Yohei Moriya Miyakawa conversa con Enrique Bernales Albites (Perú)

Yohei Moriya Miyakawa conversa con el poeta peruano Enrique Bernales Albites (1975). Publicó <emConvivium: Interfaz de Sanación Poética</em (2020).

 

 

 

 

Enrique Bernales Albites (Perú, 1975) es un autor y gestor cultural peruano residente en Colorado, EE.UU. Posee un doctorado en Literatura Latinoamericana por Boston University. Actualmente se desempeña como Associate Professor of Spanish en University of Northern Colorado. Entre sus publicaciones académicas se encuentran: Indigenous Narratives of Creation and Origin in Embrace of the Serpent by Ciro Guerra (English Language Notes), La escritura transnacional de Eduardo Atilio Romano (Hispanic Studies Review), Trauma and Isolation in Claudia Llosa’s Milk of Sorrow (Iberoamericana), La construcción de la identidad del sujeto en Crónica de mis años peores de Tino Villanueva (Hispanic Journal), El zorro de arriba y el zorro de abajo: variaciones sobre lo pastoral y el psicoanálisis (Revista de Critica Literaria Latinoamericana), Homoerotismo y poder en El Sexto (1961) de José María Arguedas (Cincinnati Romance Review), Primitivismo, exotismo y arte contemporáneo en Final del juego de Julio Cortázar. (Julio Cortazar y Adolfo Bioy Casares: Relecturas entrecruzadas), Anda, corre y vuela (1994): Fujimorismo neoliberal e impulso utópico en el Perú de la globalización (Cine Andino: estudios y testimonios). Además ha reorganizado el mítico grupo de poesía Inmanencia junto al gestor cultural Florentino Díaz Ahumada y ha publicado los libros de poesía Inmanencia (1998, 2020), Inmanencia: regreso a Ourobórea (1999), 21 poemas: Cerridwen (2004), Regreso a Big Sur (2019), la novela Los territorios ocupados (2008), la antología de poesía peruana de los noventa, Los relojes se han roto (Ediciones Arlequín, Guadalajara, 2005) y Convivium: Interfaz de Sanación Poética (2020). Ha participado en diferentes encuentros literarios en Estados Unidos, México, Argentina, Francia y España.​​ Sus poemas han sido publicados en revistas literarias como Colorado Poets Center, Confluencia, Hiedra, Hostos Review, Arkansas Review, Santa Rabia, Mood Magazine, Revista Anestesia, etc. Mantiene una página cultural en la revista ViceVersa de New York con entregas semanales de poemas, cuentos, reseñas y crónicas.

 

 

 

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  • ¿De qué manera las influencias espirituales de la India han modelado tu discurso poético y cómo dialogan esos elementos de “otredad” oriental con la sensibilidad latinoamericana que atraviesa tu obra, especialmente en ese tránsito que realizas de lo íntimo a lo universal marcado por el asombro y la gratitud?

    Lo espiritual ha estado presente en mi obra desde sus inicios, incluso antes de mi aparición poética oficial con el grupo Inmanencia (conformado originalmente por Florentino Díaz, Chrystian Zegarra y otros poetas) en la Lima de fines de los noventas. No hay nada más poético y metafísico que afirmar que “el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1:14). Busco que mi poesía salga del libro (sagrado)​​ 
    y habite los corazones de los seres humanos con ese asombro y gratitud, cualidades que habitan mis versos franciscanos. Los dioses y grandes iniciados se comunican con los seres humanos a través de metáforas, imágenes poéticas y parábolas. En ese sentido, las enseñanzas del​​ Bhagavad Gita​​ (La canción del Señor) donde Krishna, avatar de Vishnu, le comunica poética y musicalmente al guerrero Arjuna la necesidad de vencer sus miedos y cumplir su deber (dharma) me han inspirado en los últimos años, sobre todo en la época de la pandemia, para vencer mis propios miedos existenciales y comunicarles mi verdad (poética) al mundo y a mis semejantes, una verdad poética llena de amor, dicha y erotismo.

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2. En tu poemario, estructurado en secciones como «Garden City», «Avenida Cuauhtémoc», «El Caníbal de Manhattan» y «Melodía de Belfast», ¿cómo construyes una voz lírica que, atravesando geografías tan diversas, logra articular una experiencia de desarraigo y búsqueda desde la filosofía hinduista, al mismo tiempo que fusiona lenguajes, culturas y generaciones en un solo horizonte poético?

Dentro de mi filosofía o sentir poético, todos los lugares son el mismo lugar, todos los corazones son el mismo corazón, todas las generaciones son la misma generación, todos los cuerpos son el mismo cuerpo. De esa manera, las diferentes secciones que conforman​​ 
El lenguaje que la nombra​​ (2023) nos invitan a experimentar el desarraigo más cercanamente, casi como tocando con la punta de la lengua las arenas del desierto que conforman nuestro origen, la fábrica más profunda de nuestro ser, que es la esencia de cualquier inmanencia cotidiana. Por lo​​ tanto, la filosofía indostánica (una de las tantas) que está presente en la arquitectura del sentido de los poemas de este libro es una invitación a aceptar que nuestra propia existencia es solo el sueño de una divinidad nadando en el infinito cosmos.


3. En la sección «El Caníbal de Manhattan», recurres a una mirada lúdica que tensiona los clichés de los espacios populares y dialoga con referentes como The Starry Night de Van Gogh; ¿cómo concibes ese cruce entre arte, ironía y crítica a la megalópolis postmoderna para construir una voz lírica que oscila entre el asombro estético y el cuestionamiento del capitalismo contemporáneo?


Evidentemente, mi experiencia personal y estética es anticapitalista, de esta manera «El Caníbal de Manhattan» lo que hace es proponer una poética anticapitalista donde la voz de los sometidos por el sistema pueda aparecer llena de asombro y gratitud por su humanidad y coexistir con los fenómenos artísticos que se encuentran normalmente cercados y encerrados, lejos del ojo humano vagamundo. Se trata de una poética que reivindica una mirada donde todos los seres humanos tengan el derecho de experimentar la belleza, que esta no solo sea objeto de consumo de las élites que nos oprimen y se divierten con nuestro sufrimiento. Al responder a esta pregunta, recordé una grabación donde los humildes trabajadores que hallaron la famosa y misteriosa Dama de Elche son invitados a conocerla en toda su belleza en el museo y lloran conmovidos de tanta belleza. Esa es la geneología de mi estética: un espacio que reivindica el derecho al arte y a la belleza de la clase trabajadora. El derecho a disfrutar de la belleza es una lucha constante anticapitalista y​​ 
de eso se trata también la poesía y en particular, mi estética.​​ 

4. ¿Cómo concibes la reescritura de la figura de Robin Hood en “Robin de Sherwood”, donde conviven elementos míticos, religiosos y tecnológicos (como los drones), para articular una crítica contemporánea al capitalismo global y, al mismo tiempo, una ética de resistencia basada en el afecto y la comunidad?


Gracias por la pregunta. “Robin de Sherwood” es uno de mis poemas más queridos, y qué bueno que podemos dedicarle unos minutos a esta reescritura de una leyenda tan querida por grandes y chicos: la figura del héroe que se enfrenta al poder corrupto y lo vence, pero no lo vence por su poder excepcional, sino por construir una comunidad que lo arropa y que vence con él, donde, obviamente, el afecto tiene un lugar esencial. Comunidad y afecto son las bases que cuestionan el capitalismo global y, si las podemos poner en práctica más a menudo, nuestra vida sería más solidaria y armoniosa. Creo que esa es la lección más grande, el mensaje más relevante de la figura iniciática de Robin Hood, el pájaro encapuchado o el emboscado, como diría el maestro Junger, en nuestros tiempos turbios y apocalípticos. Me gustaría compartir estos versos del poema: “Yo no leo el tarot, / contrariamente, leo los corazones / cuando miro a los ojos, / con eso me basta”.


5. “mi país no existe / mi país soy yo”: ¿cómo dialoga esta afirmación con las nociones tradicionales de nación, especialmente en un contexto latinoamericano atravesado por la historia, el desarraigo y la construcción simbólica del territorio?


Me gusta la pregunta. El tema de la nación lo entendemos casi como si fuera un piloto automático en países como Perú. Desde que uno es niño, ya se nos impone un vínculo de pertenencia a una nación, en mi caso particular, con el Perú a través del fútbol, cantar el himno en el colegio, poner la bandera afuera de las casas para las Fiestas Patrias, entre otras manifestaciones. El poema “Mi país” buscaba explorar, cuestionar y revalorizar la vinculación con la nación desde el espacio más íntimo de una familia, de un padre y una madre que tienen un hijo. El territorio es la familia, son los parientes, es la gente que uno ama y pierde. No hay territorio ni simbolismo territorial sin el vínculo con los seres vivos que te dieron la vida. Por eso, los primeros versos de la cuarta estrofa que afirman: “mi país no existe / mi país soy yo” buscan revalorizar la raíz genética de la nación para interrogarse sobre el significado de pertenecer a un país en particular y, más bien, apostar por la comunidad primigenia que puede dar lugar a un verdadero país, ideal, que, como toda entidad, también morirá, pero que, pienso, nos hará más felices porque la sentimos más nuestra.

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6. En “Ocho Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana” hay una tensión entre lo teórico, lo coloquial y lo violento; ¿cómo trabajas esa fractura del lenguaje para representar una realidad que parece resistirse a ser comprendida o narrada?


Este es un poema-ensayo que luego adquiere su versión definitiva en el libro Séptimo poema (2021) y que cambia de título para llamarse finalmente, “siete ensayos + un desaparecido”. El poema en sí mismo,​​ 
como ya he señalado, es un ensayo y cuestionamiento sobre la realidad nacional. Al mismo tiempo busca interrogarnos sobre el fenómeno de la violencia y escudriñar los límites del sentido cuando lo real nos sobrepasa. Tantos poemas sobre genocidios, tantas novelas sobre holocaustos, tantos estudios teóricos y vocabulario técnico para abarcar el mal o la violencia misma, tanto significante vacío frente a la muerte. Esa era la pregunta que buscaba responder en este poema y pienso que esa fractura del lenguaje frente a la realidad insondable solo nos empuja hacia el precipicio del silencio. Recojo unos versos del poema: “brota fábula, que como la lluvia ya estás dentro / de un dios que es pura sombra,”

7. A lo largo de tu obra, el hablante parece asumir roles múltiples: líder, testigo, amante, exiliado; ¿qué lugar ocupa el poeta en el mundo que propones: es un guía, un cronista del desastre o un creador de nuevas posibilidades simbólicas?


Mi poesía se encuentra mejor definida en un verso de Salvatore Quasimodo: “uno de tantos, obrero de sueños”. Y ese es el hablante de mis poemas un obrero de sueños, obrero porque su origen es muy humilde, pero cuyo origen humilde no le limitó los sueños, sino que lo motivó a soñar, a soñar con toda el alma, con todo el corazón y por eso a veces ese hablante se transforma en los poemas en un amante, explorador, niña, princesa rusa, monstruo, poeta, guía, amigo, padre, cobrador de combi, creador de las múltiples posibilidades simbólicas que habitan y deshabitan las realidades más obscenas del lenguaje poético: mi mar infinito, mi odisea en el espacio.


8. En un escenario marcado por la represión del régimen fujimorista y la paralización de la movida poética en Lima, ¿cómo interpretas ese silencio cultural: como una imposición del miedo o como una transformación latente que esperaba nuevas formas de expresión?


La represión del régimen fujimorista en los primeros años de la década de los noventa fue terrible; desapariciones de estudiantes y exilios de artistas e intelectuales lo demuestran. Asimismo, la movida subte fue muy fuerte durante los primeros años de la década, lo que incluye a diferentes manifestaciones poéticas. En este contexto, la calle Quilca en el centro de Lima con sus bares y centros culturales se volvió el epicentro de la movida artística del país. Para 1998, cuando aparece Inmanencia, el régimen fujimorista ya había hecho de las suyas en las universidades y la lógica neoliberal se iba ampliando entre los jóvenes, la misma que para 2026 está totalmente consolidada; ni siquiera ya se habla de neoliberalismo, por ejemplo. Inmanencia, en su momento histórico, sirvió como un ejemplo de la necesidad latente de los jóvenes artistas para crear y desarrollar nuevas formas de expresión artística en medio de un contexto de violencia real y simbólica.


9. El concepto de recital/ritual introduce una dimensión performática poco convencional; ¿cómo concebían esa fusión entre poesía, cuerpo y escena, y qué buscaban provocar en el espectador más allá de la lectura del texto?


En Inmanencia nos habíamos percatado de la dinámica conservadora de​​ las lecturas de poesía o recitales, en general. Nuestra propuesta central era volver a sacralizar el lenguaje poético y de allí a la concepción del recital/ritual había un paso. De esta manera, recurríamos a velas, a cantos, a un trabajo del cuerpo dentro del espacio de la lectura, incluso a mezclarnos con los mismos asistentes y compartir con ellos nuestro arte. El concepto del recital/ritual buscaba trasladar lo que estaba escrito en los poemas al espacio de la lectura, que era de naturaleza performática y en nuestros cuerpos. Nuestra intención fundamental era recordarle al espectador que la poesía habita en todas partes y no solo se encuentra encerrada en el papel escrito y publicado.

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10. En un momento en que los grupos poéticos estaban desapareciendo, ¿qué implicaba volver a apostar por lo colectivo y cómo redefinieron esa noción frente a las experiencias anteriores de la poesía peruana?

Inmanencia nace como un proyecto de revista y luego se transforma en un grupo de poesía. Pienso que apostar por lo colectivo era una manera de anular la parte más oscura o de sombra de cada uno de nuestros egos y dejar que Inmanencia como sujeto colectivo tomara forma por sí mismo, como un sujeto poético que fuera hecho de cada una de nuestras partes, pero a la vez sea autónomo, no como un golem, más bien como un espíritu donde la esencia divina del lenguaje se manifestara en cada uno de nuestras actividades: recital-ritual, libro, caminatas por la ciudad, rituales y sacrificios en parques, bosques, desiertos, etc. De esta manera se creó un diálogo con anteriores propuestas colectivas en la literatura peruana como Narración, Kloaka, Neón, Noble Katerba, entre otras. Inmanencia representó un sentir colectivo que canalizó el espíritu de la​​ 
juventud de fines de los noventas que sentía en sus cuerpos y en su arte el fin de un mundo y el nacimiento de un nuevo paradigma global que nos ha llevado ahora en 2026 al borde de la guerra nuclear y al desastre medioambiental, es decir, a un evento de extinción planetaria.​​ 

11. Mirando en retrospectiva, ¿cómo evalúas el impacto de Inmanencia en la poesía peruana contemporánea y qué elementos de esa propuesta crees que siguen vigentes hoy?


Desde su génesis, Inmanencia ha tenido un impacto indudable en la poesía y en la literatura peruana. Primero, la necesidad de organizarse para salir del ego literario y construir una voz colectiva que no anulara las subjetividades, más bien que las intensificara. Luego, la búsqueda de una renovación poética y espiritual ha sido siempre un legado de la historia de la poesía peruana, pienso en César Vallejo, Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza, José Antonio Mazzotti o Jorge Eduardo Eielson, por mencionar algunos nombres. Finalmente la necesidad de afirmar que la esencia de la poesía no se encuentra en el texto poético, sino en el ser poético en el mundo, y esto creo que es el gran aporte de Inmanencia en la poesía peruana de todos los tiempos, no solo la contemporánea. De allí que el recital ritual y el compartir en parques, bosques y desiertos conmocionara tanto a los espectadores y a los amigos poetas de esos álgidos años de fines de los noventas del siglo pasado.

12. En Convivium: Interfaz de Sanación Poética planteas un vínculo entre poesía y sanación; ¿cómo entiendes ese proceso y qué rol puede jugar la poesía en contextos de crisis individuales o colectivas?


Convivium fue un hermoso proyecto en el que trabajamos con Florentino Díaz, otro de los integrantes de Inmanencia, donde participaron diferentes artistas y escritores de todo el mundo. Fue un proyecto que surgió durante la pandemia mundial del COVID. Florentino es el que más ha desarrollado el concepto de sanación y escritura a partir de su formación como terapista en medicina china (acupuntura) y en caligrafía. Cuando íbamos armando el proyecto, sostuvimos muchas conversaciones respecto a sanación y arte, y cómo esa dinámica se trasladaba a nuestra escritura poética. Evidentemente el arte y la poesía cumplen un rol esencial en crear dinámicas que nos pueden separar de nuestro ego, la raíz de muchos de nuestros males y dolencias. La poesía que es Logos al ser compartida con el espíritu de sanación puede producir un efecto terapéutico en el entorno de la comunidad y en cada uno de nosotros al trasladar y externalizar parte del sufrimiento de nuestro ego al papel escrito y así desactivar esa dolencia existencial.

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13. Como antólogo de​​ Los relojes se han roto, ¿cómo caracterizarías hoy la poesía peruana de esa década y qué tensiones o rupturas crees que definieron su identidad?


Historicamente en lo que a la literatura peruana corresponde, Los relojes se han roto es la antología de poesía peruana de los noventa más relevante a nivel internacional. Han habido intentos de otros poetas de los noventas que lanzaron antologías respondiendo a las necesidades de la época, pero que han pasado sin pena ni gloria. La selección que se hizo sobre los poetas a la que se denominó como participantes de “la generación de la​​ violencia” (política, económica y espiritual) representa las tensiones y rupturas estilísticas y poéticas de esa década y de las anteriores. De diferentes formas estéticas, los poetas de esa generación respondieron a la hegemonía de la poesía conversacional y coloquial que se erigió como el gran hegemón de la poesía latinoamericana desde la década de 1960. Algunos exacerbaron los hallazgos de la poética conversacional reproduciendo un hiperconversacionalismo, otros se refugiaron en el barroquismo, unos tantos reprodujeron un nuevo romanticismo estético y espiritual que respondía a la violencia que ejercía el capital sobre el cuerpo de la nación, otros prefirieron explorar(se) en los juegos del lenguaje y en la identidad (incluyendo la de género).

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14. Finalmente, ¿hacia dónde sientes que se dirige tu trabajo actualmente, tanto en lo académico como en lo creativo, y qué nuevas preguntas o inquietudes están marcando tu proceso?


Estoy terminando un nuevo libro de poesía titulado​​ 
Heroica Puebla de Zaragoza, que considero que cierra mi etapa de viaje poético. Después de la finalización de este libro, estaré explorando otros géneros o avenidas creativas donde la espiritualidad cultivada en Inmanencia siga dando que hablar y se manifieste como un chullachaqui del siglo XXI. Considero que es mejor abandonar la poesía a tiempo que ella, la musa, te abandone a ti (como Rexona) en textos de baja calidad literaria como lo noto hasta en poetas consagrados que escriben por escribir. Hay que respetar la poesía porque es el lenguaje sagrado de la creación. Con Inmanencia, conformada actualmente por Florentino Díaz, Chrystian Zegarra y mi persona, estaremos participando en un conversatorio sobre​​ poesía y filosofía en el marco del Sexto Coloquio Internacional de Poesía y Filosofía. Además, también estamos en diálogo para publicar una traducción al inglés de nuestro trabajo colectivo. En noviembre de este año, estaremos presentando nuestra última publicación Inmanencia: activación del ritual (2025) en la CDMX, en la misma ciudad también presentaré la antología de narrativa latinoamericana, El ojo de la locura: relatos desde la grieta de lo normal donde estaré participando con el relato “Activación 1998-2026”. En el trabajo intelectual hemos coeditado con Chrystian Zegarra un dossier de artículos sobre cine sudamericano para la revista académica SAR (South Atlantic Review). También estoy trabajando en un libro sobre la India y Latinoamérica, profundizando en el vínculo de escritores de nuestra región que se dejaron abrazar por la espiritualidad indostánica como Octavio Paz, Julio Cortázar, Severo Sarduy, entre otros.

 

 

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Ciudad Neza (58 años)

​​ 

Nos dejaste sin provisión en la tierra,

por esto a mí mismo me desgarro.

Nezahualcóyotl

 

Repartes flores que embriagan

Kakawa Xochitli Moyawa

Calle Cielito Lindo: los corazones

Calle Las Mañanitas: las cantaba el Rey David

Calle Escondida: el Mashiach

se lleva a toda la defensa,

incluso al arquero en las tierras del Levante

Calle 19: he venido a estar triste

 

Avenida Pantitlán: los Contemporáneos

o es ya el cielo o la noche que me reclama cantaría

Gilberto Owen fumándose un cigarrito

frente al Mar Pacífico

de Moby Dick y Martín Adán

 

Avenida Central: estadio Neza 86

Ángel Corral: ciudad Neza es nuestro Oriente

la tarde nublada del 8 de junio de 1986

conocería ciudad Neza por la televisión​​ 

la Dinamarca de Michael Laudrup

nos haría recordar a la Naranja Mecánica del 74

y derrotaba dando una lección

de fútbol total por seis a uno

a la República Oriental del Uruguay

del Enzo y Benedetti

los narradores no gritaron:

mi táctica es… mirarte… aprender como sos…

quererte como sos…

los narradores gritaron:

Neza, Neza, Neza para todo el mundo

y cada gol de los daneses era

más que táctica y estrategia

​​ 

Y en Montevideo todos los gurises

eran el emperador poeta sin provisión en la tierra:

hemos venido a estar tristes

​​ 

Calle Norte 1: planta-semilla-planta

el tirito prodigioso de la carne

como un vuelo de pájaro invencible

bajo el cielo y los corazones iluminados

de ciudad Neza, que esa tarde nublada

del 8 de junio de 1986

fue más que táctica y estrategia

 

 

 

 

 

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Juan Herrero Diéguez (España)

Irene Domínguez (España) 

Carmen Ollé  (Perú)

Carlos López Degregori (Perú)

Marina Casado (España) / 

María Paz Otero (España)

 

 

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