María Argel (1993, Montelíbano, Córdoba) es Profesional en Estudios Literarios de la Pontificia Universidad Javeriana. Magíster en Escritura Creativa en Español de la Universidad de Nueva York. Fue librera de Luvina y de la librería de Siglo en Bogotá. Dictó talleres de literatura para niños y jóvenes en colegios distritales. Ha escrito para varios medios como Bacánika, Revista Bienestar, El Espectador, Vorágine y Peace in Focus. Trabajó como investigadora literaria para la Biblioteca Nacional de Colombia en el proyecto de construcción de la segunda Biblioteca de Literatura Afrocolombiana. Trabaja como editora y escritora freelance. “Asiento particular” (asientoparticular.com) es su proyecto personal para la difusión de la poesía y la ilustración hecha por artistas independientes. Escribe una novela sobre una actriz-ave. Ojos de video tape es su primer poemario.
Drama de poeta
El tiempo es un enemigo
de la poesía.
Endurece la coraza
de las personas
y cuenta las horas
que los poetas pasan
sin escribir.
Mariano Blatt
el otro día se me ocurrió
que la colectomía parcial
que me hicieron
en abril del año pasado
era la causa
para la ralentización
de mi pensamiento poético
esto fue
por supuesto
un pensamiento desesperado
ocurrió dos meses después
de no haber escrito nada
qué posibilidades había
me preguntaba
de que los últimos
20 centímetros de colon
que me habían cortado
fueran el habitáculo
de las ideas de ciertas correspondencias
y me puse a enumerar algunas:
la textura de la palma de mi mano derecha con la de la izquierda
la acción de juntar mis manos con la acción de rezar
la probabilidad de que mi madre estuviera rezando con aquel instante
el súbito maullido de mi gata Sula
con el hecho de que yo tuviera una gata
la convexidad cristalina de sus ojos
con mi espera de que derramara una lágrima
estuve toda la mañana
pensando este tipo de cosas
mientras
lavaba los platos
barría la sala
buscaba trabajo
y no escribía
una sola palabra
en la tarde
ya me sentía
bastante mal
e incluso le dije
a una amiga
a la que fui a ver
que tal vez
debía dejar la poesía
rematé
diciendo
que debía buscar más dinero
y volví a mi casa
dispuesta a echar a la basura
un librito de conversaciones con Kiarostami
al cual atribuí
el último hilo
que impedía
que yo me entregara
a una vida sin poesía
antes del ritual de finalización
decidí limpiar la arena de Sula
y mientras tamizaba
se me ocurrió otra correspondencia:
la caca de mi gata
con los 20 centímetros de colon
que me habían cortado
en abril del año pasado
tal vez me estoy volviendo escatológica
pensé
y me apuré a lavarme las manos
y hacia la biblioteca
para acabar con las cosas
de una vez por todas
allí estaba
la cara apuesta del iraní
con sus lentes oscuros
aquí acaba todo, Abbas
le dije
iré a mi trabajo que ya tengo
hasta que encuentre otro
con contrato a término indefinido
llegaré por las tardes cansada
iré al gimnasio
cenaré ligero
me acostaré a dormir
no pensaré en tí
y si llegara a pensar en tí
no tendré aspiraciones de parecerme
en nada a ti
nunca más diré
que escribo poesía
más me demoré
en todo este drama
que lo que se demoró
en crecer
un olivo gigante
en el centro
de mi casa
El peral
Hace nueve años mi mamá
sembró un peral
Este peral se cunde
tanto de peras
que el tiempo se vuelve
un chiste
es capaz de llenar
dos canastos
tres canastos
tres canastos y un balde
le regalan peras a mi tía
peras a mi tío
a Ledys
que tal vez
las aborreció ya
a la vecina le regalan
peras del peral
se pudren también
algunas cuantas
peras
Cuando me siento a trabajar
mi mamá pasa por mi lado
y me pone tres peras
en la mesa
se las saca de la mano
como los magos
hacen aparecer las monedas
que han metido antes
en las orejas de los niños
luego mi mamá sigue su camino:
hace lo mismo con mi papá
hace lo mismo con mi hermano
a veces va ella misma comiéndose
una pera
a veces ya se las ha comido
debajo del peral
El peral da peras
todo el año
así que
cuando no es temporada de mangos
hay peras
cuando no es temporada de naranjas
hay peras
cuando no es temporada de nada temporal
hay peras
Mi mamá desmiente
este poema:
“en realidad
descansa dos meses
enero y febrero”
me parece muy raro
que me diga esto
porque enero
y febrero
son los meses
en los que más
cosas
faltan
y no pude haber
pasado por alto
la falta de peras
pero tal vez
las peras
son para mí
una metáfora
de mi madre
las peras o el peral
En fin
las peras son verdes
las peras son pequeñas
y en la boca
las peras son crocantes
Mi mamá le habla al peral
le dice
qué hermoso
qué bendición
tienes las ramas
muy largas
hoy no están
tan dulces
tus peras
pero igual
gracias
Mi mamá le ríe al peral
quizá cuando
casi blancas
aparecen
sus flores
El peral es el árbol
más grande de la casa
es lo que más se parece
al campo
abundante
donde nació
mi mamá
es lo que más
se parece
a mi mamá
Dirección de grupo
Las chicharras ya están sonando a las 5 y media cuando mi mamá con su aliento primero me susurra al oído. Hija, ya es hora. Ese chillido insecto coral circundante es el anuncio de que hay que ir al colegio. Imagino a mis amigos dormidos en esa luz oscura: se ponen sus uniformes, se montan a la moto, se agarran de la cintura de sus padres. El salón es el lugar más triste a esa hora.
Suspendidas en los árboles con sus timbales membranosos encajados en sus segmentos abdominales: una orquesta lista para cuando la batuta del amanecer dé la señal; al primer rayo de luz, las chicharras estridulan. Nosotros aún no imaginamos que frotando partes del cuerpo de cierta manera, podríamos sonar como la música del tiempo. Las chicharras adultas interpretan el himno de veinte niñitos dirigiéndose al aula del profesor Antonio, tan odioso y tan gordo. Somos las ninfas enterradas, nos han dejado caer en forma de huevos esos que cantan desde lo alto de los árboles.
Cuando la dirección de grupo inicia, ya es todo silencio, pero el canto de las chicharras se ha quedado socavado en nuestras cabezas.
Licked Stones
Las primeras piedras lamidas fueron los ojos de Oliver.
Después todo eran piedras lamidas.
Todos los ojos, de todos los que lloraron alguna vez frente a mí.
Y todos los villanos de las películas tenían piedras lamidas por ojos también
(el diablo, sobre todo)
las actrices de Bergman, siempre piedras lamidas en las cuencas de los ojos.
Pero también el asfalto cuando llueve y alguna estatuilla de mi casa de infancia, que no recuerdo qué forma tenía. Quizá era un indio (¿o estaba en otro lugar?).
En la finca de mi abuela había un piso ajedrezado, rojo y amarillo, a veces me tocaba trapearlo, trazos de piedra lamida.
Un disco de acetato dando vueltas, girando pregones de amor, con el romance de antes, pero también de ahora porque me abrazan por la espalda mientras suena la canción.
El amor entonces también.
Y también la muerte porque piedras lamidas las lápidas negras de un cementerio.
Oliver era un joyero de Virginia Woolf y cuando era niño tenía los ojos como piedras lamidas y era delgado y elástico como esos niños larguiruchos. Eso creo.
Y entonces sus ojos, los que le dio la señora Woolf, que dio siempre todo tipo de cosas bellas, están ahora en todas partes.
Mangos
Es mayo y los mangos del patio ya no tienen la misma cantidad de clorofila. Llevan incidiendo en el amarillo un par de semanas y hoy ya no son como el sol de medio día. Más bien se parecen al atardecer y pronto serán de noche en los caminos que toca atravesar de vuelta a casa; todo olerá a esa melaza dulzona a punto de la putrefacción. Las pequeñas moscas inundarán el aire.
Sentada en esta banca muerdo un mango y el azúcar me cubre todo el mentón. ¿Qué colores tiñen este cuerpo incipiente y poco atractivo?, pienso mientras veo a las muchachitas-carotenoides de 11 grado en el patio, hablando cerquita de las bocas de los demás.
Hay moléculas sufriendo la disolución de sus aguas. Paredes derramándose de las bocas de niñas incoloras. El engrosamiento pulposo que protege las semillas se habrá terminado pronto y nos quedará el claro de este recreo cubierto del fin de las células. La senectud es negra y blanda. Pero aún huele a mango aquí en el colegio y en la casa y en el camino de tierra que une ambos lugares. Las mejillas de mis compañeros huelen a mango, los lápices que nos prestamos para calcar con papel mantequilla las ilustraciones del libro de biología huelen a mango. Hay rastros de jugo que se secarán en los pasillos que unen las aulas con las oficinas, las aulas con los baños y con la capilla blanquísima donde el padre Eduard huele a mango. La estrategia de las plantas para su diseminación será el líquido escondido en nuestras uñas.
***
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