Si el río abriese los ojos: Antología de la continuidad. Ludwianna de los Ángeles Piñero Pereira (Venezuela).

Leemos, en el marco del dossier de poesía joven venezolana Si el río abriese los ojos: Antología de la continuidad que preparan Bolívar Pérez, Zorian Ramírez Espinoza y Juan Lebrun, una selección de la poeta y artista Ludwianna de los Ángeles Piñero Pereira (Apure, Venezuela, 1999). Obtuvo el primer lugar del Premio Nacional de Poesía Joven Hugo Fernández Oviol 2025.

 

 

 

 

 

Si el río abriese los ojos: Antología de la continuidad. Es una selección que reúne voces de poetas venezolanos nacidos a partir de 1990. La muestra nos invita a reflexionar acerca de las diversas identidades que se presentan en la poesía actual venezolana. La escogencia del título rinde homenaje a dos voces que dejaron una huella fundamental en el panorama más reciente de la vida literaria del país: César Panza, con su verso Si el río abriese los ojos qué viera, y Caneo Arguinzones cuando dice que Haber retrocedido al abismo ha convertido la continuidad / en una festiva alabanza. César nos devuelve la pregunta de la identidad sin pretender abrirnos los ojos, sino buscando que habitemos con él la pregunta; defiende lo auténtico mientras nos habla de la impermanencia. Caneo plantea una vivencia corporal que enfrenta a la muerte, pero que, en un detenerse, busca la continuidad de la vida como una “festiva alabanza”. Estos autores y referentes, por siempre jóvenes, son voces desenfadadas, discontinuas, navegantes de lo incierto en el río identitario, vitales, como las que presentamos a continuación.

 

Ludwianna de los Ángeles Piñero Pereira (Apure, 1999). Artista integral, tatuadora y Licenciada en Artes Audiovisuales. Destaca con más de 30 títulos ilustrados en casas editoriales como; Monte Ávila Editores y preside la editorial artesanal Sol y Luna. Su obra plástica ha sido protagonista en festivales y museos nacionales. En el ámbito literario, ha publicado en diversas antologías y revistas, obteniendo el primer lugar del Premio Nacional de Poesía Joven Hugo Fernández Oviol 2025. Reside en Mérida, donde ejerce como profesora de guion en UNEARTE. Instagram: @lunagoghart.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

POLVO SOBRE EL NEGATIVO

 

 

*

 

Hoy vengo a pasar la página de un álbum olvidado, resguardado en un baúl nacarado de polvo y nostalgia.

 

*   *   *   *   *

 

Ya no hay  r o s t r o s que se dibujen en la memoria,

solo quedan  r a s t r o s…

 *

   ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ *  ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ 

    f

      r

    a

     g

   m

      e

    n

     t

      o

     s

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 * 

*  *   de lo que fuimos.

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Un pañuelito bordado con mi nombre, regalo de mi abuela el día de mi nacimiento ( )

El día que dijo no quererme, hasta que me sostuvo en brazos,

tras un parto que le dolió más que los cuatro que tuvo.

///No hay aparato que reproduzca las voces /// que se quedaron atrapadas en el tiempo///

***

Un azabache cruzao’ contra el maldeojo,

un gancho amarillento sujetando un ombligo seco,

 un mechón de pelo ------------ atado con hilo

y unos zapaticos de tela que nunca anduvieron.

*       *       *

[En un baúl como este, no hay tiempo sin memoria]

 

¿A cuánto el gramo de recuerdos del libro de recetas de la abuela

-Cuánto el kilo de mimbre de la mecedora en el patio?

Busco una hoja de mango que me dé sombra,

en un palo seco que ya no regala orquídeas.

 

 

Déjenme aquí tirada,

frente al cadáver de mi perro,

para llorarlo.

Llorarlo

como la niña

que fui

en su ausencia.

Quiero un block caribe para trazar la línea del tiempo____________________________________________________________________

una libreta de notas amarillas para escribir versos al

 v

   ​​​​ i

   ​​ ​​ ​​​​ e

   ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ n 

   ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ t

​​    ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ o…

Palabras que no me traiga el

vien  (soplo)   to

 

que encierre en el baúl bajo llave,

para abrir una noche de insomnio.

 

*  ​​ ​​​​ 

 ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​ ​​​​ **

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SOBRE EL ASFALTO

 

 

 

La tarde cae con el peso de los años

 

Veo en la acera, dos niños doblegar el asfalto.

 

La persistencia de una tiza

dibuja el mapa de una patria antigua.

una línea temblorosa,

un trazo blanco sobre la piel gris de la calle

 el mismo trazo con el que inaugurábamos la noche

cuando la vida se medía en el rebote de una pelotica e goma

y el misterio cabía en el desierto de una cuadra sin luz.

 

Alguien dirá que la tiza es refugio

cuando las plantas callan

y la corriente se apaga en las venas del país.

 

Yo prefiero la militancia del anacronismo

del milagro.

 Prefiero pensar que el asombro no tiene época,

que los ojos pequeños todavía saben leer la forma de las nubes

y las manos sienten la urgencia de llenarse de polvo.

 

Que el futuro no ha podido borrar la tiza,

ni el apagón ha logrado quemar el sueño.

 

Guardamos la memoria en los bolsillos,

como un secreto que los niños de ayer nos heredaron,

para recordarnos que,

mientras quede una acera

un pedazo de cal,

y una mano dispuesta a ensuciarse de tierra,

el mundo seguirá siendo un lienzo por fundar.

 

 

 

 

 

 

TRAS LA GRIETA

 

 

 

Un rincón de la casa sangra silencios, ​​ 

donde la grieta respira el polvo de lo olvidado. ​​ 

La pared murmura nombres, ​​ 

pero nadie responde.

 

Juro que a veces me dan ganas

De quedarme aquí tras la grieta

 De una pared olvidada

 En este rincón invisible de la casa

 Al que a veces vengo a encontrarme

 

No hay palabras para romper el silencio.

 Tras la grieta, el eco respira.

 

Quién sostendrá el cielo para que no caiga

Quién dormirá las estrellas en el día

Quién compone la música de la hojarasca húmeda tras mis pasos

 

He vivido 25 años de inciertos

Coleccionando calles de pueblos olvidados

Quitando el polvo de los libros

Y no sé del mundo que vio Medatia

No entiendo las canciones de los pájaros

Hay historias que se quedaron en mi piel

Sólo se meter el cuerpo en mi vestido amarillo

 

La sombra es la piel que guarda todos los nombres.

Y el vestido amarillo espera,

en un rincón vacío de un jardín olvidado por la luz

donde una flor azul susurra su última lluvia

En la almohada silente de los días

 

Cuando no se es uno solo

Las rosas marchitas empiezan a florecer

Los días se desploman como hojas húmedas, ​​ 

cantan en silencio el lenguaje del polvo. ​​ 

 

Un signo en tu sombra

El tiempo estranguló mi estrella

 

Hay una grieta que separa mi sombra de su cuerpo. ​​ 

Me envuelvo en el amarillo, ​​ 

como si los colores pudieran tocar el vacío

 

Soy el eco flotando entre las ruinas del día.

Cada grieta me devuelve un nombre,

un latido olvidado que no sé si es mío.

 

El silencio bebe mi sombra

allí donde las palabras se caen

y el polvo canta su último exilio.

 

Y yo, que soy el otro lado del espejo,

me disuelvo en la grieta,

hasta no ser más que un silencio que no llegó a ser grito.

 

 

 

 

***

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