Si el río abriese los ojos: Antología de la continuidad. García Gómez (Venezuela)

Leemos, en el marco del dossier Si el río abriese los ojos: Antología de la continuidad de nueva poesía venezolana que preparan Bolívar Pérez, Juan Lebrun y Zorian Ramírez Espinoza, algunos poemas de García Gómez (1998). Publicó La sombra de la sal (2023).

 

 

 

 

 

Si el río abriese los ojos: Antología de la continuidad.​​ Es una selección que reúne voces de poetas venezolanos nacidos a partir de 1990. La muestra nos invita a reflexionar acerca de​​ las diversas identidades que se presentan en la poesía​​ actual venezolana. La escogencia del título rinde homenaje a dos voces que dejaron una huella fundamental en el panorama más reciente de la vida literaria del país: César Panza, con su verso​​ Si el río abriese los ojos qué viera, y Caneo Arguinzones cuando dice que​​ Haber retrocedido al abismo ha convertido la continuidad / en una festiva alabanza. César nos devuelve la pregunta de la identidad sin pretender abrirnos los ojos, sino buscando que habitemos con él la pregunta; defiende lo auténtico mientras nos habla de la impermanencia.​​ Caneo plantea una​​ vivencia corporal que enfrenta a la muerte, pero que, en un detenerse, busca la continuidad de la vida como una “festiva alabanza”. Estos autores y referentes, por siempre jóvenes, son voces desenfadadas, discontinuas, navegantes de lo incierto en el río identitario, vitales, como las que presentamos a continuación.

 

 

 

 

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García Gómez​​ (1998)​​ es​​ Licenciado​​ en psicología de la Universidad Yacambú, Edo Lara. Artista informal multidisciplinario. En 2022 realizó su primera exposición gráfica individual titulada “Colona & Eutanasia” en Rubio, Edo​​ Táchira. Poemarios:​​ El recuerdo del loco​​ (2022).​​ La sombra de la sal​​ (2023) Editorial petalurgia. Ha publicado de manera independiente cinco álbumes musicales:​​ Solve et coagula​​ (2020),​​ El cuarto de los chécheres​​ (2021),​​ Sendero​​ (2023),​​ La última cena​​ (2023),​​ Colonia & Eutanasia​​ (2025) con el cual se ha presentado en distintos festivales y eventos autogestionados.

 

 

 

 

 

 

Tamunangue en Chicago

 

Llora el divino niño

Se escucha en la bodega de la esquina

Little Yisus baila su tambor

Con agua e´ panela y Jack Daniel's los otros

El reggaetón en sus brazos

Y la santa cruz que nos hace sombra

Con las velitas de colores

Y el fresco verano

Que ya no existe

Las miles horas como un perro abuelo

Purga diamante Northwest

Quen mi calle titubean los mares que se pierden

Y la curiosidad que revienta las montañas

Porque ellas cubren antípoda

El Gran Rex de nuestra villa sumeria

Y todas las cabriolas que la soportan sin vino

Aquella noche del dieciocho de diciembre

Que no llega a su fin

Sino por causalidad

De no haber nacido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

V.

 

El espacio se curva frente al loco

Cada vez que los astros flotan circuncisos

Sin lluvias desde la palmada

“Casi los mudé a otro balcón

Pero él estaba muy fuerte”

El iluso calla mientras la otra come

La candela nos recuerda que somos ceniza casi

Provincialmente pestañeo atendiendo la lejanía.

Cuando mis ojos estallan sé que los he usado,

Que es la hora de quitarlos

Y de abrir la nube alrededor

Para olvidar

Un día

Escucho militantes del polvo

Cuando bullen las escamas

Cuando gritan los intrusos

Cuando llora la tierra

De mis alcantarillas.

 

La zona prohibida lleva un anfibio venenoso

Que nos escupe de a gotas en las orejas

Nos pudre la saliva y despertamos a escuchar los motores, el humo, y el moralismo​​ 

Antes que se queme el pan

El culo baila por ese pan, por esa vida de lujo

De creer que encontró el lugar adecuado para ser feliz

Y procrear nuestra miseria.

 

Rezo por vos

Frente a la candela de las cortinas.

 

 

 

 

 

 

 

 

XIII.

 

Golpeo mis pulgares de vértigo

Día gris

Muere sólo con tu vagina de plástico sobrio Dan

Junto a Lars que es tu amor perdido.

Usa tu zapato roto junto al otro más roto

Pero con trenzas nuevas.

Rasguña la cara del bañador

Iracundo cepilla los pelos para ser su padre

Imita lo que no tiene.

Incierto.

Cara de perro muestra tus ganas, suelda la piel de una oreja a otra

Lava el paladar sin cosquillas

Pierde el juego con el silicio

La camándula de tu bisabuela heredada por tu abuela ambas muertas

Murieron rezando y aun con eso, no se salvaron.

Espera tu turno viejo Dan

Hasta que la ropa se rompa sola y tiesa

Como tu mente híbrida

Que usa sandalias y pistolas

Que come sangre verdosa

Como los labios del cadáver

Que preparaste ayer.

Afeitando su rostro, apretado en la salida

Sin que te acusen de necrofilia escapas por la vertiente

Viajas con la serpiente al matadero

Bulle tu estigma sin atención

Hasta la estocada de machetilla

Que abre la puerta del mantel

Refugio bajo la mesa en la noche que tu madre murió

Suicidada

Por la gente.

 

 

 

 

 

 

 

XVII.

 

Aquí cuando bebo callo la culpa del vidrio.

Dialogo con el diablo en la cena:

El cansancio de mis ojos se afinca en la imagen de unidad con piel sin rayas azules ni brotes amarillos como lo son los pensamientos de quien me acompaña en la cena.

Aquella comprensión mulata sí sabe del fuego,

Ni se quema ni huye, es de fuego su lengua

Manso fuego dorado naranja líquida

Milisegundo, se va. Y yo hastiado discuto el color de la marihuana frente a la cara de un policía. El diablo se viste de madre, de cuadro “mal hecho”, de un saludo vacío que pregunta por “los culos” y de una respuesta

El verdadero diablo no es la sombra.

El verdadero pregunta por el precio de la auyama y se queja de la tierra.

Regatea del campo y su sangre y se arrecha de paso.

El verdadero chismea sobre la tumba de nuestros niños

Bebe latas de soda y whiskey en la sala presidencial.

El verdadero lloriquea de su propia carne cuando no pudo llenar un vaso con agua

Decir “hola” a sus abuelos mientras morían.

Regaña a palo, como le hicieron

Juega el dios ciego de muertos

Imitan extraños todes nosotres

Diablos de 8 a 12 y de 1 a 6.

 

El planeta ríe y llora cuando puede

Lavando el diablo mundo

De sus hormigas muertas.

 

 

 

 

 

 

 

XX.

 

Yo te cuido de mi aborigen

Que alza al frente su copa de sangre

Exprimidor del mundo

Voluntad esqueleto.

Todo lo que damos por otro

Se pierde como el tizne invisible.

Bajo a la selva en el grito

Y veo tres tigres:

Uno come seguro, otro tenso se hace el dormido, el tercero trata de no escuchar su hambre.

Los tres tienen audífonos. Uno guinda su cabeza, otro rígido simula igual, el tercero lucha.

Uno da sus manos al sol, otro tiembla al rascarse, el tercero se cruza de brazos y mira de reojo.

Todos caminan en silencio, mientras gira el cielo asfalto del mediodía

Ninguno cede el puesto

A ninguna mujer

Se debe mirar.

Yo te cuido de mi aborigen uña de Dios

Para que tus gatos florezcan en el cristal

Y no se pierdan de sí

Y cacen liebres en el océano de​​ esta selva

Y alcancen la cordura grande

Porque un conejo no basta, aunque así lo crean

¡Oh!

Espiral cansado

Los espejos vienen de los reflejos

Y no al revés.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

https://music.youtube.com/watch?v=eg2X4tpDmEw&si=5_07S1jTCCg3Z_D4

 

 

 

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Pamela Rahn / Luis José Glod / Milagro Meleán / Carlos Katán / Jesús García / Érika Manoche Barreto / Yéiber Román / Ana Mirabal Mujica / José Mestre Michela Lagalla / Kaira Vanessa Gámez /  Ricardo Sarco Lira /  Sofía Crespo Madrid / G. Galo / Alejandro Indriago / AnCe Jesús Zamora Maneiro Hamid El Sayegh / Jesús Montoya / Ariana Mathison / Soriana Durán / Carlos Iván Padilla / Paola Alzuru / Stephani Rodríguez / Rogelio Aguirre /  Valentina Diaslara /  Alborada Garrido /  Paola Assad Barbarino / Clara de Lima / Winifer Isolina Ravelo Vergara / Daniel Oliveros / Jhensy Lucena Castillo / María Alejandra Colmenares /  Laura Cárdenas / Andrea Paola Hernández / Freddy Yance /  Jaime Yáñez / José Rosales Thalía Sánchez

 

 

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