César Ángeles Loayza (1961) se tituló en la Universidad Católica del Perú, con una tesis sobre el humor y la ironía en la poesía peruana contemporánea. Se graduó con la Maestría de Estudios Culturales en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. En los años 90, viajó becado a Europa, y radicó varios años en Madrid, Barcelona, París y Berlín. Participó del comité editorial de la revista de cultura y política Intermezzo Tropical. Ha publicado seis libros de poesía: El sol a rayas, A Rojo, Sagrado corazón, Los amantes del acantilado, Wandel [La transformación] y Cantos a la Luna, así como un libro de ensayos sobre los poetas Arthur Rimbaud y César Vallejo. Integra la selección de 12 poetas de los ochenta, La Última Cena, y la de poesía peruana actual de la revista Brújula.Compas del Latin American Writers Institute (New York). En 2015, publicó su libro recopilatorio Cortes Intensivos. Entrevistas y Crónicas (1986 -2014), y en 2020 publicó como libro electrónico Ángeles Reunidos | Antología personal (1987-2020). Trabaja en docencia universitaria y periodismo político-cultural. Parte de su trabajo en creación, investigación y periodismo aparece en los portales Ciberayllu y letras.mysite.com
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A lo largo de sus entrevistas a poetas tan diversos como Pablo Guevara, Blanca Varela, Rodolfo Hinostroza, Enrique Verástegui, Wáshington Delgado, Eduardo Chirinos o Montserrat Álvarez, se percibe una aproximación inteligente e incisiva que parece ir más allá de la obra publicada para explorar las ideas, contradicciones, experiencias y zonas menos visibles de cada autor. ¿Cómo fue construyendo esa manera particular de entrevistar y qué principios o estrategias considera fundamentales para conseguir que un diálogo periodístico revele aspectos del escritor que difícilmente aparecerían en una lectura exclusivamente crítica de su obra?
Durante los años 70, y en la década siguiente, fue inobjetable la presencia mediática de César Hildebrandt, quien para la revista Caretas entrevistaba a sus interlocutores acerca de la actualidad política y, de vez en cuando, sobre el terreno cultural. En su metodología, combinaba la investigación acuciosa acerca de sus entrevistad@s, con el humor, la ironía y no en pocos casos una suerte de acorralamiento en la esquina de boxeo verbal. Dicha intensidad, que le ganó tanto una mezcla de reputación positiva como enemistades, habrá influido en la metodología que sostuve durante mi camino en periodismo (algo que sigo practicando, aunque en estos tiempos por las redes y las opciones en Internet). Por otro lado, hay que recordar que en aquellos años lo más difícil era abordar algún asunto sin tener de marco general la situación bélica en que vivíamos. Así como la fragmentación y declive (o debacle) de la izquierda electoral, lo cual dejaba el campo abierto a que la rebelión de los más jóvenes buscara diferentes caminos de expresarse. En mi caso, fue sobre todo en el campo literario, que, en relación con lo anterior, fue también un campo político.literario, como suelo caracterizar ese tipo de trabajo que realicé mientras culminaba mis estudios de pregrado en la Universidad Católica: unas aulas donde había múltiples, apasionados y masivos debates, y en cuya vecina Universidad Nacional Mayor de San Marcos (donde muchos años después hice una maestría en Estudios Culturales) se desenvolvía la influencia de todo aquel élan bélico de esos tiempos. Todo lo cual habrá sido determinante e influido en mi manera de concebir tanto el oficio periodístico, mis propios estudios universitarios, como el arte de escribir poesía (algo por lo demás común a varios de mi promoción universitaria), y en general para cualquier cosa que yo y otros decidiésemos vivir y hacer en esos tiempos. Quiero decir que si hubo influencias de tipo personal, también el ambiente de época impulsaba laborar en dichos terrenos con la mayor intensidad, acuciosidad y politización posibles. Para cerrar, añadiré que el amigo y maestro Oswaldo Reynoso decía, cuando le preguntaban sobre sus recomendaciones para noveles autores, que les sugería Leer-Vivir-Escribir. Adaptando dicho mantra reynosiano, diría que lo que hice (hicimos) fue Investigar todo lo necesario-Vivir a fondo nuestro tiempo-Expresarnos con la mayor libertad y creatividad.
En aquella entrevista con Blanca Varela, usted logra revelar una dimensión particularmente íntima de la poeta, especialmente a partir de su respuesta “No puedo ser sin el Perú”, que parece trascender la simple pertenencia geográfica para expresar una relación profunda entre identidad, memoria, territorio y creación. ¿Cómo fue para usted descubrir esa dimensión de Varela durante aquellas conversaciones y qué significado adquirió, en retrospectiva, esa afirmación dentro de su obra y de su manera de comprender su vínculo con el Perú?
Vista en perspectiva, tal vez dicha entrevista fue un hito en mi camino periodístico, tal se puede apreciar en mi libro recopilatorio Cortes intensivos. Entrevistas y crónicas 1986-2014 (2015). Como en dicho amplio diálogo se puede leer, en general digamos que fluyó una buena energía; en buena medida, porque fue un encuentro intergeneracional, pero también porque, como dijo ella misma, yo le hacía comentarios y preguntas pertinentes (‘muy bonitas’, dijo la BV). En relación a esa frase sobre el Perú, pues me sorprendió un poco, al ser ella de una vida cosmopolita, tanto por cuenta propia como por su matrimonio con el pintor Szyszlo. Fue una grata sorpresa que luego reafirmó en otras respuestas, como cuando se refiere a sus vínculos con Sebastián Salazar Bondy y José María Arguedas. En relación a lo que escribí en creación literaria y esta entrevista, todas aquellas personas que en aquellos años 80-90 vinculaban su trabajo creativo con la dramática realidad histórica peruana me impactaron positivamente, y fue (sigue siendo) una razón de peso para elegir a quiénes abordar o no en la vida, así como en el heterogéneo mundo del arte y la cultura. Esta es una de las razones por las que me decidí a publicar la reunión de mis entrevistas y crónicas en un solo libro. Por otro lado, la poesía de Varela se ha solido adscribir a cierto tipo de existencialismo ontológico, que bien podría ubicarse en una poesía conceptual, concisa, metaliteraria y del lenguaje, sin descuidar sus aspectos autorreferenciales. Sin embargo, y como afirma Vallejo en El arte y la revolución, nada es puro en el arte, y no pueden soslayarse diversas correlaciones con la realidad concreta. En el caso de Blanca Varela, por ejemplo, con su territorio natal, como ella misma lo especificó, aunque esto no aparezca necesariamente de manera expresa en su poesía, sino de forma tácita o simbólica.
En la entrevista que realizó a Enrique Verástegui, resulta particularmente interesante la tensión entre su discurso poético anarco-hippie, la presencia de la violencia en su obra y su decisión de deslindar de la violencia política que atravesaba el Perú, evitando pronunciarse directamente sobre Sendero Luminoso, mientras sí cuestionaba con firmeza el carácter fascista de la burguesía y del poder. ¿Cómo interpretó usted esa aparente contradicción entre el discurso estético de Verástegui y su posición frente a la violencia política de su tiempo, y qué cree que revela esta tensión sobre la relación entre poesía, ideología y compromiso político en la generación de los años setenta?
Bueno, me pareció que Verástegui, tal como está descrito y también reflejado en aquella ya lejana entrevista, al igual que muchas otras personas, activistas y militantes de la izquierda o del progresismo, digamos, formal o electoral, tenía comprensible temor (que no justifico, pero entiendo) de ser confundido con los grupos alzados en armas en aquella época de la violencia interna. Pienso que, en verdad, buena parte de la promoción de los años 70 (sin querer generalizar, lo cual siempre es un error) estaba más bien afín a proyectos de corte reformista e inclusive al velascato (Héctor Béjar es un ejemplo viviente de dicha afirmación, pero obviamente es apenas un botón o ex canciller de muestra). Así que, cuando sentí esa contradicción que se menciona (y que no es aparente, sino muy concreta), respecto del autor de En los extramuros del mundo, entre otros libros, simplemente me hizo recordar aquello que dije, sonreír por su reticencia, e insistir en mi curiosidad por sus propias contradicciones durante nuestro prolongado (y vinícola) diálogo; hasta que me di cuenta que por ese camino no llegaríamos muy lejos. Entonces, preferí enfocar la entrevista por los senderos del lenguaje, su poética, y el contraste con otros factores y vectores del campo político-cultural del país y la realidad internacional.
En su trabajo junto a Antonio Cisneros en la revista SÍ, usted no solo tuvo la oportunidad de conocer de cerca al poeta, sino también de aproximarse a toda una generación marcada por ideales de justicia, fraternidad y transformación social, que encontró en los movimientos socialistas y guerrilleros de la época una posibilidad de construir un mundo distinto, aunque posteriormente ese horizonte utópico sufriera una rápida derrota. ¿Cómo influyó ese encuentro con Cisneros en su propia mirada sobre la generación del 60 y, en retrospectiva, qué queda hoy de aquella utopía generacional en la poesía y en la cultura peruana contemporánea?
Para responder esta interrogante sobre dicha experiencia que duró 9 meses de parto, con sus pros y contras, prefiero remitir a quienes lean este diálogo a la crónica que publiqué (y que también está en el libro Cortes intensivos…) sobre el velorio de Antonio Cisneros, al cual tuve dudas de asistir por ene razones que allí detallo, pero adonde al final decidí ir: “Antonio Cisneros Died 2012 Aged 69”: http://letras.mysite.com/can131012.html.
De dicho texto, y para propiciar a que visiten ese enlace, y sin o con ánimo de espoilear, transcribo el final de dicho envío que responde bien, me parece, a esta pregunta: “En fin, sería un burdo lugar común decir que fui al velorio de Antonio Cisneros por la poesía. O algo parecido. No. Tampoco porque me consideraba su amigo. No lo fui. Solo un conocido que de joven trabajó con él, y con quien tuve algunas buenas conversaciones sobre poesía y sobre la vida. Creo que fui a verlo porque me acordé de algunos poemas suyos, porque recordé algunos momentos buenos, por el humor punzante que tenía, aunque a veces, ay, con las aguas, se deslizaba por la ironía y burla criollas, y porque pienso que después de lo que pueda decir fue un tipo que no le hacía ascos a sentarse con quien quisiera tomar una copa y charlar. Creo que, en parte, fui por todo eso. Y también porque quería decirle, en silencio, que cuando una persona muere, no solo muere de presente, sino también muere con las imágenes de los demás. Quizá en secreto le llevé la imagen que hubiera querido mantener de él, la imagen que se me mezcla en el camino con otras circunstancias. Sin embargo, la muerte ha de limpiar la semblanza. Y la imagen que quise retener de él fue una a la altura de mis ideales. Nosotros los mortales muchas veces no alcanzamos a vivir eso, pero esa imagen fue la que quise dejarle como ofrenda en su responso. Si hay alguna vida después de esta vida, él me habrá entendido, y quizás después de todo, del paso del tiempo y de las aguas, habrá sabido que lo que esperé de él era algo que él mismo se encargó de hacernos imaginar a quienes vimos en los jóvenes poetas del 60 algo como el anuncio de un mundo mucho mejor que este, de la mano de la música, el humor, la creación, las ideas vanguardistas, y el amor limpio y la amistad leal. De ese mundo imaginado y utópico, Toño Cisneros fue alguna vez parte en mí. Habrá sido por eso que fui a verlo este sábado. Y también porque trabajando con él, discutiendo con él, me fui curando de una historia romántica que me había dejado hecho pedazos. Dios ponga cabe a nuestras láccrimas. Adiós, Toño, espero que ambos estemos hablando, por fin, algún lenguaje común, en poesía, con la verdad en la mano. Acuérdate, Hermelinda, acuérdate de mí. / Escrito entre el sábado 6 y el miércoles 10 de octubre 2012. / Lima, Virreynato del Perú”. Respecto a lo que advino luego, tanto en la sociedad como en las culturas del diverso Perú, fue algo cualitativamente distinto; aunque, en la historia, todo termina teniendo alguna relación.
¿Cómo recuerda aquel primer acercamiento a Enrique Lihn que surgió a partir de la carta que usted recibió para entregarle en Santiago, y qué significó para usted que esa entrevista marcara su debut como entrevistador en un diario de circulación nacional? Considerando que su experiencia como entrevistador ya se había iniciado en el suplemento Asaltoalcielo de El Nuevo Diario, ¿qué aprendió de aquel encuentro con Lihn que terminó influyendo en su manera de concebir la entrevista literaria como espacio de diálogo, memoria y descubrimiento del escritor más allá de su obra?
Enrique Lihn (Santiago de Chile, 1929-1988) es uno de los grandes poetas latinoamericanos de aquella influyente generación del 50 (al igual que en el Perú). Entre sus libros destacan La pieza oscura (1955-1962), Poesía de paso (1966), Escrito en Cuba (1969) y Diario de muerte (1989). Sí, con esta entrevista me inicié como periodista en un diario de circulación nacional (1987); de ahí que le guarde particular memoria y significación. Luego de aterrizar en Santiago —mi primer viaje en solitario al extranjero, además, y que duró 3 intensos meses de continuo descubrimiento por varias ciudades sudamericanas—, la línea de aviación que me llevó desde Lima se llevó por error mi equipaje a otro país. Así que cuando visité a Lihn en su departamento, este tuvo la generosidad de decirme que sacase de su ropero lo que necesitara hasta que me retornasen mis maletas. Así lo hice, entre asombrado y agradecido
Esa noche, recorrí divertidos lugares de Santiago con su linda sobrina y una amiga que tenía auto. Al partir rumbo hacia Argentina, días después, le devolví todo. Eso creí. Durante el viaje, me di cuenta de que tenía aún dos finas medias azules: eran las medias de Enrique Lihn, que se habían quedado para siempre conmigo entre la ropa de mi recobrado equipaje. Lihn murió al año siguiente, confluyendo con el retorno de su país al régimen de la democracia constitucional [https://bit.ly/3P8H136]. El diálogo que cito se halla también recogido en mi referido libro Cortes Intensivos… [2015], donde reuní 26 crónicas y entrevistas con diversos personajes de la cultura contemporánea [https://shorturl.at/0rqDe]: Lihn es el único extranjero en dicha constelación. Un año antes de publicarlo compartí el siguiente post sobre este poeta, donde hago una recreación literaria y, en consecuencia, bastante libre de aquel encuentro. Este texto luego apareció en Wandel-La transformación (2021, posición.EDITORES™): https://shorturl.at/6pABW. Asimismo, comparto un fragmento de nuestro diálogo en Santiago, a raíz de una ulterior invitación que tuve a un congreso en su homenaje en Chile, y al cual no pude asistir por ene razones: https://shorturl.at/MLM2y.
Por otro lado, es verdad que la primera vez que publiqué en un diario local fue en el suplemento AsaltoAlCielo que dirigía el compañero de promoción y poeta, lamentablemente fallecido no hace mucho, José Antonio Mazzotti, y fue una entrevista a Alberto Flores Galindo cuando ganó el premio Casa de las Américas, en Cuba, por su libro Buscando un inca: identidad y utopía en los Andes (1986). Desde ese momento, o quizá antes, fui confirmando mi metodología de trabajo en las entrevistas y la escritura: esa dialéctica entre el campo político y el campo cultural, en diálogo nutricio con algunas voces representativas de nuestro tiempo. Lo de Lihn fue algo diferente por la mayor circulación de La República, donde salió publicado en dos amplias páginas, y también allí confirmé otro rasgo: que los grandes creadores e intelectuales pueden guardar diversas apreciaciones y confesiones que, si no se cuenta con la debida información y el debido respeto humano, puede que no se revelen nunca. Como se comprenderá, todas las entrevistas que he realizado son apenas extractos de cómo fue la situación real; por cuestiones de edición para la página de una revista o un periódico o, luego, en alguna publicación de internet. Aprendí que la pasión en un diálogo, e inclusive las divergencias de posición, etcétera, no tenían por qué malograr una buena relación; lo cual se evidencia con la azul anécdota que narré al inicio de esta respuesta.
¿Cómo influyó su formación en la Maestría en Literatura, con mención en Estudios Culturales, en la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en su manera de comprender la literatura no solo como una experiencia estética, sino también como un espacio de reflexión sobre la sociedad, la cultura y las tensiones de su tiempo?
Cuando inicié dicha maestría, hace ya varios años y con apoyo de mi querida madre Blanca Loayza, alguien me dijo que eso no le llamaba la atención porque mi trayectoria, tato en prosa como en poesía, tanto laboral como artística, era una suerte de multiplicidad de lenguajes y disciplinas; o, para decirlo más corto, que hace rato estaba en aquello que denominan estudios culturales, antes de iniciar un posgrado: algo que, en verdad, nunca me interesó realmente. A diferencia de otros compañeros de época, no intenté ser magister ni doctor en nada (cuando lo hice, fue por presión del mercado laboral universitario). Y cuando viajé a Europa, durante los años 90, me topé en Barcelona con Andrés Cotler, cineasta e hijo del conocido sociólogo Julio Cotler, quien me espetó que cómo estaba yo de viaje por allá sin un proyecto de posgrado en marcha, que era lo que todos solían hacer. Tenía razón. Viajé a Europa porque quería conocer esos territorios y su gente, y tuve la intención de no volver al Perú nunca más, pero una serie de factores me movieron a cambiar de opinión, y acá estamos en el tercer tiempo del fujimorato que en aquellos años procuré evitar por salud interna y física. Qué ironía, o karma, según lo podrán interpretar quizás los místicos o gente de tendencia espiritualista.
¿Cómo ha influido la inclusión de su obra en selecciones como La Última Cena, que reúne a doce poetas de los años ochenta, y posteriormente en Brújula. Compás, del Latin American Writers Institute de Nueva York, en la manera en que usted comprende la trayectoria, la proyección y el lugar de su poesía dentro de la literatura peruana y latinoamericana?
Cuando aconteció la publicación de La última cena (1987), me hallaba en pleno periplo mochilEro por Sudamérica de tres meses, sobre todo por carretera. Viví diversas e intensas experiencias en distintos países de la región, y cuando volví (con cierto arrepentimiento y pesar) a la capital neovirreinal del país me di con la sorpresa de haber aparecido en una muestra de 12 poetas de los años 80: los 12 apóstoles del apocalipsis, para decirlo a la manera de una impactante película de Ford Coppola (Apocalypse Now). Lo de Brújula. Compas fue un eco y ampliación de dicha selección de autores y autoras, y siempre estaré agradecido de haber aparecido en dichas publicaciones porque fueron mi inicio de escritor en formato de libro (antes solo había publicado en algún diario local o en murales de la universidad, o en el diario Posición que como dije fundé con otros compañeros a finales de nuestra secundaria). No sé la verdad qué lugar ocupe ni yo ni lo que he escrito y publicado en el panorama que se menciona en esta pregunta; solo sé que me siento parte orgánica de un tiempo, de una promoción (el término ‘generación’ es discutible) y, en fin, considero que la escritura es una tarea colectiva: consciente o inconscienteMente…. y que, como dicen los célebres versos vallejianos: “todo acto o voz genial viene del pueblo y va hacia él”. Por lo cual, tampoco prefiero hablar de ‘mi poesía’ o ‘mi obra’, etcétera, sino de una escritura o lenguaje artísticos vinculados a un tiempo y que, en mi caso al menos, ha tratado de expresar lo que la humanidad a mi alrededor vive, siente, come, deglute, defeca y orina. Prefiero la referencia colectiva o comunitaria a lo individual. Será por eso que me interesan e influyen algunos grupos históricos como Narración, o el Movimiento Colónida comandado por Abraham Valdelomar, o Amauta dirigida por la inmarcesible luz de José Carlos Mariátegui, entre otros de ese calibre.
La publicación de El sol a rayas estuvo vinculada a la experiencia de ThePosition, proyecto fundado por Róger Santiváñez junto a Montserrat Álvarez en un contexto político y cultural particularmente convulso. ¿Cómo recuerda la incorporación de su primer poemario a este proyecto colectivo y qué significó para usted que El sol a rayas apareciera precisamente en un momento en que la violencia y la inestabilidad política condicionaban fuertemente las iniciativas culturales? Asimismo, ¿qué lugar cree que ocupa hoy aquel libro dentro de su trayectoria poética y dentro de la poesía peruana de ese periodo?
Lo de ThePosition (un proyecto de fanzine concebido en trío e inédito) fue posterior, porque el sello 🌞posición.EDITORES™🌛surgió desde el nombre Posición que le pusimos, con otros compañeros, a nuestro herético y rebelde diario escolar. Asimismo, El sol a rayas se publicó, como casi todo en mi vida, de forma autogestionada e independiente, y apareció con el citado sello de autor-editor hacia fines de los humeantes años 80 (https://shorturl.at/a2x4F). Es decir que ahora ya hace tres décadas o más que se publicó la primera edición del libro El sol a rayas, con un formato de sobre. Se trata de un volumen pionero en lo que años después sería una ola en el Perú: las ediciones del “libro-objeto”, solo que sin apelar a la perfección estilizada sino manteniendo la rugosidad de esta urbe.antiubre, y de cómo concebíamos el acto creativo en el taller donde lo hicimos o fabricamos: con sus costuras y heridas, etcétera. Al respecto, tuvimos en cuenta que, como reiteraba el genial artista conceptual y amigo Juan Javier Salazar, “en el Perú no hay ninguna vereda completa y los cuadros aquí parecen sacados de una lavandería”. No queríamos eso. Se hizo combinando las técnicas de la imprenta offset (para los textos) con la serigrafía del taller colectivo NN (para los grabados interiores y la cubierta), donde también metí mano aprendiendo durante la confección de los 500 ejemplares que conformaron la edición, a tres o cuatro tiempos, de entonces. El grabado con tachos incendiados y humo que aparece a todo lo largo de la carátula & contracarátula (con dos perforaciones, respectivamente circular y oval, sobre la reproducción de aquel dibujo intervenido cromáticamente por Álex Ángeles, del NN) correspondió al mencionado Juan Javier Salazar, ex miembro del colectivo-taller Huayco EPS que fue un hito en la escena plástica local desde fines de los 70 (https://shorturl.at/uRQRm). Róger Santiváñez, co-fundador del poéticorokeroanarko Movimiento Kloaka, a inicios de los años 80, ayudó para la elección y edición del conjunto de poemas inéditos que conformaron finalmente este libro.
La aparición de El sol... cerrando aquella década de pólvora y apagones fue bien recibida, sobre todo por la gente más joven, la crítica más sensible a las manifestaciones más frescas del arte y la literatura nativas y, en general, por un público que solía mirar con asombro, tocar con curiosidad y SUNrisa la presentación y páginas de este volumen, y a menudo comprarlo sin atenuantes. Con este volumen, dicho sea (no tan) de paso, conocí un gran amor en las húmedas esquinas barranquinas por azar y voluntad poéticas. Se presentó, primero, en Arequipa, y luego en una antigua casona limeña donde hubo recital y diálogo con el público asistente. Como cierre de este evento, hubo una tocada con guitarra de Piero Bustos, líder de la banda de rockpostfolk Del Pueblo. La crítica más rigurosa y orgánica de este volumen la hizo José Antonio Mazzotti en el número 35 de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana (1992) (https://rcllletras.unmsm.edu.pe/index.php/content/es/article/view/1200).
Entre mi padre y amigo, Eduardo Ángeles Figueroa, y yo financiamos la mayor parte de la edición. El resto lo pusieron, sobre todo con trabajo, algunos amigos del taller NN o del entorno. Dejo aquí sentadas la filiación y génesis de mi primer libro, y su particular modo de producción: híbrido y colectivo, como son tantas cosas en este perdido rincón del mundo. Sus rápidas 46 páginas, en papel marrón de embalaje e impregnadas de espíritu lúdico e irreverente con la tradición poética que prevalecía en los años 70 y 80 –sobre todo el coloquialismo, en la onda del anglostyle imperante–, se agrupan en cuatro conjuntos de poemas. Dos poemas de El sol… aparecieron, un par de años antes, en la selección de poesía peruana de los 80 La última cena (ASALTOALCIELO editores. Lima, 1987) vía un personaje que recrea libremente el Far West que tantas horas me robó en la TV de los años 60 y 70.
Y acerca del lugar que ocupa en mi camino de escritura, bueno, todo primer libro es como un primer hijo; así que me parece que esta metáfora refleja bien el significado de mi querido, fuerte y cromático volumen: nació en condiciones difíciles, en todo sentido, pero con bastante buena salud. Por lo cual asumo que tiene un merecido lugar y protagonismo en la tradición de poesía contemporánea del país, y también de la región. Algunos amigos alrededor desean reeditarlo, pero eso requiere de un buen presupuesto, y no sé si quedaría tal como apareció: los tiempos cambian, y habría que ver una serie de factores, empezando por su complejo diseño, por ejemplo.
Poco después de la publicación de El sol a rayas, su partida a Europa significó no solo un desplazamiento geográfico, sino también el inicio de una nueva etapa vital y poética, marcada por su residencia en España, Francia y Alemania y por la publicación de su segundo poemario, A rojo. ¿Cómo influyó esa experiencia europea —el contacto con otros contextos culturales, tradiciones literarias y formas de entender la poesía— en la evolución de su escritura, y qué transformaciones percibe entre la voz de El sol a rayas y la que aparece posteriormente en A rojo?
Mi segundo libro A Rojo (Lima, posición.EDITORES™, 1996), a diferencia del anterior El sol… que era más lúdico, anarco.materialista y desenfadado (http://www.letras.mysite.com/cang261216.html), supuso mi cabal expresión, en poesía, de mi experiencia individual y generacional sobre el proceso de la guerra interna vivida en el Perú de los 80 y parte de los 90. Aunque en 1994 viajé fuera del país, aquella convulsa realidad siguió en mí –como tantas otras cosas–, como le sucedió a la mayoría de peruanos-as. Asimismo, recuerdo haber llegado a Madrid –donde tenía una beca– con la mayoría de estos poemas en la maleta. En los dos años siguientes, acabé de darles forma y diagramar todo con un amigo catalán en Barcelona. Sentí que cumplía con expresar, en poesía, mi experiencia y posición a partir de los acontecimientos de aquella época, nuestro tiempo en llamas
A Rojo me supuso también un tour de force al proponerme realizar una poesía que se sintiese como tal –es decir, con ritmo, imágenes, intensidad y fluidez sincronizadas, entre mi mundo personal y colectivo, y el del potencial lector–, y que a la vez transmitiese, de manera directa o indirecta, aquella realidad explosiva de los 80-90. No me compete decir si lo logré o no, sino a quienes lo lean.
Por otro lado, ya lo dije, se trata de un libro culminado al otro lado del Atlántico, en tierras distantes y extrañas. Lo cual me permitió un distanciamiento mínimo que, como se suele decir, potencia cierta capacidad crítica que se torna difícil al estar en medio de una tormenta. Esto es relativo, en verdad, pero fue un hecho vivido en mi caso. Al mismo tiempo, me supuso un significativo esfuerzo de imaginación recrear todo desde realidades tan diferentes como el Madrid y, sobre todo, la Barcelona (mi segunda ciudad de corazón) posteriores a la movida española, cuando la fiesta post franquismo aún tenía cromáticas cenizas en el aire, y se hallaban en un plano tan distinto a lo vivido en el Perú de entonces.
A Rojo fue recibido con algunos comentarios periodísticos que valoré y valoro, para luego advenir un silencio notable. Digo esto porque, como se sabe, aunque la guerra interna fue cerrándose –por diversos factores– en los años 90, es hacia el desenlace quebrado y corrupto de la dictadura fujimorista, y comienzos del nuevo siglo, cuando al compás de un retorno a la democracia.representativa burguesa se anima el ambiente cultural, y aparecen diversas manifestaciones críticas, académicas y creativo.artísticas sobre aquel período, que tuvo como protagonistas beligerantes al Estado y al PCP-‘Sendero Luminoso’, con los resultados ya conocidos. En dicho panorama de revisión y recreación de la conflagración interna, surgieron miradas sobre aquella época con una ola de publicaciones de diverso tipo. A Rojo fue una de las primeras realidades verbales, en poesía, en atreverse a expresar dicho período y cómo fue vivido por algunos de la promoción 80. Así y todo, considero que fue invisibilizado en la exégesis literaria ulterior. No especularé sobre razones o motivos. Solo señalo este hecho. Tiene una traducción al alemán a cargo del buen amigo y académico Marco T. Bosshard, quien organizó la presentación de A Rojo, en formato bilingüe, en Berlín: alucinante ciudad donde radiqué luego de España.
La penúltima cuestión a decir es que en el Perú se vive una coyuntura –una más– donde la izquierda legal, como en aquellos lejanos 80, alcanzó cierto protagonismo que la llevó a tener representantes en el congreso actual. En este momento, el tercer fujimorato reciclado y sus aliados se encargan de reproducir y profundizar el modelo de capitalismo dependiente que ha sido la constante de este país durante el siglo XX. Evidentemente, con las variantes de época que establece la realidad en este nuevo siglo, con el triunfante capitalismo multinacional y el otrora desmoronamiento del bloque soviético y alrededores, el modelo hegemónico neoliberal ha impuesto a escala a mundial sus coordenadas socio.culturales. La situación internacional ha repercutido en el Perú, como no podía ser de otro modo en un mundo cada vez más desigual e interrelacionado. En dicho proceso, y en lo que va del presente siglo, la izquierda legal nativa buscó reconstituirse agrupándose, de manera intermitente, tras algún caudillo que apareciese como outsider, y que cultive en las masas populares la imagen de algo diferente que viabilice x fin la auténtica democracia y justicia mayoritarias. Lo cual, por supuesto, fue otro cruel espejismo político, y la izquierda se fue articulando cada vez más con el sistema imperante. De ahí que no sorprende su apoyo a una serie de candidatos de la derecha peruana –con alegre participación en estos gobiernos incluida-. Por todo eso y más, considero que los poemas de este libro, con sus virtudes y caídas –si las hubiera– expresan la autenticidad, la voz y el corazón de una parte de mi generación. Fue concebido como un homenaje a quienes han vivido mil batallas, en diversos frentes, contra las artimañas y tramposa educación de la historia peruana oficial, y a favor de la rebelión en sintonía con la tradición radical de la literatura peruana contemporánea. No es verdad que nuestro tiempo formativo de aquellos años se defina solo ni principalmente por la muerte, la sangre derramada o el miedo. Hubo también elementos constructivos, esperanzadores y renovadores en diferentes campos de la sociedad. Quienes ocultan esto lo hacen adrede, a sabiendas de que tergiversan la historia vivida, para apuntalar la democracia de papel que se (nos) vende.
He vuelto sobre las páginas de este libro con la misma fe de cuando envié el machote por avión a lima la P, en 1996, para que algunos amigos de entonces, y mi padre, se encargasen de hacerlo realidad, y presentarlo en sociedad, además, como correspondía a un recién nacido, robusto como un volcán. Que sus llamas y lava sigan corriendo en el río de nuestra poesía, y que se unan al mar de los mejores hermanos y hermanas, algunos de quienes tomaron el cielo por asalto en estos facinerosos años recientes. Sea este homenaje, ofrenda silenciosa, un responso colectivo y ritual propiciatorio para una vida verdaderaMente nueva Para eso también, erecto como un solo hombre y su bandera, está A Rojo pleno de humor y vitalidad a sus 30 años. La poesía no se vende. (“La guerra y la paz”: https://shorturl.at/iPnfs).
En un panorama poético marcado por la fragmentación, las rupturas y las llamadas poéticas “esquizoides”, ¿cómo entiende usted el papel de la crítica literaria en la construcción de nuevas lecturas sobre autores como Domingo de Ramos y Róger Santiváñez, y qué aportó su propia aproximación crítica a ese diálogo que se fue estableciendo alrededor de estas poéticas dentro de la poesía peruana contemporánea?
Sobre esta pregunta prefiero no profundizar en aspectos personales, porque mis relaciones con ambos se han ido diluyendo durante el tiempo por diversas razones, sobre todo de carácter ético-político. Pero debo también decir que no es algo que me alegre, ya que con ambos he compartido bastante vida vivida con sus lados positivos y de otro tipo. Sin embargo, al igual que en una respuesta anterior, remito a quien pueda interesarle a sendos ensayos que escribí a inicios de este siglo sobre dos libros importantes, no solo para cada uno de los autores mencionados, sino para la tradición literaria contemporánea del país e inclusive de fuera: Pastor de perros y Symbol, respectivamente (https://short-url.cc/1wn9B y https://short-url.cc/1wn9Z).
En general, nuestra promoción cultivó no solo la creación literaria y artística en diversos géneros, sino que además irguió una nueva crítica propia ya que en aquellos años no había casi ningún crítico literario o de humanidades que nos abriese los brazos sobre todo de su mente, algo anquilosada entre dichos, prejuicios y parámetros de otros tiempos (al respecto, puede consultarse la entrevista que, con Martín Arredondo, realizamos a José Antonio Mazzotti publicada en el número 102 de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana: http://www.letras.mysite.com/cang270326.html). Sobre aquello de ‘escrituras esquizoides’ no lo tengo muy claro y, en todo caso, pienso que no se descubre la pólvora con eso, sino que ya en las vanguardias, por ejemplo, las hubo. Lo que sucede es que en libros como los dos mencionados hay una suerte de reactualización de las vanguardias locales o foráneas y, otra vez hay que reconocerlo, impulsado todo por el ambiente bélico y de tomas de posición que se vivieron durante las décadas 80-90, que conformaron nuestra etapa formativa en todo sentido. Es decir, era ineludible que en los autores más conectados con las raíces de aquellas condiciones sociales que hicieron posible lo que se vivió en el país, durante aquellos años, se produjera un tipo de escritura realista no solo en sus temas sino en las formas estalladas y estallantes. Dicho tipo de escritura no hubiese sido posible sin la vivencia colectiva ni sin el drama vivido por el pueblo peruano ante un Estado que se reveló más opresor y antipatriota que nunca, al abusar en su guerra sucia contra quienes no tenían fusiles ni municiones y, en muchos casos, no se habían siquiera comprometido con los grupos alzados en armas.
Por último, en los dos ensayos citados se afirma, hacia el final de cada uno, que: “El individualismo (matriz creativa) de Santiváñez le ha permitido llegar hasta cierto infierno en Lima-PERÚ. Pero ese mismo individualismo (techo) le ha impedido hasta hoy desarrollar otros elementos menos personalistas, más sociales y populares operantes en su poética. Como, por ejemplo, prosperar en ese potente camino suyo de hablar desde una cultura cosmopolita y, a la vez, desde una expresa asimilación de nuestra condición social mestiza o «chola» en el Perú actual. El ánimo decadentista y de mística suburbana lo ha absorbido, en cambio, a tal punto que es difícil imaginarle mayores variantes en esa línea que tiene su clímax en Symbol”. Asimismo, concluyo sobre Pastor de perros: “Creo también, sin embargo, que cabe esperar de autores potentes como de Ramos una capacidad para vivir y recrear otros lados y rasgos de esa misma historia y realidad, que contengan signos de afirmación y cambio. Creo que un mismo tiempo, y más en países en trance dramático como el Perú, da para muchos tipos de arte y literatura. Es tarea elevada de sus artistas no cerrarse a esa heterogeneidad problemática y ser capaces de recibir en sus antenas las diversas voces, experiencias e influencias, y no estacionarse en una sola sombra, en una misma y rediviva subterraneidad. Es, para ser más claros, una necesidad a gritos. Ciertamente, cada autor opta por el camino creativo que se le aparezca como el más coherente con su trayectoria vital. Asimismo, y como queda dicho al principio, un nuevo tipo de crítica puede ayudar a aclarar cosas en una escena cultural tan necesitada de ello como la limeña / peruana”.
En Wandel-La transformación, la experimentación formal parece estar estrechamente vinculada con una exploración de la experiencia humana: desde el flujo poético de lo personal y las relaciones cotidianas hasta las migraciones, el paso del tiempo y la dimensión amorosa y sensual. ¿Cómo entiende usted esa relación entre transformación formal y transformación vital, y de qué manera la estructura del libro —que transita del poema extenso a los textos breves y luego a la prosa poética— permite expresar las distintas formas en que el ser humano se transforma a través del tiempo, los viajes y sus vínculos con los otros?
En efecto, mi séptimo libro publicado, de forma autogestionada y durante la última pandemia del Covid, WANDEL [La transformación], lo concebí hacia el final de una prolongada temporada en Europa, específicamente en Berlín. Está dividido en dos partes (precedidos de un Canto al padre: ‘Vaters lied’, ambientado en paisajes andinos). En realidad, y para precisar, la primera sección es un solo largo poema (como un flujo, un grito o prolongada interlocución de mudanzas, vida urbana e interacciones diversas), seguido de algunos otros poemas que multiplican los significados. Mientras que la segunda parte son prosas breves que guardan correspondencias con la primera en tono, temática y trabajo verbal. El título proviene del alemán y se traduce como “transformación”: la del sujeto poético y la que promuevo en todo sentido. Intercala la experiencia de la migración y mi experiencia vital temprana (infancia y adolescencia), con el conflicto armado vivido en el país durante los años 80-90, así como superpone testimonios y diálogos entre viajes, culturas y fantasías. Luis F. Chueca ha acotado bien que, en este libro, hay también confluencias, encuentros, con otras escrituras: Heraud, por supuesto, Lucho Hernández, Enrique Lihn, Westphalen, Vallejo o Juan Gonzalo Rose, por solo mencionar algunos nombres. Por último, y como hace tiempo es consenso crítico, al plantearse una transformación esta sucede en todos los planos: tanto del mundo interno como del lenguaje que lo busca expresar, sin nunca conseguirlo del todo: lo cual da pie a plantear nuevas búsquedas y nuevos libros, al menos en mi caso. En relación con la estructura de Wandel y sus posibles implicancias, tal vez sea (no lo había pensado antes) que si la vida empieza como un ancho y caudaloso río, poco a poco se va precisando mediante ciertas vivencias y escenarios concretos, específicos, en suerte de maduración y sin extraviar (en el mejor de los casos) nuestra frescura inicial.
Cantos a la Luna articula cosmos, cotidianidad y tradición literaria en tres secciones que, aunque de registros distintos, mantienen una unidad de lenguaje y sentido. ¿Cómo concibió la relación entre estas tres dimensiones —la experiencia del ser humano frente al cosmos y la Luna, la mirada sobre la vida cotidiana y el diálogo con figuras como Abraham Valdelomar y César Vallejo— y de qué manera buscó que esa estructura contribuyera a renovar el lenguaje poético del libro?
Es verdad que CANTOS A LA LUNA (2021) consta de tres secciones. La primera parte tiene diez poemas que abordan la soledad en torno a esta figura astral, e incluye también homenajes a escritores que me son significativos. La segunda sección es una suerte de tránsito más personal hacia la eclosión final, mientras que la tercera es la afirmación de una utopía colectiva en clave lírica abordando dos casos de personalidades y lenguajes. Como ha afirmado la poeta y gestora cultural Úrsula Alvarado (la poeta más alta del país), este libro va de la muerte hacia la vida, en términos simbólico-poéticos, desde la Luna y la noche hasta un final incandescente, y tiene una particular experimentación en términos de trabajo con la palabra. La luna es un vehículo poderoso por medio del cual se reverencia a la poesía desde lo universal: vida, muerte, amor, soledad, enfermedad, hasta lo particular y local en la figura de los astros-poetas más representativos de nuestra tradición: cuerpos celestes que nos han llevado alguna vez a dirigir la mirada hacia el cielo. Cantar a la luna es, pues, cantar a la poesía misma. En síntesis, yo tenía la idea de escribir unos poemas dedicados al mar, a la noche, a elementos vinculados con dichos paisajes, quizá marcado adrede por algún élan romántico, postmodernista o simbolista. Y empecé a escribir los de la primera parte, poco a poco. Luego fue la segunda parte y, para cerrar, me pareció pertinente y vinculado a esta suerte de lenguaje adrede fuera de época ubicar dos poemas de homenaje a grandes autores como Abraham Valdelomar y César Vallejo (nuestra incombustible VV) que, entre otras cosas, trasuntan una rebelión y concepción de carácter antihegemónico y marxista. Lo cual, por cierto, no resta la preocupación por darles una forma lírica o, para decirlo de manera más completa: lírico-épico-dramática. Tal vez sea que, con el paso de los años y las aguas (como solía decir A. Cisneros: cisne de eros), también me fui ocupando más de la estructura de cada libro como organismo verbal, porque finalmente siento que es una manera de concebir la creación, y que el arte, tal la vida misma, no carecen de algún tipo de orden. El propio caos tiene su estructura intrínseca, si lo pensamos y experimentamos bien. Inclusive, el inconsciente, como lo demostró Freud al interpretar el lenguaje de los sueños y generar un metalenguaje al respecto, con su teoría del psicoanálisis, y junto con él sus adeptos o aun quienes lo contradijeron.
*ADENDA 2026.
Concluyo este inesperado y amplio diálogo con Yohei Moriya agradeciendo esta inusual ocasión, y confiando en que lo dicho haya reflejado el espíritu contenido en su acucioso cuestionario. Asimismo, comparto que este año publicaré el primer libro de crítica y adhesión dedicado íntegramente a la poesía del gran Juan Gonzalo Rose y la tradición radical (que es la tesis de mi ya referida -y tantas veces diferida- maestría en San Marcos). Como conclusión pre.primaveral, obsequio a quienes deseen leer algunos poemas de mi cosecha bolchevique el enlace a la antología Ángeles reunidos : antología personal (1987-2020): chrome-extension://efaidnbmnnnibpcajpcglclefindmkaj/https://biblioteca.celacp.org/cgi-bin/koha/opac-retrieve-file.pl?id=361a5b2a012302e77a88b1f3ab808357
https://pucp.ent.sirsi.net/client/es_ES/campus/search/results?qu=cesar+angeles+loayza&te=
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ORACIÓN POR ABRAHAM VALDELOMAR
Amado hermano,
tú que quitas el pecado del mundo
que estás sentado a la diestra
y siniestra
del padre y el Amauta
no nos dejes trajeados de mentira
en esta herida tierra
de pallares y catetos
Líbranos de todo bien menor
y si es verdad como sabemos
que al navegar con desnudos
pies
sobre el oce ano de una ciudad corrupta
venciste
haz que tu ombligo sea estrella
y que Baco alumbre nuestros
viernes santos
para no echar tierra ajena
a tu memoria
Sabes bien estando arriba
como estás
que en Palacios se Conciertan
traficantes de culebra
a quienes tú y tu palabra
dejaron mortalmente heridos en el Jirón
¡Desnudo Valdelomar!
¡Arráncate las últimas flores
y polifemo muestra nos
tu sexo erguido
para asaltar el cielo!
¡Tú que hablas bis a bis
con César Abraham y con
José María,
no nos dejes caer en la tentación
de olvidar tu alma!
¡Líbranos de ir sin cuerpo
sin lluvia
por la vida!
Y rodea con tu lengua
nuestras piernas
para andar erguidos sobre el mar
como hiciste mago en plena dictadura
antes de que empezara la lucha final
¡Oh, joven poeta y eterno
que entre árboles nos miras,
tan en blanco y negro,
no veas solo nuestras faltas!
Y en la cromática mañana
cuando cante para siempre el Carmelo
has de estar tú y José Carlos,
entre tantos,
sobre clásicas tumbas
de un viejo cementerio ya vencido
y abierto
Tú que quitas el afeite
y los perfumes baratos de esta
Ciudad en Rüinas,
líbranos de todo mal
y con húmeda piel,
mirada inmarcesible,
concédenos comer tu cuerpo,
beber tu sangre
Que sea esta poesía
la alianza nueva y eterna
en la que nos hemos de reencontrar
y que hagan esto en conmemoración tuya,
nuestra,
por los siglos de los siglos,
camarada,
Amén
C. VALLEJO QUE ESTÁS EN LOS CC.
Camarada Vallejo, estaba
pensando en vos esta mañana de enero
en que pasan caballos y
humanos heridos de todo por calles y plazas
estaba, adornado de cristales lanceolados
incrustados en mi tórax des
nudo estaba
sentando en ti en vos en vuesa partícula
profana profana cama
rada Vallejo y vi gobiernos más andenes
derruidos
vi odres de vino más estiércol
totalmente derramados, licuantes y fluidos
por sobre muros ventanas
ilesas rosas
barcos de papel naos y
no oíste hablar de Pessoa sus dobleces
alejados y alejados
del bando de políticos que dejamos
tú y yo, heridos, humanos
hube de ver animales centenarios, César
para silbar en contra de los malos
hube de herirme de cárcel y país
todoroto todohueso todoanimal
cetáceo que me abrumas pero-
rata vana, balconazos
hube hubimos
de trizarnos en 2,000
y el rojo maíz de ofertorios paganos vino
y vino como lluvia
a matar
las hogueras de la trampa, los mil
millones
de balas y explosiones
con que fraguamos el epílogo,
la historia, el país
de donde venimos y de donde casi
por un descuido de la cresta
no salimos / pero ya salimos
camarada ígneo
remoto de la frente
y comba y comba
tu cabello
ébano y sonrisa tú
te fuiste a la francesa
no sé si sabes cómo cuánto
han ido tras tus pasos
doblegándote, invirtiéndote
y bagatelas y bagatelas
a ti la soga el palo y los difuntos
tardos
no voy ahora a hacerte amenas las visiones
ni las cámaras de tortura sus
aceites, agasajos y banquetes
no voy a poner tiovivos
ahí donde por siglos nos sangramos
tú ya fuiste y ya volviste
abufandado, ligero y joven
tú ya vienes de dos a cinco,
cuando los relojes hánse ido blancos
vienes a velocidad
a velocidad con la risa mural
con el aire, los pájaros ciclópeos
las historias, los senderos
el pan bajo el hombro,
tus moléculas, tus síes, tus nóes
vienes y acá estamos todounido
p a r a r e c i b i r t e
con rosas y venados
está pedro páramo la juana vásquez
pedro rojas los abismos
los cañones los meandros
el agua inmensa de la selva y sus océanos
estamos todos de todo
y para siempre nunca
ya sabes sin palabras, camarada
que de pie y en flujo están los niños
y al fin y sin preguntas nos
pertenecen el mar las montañas y
los pájaros en trino
de rojas barajas
y un azul intenso como
el alma que nos diste
para ganar para ser felices
sin que falte nadie sin que falte nada
Añil Claridad
(Condado de Lemos, al este de Lima Qeer)
Del libro inédito Cantos a la luna
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