Flor Bárcenas Feria en La poesía te quiere vivo

Leemos, en el marco del dossier de nueva poesía colombiana preparado por Alejo Morales, algunos textos de Flor Bárcenas Feria. Poeta transaforcaribeña autora del libro Bramidos de agua dulce .

 

 

Flor Bárcenas Feria.​​ Poeta transaforcaribeña. ​​ Especialista en Escrituras Creativas.​​ Es autora del libro​​ Bramidos de agua dulce​​ (Escarabajo Editorial, 2020). Poemas suyos fueron incluidos en la antología Como la flor: Voces de la poesía cuir colombiana contemporánea (Planeta, 2021). Algunas selecciones de sus textos han aparecido en las revistas y antologías Relata, Huellas, Casa Bukowski, New York Poetry Review, Círculo de poesía, entre otros medios. Es activista a favor de los derechos de las mujeres trans.

 

 

 

 

 

 

 

Domingo

 

Es​​ domingo​​ y​​ hay​​ un​​ cielo​​ azul​​ bastante azul y sin nubes,

como si detrás de estas lomas golpeara el mar Caribe,​​ como si al pasar esta loma de asfalto

me​​ juntara​​ con​​ mi​​ madre​​ en​​ la​​ orilla​​ de​​ la​​ playa​​ y le contara mi sueño de ser ella

y que mientras las olas besaran el bosque​​ mi madre me ayudara a​​ vestirme de muñeca​​ me pusiera un vestido amarillo

y​​ saliera a pasear​​ conmigo.

Pero​​ es​​ domingo y no está el mar​​ ni​​ está​​ mi​​ madre,

nos​​ separan​​ kilómetros y ciudades amargas​​ donde​​ hombres​​ blancos

se​​ inclinan​​ ante​​ hombres​​ blancos​​ que niegan mi deseo.

 

Y​​ es​​ domingo.

Y​​ estoy​​ triste.

 

 

 

 

 

 

 

 

En​​ búsqueda​​ del​​ bosque

 

I

Quiero emprender un camino al bosque​​ limar mis huesos

asirlos a las ramas de los árboles,

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ Que​​ el​​ sol brame​​ en​​ mi​​ raíz

que​​ en mi sangre burbujeen las enfermedades​​ de​​ Dios.

 

Soy​​ un​​ árbol​​ y​​ el​​ viento​​ se​​ acuna​​ en​​ mis​​ ramas.​​ Soy un árbol que cortan y sangra.

 

 

 

 

 

 

II

Soy un pájaro sentado en la copa de un árbol,​​ una mujer negra abrazada a su raíz,

el​​ lugar​​ por​​ donde​​ se​​ drenan​​ los​​ dolores​​ de​​ mi​​ madre;

la grieta en donde los hombres ponen un grito en el cielo​​ para acusarme ante un amargo​​ Dios.

 

Quiero​​ emprender​​ un​​ camino​​ al​​ bosque

Ser agua oscura que nadie interrogue a su cause​​ Y

turbia

aparecer​​ en​​ los​​ sueños​​ del​​ Dios.

 

 

 

 

 

 

III

El​​ bosque,​​ sin​​ embargo,​​ no​​ existe. Existe el deseo.

La​​ luna​​ se​​ posa​​ en​​ mi​​ sangre​​ y​​ todos​​ ven​​ formas​​ en​​ la​​ luna.

 

Otro​​ lenguaje​​ íntimo​​ conversa​​ con​​ la​​ muerte,​​ pido que no resequen mi garganta,

que​​ mi​​ incapacidad​​ de​​ lenguaje​​ profetice​​ una​​ mordedura​​ florida.

 

Estoy​​ en​​ búsqueda​​ del​​ poema:

¿Por qué les molesta que hable?​​ Dios se durmió en mi lengua.​​ conozco​​ el​​ lenguaje​​ del​​ silencio.

Sin embargo, pienso y maldigo en español,​​ abuso de la conjunción “y”

porque​​ quiero​​ adicionar​​ mis​​ dolores,​​ aunque siempre el bosque huya

y​​ también​​ la​​ palabra y​​ también​​ el​​ poema.

¿el​​ bosque​​ es​​ la​​ palabra, es mi duelo,

es mi sexo,​​ es​​ mi​​ ardor?

¿El​​ bosque​​ es​​ la​​ ausencia​​ de​​ Dios,​​ su enfermedad en mi sangre?

Que​​ alguien​​ me​​ diga​​ si​​ el​​ bosque​​ es​​ ese​​ roce​​ en​​ mi​​ sexo.​​ O me invento al bosque.

 

 

 

 

 

 

 

 

Converso​​ con​​ la​​ muerte

 

 

Sólo​​ un​​ destino​​ poseo.

—y​​ la​​ certeza​​ de​​ que​​ resbala​​ de​​ mis​​ manos​​ y​​ será​​ absurdo​​ reclamarlo.

IRINA​​ HENRÍQUEZ

 

 

Converso​​ con​​ la​​ muerte

apenas​​ tomo​​ consciencia​​ del​​ día.​​ cae​​ un cielo azul sobre mi​​ cuerpo

le​​ pregunto​​ a​​ Dios​​ por​​ qué​​ me​​ muerde​​ a​​ mí​​ y el día se torna largo y peligroso

invento​​ movimientos​​ con​​ mis​​ extremidades​​ para simular que abrazo mis carnes.

—Ocurre​​ la​​ noche—

Se regocijan mis carnes​​ y​​ soy​​ una​​ sola​​ oscuridad.

 

Tengo​​ ahora​​ la​​ certeza

de​​ que​​ puedo​​ quebrar​​ palabras

de​​ que​​ no​​ solo​​ un​​ destino​​ poseo​​ en​​ el​​ poema.

 

Desde mi lengua húmeda​​ escarbo un lenguaje enterrado hace siglos

y​​ bailo​​ y​​ lloro​​ y​​ canto.

Si​​ he​​ de​​ morir​​ de​​ reseca​​ mi​​ garganta​​ que sea de tanto decir:

sabrás​​ emprender​​ el​​ vuelo.

​​ 

​​ 

 

 

 

 

 

 

La​​ mujer​​ que​​ dicen​​ que​​ no​​ soy

 

La​​ mujer​​ que​​ dicen​​ que​​ no​​ soy​​ corre por un desierto

y se inventa el fuego​​ donde​​ enciende​​ palabras

amasa​​ el​​ barro​​ del​​ desamparo

y​​ siembra​​ la​​ tristeza​​ en​​ su​​ entrepierna.

 

El​​ fuego​​ es​​ más​​ que​​ fuego

es​​ el​​ corazón​​ ausente​​ de​​ mi​​ padre​​ mi​​ voz​​ quebrada​​ frente​​ a​​ un​​ jardín​​ reventado por el sol.

 

La​​ mujer​​ que​​ dicen​​ que​​ no​​ soy​​ se prenderá fuego

cuando le dé la espalda al río​​ solo​​ para​​ arrojarse​​ a​​ sus​​ aguas.

 

 

 

 

 

 

***

 

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