Berlín, lejana y sola: homenaje a Ariel Miller

Les presentamos, como parte del homenaje al poeta y traductor mexicano Ariel Miller (1994-2026), un poema que el autor escribiera originalmente en persa y que hoy el traductor kurdo Jiyar Homer, en colaboración con Erasmo Pantoja, nos entrega una versión al español.

 

 

 

 

 

 

Berlín, lejana y sola: homenaje a Ariel Miller

Por Jiyar Homer

 

Las olas habían arrastrado a Ariel Miller Salazar de México a Berlín en busca de sí mismo, pero ahí encontró una patria: Anna. Lo conocí por curiosidad. Poco a poco, se convirtió en mi amigo, mi carnal, a quien no he visto nunca en persona, y este dolor sigue pesando en mi corazón.

En 2022, cuando leí en internet que un poeta y traductor joven mexicano había traducido la poesía reunida de Sohrab Sepehri al español, quedé fascinado. Pregunté a mis amigos Mohsen Emadi y Shook para ver si lo conocían. Sí, afortunadamente. Crearon un grupo de Whatsapp. Nos conocimos gracias a las cariñosas manos de la poesía. Así, a lo lejos, me ayudó mucho a pulir mis traducciones al español de literatura kurda. No le gustaba usar la figura de “co-traductor” para su colaboraciones, en tanto no hablaba la lengua. Él no tenía mucho contacto con el mundo editorial hispanoamericano, así que, paradójicamente, yo, desde una tierra tan lejana, lo conecté con Alí Calderón, un editor de Círculo de poesía, quien amablemente publicó muestras de su obra. Por cierto, pienso que la literatura kurda está en deuda con Ariel tanto como yo estoy en deuda con su amistad. Gracias a él, catorce poetas y cuentistas kurdos inhalan en la lengua de Don Quijote.

A pesar de todos los obstáculos, conectábamos muy seguido. A veces verbalmente, otras veces vivíamos unos silencios brutales, pero esos silencios también hablaban, y de repente intercambiar un poema era suficiente para que las palabras renacieran entre nosotros. Hablábamos incluso cuando estaba en el hospital, cuando no tenía a nadie alrededor en todo el mundo más que a su novia Anna.

Él sabía que me gustaba mucho Fernando Pessoa. Un día me dijo que había otro tesoro y que tenía que leerlo: Carlos Drummond de Andrade, de quien luego traduje una muestra de sus versos al kurdo. Pero admito que estoy muy avergonzado con él, porque no pude publicar su poesía en mi lengua materna. Pensaba que teníamos muchos años por delante, incluso para vernos. Pero el viento de tu prematura muerte se llevó consigo para siempre la esperanza de abrazarnos en algún lugar del mundo. Tu migración a lo eterno fue un terremoto que sacudió toda mi existencia.

Es cierto, lo conocí cuando vivía bajo un techo de Berlín y estudiaba una maestría. Una vez ocurrió algo divertido: un amigo mío se fue a estudiar allí. Los dos se conocieron por coincidencia. Cuando Ariel se dio cuenta que era de Kurdistán, le dijo al instante: “¡oh, yo conozco a un kurdo!”, y mi amigo le preguntó “¿cómo se llama?”. Al oír mi nombre y darse cuenta que los dos me conocían, empezaron a reír.

Siempre me gusta mucho aprender más el español de distintas regiones. Pero qué dulce tiempo era cuando me estabas enseñando palabras mexicanas como “carnal”, “chingon”, etc. No puedo evitarlo, ahora ‘carnal’ tiene otro sentido y peso en la conciencia de mi lengua, y cada vez que la escucho me acuerdo de tí.

Ariel, mi carnal de la poesía, la muerte te robó en un parpadeo. ¿Pero a dónde? ¿A dónde? ¿A dónde? No hay respuesta en esta cueva de la muerte, sólo ecos colmados de silencio. Aún no puedo creer que camino en un mundo donde no respiras. Aún no puedo creer el momento en que Anna me escribió que habías salido a volar con alas marchitas. Dejaste Berlín, lejana y sola, como escribiera Lorca. ¿Pero qué más puedo decir? Las palabras son débiles para expresar sentimientos. Las palabras no pueden minimizar el peso de tu partida que siento como una piedra grave. Para Andrade, había una piedra en el camino, pero para mí, hay una piedra sobre mi corazón. Ya duerme, mi carnal, duerme, una tumba fría abrió sus brazos para tus sufrimientos eternos.

A continuación, pueden leer un poema sin título de Ariel Miller Salazar escrito en persa. Lo traduje a su lengua materna, a pesar de que, en uno de sus últimos versos escribió: “Y con este poema, Ariel Miller Salazar se despide de la lengua española que algún día amó.” Yo no puedo esconder que aún amo esta lengua, al menos era un puente para nuestra camaradería, aunque debajo del puente flotaban otros mares de silencios y océanos de amistades.

 

 

 

 

 

 

La muerte es mejor que escribir poesía.

La muerte es la verdad,

la poesía es la actuación de la muerte:

Un muerto está más vivo que un poeta.

Pero creo que el poeta

entiende tanto la muerte

como la vida,

y únicamente entiende

que no hay nada en la lengua…

El muerto sabe

que debe guardar silencio.

 

Esta noche no sé si sé qué es la vida,

pero, ay, estoy vivo:

entiendo la muerte

y no sé por qué…

 

 

Traducido del persa por Jiyar Homer & Erasmo Pantoja

 

 

 

 

 

 

Jiyar Homer (Kurdistán, 1996) es traductor y editor, miembro del colectivo Kashkul, el Centro de Artes y Cultura de la Universidad Americana de Irak, Slemani (AUIS), y del PEN Kurdo en Alemania. Contribuye como editor en la revista Îlyan. Habla kurdo, inglés, español, portugués, árabe y persa. Principalmente traduce literatura latinoamericana al kurdo y literatura kurda a otros idiomas, hasta la actualidad ha traducido obras de más 100 autores. Sus traducciones incluyen libros de Juan Carlos Onetti y Carlos Ruiz Zafón al kurdo, Farhad Pirbal y Bachtyar Ali al español, Sherzad Hassan y Dilawar Karadaghi al inglés.

 

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