Poesía africana: Marc Alexandre Oho Bambe (Camerún)

Leemos, en el maco del dossier de poesía africana que prepara Mariela Cordero, algunos textos de Marc Alexandre Oho Bambe (Camerún, 1976). Fue ganador del Premio Paul Verlaine de la Academia Francesa en 2015.

 

 

 

 

 

Marc Alexandre Oho Bambe​​ (Camerún, 1976)​​ conocido como Capitán Alexandre, poeta de slam y novelista, siembra notas y palabras de resistencia y paz, de memoria y esperanza. Como escritor que escribe al ritmo del corazón, inscribe sus poemas y sus pasos en los de sus guías intelectuales y maestros de la esperanza: su poesía canta las posibilidades, la entrega, el amor y la rebelión, la búsqueda de lo humano, «nada más que lo humano», y el rechazo radical a vivir «de brazos cruzados en la actitud estéril del espectador». Miembro fundador del colectivo On A Slamé Sur La Lune, Capitán Alexandre es también cofundador del periódico Prose Combat. Ganador del Premio Paul Verlaine de la Academia Francesa en 2015, Marc Alexandre Oho Bambe fue nombrado Caballero de la Orden Nacional del Mérito por decreto presidencial del 2 de mayo de 2017 y Maestro de Juegos de la Academia de los Juegos Florales el 3 de mayo de 2022.Capitaine Alexandre crea óperas poéticas y recita sus textos en forma de slam en escenarios de todo el mundo.

 

 

 

 

 

 

 

cada día

pido​​ 

audiencia​​ 

al alba

 

 

busco

la ciudad prohibida​​ 

el paraje

del decir del amor

 

aprendo a

 

volver

a la página

en blanco

 

devenir

horizonte

fuente

 

abrir

la voz

​​ río

 

tentar

al cielo

al fuego

 

caminar

sin amo

ni dios

 

 

 

 

 

 

 

 

Me inicié en la poesía, como quien​​ entra en una orden religiosa.

Penetrado por​​ una mística, seguro y convencido de que allí encontraría,

en ese laberinto de fuentes y en ningún otro lugar, el sentido

irrefutable de mi presencia en el mundo.

En mis primeras lecturas, mis revistas negras y

surrealistas, mis antologías de maravillas, había tanto.

Tantas quimeras y pasiones, tantos sueños y rebelión, tantos

molinos de viento y aliento divino, tanto oxígeno y luz,

el universo entero y mucho más.

Tanta emoción, tanta cultura y tanta fe.

Tanto de​​ Furor​​ y Misterio, tantas​​ Centellas,​​ tanta

Saudade, tantos combates, tantos gritos, tantos cantos, tantos

escritos, tantos destellos, tantos ecos, tantos males, tantas

esperanzas, tantas risas, tantas lágrimas.

Y el tiempo.

¡Ah, el tiempo, jadeante! ¡El tiempo de la juventud escarlata y

revolucionaria! ¡El tiempo de los ideales, que anuncian la hora

azul de nosotros mismos! ¡El tiempo de la belleza, radical!

Fue en Douala, donde nací, donde aprendí a esculpir el

silencio​​ mirífico​​ de las noches​​ engastadas​​ de estrellas, y donde

comprendí la urgencia de ralentizar el paso a veces, para sumergirme

por completo en la existencia y en la intensa y doble experiencia de

la lectura y la escritura, ese tiempo-grito que perdura.

Y en casi cada página, mis libros de cabecera

parecían liberarme de nudos antes inextricables y

transmitirme este mensaje, inexplicable, esencial, ineludible:

 

Cree en tus sueños y​​ continúa su​​ libertad.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hay algo de​​ un​​ desorden, de​​ un​​ amoroso​​ desorden,

del​​ orden de la​​ melancolocura,​​ al encontrarse

ciertas noches de invierno y de verano, de primavera y

de otoño, tanto en la estación de las lluvias como en la estación seca,

en​​ el centro​​ de nosotros mismos, sentados o de pie en la terraza

del cielo, con otros​​ embriagándonos con sus​​ palabras.

De blues.

De tormenta.

Y de esperanza.

Por eso, por eso​​ persisto​​ en​​ creer en​​ el Hombre.

Porque él​​ ha inventado​​ la poesía.

Y es ella,​​ por​​ su magia, la que nos reinventa,

humanas, humanos, en el sentido más noble y digno.

La poesía, democrática, popular, viva, vibrante,

vivificante.

La poesía, que se yergue vertiginosamente y se erige contra todas

las formas de elitismo​​ y de cinismo, de​​ violencia​​ y de​​ poder.

La poesía que reúne, alrededor del fuego.

Del origen del mundo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre​​ las huellas

de Joyce

Ulises en el viento

de las palabras

Sísifo en el tejado

del mundo

quemo

mis impaciencias

ardo a la luz de las velas

de los​​ poemas que cantan.

Ayer, hoy y mañana.

Ejo1

 

 

 

 

 

 

1: Ejo es una palabra en kinyarwanda (lengua de Ruanda) que posee un significado dual: designa tanto el día de ayer como el de mañana, simbolizando la circularidad del tiempo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

***

 

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