La cocina del alma: ni Rilke, ni Celan… el Mortero y Chelís
Por cortesía de Jorge Mendoza Romero. ¡Feliz domingo!
Por cortesía de Jorge Mendoza Romero. ¡Feliz domingo!
Juan Manuel Roca nace en Medellín en 1946. En 1997 recibió el doctorado honoris causa en literatura, otorgado por la Universidad del Valle. Ha obtenido el segundo Premio Nacional de Poesía Eduardo Cote Lamus, en 1975. El Premio Nacional de Poesía Universidad de Antioquia, en 1979. El Premio Mejor Comentarista de Libros Cámara Colombiana del…
Eduardo Langagne (Ciudad de México, 1953) mereció el Premio Casa de las Américas en 1980 por el poemario Donde habita el cangrejo. Obtuvo el Premio Aguascalientes en 1994 por Cantos para una exposición. Ha publicado otros poemarios como Navegar es preciso, Álbum blanco, etc. Actualmente es director de la Fundación para las Letras Mexicanas. Su…
Fotografías inéditas y un poema. Haga clic en las imágenes para verlas en su tamaño real. Vicente Quirarte (D.F., 1954) es poeta, ensayista y narrador. Mereció el Premio Nacional de Poesía Joven (1979), El Premio Nacional de Ensayo Literario José Revueltas (1990), el Premio Xavier Villaurrutia (1991). Algunos de sus poemarios son Teatro sobre el…
“Te amo, te amo”, dices, pero tu voz suena más falsa que la de un tribuno en los escaños del senado. Raymundo Ramos
Una reflexión de Édgar Amador, recuperada de su blog: Que los poetas tienen dones proféticos, es una verdad aceptada. Ayer leía a López Velarde. Miren ustedes los versos de “El Reinado de la Primavera”, el poema con el que abre La Sangre Devota: Hay un alivio dulce en las almas tan enfermas, porque abril con…
Un poema de Eduardo Lizalde, apropiado para estos tiempos de locura, después del salto. Haga clic en la foto para verla en su tamaño real.
Juan Domingo Argüelles (Premio de Poesía Aguascalientes 1995 por A la salud de los enfermos) es uno de los críticos de poesía más serios en México. En esta oportunidad, nos presenta un texto sobre la poesía de Hugo Gutiérrez Vega. Qué mejor manera de abrir el mes y cerrar la semana. En sus quince lustros,…
Era muy destructora enfermedad. Muchas gentes murieron de ella. Ya nadie podía andar, no más estaban acostados, tendidos en su cama. No podía nadie moverse, no podía volver el cuello, no podía hacer movimientos de cuerpo; no podía acostarse cara abajo, ni acostarse sobre la espalda, ni moverse de un lado a otro. Y cuando…
Tristis est anima mea hasta que la parte vea. Anónimo (algún soldado de Hernán Cortés en un muro de la temprana Ciudad de México)