Geraldine A. Ruiz en La poesía te quiere vivo

Leemos, en el marco del dossier de poesía colombiana de autores nacidos en los noventa, preparado por Alejo Morales, algunos textos de Geraldine A. Ruiz (Barranquilla, 1993). Además de poeta es artista interdisciplinaria y docente. Estudió composición en la Universidad Nacional de Quilmes. Publicó Arbolito (2018), Matar al mensajero (2019) y Poemas traducidos (2024). Reside en Buenos Aires desde 2014.

 

 

 

 

 

 

En este siglo sucediendo

 

1.

traigo flores de la calle como los gatos palomas y como los gatos​​ 

me angustio y el protocolo de los otros

 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ pensar​​ en el acto / el acto pensándose​​ 

 

si vivieras conmigo​​ me barrerías del pecho las​​ flores secas, me dirías

fumar​​ en la cama no tiene peligro, peligro es prender velas

y esperar​​ que los muertos las apaguen

 

si vivieras te llevaría,​​ siempre un día​​ después que​​ los umbanda, a la ribera

pues la luz sobre los restos de las flores, las frutas, las gallinas

 

sé que Margarita piensa que la gente bebe porque Dios no existe

y decidida me pongo a rezar por el vacío las botellas

 

pido perdón, no soy, ya sé​​ 

ningún bastión en este siglo sucediendo​​ 

 

 

 

 

 

 

 

2.

el agua no erosiona las crestas papilares, las altera​​ 

un ratito las altera​​ 

(maldito capricho darwinista)

pienso en secarte una lágrima, en meterte los dedos en la boca

pensarte me arruga, un ratito me altera,​​ envalentona

 

la identidad y en el medio el deseo y en el medio el patriótico acto​​ 

mojarte los dedos y esperar​​ 

que la huella dactilar me pertenezca ​​ ​​​​ 

 

envalentonada te diría​​ 

mi corazón, el Lonesome George​​ 

que de a pasitos en el pecho​​ 

se aliviana y desextingue​​ 

con pensarte

aúlla

 

ahora lloro más y mejor​​ 

izo bandera

ahora que todo posible precipita

 

 

 

 

 

 

 

 

3.

¿cómo es posible, a la vez, oler a hibisco y a heliotropo?

 

cuando dejé de soñar con sexo aparecieron las cruces

las diagonales,​​ las rotondas, los desvíos​​ 

empecé a soñar que fumándote en la cara te elegía​​ 

y hasta con una puerta y nuestros nombres

 

pensar es un efecto secundario del afecto:

así que a esto le llaman estar en cornisa, auroras

dulzura austral​​ y nervios y ganas y puertas

 

yo también te amo​​ (es un defecto de la lengua)

en alguna zebra ha de estar esa línea paralela​​ 

vivir así ha tenido​​ que poderse

 

nadie te avisa,​​ entonces

entre la espada y la pared hay una puerta

y una cornisa

del otro lado de la puerta​​ 

 

 

 

 

 

 

 

Estoy probando el pop

 

imaginá una mesa estéril en un cuarto estéril​​ 

un sentimiento con el vientre expuesto

un bisturí

y la herida quirúrgica​​ 

 

intenté solo decir​​  

pero​​ 

mi ambición recalculó​​ 

sus límites​​ 

 

en todo caso dije​​ ​​ 

porque el MIT me dio estadísticas

 

nadie cortaría un café por amor a la entropía​​ 

ni tomaría más de un tren por amor a la relatividad​​ 

 

 

 

 

 

 

 

Fracasar en el arte mayor

 

1.

de vuelta al puerto del otoño​​ 

todos los pájaros regurgitando y usted

los ojos tan abiertos, raro recién nacido

me hace brotar ladrillos de las manos, urgente es​​ 

este sendero, viene de usted hacia usted

y de regreso​​ 

 

 

 

 

 

 

 

2.

algo mío y compartido, un órgano vestigial

azaroso y estridente ​​ 

crece

el nodo que reconozco, perdí​​ 

la posibilidad de la hazaña, aquí estoy​​ 

cadera de ballena, dada vuelta​​ 

de regreso​​ 

 

 

 

 

 

 

 

3.

ojalá no haya espacio para renunciar al pulso​​ 

conservar el nodo intacto y la posibilidad​​ 

de volver más de una vez por el sendero, magia​​ 

inútil con que le llamo, canción del organito

yo bailo para opacar al mono y usted

no me sabe urgente ni cerca​​ 

o de regreso

 

 

 

 

 

 

 

4.

es de noche y me frustro, entonces​​ 

cuelgo un pasacalles​​ 

ahí están enumerados los objetos​​ 

mi herencia, las lapas que levanté un día​​ 

para verle, un día, escuchar en ellas​​ 

los motores de los barcos

 

 

 

 

 

 

 

5.​​ 

de regreso al puerto del otoño​​ 

bisturíes, manivelas y los cascos

plagados de vida​​ 

disipando, de una vez y para siempre

la urgencia imaginaria del sendero​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

***

 

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