 

estas semillas inmutables que brillan en mi oscuridad.

Para qué, no lo sé. Pomona de los huertos,

por favor:

como quien descubre un planeta y ve por

primera vez una alteridad, yo temo

que la vida que sueño exista.

 

 

 

 

 

 

PROTESTA

 

Un corte y el pelo​​ que llevó​​ desde la infancia

cayó​​ al suelo

con muerte suave.

 

Un cardo espinoso;

su nuevo cráneo pelado

se negaba al orden.

 

Ella pertenecía al brezal

y en arroyuelos

cogiendo ranas

 

deleitándose

con el​​ tenue​​ y​​ verde​​ latido​​ de​​ la​​ vida

entre las palmas,

 

no aquí:

en el oscuro centro de reuniones, separaciones,

privada de aire.

 

Esta era una protesta de amor, contra el amor

que exigía

sol, lluvia, naturaleza salvaje.

 

De su dedo deslizó un anillo

lo puso debajo del pie

e hizo presión

hasta que la piedra

sonó como​​ una castaña dorada

al partirse.

 

 

 

 

 

 

DERECHO DE FAMILIA

 

En nuestro sexto verano, me traes la noticia

de que venimos de una costilla rota.

 

Ahora crees​​ que estamos en peligro.

Ahora crees que​​ debemos expiar los pecados de nuestros padres.

 

Pero hija, venimos de los bosques más exuberantes.

​​ y yo somos las raíces

 

que sostienen un alfabeto hacia el sol.

Tu nombre empieza en Ruis, el mío en Ailm.

 

Cuando hablamos caen hojas de nuestras lenguas.

Las aves anidan en nuestras palabras más pequeñas.

 

Por esta naturaleza indómita, no tenemos que pedir perdón.​​ 

Lo que crece bajo nuestros pies no es una molestia, es un derecho.

 

Por ley del jefe, no se nos puede hacer ningún daño.

Esta ley la sabían nuestros mayores de memoria,

pues incluso la leche en una taza se le debía a ella.

 

Mucho antes de que los hombres erigieran

los templos, nuestros árboles ya se erguían altos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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