Santiago Rodas en La poesía te quiere vivo

Leemos, en el marco del dossier de nueva poesía colombiana La poesía te quiere vivo, preparado por Alejo Morales, algunos poemas De Santiago Rodas (1990). Es poeta y novelista. Su más reciente libro de poemas es Érase una vez un poeta (2022).

 

 

Santiago Rodas​​ (1990)​​ estudió publicidad,​​ Filosofía y​​ Letras. Autor de los libros de poesía​​ Gestual​​ (2014),​​ Trampas​​ Tropicales​​ (2015),​​ Plantas de sombra​​ (2018),​​ Érase una vez un poeta​​ (2022), y de la novela​​ El espectro de la voz​​ (2024). Es editor de la editorial Atarraya y asistente editorial del periódico Universo Centro. Sus textos, tanto ensayos como poemas se encuentran publicados en diferentes medios y antologías de Latinoamérica y España. Participó en las exposiciones colectivas Futuro Perfecto, Museo de Antioquia (2021), Urna Voz, Universidad Eafit (2022). Y la exposición individual Amor por Medellín, en la Bruja Riso (2023). Los poemas de esta selección son parte de un libro inédito llamado​​ El tiempo de la Cañabrava.

 

 

 

 

 

 

 

 

Terror en el barrio

 

Escuché que jugaba a la Ouija

porque oía black metal

y se vestía camisas 

de Mayhem

en una época en la que

el vallenato tropical 

y el merengue​​ house 

anegaban las emisoras.​​ 

 

Callada, pisaba suave

y nunca se juntó con nosotros.

Tenía diez años más que la gallada

y un aura de misterio la envolvía

cada vez que paseaba

por la cancha de microfútbol,

por el Chispero, el Garabato, la Chacona. ​​ 

 

Decían de sus pactos con el diablo,

caminaba por las paredes,

tomaba la sangre de gatos,

y deambulaba por los baldíos del barrio  

para hablar con los animales de la noche,

decían que iba a cementerios

a desenterrar cráneos con los que conjuraba

el mal, la tiniebla.​​ 

 

Cuando aparecieron los cuerpos:

brazos, dedos,

pedazos de las personas en bolsas de plástico,

se tejieron rumores

sobre la metalera y sus ritos maléficos. 

No obstante, la gallada​​ 

conocía las verdaderas razones.​​  

 

Se fue a vivir a otro lugar,

a un barrio mejor que el nuestro,

como consecuencia de

las voces que se trenzaban en su contra. 

 

Los rumores viajaron 

por el aire como ondas de baja frecuencia. 

 

Pero​​ las manos, las piernas, las cabezas 

los brazos, los dedos, dientes, lenguas

siguieron inundando las calles de

nuestro paisaje.​​ 

 

 

 

 

 

 

 

Breve biografía de mi padre

 

de familia pobre como​​ 

el mundo en esa época

Barrio Campoamor

hambre​​ 

busca entre los desechos​​ 

restos de comida​​ 

explica​​ 

es para

alimentar a los conejos de la casa

miente​​ 

delantero nato

goleador

mal estudiante en el colegio​​ 

pierde un año

hermano de nueve​​ 

los hombres todos juegan fútbol​​ 

decide estudiar filosofía​​ 

el único con un pregado entre los suyos

lo paga Iván​​ 

porque trabajó en Fabricato

la empresa de textiles ​​ 

vida sencilla​​ 

máquina de escribir​​ 

retratos de escritores con la máquina mencionada

la noche

los cigarrillos

el café hirviendo​​ 

no deja dormir a su madre fumadora

de padre alcohólico y fumador​​ 

él aprenderá el arte​​ 

de fumarse una cajetilla​​ 

de cigarrillos al día​​ 

incluso algunas tardes

cuando el viento fue propicio​​ 

dos paquetes enteros de Pielroja​​ 

música de Ana y Jaime​​ 

(desconoce, quizá, a Nelson Osorio)​​ 

Sandro de América

omisión inconsciente de la violencia​​ 

no sabe pronunciar la palabra “escena”

intenciones de militancia en​​ 

la guerrilla urbana del M19​​ 

miedo​​ 

la Medellín de los ochentas​​ 

Piero​​ 

conoce a mi madre por cartas​​ 

ella

una cajera de supermercado​​ 

se enamoran

se casan ​​ 

tienen dos hijos​​ 

Santiago​​ 

Catalina​​ 

una nueva familia​​ 

un barrio popular en medio de​​ 

un barrio de ricos​​ 

pero antes​​ 

trabaja en periódico el Mundo​​ 

turnos nocturnos​​ 

la ciudad del norte​​ 

violencia​​ 

miedo otra vez​​ 

Bello​​ 

dos o tres buses para llegar a casa

la ciudad más violenta del mundo​​ 

en medio del avispero​​ 

de balas​​ 

carros bomba​​ 

cabezas a sueldo​​ 

tranquilidad aparente

tienen dos hijos​​ 

mencionados antes con sus respectivos nombres

nacen rubios y blancos​​ 

después serán personas normales​​ 

y tristes​​ 

porque heredarán una cierta​​ 

sensibilidad que​​ 

metabolizaron en secreto​​ 

bajo el círculo de afectos​​ 

que padre y madre les ofrecieron

sigue con el fútbol​​ 

trabaja de corrector en​​ 

una editorial​​ 

en la que luego

todavía no lo sabe en ese momento

será el editor general​​ 

visitas al mar​​ 

trofeos de goleador en casa​​ 

peleas con su hijo mayor​​ 

discusiones​​ 

conatos de golpizas​​ 

profesor universitario​​ 

tomador de brandy​​ 

de ron​​ 

media botella al día​​ 

en promedio​​ 

dos buses para llegar al trabajo​​ 

una peinilla en el bolsillo izquierdo del pantalón

El Poblado

un olor particular​​ 

a desodorante esforzado​​ 

y a smog​​ 

y a capas sudor​​ 

y a piel de cuarenta años​​ 

un abrazo todas las tardes

el olor irremediable​​ 

que acompañará sus días

El perro Bonifacio ​​ 

identificado como un buen profesor

una peinilla​​ 

una columna en el Espectador​​ 

sobre fútbol ​​ 

sin camisa come algo que​​ 

le prepara Gloria ​​ 

sin camisa​​ 

mira el televisor​​ 

que escupe sus rayos azules con​​ 

las noticias del día

sin camisa

lee el periódico​​ 

hincha del Atlético Nacional​​ 

Operación de ambos meniscos​​ 

hija feminista​​ 

especialización​​ 

maestría​​ 

una biblioteca entera​​ 

conformada con libros​​ 

cuyo tema es el fútbol

borracho​​ 

después de encontrarse​​ 

con sus amigos​​ 

del colegio​​ 

llora en el hombro de su hijo​​ 

le dice que lo ama​​ 

y se desgaja en lágrimas​​ 

viajes por los países de Colombia

compra una finca​​ 

que paga​​ 

mes a mes con su salario​​ 

pelea​​ 

machete en mano​​ 

contra la mata de eugenios​​ 

para mantenerla a raya​​ 

y no se extienda​​ 

más de lo que la geometría humana​​ 

le dicta​​ 

un taxi todas las mañanas

lo espera para​​ 

transportarlo a la universidad​​ 

en la que trabaja

me pasa el balón​​ 

le paso el balón​​ 

me lo entrega otra vez​​ 

y yo esquivo un atacante​​ 

él me hace una seña​​ 

yo le hago otra​​ 

le filtro la bola​​ 

entre las piernas del rival

él corre​​ 

se ubica​​ 

dispone el pie izquierdo​​ 

suelta el diestro​​ 

con su cuerpo de sesenta años​​ 

bajo la canícula​​ 

y con el empeine

empuja el esférico hacia la cancha​​ 

y anota por un espacio mínimo​​ 

que permite

en un descuido

el portero

gol

grita​​ 

gol

dice

golazo​​ 

y me entrega sus manos​​ 

que son también las​​ 

mías​​ 

para que se choquen

y que suenen​​ 

juntas​​ 

seco

duro​​ 

como en un espejo

otra celebración. ​​ 

 

​​ 

 

 

 

 

 

 

Nelo

 

Nunca habló de eso. Nunca habló de casi nada. No era parte de la familia. Era un tío lejano que alguna vez llegó en un carro y dijo. Era un tío cuyo nombre olvidé. Quizá sea mejor así. Contrabandista de electrodomésticos desde Venezuela, pasaba por Maicao, hasta el interior de Colombia. Estufas. Microondas. Sartenes. Ollas a presión. Negociante de San Andresito. Todero. Una vez dijo. Presencia silenciosa. Eso era muy bueno hasta que llegó Chávez. La policía. El paraíso. Los militares. Los años ochenta en estas cercanías a la línea ecuatorial. Cuando el viento estuvo en contra debió trabajar en la finca de su patrón. Las manos en la tierra. Patrón dueño del carro con el que llegaba a la​​ casa de Teresa. Mayordomo. Nunca habló de eso. Cierta tarde, podando cierto árbol, se fue por un barranco y su cuerpo rebotó con superficies vegetales y minerales. No habló de eso, nunca. Una rama atravesó su ano y fisuró su intestino. Se reincorporó, lavó las heridas de su cuerpo, retiró las astillas y no fue al médico. Semanas punzantes. Un hombre de su generación. Algo empezó a pudrirse adentro de sí. El asunto empeoró y empeoró. Colostomía. Regreso a la casa de Teresa. Pérdida progresiva de la visión. Alimentación estricta sin sal. Partidos de fútbol reproduciéndose en su habitación por más de diez horas al día. Teresa soporta los trámites de los medicamentos. Juegos con Niño y sale a pasear con él bajo las tardes ventosas del Poblado. Secuencia de hospitalizaciones. Un silencio deshidratado y fantasmal. Inyecciones. Nunca se quejó. Quejas de Teresa. Una vez dijo. Su muerte se veía venir como un destino ineludible. Charlas con los viejos del barrio. Baños de sol. Casi ceguera. Recuerdos de su época de traficante de electrodomésticos. Pocas palabras. Sobras de arroz para las tórtolas y los azulejos. La compañía de un árbol de guayabas que le devolvía su silencio en flor. El azul cóncavo de una tarde de julio de 2015. Sobrino, me saludó la última vez que lo vi. Llamada de mi madre con la noticia. La habitación vacía, sin fútbol. Por fin descansó, pensó en voz alta Ninfa Rosa de Jesús, su hermana. Teresa le arroja las sobras del arroz a las tórtolas, los azulejos y algunos bichofué. Una vez dijo.  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

 

 

 

 

 

 

 

 

***

 

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