Salah Oudahar es poeta, fotógrafo, director de escena y actor. Licenciado en Ciencias Políticas. Ejerció como docente en la Universidad de Tizi-Ouzou hasta 1992, año en que abandonó Argelia para establecerse en Estrasburgo. Allí desarrolla una labor en la intersección de la investigación, la creación artística y la gestión cultural, centrada en cuestiones de historia y memoria. Es miembro fundador y antiguo director artístico del Festival Strasbourg-Méditerranée, así como expresidente de la compañía Mémoires vives. Es autor, principalmente, de dos poemarios con fotografía: Les témoins du temps et autres traces (Editions A plus d’un titre, 2021) y Ce pays d’où tu viens. Les galets de l’oubli (Editions d’en bas, Collection A plus d’un titre, 2025). Ha publicado en diversas revistas —Apulée, Décharges, Lettres d’hivernage, Ecarts d’identité, Les Bacchanales...— y ha contribuido en obras colectivas como Kateb ou le rebelle (bajo la dirección de Yahia Belaskri, Sédia, 2018) y 17 octobre 61, de la connaissance à la reconnaissance (bajo la dirección de Samia Messaoudi, Au nom de la mémoire, 2021). Asimismo, codirigió junto a Joël Isselé la obra colectiva Tomber la frontière ! (L’Harmattan, 2007).
Somos de este mundo
Somos de este mundo. Y queremos establecer en él nuestra morada. Por fin. Que este mundo sea también el nuestro. Y ustedes también, sean de los nuestros. Sean, pues, de los nuestros. Por fin. Y que así sea, siempre, el mundo. El mismo y siempre diferente. Sin cesar. Siempre. Lo domesticamos, al mundo. Nos acercamos a él de puntillas, por miedo a despertar sus demonios, sus viejos demonios, a reavivar sus heridas, el recuerdo aún vivo de destinos saqueados, de las vidas entregadas al oprobio, al ojo ciego del tiempo. Pero también entramos en él, a veces, por efracción, a menudo como clandestinos, parias, ladrones, sin papeles, sin país, sin nombre. Queremos, de hecho, el pan y palabra. Y fuego. Queremos calentarnos al fuego de la hospitalidad. Al fuego, quemarnos en el fuego del encuentro. Buscamos alojamiento. Queremos habitar en sus cimas. Las cimas del mundo. Y en sus bajos fondos. En sus miserias, también. En sus esplendores. Habitar en su centro. Y en las periferias de sus desherencias. Pero el mundo es pequeño para nosotros. Demasiado pequeño. Para todo. Para nuestra inmensa necesidad de memoria. Para nuestra sed de historia, de justicia, de dignidad. Para dar cobijo a nuestros amores rotos. Curar nuestras heridas. Dar sentido a la terrible interrupción de la trama. A los eslabones que faltan. Habitamos el mundo y el mundo nos habita. En el tumulto y la desgracia. La renuncia. La negación. La pérdida.
De Les témoins du temps et autres traces. Editions A plus d'un titre (2021)
La errancia es nuestro nombre
De los clamores de la mañana
ardiente esperanza de una tierra a otra
de un país habitable
devuelto a sus hombres y mujeres
a sus paisajes, sus memorias, sus lenguas
su historia.
La infancia del mundo.
En esta primavera de todos los sueños
antes del verano de las desilusiones
¿Y mañana?
Mañana quizá
Cuando hayamos revestido el día
con nuestros trajes de fiesta
y devuelto a la noche
su desnudez primigenia
no tenemos más huellas
que las que preceden a nuestros pasos
improntas vagabundas
sobre las crestas de las olas.
Las gaviotas vuelan sobre nuestras cabezas
ellas también fueron expulsadas de su isla natal.
Hemos comenzado
temprano en la mañana
los ciclos irreversibles
de la errancia.
La errancia
nuestro nombre
nuestra nueva estrella
De Les témoins du temps et autres traces. Editions A plus d'un titre (2021)
Este último verano
Caminas
bajo un sol de cenizas
impulsos ciegos
por antigua sed.
Boca ardiente
garganta en vilo
caminas
a lo largo de riberas insomnes.
Memoria entreabierta
ennegrecida por el tiempo
mar ausente
nuestras playas derrotadas.
Ni un rastro de nuestros pasos
nuestros nombres, nuestros rostros
nuestras locas carreras por la tarde
nuestros besos, nuestros abrazos.
Sigues ahí
en la encrucijada de las incertidumbres
relato borroso, suspendido
puerta cerrada.
Vigilante obstinado
de pie en el umbral
de la ola muerta.
Guardián de las ruinas
de las voces enterradas
su canto.
En tu mano
un grano de arena
que recogiste.
Este último verano
superviviente
de las tormentas, de los saqueos.
Sus gritos, sus llamados
cubiertos
por los desórdenes del mundo
las violencias de la historia
el silencio de los hombres.
Ahogados
que ya no se oían.
(Inédito)
El recuerdo de tu rostro
El recuerdo de tu rostro
en el umbral de la puerta
el cuerpo pesado
la mirada lejana
un gesto apenas esbozado con la mano
¿es el regreso?
¿es la partida?
poco importa.
«En poesía solo se habita el lugar que se deja» - René Char.
Las promesas, los juramentos
los relatos interrumpidos
la trama agujereada del tiempo
los surcos que siempre se repiten
la búsqueda de nuevas costas
todavía tapizaban
las paredes de la casa.
(Inédito)
***
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